Oscar Jiménez
3 de agosto 2026

Inundar la zona: así comunica el chavismo costarricense

La presidenta de Costa Rica, Laura Fernández, junto a su ministro de Hacienda (y expresidente), Rodrigo Chaves. Foto de EFE. Archivo.

Mira más de nuestra cobertura en tus resultados de búsqueda. Agrega a Divergentes en Google

Sábado 24 de julio. Rodrigo Chaves atiza la plaza de Nicoya preguntándole a los asistentes si les da miedo que se instale una dictadura en Costa Rica. La gente grita que no y el exmandatario y ministro afirma que esa es la “voz del pueblo”. 

Lunes 27 de julio. La presidenta Laura Fernández afirma que la captura del narcotraficante más buscado del país está “rodeada de dudas”, a pesar de que las autoridades penales mantuvieron una presencia constante en medios explicando detalladamente el operativo. “Hay más preguntas que respuestas” llegó a decir la mandataria. 


Viernes 31 de julio. En un anuncio institucional, Fernández y la fracción gubernamental denuncian “un golpe de Estado” del Poder Judicial porque las magistraturas extendieron los nombramientos de sus suplencias para evitar un cierre técnico de la Sala Constitucional. 

A lo largo de la semana. El ecosistema de creadores de contenido digital chavista produce vídeos con exageraciones y falsedades sobre estos y otros hechos sembrando dudas sobre jueces, magistrados, opositores e instituciones. Paralelamente, medios aliados al discurso oficial dan cámara a “analistas políticos” que validan marcos y narrativas gubernamentales. 

Preparando recomendación…

Si usted se ha sentido abrumado por todo lo que he descrito y por lo que ha ocurrido en estos días no es casualidad. Más bien, ese es uno de los objetivos de la estrategia de “inundar la zona” que ha estado aplicando deliberadamente el movimiento oficialista como forma de comunicación. 

Steve Bannon, ideólogo de la ultraderecha global, fue quién popularizó esta idea. En 2018, durante una entrevista, declaró que “los demócratas” no importaban, y que la verdadera oposición eran los medios. La manera de lidiar con ellos, dijo entonces, era “inundar la zona de mierda” (“flood the zone with shit”). 

En términos prácticos, esta “inundación” consiste en llenar los medios con agresiones verbales, declaraciones altisonantes y decretos ejecutivos de cuestionada legalidad; es inventar enemigos, narrativas e historias que tensionan al máximo el sistema y que obliguen a otros actores a dar una respuesta, reaccionar a la exageración o desmentir la falsedad 

Evidentemente, el fin de todas estas acciones no es persuadir e informar, sino desorientar. Se trata de producir tanto ruido que resulte imposible distinguir qué merece atención. Es inundar el espacio público con un volumen abrumador de contenidos que sature a los periodistas, distraiga a la oposición y confunda a la población. Con ello, no se busca ser comunicativamente eficientes o éticos sino evitar el escrutinio profundo, desviar la atención de agendas impopulares y erosionar la confianza en las instituciones. 

Ahora bien, si uno mira esta semana con atención ¿Qué pasó entre el 24 y el 31 de julio que el oficialismo tuvo que comenzar a “inundar la zona”? ¿Qué ocurrió qué les molestó tanto? ¿Fue la captura del capo conocido como Diablo? ¿Fueron los 60 allanamientos de la operación Leviatán que desarticuló una red internacional de envío de cocaína a Europa y Estados Unidos? ¿Fue la decisión del Poder Judicial de comenzar a defenderse de ataques y señalamientos? ¿Fueron los anuncios de recortes de personal en Zonas Francas? ¿Fue la incomodidad que generó tener que hablar del anuncio de anulación de las elecciones en Nicaragua? ¿Fueron los reclamos de conductores de aplicaciones de plataformas que llegaron a Casa Presidencial? ¿Fue la caída de la inversión extranjera directa?

La eficacia de esta estrategia no depende de que todas sus afirmaciones sean creídas. Basta con imponer la agenda. Cuando periodistas, opositores e instituciones dedican su tiempo a responder cada provocación, el oficialismo ya ganó la disputa por la conversación pública. Los problemas de fondo desaparecen del debate. Por eso, la mejor respuesta consiste en volver, una y otra vez, a los asuntos que afectan a la ciudadanía y a aquellos temas que el ruido político pretende ocultar. Si algunos buscan inundar la zona, a nosotros nos corresponde limpiarla.

ESCRIBE

Oscar Jiménez

Profesor e investigador de la Universidad de Costa Rica