En Nicaragua existen nombres que, tras la crisis sociopolítica iniciada en abril de 2018, fueron elevados por el régimen Ortega-Murillo a la categoría de “héroes de la paz”: civiles armados y policías que perdieron la vida mientras participaban en acciones violentas destinadas a reprimir las protestas y restablecer el control territorial del país. Sin embargo, no todos ocupan el mismo lugar en la memoria de la dictadura sandinista. Mientras algunos, como Francisco Aráuz Pineda —hijo de la reconocida sandinista Amada Pineda— o el militante Bismarck Martínez han sido recordados con homenajes, placas y monumentos, otros caídos apenas sobreviven en publicaciones de aniversario o han sido relegados al olvido.
Los policías fallecidos durante las protestas de 2018 también fueron incorporados por el Gobierno a la categoría de “héroes de la paz y la seguridad”, pese a que murieron en un contexto violento que organismos internacionales documentaron como de represión estatal en contra de las manifestaciones cívicas.
En su informe de 2018, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) concluyó que la violencia en Nicaragua que tuvo como principal agente represor a la Policía Nacional, estuvo dirigida a disuadir la participación en las manifestaciones y sofocar el disenso político, siguiendo un patrón caracterizado por el uso excesivo y arbitrario de la fuerza —incluida fuerza letal—, la actuación de grupos parapoliciales y paramilitares con tolerancia estatal, amenazas contra líderes sociales y la falta de diligencia en las investigaciones sobre asesinatos y lesiones.
¿Quiénes fueron estas personas, por qué el régimen las presenta como “héroes de la paz”, pese a su participación en la represión y qué revela esa memoria selectiva del Frente Sandinista sobre la forma en que se justifica la violencia ejercida en 2018?
Murió calcinado durante el incendio del Centro Universitario de la UNAN-León. El régimen lo convirtió en símbolo de paz y seguridad, pese a que su familia denunció inconsistencias forenses graves.
Murió tras recibir un disparo mientras resguardaba instalaciones de la Alcaldía del Distrito VI. El oficialismo levantó un monumento en su honor.
Resultó herido desmantelando el tranque de Sébaco y murió dos días después. El régimen usó su nombre para designar una escuela municipal de danza.
Murió tras resultar herido frente al Comisariato de la Policía. El régimen lo incorporó a la lista de "héroes de la paz" mientras los trabajadores estatales eran presionados a ocupar las calles.
Murió en El Quebracho mientras, según el relato oficial, defendía a mujeres que exigían el levantamiento de un tranque.
Murió durante la cantata del Día de las Madres. Trabajaba en el Ministerio de Salud y fue catalogado como obrero en la lista oficial.
Murió durante la cantata del Día de las Madres. Militante del FSLN, fue elevado a la categoría de "héroe de la paz".
Murió en Masaya según la Policía mientras restablecía el orden. Rosario Murillo vinculó el nacimiento de su hija con la narrativa del sacrificio heroico.
Murió en un accidente vial —no en acciones de pacificación—, pero fue integrado al relato oficial de los "héroes de la paz".
Murió durante el ataque a la delegación policial de Mulukukú. Fue ascendido póstumamente y su nombre inscrito en el mausoleo de los "héroes y mártires de la patria".
Murió durante el ataque a la estación policial de Mulukukú. Su caso contrasta con documentación de grupos parapoliciales que la Policía negó que existieran.
Murió tras participar en el desmantelamiento de un tranque en Nueva Libia. El FSLN construyó un gimnasio de boxeo con su nombre.
Hijo de la militante histórica Amada Pineda. Murió en un operativo de desmontaje de tranques y fue transformado en uno de los símbolos más visibles de la narrativa de paz.
Desapareció el 29 de junio en Jinotepe. El régimen lo convirtió en el símbolo central de su narrativa de lealtad y paz, pese a que la Fiscalía nunca investigó su asesinato.
Murió en el enfrentamiento para desalojar un tranque en La Trinidad. Veterano de guerra, la Comisión lo clasificó como "trabajador por cuenta propia" pese a ser empleado del Inatec.
Fue secuestrado según la Policía durante el ataque a la delegación de Mulukukú. Sus restos aparecieron el 4 de julio; fue ascendido póstumamente a comisionado.
Su madre rechazó la versión oficial: asegura que fue torturado y asesinado por sus propios compañeros tras negarse a participar en la represión conocida como "Operación Limpieza".
Murió durante el ataque a la delegación policial de Morrito según la versión policial. Está integrado a la lista oficial de "héroes de la paz".
Murió a los 21 años mientras participaba en la "limpieza" de tranques. Testimonios de operadores sandinistas lo describen como herido de bala, torturado y quemado.
Murió en el tranque del empalme de Lóvago en una de las fases más violentas de la Operación Limpieza documentada por la CIDH.
Murió en 2019, cuando el Estado ya había recuperado el control territorial, pero fue incorporado al mismo relato de "héroes de la paz" construido desde 2018.
Murió en 2019 durante un operativo policial y fue integrado a la lista de "héroes de la paz y la seguridad", ampliando la narrativa más allá del ciclo de protestas de 2018.