En una de sus diatribas de la semana, la del 20 de agosto de 2026, Rosario Murillo soltó una carga cerrada que incluyó la letra de un viejo juego infantil: “O, A, sin moverme, sin reírme, una mano, en un pie, torbellino, caballete, adelante, atrás, atrás y adelante, media vuelta, vuelta entera …”
Para quienes tienen 60 años o más recordarán que era uno de los juegos vespertinos de la chavalada de la cuadra, cuando en Nicaragua reinaban los trompos, las canicas, la bola de calcetín y los barriletes. El “O, A”, sin que uno lo supiera, era un juego diseñado para fortalecer la coordinación fino-motriz.
Quienes lo han jugado recuerdan que el “O, A” era todo un desafío, pues además de ejecutar uno a uno todos los movimientos, se debía rebotar una pelota contra una pared y debía atraparse sin que cayera al suelo. Si esto pasaba se perdía el turno y alguien más lo intentaba. Ganaba quien de primero completara todo el ritual sin que la pelota cayera de sus manos.
Murillo parece no haber recordado bien la letra del juego y la dijo así: “Sin moverme, sin reírme, en un pie, en una mano, torbellino, caballete. Adelante y atrás, atrás y adelante, media vuelta y la vuelta entera. Atrás, ¡vade retro, cachivaches y rueda fortuna! ¡Vade retro, espantapájaros!”
Quienes creen que ella es una bruja – de ahí lo de Chamuca – saltaron inmediatamente a decir que estaba emitiendo un conjuro en contra de los enemigos que ella ha construido o se ha ganado a pulso en su ruta a la cima del poder.
¿Fue eso un conjuro brujístico? ¿O fue apenas una mala construcción discursiva de un juego que mantenía ocupada las mentes infantiles durante las tardes de hace medio siglo?
Tal es la discusión que ocupa a varios medios y comentaristas mientras el hemisferio se aproxima a una discusión crucial sobre Nicaragua en la OEA.
En Washington D.C. los representantes de los 29 países que un día antes del colérico monólogo en mención votaron para que el caso Nicaragua sea discutido por los cancilleres del continente, no van a jugar el “O, A” ni van a tener en mente la sarta de Murillo.
¿Le valdrá a la señora para su plan de convertirse en la mandamás de Nicaragua, el “¡vade retro, cachivaches y rueda fortuna! ¡Vade retro, espantapájaros!?”
De los Tonton Macoute a Sai Baba
Es sabido que en América Latina abundan los políticos supersticiosos que se encomiendan a entidades y rituales consideradas heréticas, profanas y hasta malditas. Desde los brujos del vudú del antiguo dictador Papa Doc Duvalier, en Haití, pasando por los santeros de Cuba, hasta el Sai Baba que ha unido a los dictadores Manuel Noriega, Hugo Chávez y Rosario Murillo.
Todos estos sistemas de creencias buscaban generar un sentimiento de poder y protección omnipotente para los dictadores caribeños, y de latente terror entre sus víctimas. En Haití pensaban que los Tonton Macoute, los paramilitares de Duvalier, eran muertos vivientes. O sea, no se les podía matar porque ya lo estaban. En Nicaragua, los que una vez dijeron ser “los más y los mejores” ahora son un ejército de paramilitares abiertos o encubiertos, que amenazan a sus víctimas con descerrajarles las AK-47 si vuelven a atreverse a reeditar un 2018.
Quienes creen en esas vainas han estado blindándose con la medalla de San Benito, la misma que los obispos desplegaron frente a Murillo y Ortega en mayo de 2018, cuando se dio la primera ronda de negociaciones en el Seminario Nacional, mientras en las calles los paramilitares seguían abatiendo protestantes en las calles.
Cuando pregunté por ese medallón pegado en el muro me explicaron que los símbolos que contiene resumen la oración del exorcismo contra el Chamuco. El reverso de la medalla es la clave y debe de aprenderse de memoria, algo que yo jamás habría podido lograr. Va más o menos así:
C. S. P. B. (Crux Sancti Patris Benedicti): Cruz del Santo Padre Benito.
C. S. S. M. L. (Crux Sacra Sit Mihi Lux): Que la Santa Cruz sea mi luz.
N. D. S. M. D. (Non Draco Sit Mihi Dux): Que el demonio no sea mi guía (o jefe).
V. R. S. (Vade Retro Satana): ¡Aléjate, Satanás!
N. S. M. V. (Numquam Suade Mihi Vana): No me aconsejes cosas vanas.
S. M. Q. L. (Sunt Mala Quae Libas): Es malo lo que me ofreces.
I. V. B. (Ipse Venena Bibas): Bebe tú mismo tu veneno.
PAX: Paz

Hay otros que, después del discurso reciente de Murillo, ya se echaron a la cartera la oración de San Miguel Arcángel, y ya me parece que murmuran: “San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh, Príncipe de la Milicia Celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás, y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén.”
¡Va de retro!
Rosario Murillo, más molesta que el día anterior, salió a decir que no había soltado un conjuro en contra de sus enemigos, a quienes señaló de ser incultos e ignorantes. Y luego aclaró lo que quiso decir: “Va de retro ¿Qué quiere decir?, atrás los satanaces (…) nada tienen que ver esas palabras con lo que ellos ven desde esos ojos oblicuos que no son ojos orientales sino más bien ojos que no ven y corazones que tampoco sienten porque en ellos no hay amor”. O sea, sus enemigos están muertos en vida. Son zombies.
Visto así, Murillo propone una guerra entre diablos y ángeles. Ella cree ser un ángel y sus enemigos serían sus demonios.
Ahora uno puede entender por qué el día de esa primera e histórica sesión del fallido diálogo de mayo de 2018, Rosario Murillo se veía tan tensa, tan incómoda frente al medallón de San Benito.
Pax.
ESCRIBE
Alfonso Malespín
Periodista. Investigador de temas de libertad de expresión y medios de comunicación. Amante de la gastronomía, bailes y paisajes nicaragüenses.