El Secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, afirmó el pasado 7 de enero —apenas cuatro días después de que fuerzas militares capturaran a Nicolás Maduro en Caracas— que la estrategia para Venezuela contempla un plan de tres fases: estabilización, recuperación y transición. “No queremos que esto descienda al caos”, detalló en aquel momento ante el Congreso de su país. Sin embargo, transcurridos casi tres meses después del operativo militar, no hay señales claras de que el país sudamericano se encamine en esa dirección.
Así lo sostiene la periodista venezolana Luz Mely Reyes, directora del medio Efecto Cocuyo. Reyes se muestra poco optimista frente a los expertos que plantean un cambio inmediato; por el contrario, alerta que lo que podría imponerse es un modelo de autoritarismo tutelado por la Casa Blanca.
Si bien Washington ha normalizado sus relaciones diplomáticas y comerciales con Caracas mediante visitas de altos funcionarios, el cambio político sigue ausente. Delcy Rodríguez, presidenta encargada, ha impulsado algunos ajustes como la destitución del ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, y de buena parte de su gabinete. No obstante, la estructura de poder permanece intacta, fiel al chavismo. La represión continúa y las cárceles venezolanas aún albergan a cientos de presos políticos.
Tras la captura de Maduro en enero, vos planteabas que no veías indicios de una transición en Venezuela. Transcurrido este tiempo, ¿qué balance podés hacer?
Pasados casi tres meses desde que se produjo la extracción de Maduro, todavía no hay una ruta para una transición democrática en Venezuela. Lo que ha habido es un cambio interno de quiénes detentan el poder, pero la cúpula y la misma estructura del gobierno de Nicolás Maduro sigue allí. De hecho, está reconocida quien era su vicepresidenta, Delcy Rodríguez.

Estados Unidos recientemente la reconoció como jefa de Estado. ¿A quién le correspondería definir esta hoja de ruta? ¿Qué actores estarían entrando en ella: la oposición venezolana, el propio Gobierno o la presión estadounidense que habla de una transición?
Lo que pasa es que aquí tenemos un ejercicio de fuerza; es decir, tienes una fuerza externa de un país tan poderoso como Estados Unidos que no solamente ejecutó una acción y cumplió una amenaza, sino que además amenazó a los miembros de ese Gobierno. Por tanto, en la práctica pareciese que la hoja de ruta —que por supuesto debería corresponder a los venezolanos— es como la de un grupo tutelado. Así está realmente Venezuela: con las armas de una superpotencia y pretendiendo que haya algún tipo de autonomía de las propias fuerzas democráticas de ese país. Es una tutela; hay un acompañamiento, pero en los términos en los que Estados Unidos considera que debe darse la transición, no en los términos en los que las fuerzas democráticas venezolanas consideran que debería darse.
¿Cuánto tiempo puede estar Delcy Rodríguez como presidenta encargada de Venezuela? Según la Constitución, son tres meses y después de ese tiempo tendría que convocar a elecciones…
Esto es teórico. De hecho, el Tribunal Supremo, que es manejado por el Gobierno, cuando nombra a Delcy como encargada de la presidencia, dice que la ausencia de Maduro es una “ausencia forzosa”, la cual no está contemplada en ninguno de los escenarios de ausencia de la Constitución. Es decir, no reconoce la ausencia absoluta de Maduro. Al no reconocer esa ausencia absoluta, no se fijan los lapsos que establece la Carta Magna. Esto es irónico, porque más o menos así fue como llegó Maduro al poder. Cuando Chávez estaba convaleciente en Cuba, se irrespetó lo que establecía la Constitución y se dio un dictamen de “continuidad administrativa”. Chávez nunca pudo asumir su nuevo mandato el 10 de enero de 2013 y Maduro pasó del Gobierno que cesaba a ser presidente encargado, violando todo lo establecido. Ahí lo único que sí se respetó es que, al morir el presidente Chávez, la ausencia absoluta era evidente por la desaparición física. En el caso actual, este Gobierno —que está acostumbrado a ganar muchísimo tiempo— simplemente no ha declarado la ausencia absoluta de Maduro. Al no reconocer esa ausencia, tampoco se fijan los plazos para la convocatoria de elecciones.
Si entendemos la transición en fases, ¿podríamos decir que la prioridad de Estados Unidos en este momento es recomponer el asunto económico y dejar para después el tema de gobernabilidad y democracia?
Yo creo que el tema de gobernabilidad fue lo primero que se planteó, en el sentido de tener capacidades para hacer cambios con impacto en la economía, especialmente en el manejo de la industria de hidrocarburos y minera. Hubo una Ley de Hidrocarburos aprobada de manera expedita y, en este momento, se discute una Ley de Minas orientada a dar seguridad jurídica a empresas extranjeras. No veo que haya un plan de tres etapas. Cuando uno conoce la metodología de trabajo de Estados Unidos, sabe que un plan tiene entregables, métricas y objetivos. Esa hoja de ruta clara no está dicha en ninguna parte, ni siquiera verbalizada. Si hay algún documento escrito sobre esto, está bajo siete llaves.
¿Podría ser un asunto secreto entre el Gobierno de Venezuela y Estados Unidos? Un asunto de esta dimensión tendría que ser público
¡Claro! Yo no creo que sea secreto, es que no existe. Tenemos la tendencia a creer que el gobierno de Estados Unidos siempre es muy eficaz y cumple ciertos parámetros, pero por lo que estamos viendo, no pareciese existir nada escrito; parece más bien un esbozo general. Este esbozo tiene que ver con el manejo de la industria de hidrocarburos y la minería. Se planteó la excarcelación de presos políticos como un gesto de buena voluntad, pero todavía siguen muchísimas personas presas y se les ha negado la amnistía a otras. El momentum de esas excarcelaciones pareciese que ya pasó y el Gobierno se tomará todo el tiempo que pueda.

Sin ese plan, ¿está Venezuela entonces ante un reacomodo del poder?
Eso tiene un nombre. La historiadora Margarita López Maya lo define como un movimiento dentro del propio Gobierno y sistema; no es un cambio de régimen. No se están dando los pasos para conducir a un cambio de régimen a través de una elección. A casi tres meses de la defenestración de Maduro, nada indica que se vaya hacia allá.
¿Cómo está gestionando Rodríguez la presión de Donald Trump y la que pueda ejercer el núcleo duro del chavismo?
A ella le es más fácil, de cierta manera, manejarse con Donald Trump como “nuevo gran jefe” porque su perfil, según han querido dibujarlo, es de tecnócrata. Mientras logre los objetivos económicos de este reacomodo, ella está bien. Sin embargo, vimos recientemente cifras de inflación altísimas y las expectativas de mejora todavía no se cumplen. ¿Hasta cuándo durará eso? No sabemos, porque las expectativas tienen fecha de vencimiento. Sobre la gestión interna, sigue siendo una caja negra. Lo más opaco es la Fuerza Armada. Hubo cambios recientes: salió el general Vladimir Padrino López tras 12 años en el Ministerio de Defensa e ingresa otro general cuyo expediente en violación de derechos humanos es terrible (Gustavo González López). Ese movimiento muestra tensiones internas por parte de Diosdado Cabello, que es el hombre fuerte en el Ministerio de Interior y el ejecutor de la represión después del 28 de julio de 2024.
¿A qué respondería la salida de Vladimir Padrino?
Es lógico cambiar al ministro de la Defensa a quien se le llevaron al presidente y no pudo defender a su comandante en jefe; es absurdo mantenerlo. Eso debe haber mellado la moral en la Fuerza Armada. De hecho, la fuerza que intentó repeler la acción de Estados Unidos era el grupo de custodia cubano. Cuba rindió homenaje público a los caídos, mientras que en Venezuela el Ministerio de la Defensa no hizo ninguna publicación oficial. La moral de la Fuerza Armada venezolana debe estar por el suelo.
El director de Chevron informó a la CIA que la oposición tendría dificultades para controlar el país tras la salida de Maduro. ¿La lealtad de las fuerzas armadas no podría ser un motivo para que esa transición se extienda más en el tiempo?
Creo que eso es una especulación al tratar de comparar la realidad venezolana con la de otros países. El riesgo que yo observaba —y sigo observando— es que elementos de la Fuerza Armada se han aliado o han sido complacientes con grupos armados delincuenciales. Esto incide no porque se generen grupos de acción violenta masiva como en el Medio Oriente, sino porque eran grupos que presionaban a empresas con complicidad militar para acciones criminales. No hablo de criminales ideológicos.
En Venezuela ocurren hechos particulares: allanamientos a opositores, liberación de algunos presos políticos y una ley de amnistía que no benefició a María Corina Machado. ¿Qué lectura haces de estos hechos?
No son tan raros bajo la siguiente lógica: este movimiento tutelado por Estados Unidos parte de la lectura de que el país se podía ·iraquizar” (en referencia a lo ocurrido en Irak luego de la invasión de Estados Unidos que derrocó al dictador Saddam Hussein), por lo que están haciendo lo mínimo para mantener cierto orden, pero no una transición democrática. Por eso la ley no favorece a todo el mundo. María Corina Machado siquiera ha sido imputada en un proceso penal formal que sepamos, pero es constantemente amenazada con que, si retorna al país, tendría que rendir cuentas.
Machado ha dicho que regresará pronto. ¿Cómo se posiciona ella en el actual contexto? Pasa de un protagonismo total tras las elecciones de 2024 a ser relegada del proceso.
En las encuestas que he visto, María Corina sigue encabezando todo. Hay un “hiperliderazgo” donde su apoyo supera el 70%. En una medición polarizada frente a Delcy Rodríguez, María Corina tenía el 67%. Sin embargo, el riesgo es que se vuelva irrelevante si se reducen las expectativas de que pueda llegar al poder por una vía electoral, mientras el Gobierno de Rodríguez maneja los tiempos y las promesas de mejora económica.
¿Se puede diluir ese apoyo?
Si hay mejoras económicas, es muy posible. Sería un incentivo para que la gente se enfoque primero en su bienestar económico.
¿Y cómo está la oposición actualmente? Algunos analistas hablan de fragmentación
La oposición no solo no está cohesionada, sino que la mayoría de los factores están desconectados de la sociedad. Tienes un grupo encabezado por Enrique Capriles Radonski que cree que puede facilitar encuentros, pero no tiene incidencia, ni capacidad de hacer que el Gobierno cambie de opinión. Luego hay grupos funcionales a la dictadura. Y finalmente está el grupo de María Corina Machado y su coalición, que parecen ser los más conectados con las demandas de la gente.

Mencionaste que no parece haber un plan de transición, pero en caso de que lo hubiera, ¿podría ser la figura de María Corina un problema?
Yo creo que, en este momento, la única que puede garantizar una transición democrática es María Corina Machado. Y no por una preferencia personal, sino porque es la única líder que muestra coherencia y que identificó las potencialidades de cambio. El Gobierno está ganando tiempo con cambios económicos a su favor. ¿Quién puede oponerse a eso? Una figura coherente, valiente y perseverante como ella. Los demás factores no tienen esa capacidad.
Machado estuvo recientemente en Chile reuniéndose con líderes de la derecha. ¿Qué puede hacer la comunidad internacional, y específicamente los mandatarios cercanos a Trump, por Venezuela?
Soy muy poco optimista. Si no hicieron nada cuando el escenario era más claro tras el 28 de julio (las elecciones presidenciales de 2024), cuando ganó Edmundo González, no creo que lo hagan ahora. Lo más sencillo entonces era formar un bloque para exigir las actas y facilitar un pacto de gobernabilidad. Si eso no se hizo, difícilmente se hará ahora. Respecto a los gobiernos de derecha, lo que puede pasar es que Venezuela termine aislada, pero como ahora es prácticamente un protectorado de Estados Unidos, esos países no se van a enfrentar a Donald Trump.
¿Cuáles son los escenarios inmediatos que ves?
Lo que veo es una estabilización de la dictadura con apertura económica, pero con una restricción política fuerte. No veo espacio para una transición. Siento que hay un exceso de optimismo; si este cambio no es encauzado políticamente, lo que tendremos es un relevo dentro de la misma cúpula hacia un modelo de autoritarismo tutelado por Estados Unidos, similar a lo que ocurre en El Salvador.
¿Cómo perciben los venezolanos lo que está ocurriendo?
Hay altísimas expectativas de mejoras económicas porque la situación ha sido muy retadora. El tema de los presos políticos parece importarle solo a sus familiares y a un sector específico, mientras todo se enfoca en el área económica. Pero ese optimismo tiene fecha de vencimiento. Si no hay una articulación del descontento en términos de acción política, caeremos en otro limbo duradero.
La mejoría económica tampoco será de la noche a la mañana. Estados Unidos ha anunciado inversiones, pero no hay nada concreto…
Porque no hay democracia. Las empresas saben que han perdido muchísimo dinero allí por las expropiaciones y la inseguridad jurídica. Invertir en Venezuela sin un contexto fuerte de protección legal es exponer el capital, y ya sabemos que el dinero es cobarde.