Para un animal silvestre, una temporada de calor y la falta de lluvia no solo significa soportar altas temperaturas, sino también, encontrar menos agua, alimentos y sitios donde refugiarse.
Eso es lo que se vive hoy en Centroamérica, donde las condiciones secas asociadas con el fenómeno de El Niño está modificando los ecosistemas, lo que se traduce en reducir la disponibilidad de agua y vegetación aumentando el estrés al que están expuestas las especies.
En Nicaragua, iniciativas como dejar agua en recipientes, llantas o hacer pequeños estanques como bebederos para que los animales silvestres, se han viralizado en redes sociales. Para algunos nicaragüenses, estas acciones son una forma de ayudar ante la sequía que atraviesa el país.
Aunque la intención es ayudar, poner agua a disposición de la fauna silvestre no siempre es una medida segura. Te explicamos qué puedes hacer y qué debes evitar para ayudar a los animales durante esta temporada seca.
Esther Pomareda García, bióloga especializada en manejo de vida silvestre en Costa Rica, afirma que no es recomendable colocar comida ni agua para los animales silvestres. Explica que ellos tienen la capacidad de buscar por sí mismos los recursos que necesitan y que, ante cambios en las condiciones climáticas, pueden modificar su comportamiento habitual para encontrar alimento, agua y refugio seguro. Esto implica que tendrán que recorrer mayores distancias o tengan que desplazarse a otros sitios donde encuentren las condiciones necesarias para vivir.
La explicación que da Pomareda sobre brindar condiciones en nuestros hogares para los animales silvestres es simple: no se puede alterar el comportamiento natural de los animales silvestres.
Ayudar a la fauna no significa alimentarla

El problema de las iniciativas de proveerles agua a los animales silvestres, Pomareda explica que atrae insectos o aumenta el riesgo de transmisión de enfermedades que además pueden llegar a afectar a los humanos, los animales domésticos y a ellos mismos. “Algunas enfermedades tienen además importancia para la salud humana, como la fiebre amarilla, mientras que otras afectan principalmente a los propios animales, como el distemper o moquillo y la leucemia felina”, indica la especialista.
También aclara que no todas las especies pueden beber agua estancada, aunque algunas, como los carroñeros, pueden adaptarse a consumirla. En el caso de los monos, la especialista en animales silvestres enfatiza que si tienen frutos disponibles, estos contienen agua y pueden disponer indirectamente.
Agrega que estas prácticas que el ser humano realiza, también pueden generar un conflicto cuando los animales silvestres se acerquen a las zonas pobladas, porque al no encontrar alimento pueden ponerse agresivos, “luego se van a querer meter a las casas y cuando ya las personas no les gusta su comportamiento los quieren sacar”.
En el caso de los alimentos, la bióloga enfatiza que aunque los animales consumen frutas como parte de su dieta natural, ofrecerles estos alimentos puede alterar sus hábitos alimenticios, porque muchos de estos contienen azúcares o carbohidratos.
Además, advierte que dejar comida en un mismo espacio puede concentrar a varios animales, aumentar el riesgo de transmisión de enfermedades y hacer que se acostumbren a depender de los humanos para conseguir su alimento, interfiriendo con las conductas que necesitan para sobrevivir en la naturaleza. Al encontrar alimento fácilmente, los animales pueden cambiar sus patrones naturales de búsqueda y desplazamiento, y comenzar a asociar a las personas con una fuente de alimento.
Según la bióloga, la situación de escasez de alimento y fuentes de agua puede empeorar en diciembre y enero, que es la época más crítica. “Ahorita se están dando lluvias esporádicas y eso permite que los árboles florezcan y den frutos, y los animales están aprovechando porque ellos tienen la capacidad de ir adaptándose”.
De seguir esta prolongada sequía en las zonas secas de Nicaragua y Costa Rica, pueda que exista una escasez de alimento. Aún así explica que los animales tendrán que cambiar su dieta, por ejemplo, pueda que “su dieta no dependa de una sola especie de árbol, de algunos comerán cogollos, otros los frutos que hay, insisto, se irán adaptando a los que hay y a la búsqueda de alternativas para alimentarse”.
Lo ejemplifica con los monos cara blanca, que son omnívoros y también se alimentan de insectos, aunque en el caso de los omnívoros, es un poco más complicada su dieta porque dependen de sus presas, eso implica que se muevan las especies en busca de mayor disponibilidad del recurso.
El calor también cambia el comportamiento de los animales y su reproducción

La bióloga insiste en que la situación puede ser más dramática en diciembre y enero cuando entre el verano de lleno, no solo por la preocupación de la disponibilidad de alimento, agua y refugios, sino por el aumento de incendios forestales. Incluso destaca, que “ahorita hay vientos como si fuera diciembre, cosa que no debería estar pasando, entonces si el ecosistema está mucho más seco entonces es más fácil que haya una afectación directa sobre la muerte de los animales, por posibles incendios”.
Pero con el calor y la sequía no solo cambia la forma en que los animales buscan alimento. Pomareda explica que las altas temperaturas también pueden modificar sus niveles de actividad, ejemplifica, que ante el calor, algunos animales reducen sus desplazamientos para ahorrar energía y regular su temperatura corporal. Esto, según la especialista puede llevarlos a cambiar los horarios en los que se alimentan o se movilizan y aprovechan las horas más frescas del día para hacerlo.
“Lo vemos en el centro de rescate, con los pumas. A veces no se quiere mover porque está haciendo mucho calor, el ambiente está saturado. Entonces, es una manera de ellos, de regular la temperatura de su cuerpo. O por ejemplo, los monos. Tal vez salían a las 6 de la mañana y ahora comienzan a moverse a las 5 de la mañana, y eso ocurre con las aves, también, para evitar los picos de calor más altos”, indica.
Los cambios en la temperatura también pueden modificar los lugares donde se desplazan algunas especies. Pomareda explica que, ante el aumento de las temperaturas, ciertos animales pueden buscar condiciones más favorables en zonas de mayor altitud o desplazarse hacia otros ambientes.
“Hay migraciones altitudinales. Por ejemplo, el jaguar antes, su altura, la altitud máxima a la que llegaba era de 2500, 2700 metros, y ya tenemos registros de jaguares a una altitud de 3000, más arriba, porque obviamente las temperaturas han ido aumentando en la escala. Entonces, en el mar me imagino que también pasa lo mismo: las ballenas están comenzando a desplazarse, a bajar tanto a estas aguas tropicales”, analiza.
Pomareda también advierte que las altas temperaturas pueden afectar los procesos reproductivos de algunas especies silvestres. En aquellas que presentan determinación sexual dependiendo de la temperatura, como ocurre en varios reptiles, las condiciones térmicas pueden influir en el sexo de las crías. En otras especies, también pueden alterar los períodos reproductivos que normalmente están asociados con el inicio o el final de la época lluviosa.
¿Cómo podemos ayudar a la fauna durante la sequía?

¿Qué animales pueden verse más afectados frente a esta sequía? La especialista considera que las especies más vulnerables son los primates, aunque son especies frugívoras y folívoras (que se alimentan especialmente de frutas y hojas) como los congos y los monos arañas a comparación de los carablanca, que son más adaptables, al no haber lluvias, los árboles no lograrán su floración adecuada lo que compromete el alimento de estos.
Las aves también pueden ser un grupo vulnerable frente a la sequía que se vive actualmente, pues también dependen de semillas y frutos o “las especies que hacen migraciones altitudinales, como el quetzal o las especies que viven en bosque nubosos”.
Durante este proceso de desplazamiento, los animales silvestres también pueden quedar expuestos a nuevas amenazas. Pomareda señala que una de las principales es el contacto con las actividades humanas, especialmente cuando los animales deben atravesar hábitats fragmentados en busca de agua, alimento o refugio. En este recorrido pueden cruzar carreteras y pueden ser atropellados, acercarse a viviendas o zonas de ganadería y cultivos o entrar en contacto con animales domésticos, que pueden perseguirlos, herirlos o matarlos.
Pomareda recomienda no proporcionar alimento ni agua a los animales silvestres. En su lugar lo es tomar medidas de conservación desde antes que pasen estos efectos de la sequía.
“Hay que reforestar y regenerar, no cortar los árboles, no fragmentar los ecosistemas construyendo carreteras porque mantener los ecosistemas conectados permite que la fauna encuentre de manera natural los recursos que necesita y reduce la necesidad de desplazarse a zonas donde estén expuestos. Tampoco se debe contaminar, no botar basura… Simplemente ser más conscientes en cuidar el ambiente y protegerlo. Y si hay una animal silvestre que se encuentra deshidratado o en condiciones críticas lo mejor es llamar a las autoridades ambientales para brindar su resguardo”.