Alfonso Malespín
30 de Junio 2026

Los designios divinos de Rosario y Daniel

Foto tomada de Presidencia.

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De acuerdo con doña Rosario Murillo, Dios es el responsable por todo lo que pasa en su país. Digo su país, porque hay otras Nicaraguas que ella obvia en su alocución diaria y al final de los discursos de su marido, el copresidente Daniel Ortega.

De Dios – y no de quienes gobiernan– sería la responsabilidad de ese 10% de la población de Nicaragua que ha huido en los últimos tiempos. Esos miles de nicaragüenses han tenido que buscar vida en otro lado –y no en el propio –, lejos del país de doña Rosario. Dios sabía que ella no les daría cabida, sea por desempleo, acoso o cárcel, y por eso los condujo hacia otra tierra prometida.

De Dios – y no de quienes mandan en Nicaragua– sería la responsabilidad por los miles de personas desterradas, desnacionalizadas y confiscadas puesto que el pueblo, que es la voz de Dios, decidió esa barbaridad. Y como el pueblo es presidente, y los presidentes son ellos… Dios sabía que esa gente eran malos hijos del país de doña Rosario y que sufrirían, como en efecto sufrieron, si los dejaba en manos de esa preclara benemérita de la patria. Por eso los mandó lejos.

Dios y los fallidos golpistas –y no quienes mandan en Nicaragua– son los responsables de todo lo que sale mal en el país de doña Rosario. (Antes de 2018 los culpables eran los neoliberales). Ella y su marido son sabios y obran bien. Los dos son el buen gobierno. (No ha habido mejor gobierno en la historia nacional que el de ellos dos). Es Dios quien decide que no salgan bien todas las cosas que ellos con tan buenas intenciones maquinan. Debe ser parte de su plan perfecto. Debe ser una prueba divina, para ver si la mayoría se queja de su suerte. O para ver si pueden encontrar la manera de infiltrarse entre los benditos de la corte rosarina.

Preparando recomendación…

Dios –y no quienes mandan en Nicaragua– es el de la idea de las enormes tarimas enfloradas, del neolenguaje rosarino y de la escogencia de las “argollas” que rodean a los señores de El Carmen. Es un plan divino que comenzó con las arbolatas y la orgía de las tarimas enfloradas (los altares de su religión), hasta convertir a Daniel en la dorada vaca sagrada y a doña Rosario en la suma sacerdotisa de la nueva religión y del nuevo lenguaje cristiano, socialista y solidario; bendito, prosperado y en victorias. Por eso el país se llenó con fotos de los dos y por eso, dentro de poco – tal es el designio divino– cada familia tendrá en casa una imagen de esta pareja ejemplar y sus chorrocientos hijos, hijas, nietas, nietos, bisnietos, bisnietas, nueras y yernos, así como antes tenían una de la Sagrada Familia.

Debió ser Dios –y no quienes mandan en Nicaragua– quien inspiró la orden del “¡vamos con todo!”, para aplacar a los malos hijos del país de doña Rosario. La pedagogía de la plata, el palo y el plomo fueron implementados al pie de la letra y aún hoy, las cajas de resonancia de Ortega siguen amenazando a quienes aún piensen que protestar vale la pena en este país tan bueno, bonito y ejemplar. ¿Diálogo? ¡Eso es para tontos! Daniel y Rosario no exponen su poder en sorteo. Dios se los ha dado hasta que se mueran. Ya Dios los aconsejó por boca del finado Tomás Borge para que jamás lo entregaran, pasara lo que pasara. ¿Se acuerdan? ¡Qué horrible sería perder el poder!

Dios – y no quienes mandan en Nicaragua– mandó a callar a los insoportables periodistas, activistas, poetas, músicos, científicos y librepensadores. Había que enseñar a toda esta caterva que doña Rosario y Daniel, que son sus elegidos, necesitan un país en silencio. Si hay que matarlos, está bien. Lo importante es el silencio para que la sabia y celestialmente elegida pareja pueda pensar y actuar con calma, a como quieran, a como lo dicen por ahí. Dios así lo quiere.

Dios es bueno con doña Rosario. Pero no lo es con las mayorías que la señora nunca menciona o maldice en sus discursos. Son todos esos que ella no llama “protagonistas” de las obras pagadas con el erario, y que ella dedica a su pueblo presidente. Pero es decisión divina y no de doña Rosario, quien por ser pueblo presidente es la voz de Dios.

Qué se resignen las etnias masacradas en tierra propia, las mujeres y la niñez maltratada, la gente que no puede conseguir un empleo, la gente que va al centro de salud y al hospital para que le den acetaminofén o ibuprofeno, la gente que no puede ajustar para las necesidades del mes, la gente que quiere libertad, la gente que quiere se respeten sus derechos, la gente que quiere volver y doña Rosario y su marido no se los permiten, la gente que quiere salir y no se los permiten. Dios así lo tiene a bien.

Los designios divinos de Rosario y Daniel
Foto tomada de Presidencia.

En su momento, Dios podría cambiar de parecer. Pero no por el momento. Daniel y Rosario son sus divinas cajas de resonancia en esta tierra llamada Nicaragua. Ellos –y sus correas de transmisión– dicen que lo hacen por ser cristianos, por un asunto de principios. ¿Cuáles son? ¡Quién sabe!

¿Qué hay pobreza en el país? ¡Pero si siempre la ha habido! Ya Jesús, que también es hijo de Dios, se los advirtió a sus seguidores hace más de dos mil años. ¡Pero una Rosario y un Daniel, quién sabe si volverán a tenerlos en Nicaragua! Así que Atesoren. Son una reliquia viviente. Dios los puso donde están, y los mantiene en dónde están desde 2007. Y también a sus hijos, hijas, yernos, nueras, nietas y nietos. Sobre todo, los que son mostrados en las insufribles cadenas obligadas de radio y televisión.

Por eso, cuando ellos y sus cajitas repetidoras dicen que son el mejor gobierno de la historia de Nicaragua, no son ellos quienes lo dicen. Es Dios que puso esas palabras en sus bocas, para escarnio de todos esos que no son su pueblo presidente.

Como el pueblo, igual que los hebreos de Moisés en el desierto, a veces no entiende, fue de Dios la idea y la decisión de que a partir del 2008 cada elección fuese ganada a como fuese, aunque los votos no alcanzaran. Esa misión se la confió al finado Roberto Rivas Reyes, quien seguramente debe de estar tocando arpa en el cielo. Así que no fue que doña Rosario y su marido fuesen unos tramposos y fraudulentos. Fue designio divino.

Pero como Lucifer es tan puerco, hace creer a tantos que las sanciones a doña Rosario, sus hijos y parte de la corte rosarina, son sanciones divinas. Pero no, esas son sanciones infernales del Imperio. Son una prueba en el camino –“¡una presea!”, ha predicado Gustavo Porras desde la Asamblea Nacional– para que Dios mida el compromiso de Rosario y Daniel con el plan divino. Doña Rosario ha dicho, como en aquella canción hace años: “¡no nos moverán!”

Dicen que por el momento –casi veinte años ya– Dios está con Rosario y Daniel, y son de ella el poder y la gloria terrenal, las bendiciones y la prosperidad. Y ahora más de Rosario que de Daniel. Al menos es lo que dicen los imperialistas y sus paniaguados en el destierro, quienes alegan que la señora ya tiene preparados al menos a dos de sus hijos para que le sucedan cuando ella entregue su último aliento.

Es un designio divino. Es un plan perfecto. Ni Daniel puede oponerse a él. Y aunque lo quisiera, quién sabe si pueda. Ya se le ve cacreco. Los demás pueden deambular en el desierto hasta que hagan méritos para llegar a la tierra prometida de El Carmen.

Quiénes no morirán calcinados por las arenas del tiempo mientras siguen diciendo por ahí que la unidad es necesaria.

ESCRIBE

Alfonso Malespín

Periodista. Investigador de temas de libertad de expresión y medios de comunicación. Amante de la gastronomía, bailes y paisajes nicaragüenses.