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La antorcha de la libertad que recorrió Centroamérica este septiembre en plenas celebraciones del bicentenario de independencia del Reino de España alumbró una región en la que hay menos libertades y más autoritarismos en 2021. Las loas libertarias que los gobiernos de Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica han lanzando en “el mes patrio bicentenario” distan de las realidades de estos países. Las poblaciones no están sometidas desde hace más de 200 años, pero el fruto que prometió la independencia --sobre todo acabar con las desigualdades-- es materia pendiente. La pobreza, la migración, la corrupción, las violaciones a los derechos humanos y la impunidad han ganado demasiado auge en el istmo, gracias a autoritarismos que se han instalado sin pudor. 

Lejos de celebrar con bríos el bicentenario, la fecha sirve para ver los antecedentes de una región desangrada en la década del ochenta y que nunca pudo recuperarse integralmente. Centroamérica ha sido una de las regiones más peligrosas del mundo, que no logra romper el ciclo de la miseria y de los caudillos endiosados que, como hacendados, gobiernan con mano de hierro. Daniel Ortega es el caso más claro en Nicaragua: ha llegado al punto de asesinar a más de 325 personas para perpetuarse y encarcelar a toda la oposición. El Salvador camina aceleradamente hacia el abismo autoritario con Nayib Bukele. Guatemala sigue con sus élites apañando la corrupción y descabezando fiscales. Honduras con Juan Orlando Hernández persiste como Estado fallido. Y Costa Rica, el oasis de la región, está golpeado por la pandemia de COVID-19 y la corrupción reciente. El panorama, a 200 años de la independencia, no es halagüeño.

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