Silvia Beatriz Adoue, magíster en Integración Latinoamericana:

“El discurso antiimperialista encubre el saqueo”

La profesora argentina Silvia Beatriz Adoue, magíster en Integración Latinoamericana, doctora en Letras de la Universidad de São Paulo y docente en la Escuela Nacional Florestan Fernandes del MST , sostiene que “el régimen Ortega-Murillo ejerce una forma descarada de violencia, de extractivismo, de disciplinamiento de los territorios y de la clase trabajadora”. Defiende la importancia de vincular las luchas por las libertades democráticas en Nicaragua con las que combaten el extractivismo


15 de marzo 2023


Otras Miradas: Usted argumenta que el antiimperialismo de Ortega es retórico, ya que integra a Nicaragua a las cadenas extractivas del capital globalizado. ¿Puede explicar esto?

Silvia Adoue: La integración a las cadenas de acumulación globalizadas no comienza con Ortega. Es parte de la dinámica del capital y las estrategias de los fondos de inversión para los territorios de toda América Latina, de modo más acelerado para los insumos de la industria 4.0. Eso vale para todo el mundo, inclusive para África y Asia. 

Este territorio tiene oro que es la principal materia prima exportada por Nicaragua. El segundo rubro son camisetas de algodón, y después viene el café y otros productos, como el cable de electricidad cubierto. El principal destino de las exportaciones nicaragüenses es Estados Unidos. En este ranking, los segundos, terceros y cuartos en la lista son los países vecinos. Por once años consecutivos el FMI felicita al gobierno por cumplir con sus recomendaciones. 

La retórica antiimperialista es una cáscara que les permite confundir con un discurso que no es acompañado con políticas de gobierno o de Estado que apunten hacia la independencia económica, o que intenten romper con el capitalismo dependiente y con otras formas de colonialidad en nuestra región. Las políticas del gobierno Ortega y Murillo facilitan y estimulan la integración a estas cadenas de acumulación.

La extracción de oro corre por cuenta de la empresa británica Condor Gold S.A. y la canadiense Gold Corporation. Las empresas transnacionales controlan las cadenas, pero no son sus propietarias: hay una serie de empresas o de grupos intermedios que se benefician y facilitan esa cadena, que es flexible. En la punta de la cadena, en los territorios, lo que vemos es la explotación por despojo y la destrucción de los biomas. 

Pero la cadena del oro no es la única. Es la más importante, en volumen y en valores, pero hay otras como la del camarón en la región del Pacífico. La gran operadora es la empresa española Pescanova, pero actúan también fondos de inversión del capital financiero de Estados Unidos. Nicaragua es el país que explota y exporta más camarón en toda  América Latina. Los destinos más importantes son Estados Unidos, Taiwán y Vietnam. 

Eso ayuda a entender, inclusive, cómo funcionan las manchas de materias primas. Porque son como manchas que se van expandiendo y son muy dinámicas. Una avanza sobre la otra, a veces conviven, a veces una desplaza a la otra, de acuerdo a la velocidad de los cambios en el capital financiero, en las bolsas y la fluctuación de los valores de estas mercancías.

La explotación del camarón abarca una reserva muy impactada que se llama Reserva Natural Delta del Estero Real, donde han habido acciones de resistencia, tanto sindical como territorial de la población local. La respuesta del Estado ha sido la militarización de la región. 

OM: ¿Son todas empresas privadas?

SA: Sí. Hay una cuestión bastante grave también en Nicaragua que es la deforestación, sobre todo en las llamadas zonas autónomas. Hay dos zonas autónomas en la organización política-administrativa de Nicaragua que ocupan un área muy grande: la zona autónoma atlántica norte y la atlántica sur.

La población que  históricamente se mantuvo ahí es indígena. Están los Miskitos y los Mayangna. Con los Misquitos la revolución sandinista tuvo muchos problemas, porque tenían un proyecto nacional, desarrollista, proponían la reforma agraria, pero no sabían cómo asociarse con la población indígena. Después se corrigieron, se ajustaron, pero no consiguieron entender. Para los pueblos indígenas, la relación entre el territorio y la economía es de abundancia, no es la lógica desarrollista. Fue un diálogo de sordos. Pero de ese sandinismo lo único que quedó fue un desarrollismo descaradamente capitalista. 

Durante el gobierno nacido en 2007, se ha avanzado aceleradamente sobre las zonas autónomas Atlántica norte y sur. Se ha estimulado la llegada de colonos, pero no colonos pobres, sino medios, con intención de hacer negocios en esas zonas autónomas. Se hizo de un modo similar al de Brasil en los últimos cuatro años bajo de Jair Bolsonaro: por medio de milicias incendiarias, que avanzaron sobre los bosques con incendios ilegales, protegidas o por lo menos no reprimidas por el gobierno.

El objetivo es la formación de pastos para el ganado y para el monocultivo y el acaparamiento de tierras, la expulsión de los habitantes de la región, sobre todo indígenas, que se han desplazado como refugiados en zonas de Honduras. 

OM: Conocemos bien este proceder aquí en Brasil. 

SA: Sí, con muchos desplazados económicos, indígenas, pescadores, campesinos. En Nicaragua hay un campesinado que permaneció, que inclusive es base social política del régimen de Ortega. 

Hubo una reforma agraria durante la revolución sandinista. Y cuando el sandinismo perdió las elecciones en 1989 hizo una operación antes de salir del gobierno: una parte de las tierras que habían sido expropiadas por la reforma agraria fueron entregadas en propiedad a muchos comandantes de la revolución. Esto lo hicieron abiertamente, inclusive compañeros más consecuentes, con el argumento de que lo hacían para evitar que las tierras volvieran a sus dueños anteriores, de la época de Somoza. Que era, digamos, una protección para tiempos mejores.

Luego algunas de esas tierras volvieron a los campesinos, que se convirtieron en base política del régimen. Porque de lo contrario, no se sostendría. No son solamente los acuerdos con el sector empresarial. Cuando dijimos que el segundo mayor artículo de exportación son las camisetas y que hay un artículo importante que es el cable, estamos hablando de una burguesía local, interna, que hace negocios dentro de este segmento. Ahí sí hay capitalismo dependiente en el sentido estricto de la palabra, en el contexto de otro modelo de acumulación. Eso le permitió a Ortega una estabilidad durante estos años, de 2007 para aquí, y un consenso con este sector burgués interno. 

Por otra parte hay un proyecto que no se llevó a cabo pero tuvo graves consecuencias: la construcción de un canal, semejante al canal de Panamá, de 280 kilómetros de canal que uniría el Pacífico con el Atlántico.

Los efectos del comienzo de este emprendimiento en 2013 fueron terribles, sobre todo los desplazamientos de las comunidades campesinas a lo largo de ese eje, que pasaba por el lago Cocibolca.

El canal finalmente no se construyó, pero los campesinos no regresaron a sus tierras. Muchos de los que se organizaron contra la construcción de este canal, entre ellos una líder campesina llamada Francisca Ramírez Torres, están exiliados. Torres y otras 40 personas de su familia están en Costa Rica y no pueden regresar a Nicaragua.

Este intento de canal interoceánico muestra el compromiso de este gobierno con las cadenas extractivas. Estos canales, carreteras, ferrocarriles, grandes aeropuertos, ampliación de complejos portuarios forman parte de lo que llamamos ruta del saqueo. Es decir, cuando se abre un camino para la logística, un montón de proyectos extractivos que están encajonados encuentran posibilidad de ser implementados. 

No son canales de comunicación o transporte para visitar familiares o para pasear. Es para el flujo de este nuevo modelo de acumulación y un gobierno que da autorización para el pasaje de este flujo de riqueza es de una irresponsabilidad gigantesca, si eres realmente progresista.

Este es el contexto económico y vemos que no hay mucha diferencia con gobiernos de derecha. Y eso vemos en muchos gobiernos progresistas de América Latina que propician, con distintos argumentos, la integración a las cadenas de acumulación. Es el así llamado “consenso de las commodities”.

OM: En este tema hay una constancia y no un péndulo. 

SA: Esto es permanente. Pero en el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo hay una forma descarada del ejercicio, inclusive, de la violencia, del disciplinamiento de los territorios y de los diferentes sectores de la clase trabajadora.

OM: ¿Qué le dicen la represión a la revuelta de 2018, el fraude electoral de 2021 con la reelección de Ortega y el enfrentamiento con la iglesia católica sobre lo que vive Nicaragua?

SA: Para imponer ese proyecto fue necesario primero expurgar de las organizaciones originadas en el sandinismo a los cuadros que participaron de la revolución. Muchos tuvieron que exiliarse, como es el caso de Mónica Baltodano, ella y toda su familia están en Costa Rica. O el caso de la prisión de Dora María Téllez, que fue algo escandaloso.

Pero no es sólo una acción contra Dora María, como si fuera un problema personal con ella. Mantener con esta brutalidad, con esta saña, a tantos viejos compañeros presos, es intimidar a los que están dentro del Frente Sandinista para que se acomoden a una práctica puramente administrativa de no meterse en el debate político.

La primera descomposición es en la propia organización. Luego se puede hacer cualquier cosa. Y la peor es aquella violencia ejercida contra el propio pueblo nicaragüense que fue el caso de persecución y muerte iniciado el 18 de abril de 2018 aplicando el terror.

No estoy hablando de terror como un insulto. Ahora, por ejemplo, en Brasil se usa la palabra terrorista como un insulto. Terror es cuando se intimida con violencia física a un grupo, con amenaza de violencia, de suplicio e inminencia de muerte. O de muerte como punición ejemplar para que los otros se queden quietos.

OM: Acciones que suelen contar con la complicidad del Estado.

El Estado suele hacerlo, pero también la mano oculta del Estado, aquella que actúa de manera ilegal. En América Latina tenemos esa duplicidad. No se puede decir que las milicias incendiarias en la Amazonia, actúan sin articulación con el Estado.

OM: ¿Qué elementos hacen que un proceso revolucionario sea destruido por sus propios creadores?

SA: Tengo algunas hipótesis y algunas lecturas de compañeros que se han dedicado a reflexionar sobre eso. Pero me gustaría retomar algo que Frantz Fanon dice sobre cómo una revolución se queda, digamos, dentro del campo de la lucha nacionalista y nacional pero que no avanza en su dinámica hacia una lucha social. Se forma una capa de administradores burgueses locales que se asocian al capital internacional. 

Ortega representó los intereses de ese sector, con un disfraz aún sandinista, pero que no tiene nada que ver con la lucha sandinista. Una lucha que comienza como una lucha antidictatorial, democrática, antiimperialista, pero que se congela ahí y, por lo tanto, se descompone. 

OM:¿Qué movimientos de los de abajo ha acompañado usted en Nicaragua? 

SA: Creo que lo más importante es el enraizamiento de los movimientos y la construcción de relaciones en su territorio. Eso no es fácil en Nicaragua porque hay una persecución muy grande para desarticular las luchas locales y anti-extractivistas.

Conozco familias de viejos luchadores que estaban en la época del surgimiento del movimiento sandinista, que no se han acomodado y están en los territorios. Y después, hay movimientos nuevos, que son reactivos al avance del despojo en los territorios. 

También luchas sindicales de los trabajadores de la caña de azúcar, que trabajan en las áreas de los hacendados en Chichigalpa. Ha habido luchas sindicales de los trabajadores del camarón, de los frigoríficos, las luchas territoriales de los pescadores, de los campesinos afectados por estos grandes emprendimientos, de los indígenas de las zonas autónomas del atlántico, sobre todo de la región norte.

Hay muchas luchas que no están articuladas y muchas veces son asumidas por partidos que no le dan un sentido anti-extractivista, y terminan acotadas al campo del programa liberal de la lucha contra la dictadura de Daniel Ortega.

“El discurso antiimperialista encubre el saqueo”