Alfonso Malespín
10 de julio 2026

Como usted diga, señor (señora)

Daniel Ortega

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Los hechos son los hechos, pero la historia son los hechos según la narrativa de quien detenta el poder de contar lo que pasó.

Es así como Rosario Murillo fundó Radio Sandino y la dirigió con mano sabia desde la clandestinidad. Tal es la historia oficial del régimen actual. Pero cuando se habla con los que estuvieron ahí, lo que recuerdan es que ella mandaba “algunas cositas” para que las pasaran al aire. En realidad, ella vivía en San José, Costa Rica, con su marido y sus hijos.

También dice la historia oficial del régimen actual que Daniel Ortega coordinó todos los frentes de guerra contra la Guardia Nacional de los Somoza. Habría estado en los frentes Norte, Sur, Occidental, Oriental y Urbano (Managua). En realidad, según quienes estuvieron ahí y según los registros gráficos y periodísticos de entonces, Ortega estaba en San José, Costa Rica, donde vivía con su mujer y sus hijos.

Además, los dos operativos emblemáticos de los sandinistas de 1974 y 1978 fueron, según la historia oficial del régimen actual, pensados, planificados y autorizados por Daniel Ortega. La verdad es que los asaltos a la casa del ministro José María Castillo y al Palacio Nacional fueron pensados por un grupo de dirigentes de la guerrilla y aprobados por una mayoría de ellos.

Preparando recomendación…

Más recientemente, en las escuelas –y apoyadas las maestras en libros de texto– le meten en la cabeza a los chavalos que Rosario Murillo es la madre de la Patria. En 2018 ella dijo que era “la madre de todos”. Es la versión actual de la “mamá Yoya”, Salvadora Debayle de Somoza, la matrona de aquella dinastía del siglo veinte, que también era nombrada así: la madre de la patria.

Daniel Ortega es –según los libros de texto oficiales– un intelectual, poeta y filósofo a la altura de cualquier otro latinoamericano que valga la pena mencionar. Solo que nadie conoce su obra académica ni su pensamiento filosófico. Su pensamiento es, digamos, ajeno a la Filosofía, y sus versiones de la Historia no han sido validadas por pares. Es más, las imprecisiones y erratas son abundantes, sin que él se digne a reconocer que su versión oficial de la Historia no es la historia real y verdadera.

Pero estos ilustres señores no son los únicos.

Usted repase la historia de cualquier país donde haya o haya habido un dictador y encontrará portentos. Por ejemplo, el segundo dictador de Corea del Norte, Kim Jon Il, era un ser humano extraordinario. No necesitaba ir al baño para hacer el dos. 

¡Además, fue él quien inventó las hamburguesas! 

Y uno pensando que Pilón, aquel gordiflón de los cartoons de Popeye, que se hartaba una hamburguesa tras otra, las obtenía en los imperialistas Estados Unidos.

En la República Dominicana de Trujillo, aquel dictador muerto a balazos en mayo de 1961, nadie se atrevía a hablar del chisme que recorría la isla de ida y venida: a partir de cierto momento al hombre ya no se le paraba y se meaba en los pantalones. 

¡Salado Trujillo! Entonces no había viagra ni pampers para adultos.

La historia oficial insistía en que el ya viejo dictador Trujillo era un garañón, y mandaba a hierro y fuego para ir tras una nueva conquista (léase violación).

En la Cuba de Fidel Castro Ruz, a la gente le vendían el cuento – igualito al de Adolph Hitle – de que el gran líder estaba casado con la revolución. Pero la verdad real era que escondían a sus hijos legítimos e ilegítimos, al punto que aún hoy siguen especulando cuántos procreó con sus decenas o centenares de parejas. 

Además, decían que Fidel era el gran sabio que siempre estaba diseñando el próximo gran proyecto que pondría a Cuba en el mapa del próximo siglo. La realidad es que todos fueron enormes fracasos o disparates, comenzando por la revolución misma. Hoy Cuba literalmente se desmorona ante los ojos del mundo.

¿A qué se deben tantas mentiras?

Los dictadores se creen seres extraordinarios, elegidos por Dios, amados por su pueblo hasta la muerte, insustituibles en su misión. Si ellos llegaran a faltar, según su propaganda, sobrevendrá el caos, el retroceso, la pobreza. No hay nadie más que pueda hacer lo que ellos – sacrificados por la Patria– son capaces de hacer.

Desafortunadamente para ellos y para la gente que en ellos ha creído, la Historia de los hechos comprobables muestra una y otra vez que los dictadores serían cómicos o dignos de cierta lástima, como el loquito del barrio, de no ser por el enorme daño y dolor que causan.

Gabriel García Márquez retrató magistralmente a este espécimen en su novela “El otoño del patriarca”. En una de sus noches de insomnio el dictador se despierta, sale al corredor de su palacio y pregunta la hora. Alguien le responde: “las que usted ordene, mi general”.

La Historia real también muestra que los pueblos reales no aprenden de su historia real ni de la de otros países reales. Siempre hay un iluminado emergiendo para salvar a su país del abismo, aunque al final todos terminan cayendo en él.

¿No lo creen?

Vean los casos de Bolivia, Perú, Venezuela, Ecuador, Argentina, El Salvador, Honduras … Nicaragua.

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Alfonso Malespín

Periodista. Investigador de temas de libertad de expresión y medios de comunicación. Amante de la gastronomía, bailes y paisajes nicaragüenses.