Con frecuencia escuchamos que la inteligencia artificial está transformando la forma en que adquirimos conocimiento. Sin embargo, creo que la verdadera pregunta no es qué puede hacer la IA por nosotros, sino qué tan preparados estamos para utilizarla con criterio.
A lo largo de mi ejercicio profesional como abogado he tenido que adentrarme en mundos que, en apariencia, poco tenían que ver con el derecho. Cuando asesoré a una refinería de oro, debí comprender las distintas aleaciones utilizadas en la fabricación de joyas. Más adelante, trabajando con marcas farmacéuticas, fue indispensable familiarizarme con principios activos, excipientes y aspectos técnicos de productos sometidos a registro sanitario. También tuve la oportunidad de asesorar una empresa minera de no metálicos, lo que me obligó a estudiar concesiones, permisos ambientales y múltiples aspectos regulatorios especializados.
En todos esos casos aprendí la misma lección: para poder aportar valor primero debía aprender. Antes de emitir una opinión o recomendar una estrategia, era necesario investigar, comprender y adquirir conocimiento.
Sin embargo, la experiencia que más me enseñó sobre el valor de la investigación ocurrió fuera de mi vida profesional.
En 2005, cuando mi hijo tenía apenas tres años y medio, fue diagnosticado con un tumor cerebral. De pronto nos encontramos ante decisiones complejas que podían afectar profundamente su futuro. No éramos médicos y tampoco pretendíamos sustituir a los especialistas. Pero entendimos que, para tomar decisiones responsables, debíamos comprender el problema que enfrentábamos.
Comencé entonces a investigar todo lo que estaba a mi alcance: los distintos tipos de tumores cerebrales, las diferencias entre tumores benignos y malignos, las alternativas terapéuticas disponibles, los riesgos asociados a cada opción y los centros médicos con mayor experiencia en estos tratamientos. Esa búsqueda no eliminó la incertidumbre, pero nos permitió formular mejores preguntas, comprender las recomendaciones de los especialistas y tomar decisiones informadas con las que toda la familia se sintió cómoda.
Afortunadamente, el tumor resultó ser benigno y tratable quirúrgicamente. Hoy mi hijo está próximo a cumplir 25 años, convertido en un joven brillante y lleno de vida.
Esa experiencia confirmó algo que había observado durante años en mi vida profesional: el conocimiento no es únicamente una herramienta para trabajar mejor. También es una herramienta para vivir mejor. Investigar nos ayuda a reducir incertidumbre, comprender contextos complejos y tomar decisiones más conscientes cuando enfrentamos situaciones importantes.
Hoy contamos además con una herramienta extraordinaria: la inteligencia artificial. Podemos analizar grandes volúmenes de información en minutos, resumir documentos extensos, identificar patrones, comparar fuentes y acelerar muchas de las etapas que antes requerían horas o días de trabajo. La IA se ha convertido en un apoyo invaluable para cualquier persona comprometida con el aprendizaje y la toma de decisiones basada en información.
Pero hay algo que la IA no puede sustituir: el juicio humano.
La observación, la formulación de preguntas relevantes, la capacidad de cuestionar nuestras propias conclusiones, la valoración de riesgos y, sobre todo, la responsabilidad de decidir siguen siendo tareas esencialmente humanas. La IA puede ayudarnos a procesar información; puede incluso ofrecernos perspectivas que no habíamos considerado. Lo que no puede hacer es asumir las consecuencias de nuestras decisiones.
Por eso, más que preocuparnos por si la inteligencia artificial reemplazará nuestras capacidades, deberíamos concentrarnos en fortalecer aquello que la hace verdaderamente útil: nuestra curiosidad, nuestra disciplina para investigar y nuestro criterio para interpretar el conocimiento que obtenemos.
La IA puede acelerar el camino hacia la información. Transformar esa información en conocimiento, y ese conocimiento en decisiones acertadas, sigue siendo responsabilidad nuestra.
ESCRIBE
Eliseo Núñez
Abogado con más de 20 años de carrera, participa en política desde hace 34 años sosteniendo valores ideológicos liberales.