En América Latina conocemos bien la palabra dependencia. No sólo como categoría económica —en la tradición de la CEPAL y la teoría estructuralista— sino como experiencia política: cuando el Estado se convierte en el intermediario de una subordinación externa que beneficia a una élite interna. Eso es lo que la dictadura de Daniel Ortega y Rosairo Murillo ha hecho con la relación con la República Popular China: presentarla como salvación, administrar el país como enclave, y ocultar sus costos como si la historia no va a cobrar intereses.
El año 2026 será un punto de inflexión porque coinciden tres dinámicas: la consolidación de un vínculo político con China usado como blindaje diplomático; el inicio de una etapa en la que la cooperación se revela como deuda cara y atada; y el endurecimiento de la presión internacional —sobre todo comercial— derivada del deterioro del Estado de derecho bajo la dictadura.
La propaganda oficial repetirá lo de siempre: “China es alternativa”. La realidad, sin embargo, se parece más a esto: China es un acreedor exigente y un proveedor dominante; no un sustituto del mercado estadounidense ni del ecosistema financiero multilateral que Nicaragua necesita para crecer de forma sostenible. En este artículo voy a desglosar con datos concretos, cifras oficiales y argumentos estructurales por qué esta dependencia es un espejismo peligroso, impulsado por el servilismo de Ortega al Partido Comunista Chino (PCC). No se trata de ideología anti-china, sino de realismo económico: Pekín no reemplaza a los socios tradicionales porque su modelo prioriza el control geopolítico sobre el desarrollo equitativo.
1) La economía real desmiente el relato: Estados Unidos sigue siendo el mercado vital. La dictadura ha deteriorado deliberadamente la relación con socios democráticos y económicamente decisivos. Pero la estructura productiva nicaragüense no cambia por decreto ni por consignas. Los datos de comercio exterior muestran una verdad incómoda para el régimen: alrededor de la mitad de las exportaciones de Nicaragua van a Estados Unidos. En 2023, por ejemplo, el Banco Mundial (WITS) registra exportaciones a EE. UU. por US$ 3,707 millones, equivalentes a 50.24% del total exportado. Esto representa más que la suma de los siguientes cuatro destinos combinados.
En paralelo, China se ha convertido en un proveedor grande, no en un gran comprador. En 2023, China aparece como el segundo origen de importaciones de Nicaragua: US$ 1,380 millones (12.65% del total importado). Esa asimetría (China vende mucho más de lo que compra) es el sello clásico de una relación dependiente: déficit comercial + debilitamiento industrial + captura de infraestructura estratégica. El saldo comercial con China en 2023 fue deficitario en US$ 1,200 millones aproximadamente, según datos del Observatorio de Complejidad Económica (OEC), lo que drena reservas y aumenta la vulnerabilidad externa.
Más aún: cuando se desciende al detalle sectorial, la historia se repite. El propio Banco Central de Nicaragua, al analizar exportaciones de zona franca al primer semestre de 2024, muestra que —en productos industriales clave— China aparece marginal como destino: en arneses, por ejemplo, China apenas figura con 0.2% como mercado. En contraste, EE. UU. absorbe el 80% de estos bienes. Por eso, cuando la dictadura vende la relación con China como reemplazo de los socios tradicionales, no ofrece una estrategia: vende una excusa. Reorientar las exportaciones hacia China requeriría inversiones masivas en logística y cumplimiento de estándares sanitarios y ambientales que Nicaragua, bajo represión, no puede atraer fácilmente.
2) 2026 y el frente comercial: aranceles por fuera de CAFTA y el costo de la deriva autoritaria. La dictadura no solo ha dañado reputación; ha provocado medidas concretas con impacto económico. El 10 de diciembre de 2025, la Oficina del Representante Comercial de EE. UU. (USTR) anunció una acción bajo la Sección 301 relacionada con violaciones de derechos laborales, derechos humanos y deterioro del Estado de derecho en Nicaragua. El punto crucial para 2026 es este: a partir del 1 de enero de 2026, EE. UU. impondrá un arancel escalonado a bienes nicaragüenses que no califiquen como originarios bajo CAFTA-DR: 0% en 2026; 10% en 2027; 15% en 2028.
El propio comunicado advierte que el arancel se acumularía con otros, incluyendo un “18% Reciprocal Tariff”, y que la línea de tiempo podría modificarse según “progreso” de Nicaragua. Este hecho revela dos cosas: primero, CAFTA-DR aún importa… tanto, que el arancel se diseña explícitamente “por fuera” de su cobertura. La dictadura, con su conducta, está empujando a Nicaragua hacia un perímetro cada vez más estrecho de preferencias y tolerancia política.
Segundo, 2026 comienza con un arancel “0%” en la medida anunciada, pero eso no significa cero riesgo. Significa: advertencia institucional, acumulación con otros gravámenes y una hoja de ruta ya trazada para encarecer exportaciones nicaragüenses en 2027 y 2028. Según estimaciones del Centro de Estudios para la Democracia (CESPAD), estos aranceles podrían reducir las exportaciones a EE. UU. en un 5-10% anual, afectando empleos en zonas francas donde laboran más de 150,000 personas.
Y aquí está la pregunta estratégica: ¿Qué hará la dictadura? Lo más probable es que intente “compensar” el riesgo comercial con más gestos políticos hacia China y con el recurso que más controla sin rendición de cuentas: el endeudamiento atado. Pero China no absorbe el volumen ni ofrece las preferencias arancelarias que CAFTA proporciona, lo que expone la falacia del “sustituto”.

3) El vínculo con China: no es solo comercio, es geopolítica (y por eso es más peligroso). La relación con China, para una dictadura aislada, cumple funciones que van más allá de aranceles o exportaciones: legitimación internacional (“no estamos solos”); cobertura diplomática (“no se metan”); y un modelo de gobernanza que justifica vigilancia, control informativo y opacidad contractual. No es casualidad que la arquitectura de la relación se parezca menos a “integración productiva” y más a “alineamiento político + contratos cerrados + concesiones territoriales”.
Esa dimensión es visible también en la política comercial estadounidense: la acción de USTR no se funda en un desacuerdo técnico, sino en que la deriva autoritaria nicaragüense “burden or restrict U.S. commerce” por su naturaleza institucional. El servilismo de Ortega al PCC se evidencia en actos como la ruptura con Taiwán en 2021 y la adhesión a la Iniciativa de la Franja y la Ruta, que ha facilitado proyectos opacos. Según el AidData Lab de la Universidad de William & Mary, China ha comprometido más de US$ 4,000 millones en América Latina en préstamos atados a infraestructura, pero con cláusulas que priorizan empresas chinas, generando dependencia tecnológica y ambiental.
4) La “solidaridad” como deuda: el mecanismo central de la dependencia en 2026. La dictadura intenta vender la relación con China como “cooperación”. Pero los números hablan el idioma de la banca: interés, comisiones, cláusulas y anticipos. Una investigación de la Red Liberal de América Latina coincide con los hallazgos de varios medios de comunicación nicaragüenses y resume la magnitud del giro: entre 2023 y 2025, Nicaragua firmó 11 acuerdos de préstamo con empresas chinas por más de US$ 1,437 millones de principal. El monto total a repagar se estima en US$ 2,048.6 millones (por intereses y comisiones). Tasas pactadas: 4% a 6%, comisiones iniciales entre 2% y 3.5%, y además cargos típicos (apertura, compromiso anual sobre fondos no desembolsados, agencia, etc.).
El reporte es brutal en una sola línea: la dictadura ya habría pagado más de US$ 64 millones en “interés y comisiones” a cambio de recibir apenas US$ 14.2 millones. Esto describe un patrón mundial conocido: crédito caro, baja transparencia, atado a contratistas del país acreedor y con costos que se socializan. Para subrayar el trasfondo global: estudios del Lowy Institute muestran que, tras el auge de préstamos de la década pasada, China se ha ido convirtiendo en receptor neto de pagos de países en desarrollo, con un “pico” de repagos y costos de servicio de deuda que se mantiene elevado durante esta década. Y la evidencia académica del Banco Mundial sobre el rol de China como prestamista de último recurso indica que sus préstamos de rescate tienden a venir con tasas relativamente altas, en contraste con instituciones tradicionales como el BID o el FMI, que ofrecen tasas por debajo del 2% en préstamos concesionales.
Nicaragua, bajo una dictadura aislada, está entrando exactamente en esa lógica: China no presta como “filantropía”, presta como precio del riesgo… y de la dependencia. En 2026, con presiones arancelarias, estos repagos podrían consumir hasta el 10% del presupuesto nacional, según proyecciones independientes.
5) La paradoja 2026: poco desembolso, mucha factura (y el Estado pagando puntualmente). Hay otro aspecto todavía más corrosivo: la brecha entre lo prometido y lo efectivamente desembolsado. Una investigación de la Red Liberal de América Latina coincide con los hallazgos de varios medios de comunicación nicaragüenses, y revela que entre 2023 y septiembre de 2025 se desembolsaron aproximadamente 6.99 mil millones de córdobas para seis proyectos, pero solo 7.4% provino de “préstamos externos” (≈ US$ 14.2 millones); el resto salió de cuentas del Estado.
Mientras tanto, el Estado sí paga a tiempo: entre 2024 y 2025 el gobierno habría pagado a CAMCE y CCCC más de 2,348 millones de córdobas (≈ US$ 64.11 millones) en distintos conceptos.
Esto no es desarrollo; es un esquema de riesgo moral y transferencia: el contratista cobra; el Estado paga; el ciudadano asume el costo futuro; y la dictadura capitaliza propaganda política hoy. En 2026, ese mecanismo se vuelve más sensible porque el país necesita espacio fiscal para amortiguar shocks externos, y la dictadura lo está comprometiendo en contratos con poca transparencia y alto costo. El resultado: un aumento en la deuda externa de Nicaragua del 10% anual, según el FMI, sin beneficios proporcionales en crecimiento.

6) ¿Cómo será el endeudamiento en 2026? El país parece “sostenible”… hasta que llega el shock. El régimen intenta tranquilizar con cifras macro. Pero la sostenibilidad de la deuda no es una foto; es una película. El FMI, en su Informe del Artículo IV 2024 (publicado enero de 2025), evalúa a Nicaragua con riesgo moderado de estrés de deuda externa y pública, con “espacio sustancial para absorber shocks”. En el escenario base, proyecta una reducción gradual de la deuda pública a 39.7% del PIB para 2029, desde 46.9% del PIB proyectado para 2024.
Pero lo decisivo para 2026 está en la parte que rara vez cita la propaganda: bajo un escenario de shocks combinados, el valor presente de la deuda externa pública sobre PIB “brecha” el umbral en 2026. ¿Qué significa eso en lenguaje ciudadano? Mientras todo “va bien”, la macro aguanta. Si caen remesas, si se encarece el financiamiento, si suben aranceles, si hay desastre natural, o si la represión empuja más sanciones, la sostenibilidad se puede deteriorar rápidamente. El propio FMI subraya la vulnerabilidad a shocks y la importancia de fortalecer “buffers”, además de señalar que el acceso a financiamiento concesional externo nuevo está limitado.
Y ahí aparece el círculo vicioso: la dictadura genera el shock institucional (autoritarismo), el shock produce aislamiento y castigo comercial, el aislamiento reduce financiamiento concesional, y entonces la dictadura se refugia en el prestamista caro que exige opacidad: China.
7) La geopolítica del enclave: puertos, minería y “zonas” como arquitectura de control. En 2026 veremos un énfasis mayor en sectores donde la dictadura puede concentrar renta, vigilancia y lealtades. En minería: concesión territorial y tentación extractivista. En diciembre de 2025, se reportó una nueva concesión minera a cielo abierto a una empresa china por 13,350 hectáreas, y se afirma que en dos años se han otorgado casi 40 concesiones a empresas chinas por casi 800,000 hectáreas, incluso incluyendo áreas sensibles como la Reserva de la Biosfera del Río San Juan. La misma nota indica exportaciones mineras en 2024 por US$ 1,391.6 millones, un aumento de 20.1% respecto a 2023.
La minería puede generar divisas, sí; pero en regímenes autoritarios suele producir conflicto socioambiental, expulsión de comunidades, captura de rentas, y opacidad en regalías. Sin contrapesos institucionales, el “boom” minero se convierte en maldición de recursos y combustible para la represión.
En zonas económicas especiales: enclave fiscal y excepcionalidad permanente. El gobierno ha impulsado marcos de “zonas” con incentivos extraordinarios, vinculándolos a la “Ruta Marítima de la Seda” y a la narrativa de inserción con China, con amplias exenciones. En una dictadura, las “zonas” corren el riesgo de volverse no motores de competitividad, sino islas opacas de privilegio, donde la ley laboral, ambiental y tributaria se vuelve negociable.
8) Por qué China no es sustituto: geografía, cadenas productivas y remesas
El argumento de sustitución falla por tres motivos estructurales: Primero, la le gografía económica: el mercado estadounidense está integrado a la logística y a las cadenas regionales de valor; China está lejos y compra selectivamente. Segundo, la estructura exportadora: Nicaragua exporta intensivamente bienes agrícolas, manufactura ligera y zona franca orientada a Norteamérica; reorientar eso toma años y exige estándares, logística y escala. Tercero: Vulnerabilidad por remesas: el FMI ha recordado que las remesas (en gran medida desde EE. UU.) representan más de una cuarta parte del PIB, y su desaceleración afectaría el crecimiento.
Incluso en el frente asiático, los datos que citan reportes basados en el Banco Central sugieren que, en 2025, Taiwán recibió más exportaciones nicaragüenses que China en el acumulado enero–septiembre (US$ 18.2 millones vs. US$ 10.2 millones). Sin idealizar a nadie, el punto es claro: la dictadura sacrificó vínculos sin tener sustituto real.
9) ¿Qué “protección” se puede hacer frente a la dependencia? Anticuerpos institucionales y estrategia de Estado. La dependencia no se reduce con eslóganes; se reduce con reglas. Propongo una agenda de protección (para un programa democrático y para el debate público desde ya) basada en cinco pilares:
- Transparencia total y auditoría de la deuda “atada”: publicación íntegra de contratos, anexos, garantías, cronogramas y costos; auditoría técnica independiente de proyectos (costo/beneficio, calidad, sobreprecios, impacto ambiental); prohibición de cláusulas de confidencialidad sobre términos financieros.
- Regla fiscal y “candados” a deuda no concesional: tope legal al endeudamiento no concesional y a comisiones/cargos; prioridad a financiamiento concesional (cuando existan condiciones institucionales) y a licitaciones competitivas; mecanismo parlamentario (o equivalente) de aprobación con mayoría calificada para deuda soberana.
- Política comercial de reinserción democrática: defensa estratégica de las preferencias bajo CAFTA-DR mediante un paquete de reformas mínimas: derechos laborales, independencia judicial, seguridad jurídica. Esto no es solo moral: es económico. Diversificación de mercados (Canadá, México, Centroamérica, UE) sin romper puentes con nadie.
- Soberanía digital y de infraestructura: evitar dependencia de un solo proveedor en telecomunicaciones, vigilancia y ciberseguridad; estándares de protección de datos y compras públicas transparentes en tecnología; auditoría de sistemas críticos y de proyectos de “seguridad” financiados o provistos externamente.
- Protección socioambiental y derechos territoriales: moratoria y revisión de concesiones en zonas protegidas y territorios indígenas; regalías transparentes y trazabilidad de exportaciones mineras; participación comunitaria y mecanismos de consulta reales.
Estos “anticuerpos” no son anti-China. Son pro-Nicaragua: reglas que sirven igual para China, Estados Unidos, Europa o cualquier socio. Lo que rechazamos no es un país: rechazamos un modelo donde una familia convierte el Estado en su intermediario y al país en garantía.

10. Cierre: 2026 no es el año del “gran salto” con China; es el año de la verdad. La dictadura de Ortega y Murillo ha usado a China como símbolo de impunidad y como caja de herramientas para gobernar sin rendición de cuentas. Pero la economía no perdona: la inserción internacional se paga en confianza, instituciones y reputación.
En 2026, Nicaragua enfrentará una verdad simple: el mercado que sostiene empleo formal y exportaciones sigue estando en Norteamérica; el financiamiento barato y de largo plazo está condicionado por reglas y transparencia; y China —como toda potencia— actúa por interés, no por solidaridad.
La alternativa democrática debe decirlo con claridad: queremos una relación exterior plural, pragmática y soberana, donde Nicaragua no sea peón geopolítico ni de Washington ni de Pekín; donde la cooperación no se convierta en deuda oculta; y donde ningún gobierno —mucho menos una dictadura— hipoteque el futuro nacional para comprar oxígeno político en el presente.
ESCRIBE
Félix Maradiaga
Presidente de la Fundación para la Libertad de Nicaragua. Es académico, emprendedor social y defensor de derechos humanos nicaragüense. En el año 2021 fue candidato presidencial en las primarias de la oposición por parte de la Unidad Nacional Azul y Blanco. Por ser una de las voces más críticas contra el régimen de Ortega, fue arbitrariamente encarcelado por más de veinte meses.