La primera vez que seres humanos alunizaron, el 20 de julio de 1969, fue a consecuencia de la desenfrenada competencia Este – Oeste, entre la ahora extinta URSS y los Estados Unidos.
Aún recuerdo cómo veíamos, apiñados frente al aparatito de 14 pulgadas, casi sin parpadear, aquellas imágenes borrosas, en blanco y negro, el descenso del primero y del segundo astronauta al suelo lunar. Desde entonces me quedó la curiosidad de saber cómo se habían transmitido esas imágenes desde la Luna hasta Houston y luego hasta el resto del mundo.
Los soviéticos lanzaron el primer satélite al espacio (Sputnik), al primer animal (la perrita Laika), al primer hombre (Yuri Gagarin), a la primera mujer (Valentina Tereshkova). Fueron los primeros en enviar naves no tripuladas a circundar el satélite de la Tierra, y en hacer descender sondas a suelo lunar. Ya estaban a punto de enviar seres humanos. ¡Pero les faltó un pelito!
Fueron los gringos –que desde el arranque venían en segundo lugar– los primeros en poner pies sobre esa masa aparentemente gris que marca las mareas, las estaciones y otras cosas más. En Moscú el silencio fue total. Estados Unidos había ganado la carrera hacia la Luna.
Como esos chavalos del barrio que les gusta enrostrarte su victoria, a los astronautas de la NASA no les bastó con ir una o dos veces. ¡Entre 1969 y 1972 fueron seis veces a la Luna! Como quien dijera: ¡en tu cara, Leonid Brezhnev! (Así se llamaba el primer ministro de la URSS).
Entonces los rusos tomaron otro rumbo: orbitar una estación espacial –la MIR (Paz)–, para comenzar a planear la siguiente competencia: los vuelos a Marte. Los gringos se fueron por el lado de los transbordadores combinados con la Estación Espacial Internacional, como eventual catapulta de los vuelos al planeta rojo. Lograron unir a los rusos al proyecto de su estación espacial (en la que también participan Canadá, Japón, México y Europa).
Luego de cerrar el programa de los transbordadores, tras las tragedias del Challenger (enero 1986) y el Columbia (febrero 2003), la NASA pensó nuevamente en volver a la Luna… para saltar de ahí hacia Marte.
¡Qué casualidad! ¡China también lo había pensado!
Mientras el mundo cristiano celebraba la Semana Santa de 2026, la NASA había enviado a cuatro astronautas a bordo de la nave Artemis II para que –como el Apollo 8 en 1968– volaran (fly by) alrededor de la Luna. El centro de atención sería el lado que nunca vemos del satélite y el arco que describirían para luego salir impulsados de regreso hacia la Tierra.
La Artemis I había tenido éxito. Su misión era probar el cohete propulsor, las tecnologías a bordo y un retorno seguro a Tierra. En Houston escuchaban “The dark side of the moon” (Pink Floyd).
¿Y China? ¿Por dónde andaba a estas alturas?
Pues, haciendo las cosas con paciencia porque tienen prisa. Su programa lunar tiene dos fases y dos metas. La primera fase ha sido protagonizada por robots y la segunda implicará a seres humanos. Las dos metas son alunizar hacia 2028 e instalar una base lunar junto con Rusia hacia 2035.
A la fecha han enviado con éxito sondas a circundar la Luna, han operado un robot en el lado oculto de la Luna, y traído muestras de suelo lunar a su regreso. Es decir, van adelante, como también van adelante en desarrollo tecnológico, competitividad comercial y política, expansión global con infraestructuras portuarias, estadios y de transportación, el poder suave de la cultura y la ramificación de su sistema de propaganda por las redes sociales.
Pero, como en los años sesenta del siglo veinte, el gran premio será clavar primero la bandera nacional en el suelo del satélite. Esto implica astronautas descendiendo de una nave espacial.
¿Quién lo logrará en esta nueva carrera espacial? ¿China? ¿Estados Unidos?

La ventaja de China es que todo su programa es estatal, controlado por el Partido Comunista. Hasta ahora van conforme su calendario y, si todo sigue así, astronautas chinos pisarán suelo lunar en lo que queda de esta década. Para ellos, el dinero ni la toma de decisiones es un problema mayor. Falta que su tecnología funcione a cabalidad.
En cambio, el esfuerzo espacial de los Estados Unidos ahora es mixto. Participan el estado a través de la NASA y emporios privados como los de Jeff Bezos y Elon Musk. A la fecha han debido superar distintas dificultades con sus cohetes y la sincronización de miles de partes que componen la misión.
Artemis II ha sido un gran éxito para los Estados Unidos, y con ello se han dado un paso importante hacia la meta. Pero los chinos no están rezagados. Piensan pisar suelo lunar en el mismo año que la NASA planea hacerlo: 2028.
Es llamativo que los grandes medios no han destacado esta nueva fase de la carrera espacial como una competencia entre las dos superpotencias del momento. Su agenda habla de “la isla renegada” Taiwán, las disputas por la Inteligencia Artificial y el comercio bilateral.
Si hace más de medio siglo era un asunto de orgullo y poder alcanzar la Luna primero, ¿hoy también lo es?
Alguien podría decir que sí y que no. Porque el gran premio es Marte, la meta soñada del hombre más rico del planeta: Elon Musk. Pero antes tendrán que ser capaces de establecer una base lunar que soporte las inclemencias del espacio. En esto China también parece ir adelante.
Por lo pronto esperemos a saber quién llega primero. Artemis o Mengzhou han sido diseñadas para poner seres humanos sobre la Luna hacia 2028, los que plantarán una bandera. ¿Será la roja con estrellas amarillas o la de las barras y estrellas?
¡Hagan sus apuestas!
ESCRIBE
Alfonso Malespín
Periodista. Investigador de temas de libertad de expresión y medios de comunicación. Amante de la gastronomía, bailes y paisajes nicaragüenses.