Juliana Martínez Franzoni
20 de noviembre 2025

Elecciones 2026 en Costa Rica: se busca rebeldía con empatía

Fotos de Miguel Andrés | Divergentes.

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Costa Rica se acerca a las elecciones de febrero de 2026 en un escenario único en la historia del país. El momento está marcado por la desarticulación del pacto sociopolítico que durante décadas sostuvo la estabilidad y la inclusión social costarricense. Es decir, entre la farsa y la fractura 

Lo que hasta hace una década fue una erosión silenciosa del Estado social de derecho —a través de ajustes fiscales, tecnocratización y reformas neoliberales bajo la idea de “lo sentimos, pero no hay otra alternativa” — se ha transformado, bajo la administración de Rodrigo Chaves, en una ruptura abierta, ruidosa, ostentosa. 

Las señales de alarma están por todas partes. La destrucción ocurre mediante recortes presupuestarios (como en educación, salud y programas sociales). Pero también mediante la arbitrariedad de las decisiones y el no-me-da-la-ga-na transferir los recursos aprobados por el Congreso para salud o educación. Y como telón de fondo, narcos, balaceras y extorsiones… 

Crispar sin solucionar

Preparando recomendación…

Como todo líder populista, lejos de ser el problema, es síntoma del problema.  Su éxito ha sido crispar a una sociedad cansada y asustada sin brindar soluciones pero sí desahogo. Le ha dado todo eso combinado con mercadeo de franqueza y autenticidad…   Cualquier oposición es enemiga y lo que debería ser moneda corriente de la democracia se vuelve ríos de sangre y circo romano.

A ello se suma una disputa menos visible pero determinante: la reacción patriarcal contra los avances en igualdad de género, que se expresa en el ascenso de liderazgos autoritarios. El desmantelamiento no es solo del Estado social: cualquiera que desentone se vuelve contra el pueblo. Estos liderazgos combinan discursos “antielite” con prácticas de exclusión de lo público, lo que es de todos y todas, y muy especialmente, lo que es diverso.  

Por todo esto, lo que está en juego en 2026 no es simplemente un cambio de gobierno, sino la sostenibilidad de la democracia como forma de vida compartida y de la política como espacio de cuidado colectivo. 

¿Quién le teme al género?

La administración de Rodrigo Chaves ha encarnado una transformación política profunda. Sin cambiar la Constitución, ha alterado de facto el equilibrio de poderes. Ha gobernado por decreto, atacado organismos de control, limitado el acceso a la información pública y cultivado un discurso antipolítico que presenta a la disidencia como enemiga del pueblo – un pueblo que se asume como sabio y homogéneo. Este estilo de liderazgo no es neutro: se basa en una masculinidad autoritaria que presenta la fuerza, la decisión y el enfrentamiento como virtudes del buen gobernante.

En este contexto, el género no es una dimensión secundaria sino parte central de la disputa. Los liderazgos autoritarios, promovidos generalmente por hombres pero también por algunas mujeres, suelen ir acompañados de discursos antigénero que buscan restaurar jerarquías simbólicas y materiales. Así, se refuerzan modelos de género y familiares tradicionales, se debilitan las políticas de cuidado y se ataca la legitimidad de las agendas feministas. 

Elecciones 2026 en Costa Rica: se busca rebeldía con empatía

En palabras de Judith Butler, asistimos a una “restauración patriarcal” que no solo se opone a los derechos de las mujeres y diversidades, sino que erosiona la noción misma de los derechos humanos. O, en las palabras más crudas del presidente salvadoreño Nayib Bukele, los derechos humanos son fundamentales pero solo aplican a los que, según él mismo, califican como humanos… 

Adiós al espacio político del mal menor

El desafío es elegir partidos políticos y liderazgos comprometidos con una democracia sustantiva, con una agenda que combine reconocimiento y redistribución, que no se limite a la representación simbólica sino que transforme las estructuras de desigualdad. Como ha planteado Nancy Fraser, la justicia requiere actuar simultáneamente sobre lo cultural y lo económico. En Costa Rica, esto implica volver a creer en el Estado como garante de derechos, en la política como espacio de lo común, en lo público como territorio de cuidado colectivo. 

Pero todo eso necesita ser trasmitido por personas creíbles… en fondo y en forma, y que sean parte de estructuras partidarias también creíbles.  

Es urgente articular liderazgos democráticos con propuestas claras, recuperar la confianza en la política y reconstituir la conexión entre ciudadanía, instituciones y movimientos sociales. Las agendas de género, en tanto proyectos de igualdad y de sostenibilidad de la vida, deberían estar en el centro de esa recomposición.

Importante: El tiempo de elegir el “mal menor” ya está agotado.

Cobardía versus rebeldía

El camino hacia las elecciones de 2026 es también una disputa por el sentido: ¿será este un país liderado por quienes usan la política como vehículo de vanidad y banalidad, o como un espacio de servicio? ¿Será el Estado una herramienta de control o una plataforma de integración? ¿Triunfará un liderazgo irónico y sobrador o uno sensible, capaz de actuar con compasión?

Me gustaría pensar que hay un espacio para lo segundo, aunque todos los dados parecen cargados hacia lo primero.  Pero cuidado: como lo dicen Levitsky y Ziblatt, las democracias no mueren solo por golpes o crisis, mueren también y sobre todo por cobardía.

Y se salvan, a veces, por rebeldía… 

¿Cuál podrá más en este caso? ¿Y qué tanto nos darán alguno o alguna de veinte candidatos/as a la presidencia la posibilidad de serlo? 

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Juliana Martínez Franzoni

Es investigadora de la Universidad de Costa Rica y premio de la fundación Alexander von Humboldt otorgado a trayectorias sobresalientes de investigación en el sur global. Busca entender para ayudar a transformar.