“Ningún liderazgo político nicaragüense tiene la legitimidad para representar a toda la oposición”

En esta entrevista con DIVERGENTES, Félix Maradiaga, tras el encuentro de un grupo de exiliados “liberales” en Miami, advierte que competir por afinidad ideológica con el movimiento MAGA para atraer la atención de Donald Trump es un error estratégico para la oposición nicaragüense. Sostiene que el reto no es agradar a la Casa Blanca, sino demostrar que existe una interlocución seria y colegiada capaz de ofrecer estabilidad y un plan para el día después de Ortega y Murillo.


17 de Febrero 2026

Félix Maradiaga en Nicaragua, en una foto de archivo de DIVERGENTES.

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Tras un encuentro celebrado en Miami entre sectores liberales y conservadores del exilio nicaragüense, y en medio de los intentos de algunos grupos opositores por acercarse a la administración de Donald Trump, Félix Maradiaga lanza en esta amplia entrevista con DIVERGENTES una observación: competir por afinidad ideológica con el movimiento MAGA para ganar la atención de la Casa Blanca es, a su juicio, un error estratégico. La oposición nicaragüense, sostiene, no debe buscar legitimidad en esa cercanía, sino en la capacidad de ofrecer una interlocución seria, colegiada y con agenda concreta ante Washington.

El desafío, dice, no es agradar a Trump, sino convencer a Estados Unidos de que existe una alternativa democrática capaz de garantizar estabilidad regional, seguridad y un plan para el día después de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Sin esa certeza, advierte, la Casa Blanca difícilmente asumirá el costo de presionar con mayor contundencia al régimen copresidencial.

Pero para que esa interlocución sea creíble, la oposición debe resolver primero su propio vacío de representación. “Ningún liderazgo político nicaragüense tiene la legitimidad para representar a toda la oposición”, afirma Maradiaga, quien plantea que el reto central es construir un mandato político real que genere confianza dentro y fuera del país.

Félix, quisiera que nos contés en qué consistió ese encuentro en Miami entre algunas fuerzas exiliadas de la oposición nicaragüense.

Mira, hay un grupo que tiene décadas. Yo los conozco de manera directa o indirecta por lo menos desde inicios de los 90. Es un grupo organizado del exilio histórico liberal que se reúne con frecuencia. Entonces este viejo exilio había pasado por una especie de proceso de dispersión después de todo lo que le pasó a los partidos liberales cuando el PLC se dividió con el tema de Eduardo (Montealegre) y eso. Y en el 2018 esa estructura del viejo exilio liberal se volvió a reunir con bastante frecuencia y han tenido la madurez de comportarse como una organización transversal. O sea, no son una organización propiamente dicha, sino más bien como una red de personas que se activó sobre todo con solidaridad de cara a ayudar a la protesta del 2018.

Preparando recomendación…

Entonces estas agrupaciones de empresarios nicaragüenses que usualmente siempre han apoyado las alternativas liberales han mostrado mucha preocupación por la falta de unidad de la oposición. Entonces me invitaron y dijeron: “Estamos invitando a todas las corrientes liberales sin excepción”. Hicieron un trabajo de muchos meses. Yo me quedé impresionado. El trabajo meticuloso de mapear los liderazgos liberales de varios estados, o sea, gente de Indiana, gente de Texas, gente de California, gente de distintas ciudades de Estados Unidos, para que fuera un encuentro no tanto masivo, sino de los liderazgos representativos. Para que tuviéramos un conversatorio con agenda abierta, sin el propósito de crear una nueva estructura, no ir a firmar ningún documento, no ir a hacer otra nueva sopa de letras. Sino: ustedes se tienen que ver. Entonces yo dije que con mucho gusto. Luego surgió la pregunta de invitar a grupos no liberales. Por ejemplo, Roberto Bendaña con Graciela Zambrana tienen un grupo en Texas de conservadores. 

Eso me conduce a mi siguiente pregunta. Es decir, hablan de esa unidad que ha sido el mantra imposible de la oposición. Pero uno se sienta a ver lo que pasa con este grupo y tiene un tono excluyente. ¿Acaso solo los que se dicen liberales pueden hacer el cambio en Nicaragua?

Bueno, no, definitivamente que mi mensaje fue muy claro. Ya te voy a responder a esa pregunta, pero termino con el mapeo anterior. Obviamente Ruta del Cambio es una propuesta liberal de centro y nosotros hemos sostenido en todo momento que el liberalismo, si revisás la historia de Nicaragua, siempre ha sido un factor fundamental para las coaliciones democráticas, pero nunca ha sido el único factor. Entonces la posición nuestra, y fue lo que dijimos, es que nosotros estábamos abiertos a llegar a ese conversatorio como un primer paso para lo que debería ser un efecto de bola de nieve. Es decir, primero entendernos entre la familia liberal y un entendimiento entre la familia liberal podría generar un acercamiento con otras corrientes.

Por eso llegaron unas corrientes que son bastante más celosas en el posicionamiento, que sostienen que no deberíamos hablar, por ejemplo, con la izquierda concretamente. Esa es la posición de otros grupos que yo no comparto. Cuál ha sido nuestra posición: las dictaduras y las autocracias colaboran entre ellas y lo hacen de manera agnóstica.

Los dictadores de ultraderecha colaboran con los dictadores de izquierda. Los dictadores de movimientos extremistas islámicos colaboran con Vladimir Putin, que se asume como cristiano ortodoxo. Y sin embargo nosotros, los que creemos en la democracia, la libertad y la dignidad humana, decimos: no me reúno con este porque es muy progresista o con el otro que es demasiado de derecha.

De hecho, habían algunos grupos que quisieron vetar mi participación porque dijeron que yo no representaba auténticamente a la derecha. Por eso se habló claramente de que este no fue un encuentro de la derecha. Fue un encuentro de la familia liberal en un conversatorio con expresiones conservadoras. Eso incluye, por ejemplo, al movimiento campesino.

Y quiero responder ahora a tu pregunta diciendo lo siguiente, incluso en las palabras de Jaime Arellano, que ha sido uno de los voceros de una posición de derecha más firme. Jaime mostró una posición que yo debo reconocer como una posición pragmática. No estamos de acuerdo en el 100% en todos los puntos, por ejemplo. Pero una posición muy pragmática en el sentido de que, y creo que ahí sí coincidimos todos, eventualmente nos tenemos que sentar con las distintas expresiones democráticas, incluida la izquierda democrática.

Pero primero tenemos que ordenar la casa del centro-derecha. Y me parece que ese sí es un planteamiento que a mí me hace sentido. Entonces yo hablé, por ejemplo, de que es tan enemigo de la democracia el autoritarismo y el totalitarismo de las izquierdas que avasallan las libertades y la propiedad privada, cómo los autoritarismos que vienen de otras corrientes. Es una posición que es muy difícil a veces que se pueda comprender, pero siento que este ha sido uno de los diálogos más abiertos, los diálogos más francos.

Nosotros como Ruta del Cambio quisimos también llegar con una propuesta operativa de qué es lo que creemos que estamos de acuerdo. Por ejemplo, el gran acuerdo —y se creó un grupo de trabajo ya entrando en seguimiento— en primer lugar es no crear una estructura nueva.O sea, creemos que la unidad como plataforma es algo que confunde mucho, porque la unidad, y lo dijo Medardo en unas palabras muy bonitas, la unidad son los hechos, apartando los egos. Entonces mucha gente habla de la unidad, pero es la unidad alrededor mío o la unidad alrededor de mi ideología.

Uno de los hechos concretos que planteamos es el trabajo en la ilegitimidad del régimen. Las elecciones del 2021 fueron consideradas ilegítimas por el sistema interamericano. Sin embargo, no hay una resolución del sistema interamericano que abiertamente defina el régimen de Ortega como ilegítimo. Y ese es un consenso que tenemos todos los nicaragüenses de buena voluntad, independientemente de nuestras orientaciones ideológicas. 

Hablamos, por ejemplo, como un tema fundamental del cambio de Venezuela como una ventana de oportunidad, en donde reconocemos con humildad que Nicaragua no tiene el nivel de atención que debería tener. Estamos en desacuerdo con los que dicen que estamos fuera del mapa. Creemos que estamos en el radar, pero no como quisiéramos. Entonces acordamos toda una estrategia para que a una sola voz, de cara al encuentro hemisférico del 7 de marzo. De hecho, yo acabo de finalizar un contacto con un gobierno democrático de los que va a estar presente con una de las delegaciones en la reunión con el presidente Trump. Me han pedido no decir su nombre todavía, pero una de las delegaciones ha aceptado llevar planteamientos de por qué Nicaragua debe ser considerada también como una prioridad al lado de Cuba y de Venezuela. O sea, cosas bien concretas.

Ciudadanía
Foto de archivo del presidente Donald Trump, su vice, y Marco Rubio. EFE.
Viendo el caso de Venezuela, donde hubo un liderazgo claro que ganó elecciones y aun así Washington no lo convirtió en actor central de la transición, ¿qué garantías reales tiene hoy la dispersa oposición nicaragüense de que Estados Unidos la vea como una alternativa seria y no como un grupo más tratando de acercarse a Trump?

Bueno, garantías, ninguna. Y ahora yo no puedo hablar en nombre de todo ese encuentro de Miami. Pero te puedo dar únicamente la posición de Ruta del Cambio: En primer lugar, yo creo que es un error competir por la atención del presidente Trump en un sentido de similitud ideológica, que es el camino que han optado ciertos grupos, camino que respetamos pero que no compartimos la estrategia.

Es decir, querer convencer —dicen algunos grupos— de que somos el aliado natural del movimiento MAGA. Eso me parece a mí que es un error de estrategia. Y lo dije en mi discurso: nosotros somos un invitado en Estados Unidos. Pero sí creo que es importante lo segundo, que es más enfocado en un planteamiento más concreto de cara a la interlocución. Tenemos que demostrar que hay una interlocución que está, en primer lugar, preparada para tener un lugar en la mesa. Y hacerlo no diciendo “aquí está la persona”, porque yo creo que no es una persona la que va a tener interlocución. Y el mejor ejemplo es el espejo de Venezuela, donde María Corina, con su liderazgo extraordinario, habiendo ganado una primaria, etcétera, ya ves que no tuvo los resultados que todos esperamos.

Sin embargo, si hay un proceso que le da la certeza a la administración norteamericana de que nosotros comprendemos la agenda de seguridad que tiene Estados Unidos —una agenda de sus propios intereses nacionales— y que hay seriedad y disminuimos la dispersión, eso nos va a elevar la posibilidad de poder tener una interacción que beneficie a los nicaragüenses que están sufriendo mucho. Y que independientemente de las lecturas que tengamos de la administración norteamericana, tenemos que reconocer que en este momento son aliados de nuestra causa.

Pero esa alianza debe construirse sobre las coincidencias y no sobre una competencia entre grupos políticos exiliados de quién tiene mayor afinidad con el movimiento MAGA. Entonces yo creo que este diálogo —y ahora sí te puedo decir mi lectura, esa fue mi posición—, hubo dos planteamientos. Uno que hizo Jaime Arellano muy claro, donde él dice: acá tenemos que trabajar con los candidatos republicanos, acercarnos a ellos. Y un planteamiento intermedio, no necesariamente contradictorio, en trabajar en una agenda bipartidista, pero reconociendo que hay una ventana de oportunidad que ha abierto el presidente Trump. E ignorar eso sería hacer que los nicaragüenses perdamos una enorme oportunidad de que efectivamente salgamos de la dictadura en este momento.

O sea, una cosa no excluye a la otra. Nuestro planteamiento como Ruta del Cambio tiene dos puntos adicionales. El primero es que consideramos que la interlocución tiene que ser colegiada. No una versión nicaragüense de María Corina. Eso no es posible porque se tuvo que haber hecho con una primaria dentro de Nicaragua que fue frustrada. Pero podemos generar un proceso de consulta, un proceso participativo del cual operativamente no hemos hablado, pero un proceso de consulta en donde esa interlocución no sea una sola persona, sino una expresión variopinta de la oposición nicaragüense, pero que no se acuerde a puerta cerrada, como se ha intentado ahora.

Hay distintos grupos —no los quiero nombrar— que han querido que en un encuentro en X lugar o en Y lugar salgan los ungidos con un dedo. Y eso yo creo que tiene muy contrariados a los nicaragüenses, porque ninguno de los liderazgos en este momento tiene la legitimidad. Yo sé que es muy duro lo que digo, pero eso sí quiero ser inequívoco: ningún liderazgo político nicaragüense tiene la legitimidad para representar a toda la oposición. Nadie nos ha dado ese mandato. No ha habido un proceso de delegación y eso sí hay que construirlo.

Y lo segundo es que, al construir esa interlocución colegiada, si llegás con una propuesta de dónde están las afinidades, una afinidad muy concreta —que es el otro grupo de tarea que se formó— es el tema de China. Yo puse abiertamente a la orden los recursos de las organizaciones académicas con las que trabajo en el tema de China. Nosotros creemos que la presencia china, más que la rusa incluso, dentro de Nicaragua, es un tema de común preocupación de la administración Trump y nosotros. Yo creo que este proceso, sin desplazar otros valiosos procesos de interlocución y de diálogo, es uno de los que me ha dejado más optimista, reconociendo sus debilidades.

Félix, si Nicaragua no tiene el peso geopolítico de Venezuela ni el peso electoral de la comunidad cubana en Estados Unidos, ¿cómo posicionar la agenda nicaragüense ante la administración Trump y lograr que realmente les presten atención?

Bueno, en primer lugar lo estamos haciendo. Yo te puedo hablar concretamente de las dos organizaciones que yo represento, que es Fundación Libertad y Ruta del Cambio. Tenemos convenios con organizaciones basadas en Washington y hemos logrado, a través de procesos no muy públicos, enviar white papers, estudios, documentos. Prácticamente los bombardeamos semanalmente de información. Hay muchas cosas que se hacen que no son públicas: les compartimos noticias nicaragüenses, temas de libertad religiosa, persecución de las iglesias, persecución a la propiedad privada, violaciones a los aspectos laborales del Tratado de Libre Comercio, declaraciones que el régimen está dando que son contrarias a los intereses de Estados Unidos. Son como una gotita constante. Y no solo lo hacemos nosotros. Yo quiero también reconocer, y te pido que resaltes esto, a las otras organizaciones que lo hacen.

Entonces, esto de que Estados Unidos ahora esté contra Rosario Murillo no creas que es resultado de una fuerza de gravedad natural. Esto es también resultado de la diáspora nicaragüense, de los periodistas que hacen una labor extraordinaria de información. Ahora, ¿cómo das el salto de la preocupación geopolítica a la acción? Ese salto, en nuestra opinión, es disminuyendo la percepción de incertidumbre y de inestabilidad. Es decir, esta administración, que fue electa para representar a los norteamericanos, le interesa muchísimo la estabilidad centroamericana en materia de migración, crimen organizado y orden políytico, más que los temas de derechos humanos. Me duele mucho decirlo, pero es la realidad.

Entonces, ¿qué pasa si no hay una oposición que le dé certeza, garantías o que disminuya la incertidumbre a esta administración? Que sepan que en el caso de un colapso de Ortega no habrá un vacío de poder que genere una Centroamérica con una gran disrupción, porque sabemos que el sandinismo tiene una gran capacidad para generar disrupciones que han llevado incluso a guerras civiles. Ahí tenemos un elemento más importante que tener o no tener oro. Es la capacidad de poder decirle a Washington que hay un plan para el día después.

Por eso hablamos mucho de la nueva Constitución y del plan para el día después, para que no solo Washington, sino las otras capitales —Bruselas, Madrid, Berlín— sientan la confianza de meterle presión al régimen de una manera más contundente, sabiendo que lo que se está moviendo es una ruta hacia la democracia y no una ruta al caos. 

O sea, una transición hacia la democracia y no hacia un Estado fallido. Y esa es mi principal preocupación. Lamentablemente, los fantasmas de la política nicaragüense nos persiguen. La idea de que este tipo de acciones son campañas o que estamos hablando de candidaturas. Por una razón histórica me correspondió a mí ser el vocero de estos esfuerzos. Pero la verdad es que hemos insistido en que este no es el momento de candidaturas, pero sí es el momento de la organización política. Y es ahí donde disiento de quienes dicen que no es el momento de los partidos. Precisamente la ausencia de partidos democráticos es uno de los elementos de mayor incertidumbre para la comunidad internacional. La construcción de infraestructura democrática básica es importante.

“Ningún liderazgo político nicaragüense tiene la legitimidad para representar a toda la oposición”
La líder opositora venezolana y Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado. EFE/ Lenin Nolly.
Ahora, eso que mencionabas es importante porque, de alguna manera, el régimen ha entendido eso de la administración Trump. Y que se sepa, no hay ninguna negociación por ahora con Washington, pero han empezado a hacer una serie de concesiones encaminadas a alinearse a las posturas del presidente Trump. Digamos que eso le dificulta un poco más a la oposición.

Efectivamente, el régimen está a todo vapor trabajando para disminuirle a la administración Trump el apetito de accionar hacia Nicaragua, hacia el régimen. Sin embargo, todo lo que están haciendo son medidas paliativas, superficiales, que no satisfacen la visión de largo plazo que tiene Estados Unidos con respecto a la estabilidad de la región. Voy a dar un ejemplo concreto: No han hablado de la salida de los chinos. Han hablado de ponerle visa. ¿Qué es lo que está haciendo el tema de la visa? Me gusta usar ejemplos concretos. La visa es una especie de trazabilidad. Es decir: le voy a poner visa a los iraníes, a los chinos, a los cubanos, para que si alguno de ellos aparece en una frontera en Estados Unidos, se sepa que vino de Nicaragua y por tanto yo asuma la responsabilidad. Pero no me estés acusando de que soy trampolín de la migración indocumentada de asiáticos, africanos, iraníes, etcétera.

Sin embargo, esa es una cuestión importante, pero no es la más importante. El tema de fondo no es solamente la frontera, que es algo que Ortega hizo mucho con Biden, es decir, estimular la migración indocumentada lucrándose del dolor de los migrantes para generarle un desconfort a los norteamericanos en su frontera sur. El tema de fondo es la presencia china en términos geopolíticos, con la intención de construir puertos de agua profunda, la presencia de inteligencia de los enemigos de Estados Unidos, el otorgamiento de pasaportes nicaragüenses a una cantidad de agentes malignos que están ahí.

Entonces, ¿a qué es lo que nosotros estamos apostando? A una realidad muy sencilla: Ortega y Murillo son incompatibles con la seguridad hemisférica y con el modelo de democracia liberal que apoya Estados Unidos. Son totalmente incompatibles, como el agua y el aceite. No importa cuántas reformas haga Murillo y Ortega. Esas reformas jamás van a llegar al punto de convertir a Nicaragua en un aliado de Estados Unidos, precisamente porque son modelos totalmente incompatibles. La única manera de que Nicaragua pueda recuperar una alianza estratégica como país con Estados Unidos es que sea conducida por una fuerza totalmente democrática.

Tomando en cuenta el caso venezolano, donde aún no hay condiciones plenas para la disidencia, ¿tiene hoy algún sentido hablar del retorno de exiliados a Nicaragua cuando el régimen sigue apresando, o existe realmente alguna garantía para hacerlo?

Yo creo que esto hay que verlo desde dos perspectivas. La primera, en la que todos coincidimos, es que nuestro plan debe incluir un plan de retorno seguro cuando, como oposición, lo que realmente queremos es hacer oposición democrática dentro de Nicaragua. Tenemos que incluir en las demandas a la comunidad internacional que presionen al régimen para que permita una organización de oposición democrática dentro del territorio. Esa es la razón por la cual yo, hasta el día de hoy, no he aceptado ninguna de las ofertas de nacionalidad de los tres o cuatro países que me han ofrecido nacionalidad. Y muchos otros tampoco. Entonces una cosa es la presión para que al régimen se le diga: mirá, si tenés voluntad política, permití que la fuerza democrática nicaragüense se organice dentro del país.

La segunda perspectiva —en la que yo soy más cuidadoso y creo que no hay condiciones— es hablar de un retorno generalizado, hablar de condiciones seguras abiertas. Me parece que ese es un tema muy espinoso. Porque puede crear una trampa en donde la dictadura diga: si en Nicaragua no hay ninguna represión, están llegando los deportados, no hay ninguno preso. Y eso pueda ser utilizado como argumento por las cortes migratorias en Europa y en Estados Unidos como un supuesto argumento de que Nicaragua puede tener retorno seguro.

Entonces yo creo que hay que dividir la conversación en dos partes. Una es la exigencia de que la fuerza democrática, sean partidos o movimientos organizados,  tenemos que estar dispuestos a regresar, incluso asumiendo los riesgos, que es un tema del cual se habla poco. Por lo menos en mi caso —y te pongo mi caso, no hablo del caso de los demás— yo he dicho, y se lo he dicho a embajadores, a jefes de Estado con los que he conversado cuando me lo han preguntado: ¿qué podemos pedir? Yo no pido que me regresen mis propiedades. No pido que me den garantías extraordinarias. Lo que pido es que me permitan regresar a Nicaragua, aun con las condiciones de peligro. Esta no puede ser una solicitud generalizada para todos los nicaragüenses en este momento. Espero que mi punto sea claro.

“Ningún liderazgo político nicaragüense tiene la legitimidad para representar a toda la oposición”
¿No puede sonar un poco irresponsable el plantear ahora un retorno, porque esto crea falsas expectativas en muchas de las personas que están fuera?

No solamente falsas expectativas, sino que también puede confundir a las autoridades migratorias que tienen que evaluar los casos de asilo. Yo lo aclaro en todo momento: no me veo como una persona que hace activismo en el exilio. Mi activismo está más enfocado en Nicaragua. Lo que pasa es que, por razones que todos conocemos, no puedo hablar en Nicaragua, no puedo moverme dentro de Nicaragua, pero yo trato de que mis mensajes sean claves para los que están dentro del país.

Sin embargo, tengo una gran empatía y una gran preocupación, y fue uno de los temas en el conversatorio con los nicaragüenses en incertidumbre migratoria. Esa incertidumbre migratoria solo se va a disminuir cuando Ortega salga del poder. Mientras esté en el poder, aun con cualquier tipo de garantía que salga de su boca, no va a funcionar.

Yo siempre pongo como ejemplo el asesinato de Enrique Bermúdez, porque es clarísimo de que el régimen tiene una sed de sangre hacia una cantidad de personas que considera objetivos. Y está dispuesto a exterminar esos objetivos incluso transnacionalmente, como lo hicieron con Roberto Samcam y como están en peligro un montón de gente.

Por eso, cuando hablamos de que vamos a volver, cuando hablamos de la presión para regresar, es fundamental que los liderazgos políticos responsables dividan ese anhelo en dos planteamientos que son vinculados, pero que no son lo mismo. Uno es el retorno de los actores políticos que queremos asumir una responsabilidad política partidaria en Nicaragua. Y lo segundo es el retorno más generalizado, que solo se podrá dar cuando Nicaragua sea una plena democracia.

Incluso yo argumentaría que Nicaragua no estaría ni siquiera preparada para unas elecciones libres mientras esté Ortega en el poder. Hay que hablar de un gobierno de transición. Hay que hablar de una constituyente. Realmente la profundidad del deterioro democrático nicaragüense es tan profunda que tenemos que estar claros de que estamos hablando de un proceso que va a tomar muchísimos años. Y que lamentablemente hay una buena cantidad de nicaragüenses que va a tener que esperar en el exilio por largo tiempo hasta que haya garantías plenas para regresar.

Sin embargo, ese retorno debe ser en etapas. Primero tenemos que regresar los que estamos dispuestos a asumir los mayores riesgos. Pero no podemos transferir esos riesgos a la comunidad exiliada en general.