Bukele consolida el 91.9% de aprobación frente al alto costo en derechos humanos

Tras seis años y medio de mandato, el presidente salvadoreño Nayib Bukele mantiene un respaldo histórico, impulsado por su política de seguridad. Sin embargo, el fenómeno de popularidad del 91.9% choca con la realidad de las cárceles: organismos civiles documentan 470 muertes bajo custodia estatal, la mayoría de personas sin vínculos criminales, revelando las contradicciones éticas del modelo salvadoreño

salvadoreños
El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, habla en una rueda de prensa durante una reunión con el presidente electo de Chile, José Antonio Kast, en San Salvador (El Salvador). EFE/ Rodrigo Sura

Mira más de nuestra cobertura en tus resultados de búsqueda. Agrega a Divergentes en Google

El Salvador ha iniciado el año 2026 bajo un fenómeno político que desafía el desgaste tradicional del poder. Según la última encuesta de la unidad LPG Datos, publicada este 4 de febrero, el presidente Nayib Bukele cuenta con una aprobación del 91.9% de la ciudadanía. La cifra representa un incremento respecto al 84.8% registrado a finales de 2024, consolidando un liderazgo que se apoya, casi de forma unánime, en la gestión de la seguridad pública.

El estudio de opinión pública detalla que el 92.5% de los salvadoreños considera que la administración de Bukele ha “ayudado” a mejorar la seguridad en el país. El desmantelamiento de las estructuras de pandillas, mediante la implementación del régimen de excepción vigente desde marzo de 2022, ha permitido que el 33% de los encuestados identifique esta acción como el mayor logro del Ejecutivo.

A pesar del optimismo en las calles, la percepción sobre la economía familiar no corre con la misma suerte que la imagen presidencial. Mientras nueve de cada diez salvadoreños aplauden la gestión general, sólo el 48.9% afirma que su situación económica ha mejorado. Por el contrario, un 33.3% sostiene que su economía sigue igual y un 17.5% admite un deterioro en sus finanzas.

Este contraste evidencia que, para la mayoría de la población salvadoreña, la recuperación de la movilidad en los territorios antes controlados por criminales compensa el estancamiento económico. En términos comparativos, Bukele llega a su sexto año de gestión con un respaldo que triplica el obtenido por sus antecesores (Elías Antonio Saca, Mauricio Funes o Salvador Sánchez Cerén) en periodos similares de sus mandatos.

Preparando recomendación…

El costo humano del régimen de excepción

salvadoreños
Integrantes del Ejercito de El Salvador, custodian la cárcel de máxima seguridad para pandilleros, Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot). EFE/ Rodrigo Sura

No obstante, la eficiencia narrativa del Gobierno salvadoreño omite las cifras de la crisis de derechos humanos en el sistema penitenciario. Al margen de los datos de aprobación, la organización Socorro Jurídico Humanitario documentó que, entre marzo de 2022 y finales de 2025, al menos 470 personas han muerto bajo custodia del Estado en el marco del régimen de excepción.

El informe de la organización destaca que el 94% de estas víctimas no tenía vínculos probados con pandillas al momento de su captura. Entre los fallecidos se encuentran pastores evangélicos, sindicalistas, comerciantes y campesinos, cuyas muertes han sido atribuidas a torturas, falta de asistencia médica o condiciones de insalubridad extremas. Para los organismos civiles, estas cifras representan la “cara oculta” de la seguridad salvadoreña, donde el debido proceso ha sido sustituido por la arbitrariedad.

El modelo salvadoreño ha dejado de ser un fenómeno local para convertirse en un referente de debate en toda Centroamérica. La “fórmula Bukele” —basada en la concentración del poder, el uso intensivo de la propaganda y la suspensión de garantías constitucionales— permea en los discursos políticos de países vecinos que enfrentan crisis de violencia similares.

Te puede interesar:


La información que publicamos en DIVERGENTES proviene de fuentes contrastadas. Debido a la situación en la región, muchas veces, nos vemos obligados a protegerlas bajo seudónimo o anonimato. Desafortunadamente, algunos gobiernos de la región, con el régimen de Nicaragua a la cabeza, no ofrecen información o censuran a los medios independientes. Por ello, a pesar de solicitarlo, no podemos contar con versiones oficiales autorizadas. Recurrimos al análisis de datos, a las fuentes internas anónimas, o las limitadas informaciones de los medios oficialistas. Estas son las condiciones en las que ejercemos un oficio que, en muchos casos, nos cuesta la seguridad y la vida. Seguiremos informando.