“Calma engañosa” abre las puertas al rebrote de COVID-19 en Nicaragua

El uso de mascarilla se ha reducido en mercados, bares y espacios populares. El la imagen, mujeres sin tapabocas en Chinandega. Heydi Salazar | Divergentes

Los reportes correspondientes al mes de octubre publicados por el Observatorio COVID-19 auguran un panorama desalentador para Nicaragua. En las últimas semanas los casos sospechosos de coronavirus han aumentado en al menos diez departamentos del país, las hospitalizaciones también han incrementado. Sin embargo, el número de muertos se ha mantenido en 2,780. ¿Por qué? 

Aunque las señales de alerta han sido informadas por organismos nacionales e internacionales, como la Organización Mundial de la Salud, la población de Nicaragua ha relajado las medidas de protección sanitarias. Hay quienes creen que el virus ya no habita entre nosotros e ignoran que el rebrote puede estar en ciernes.

El salubrista Carlos Hernández, miembro del Comité Científico Multidisciplinario, denominó a esta fase la “engañosa calma”. El galeno advirtió que, aunque no se note como a mediados de mayo debido a que hay menos muertes por el momento, la segunda ola está atacando a los adultos jóvenes y a los jóvenes. Es decir, a las personas que salen “a trabajar, a estudiar, a los bares” y que se encuentran más expuestas al contagio.

Así se ha gestado la “segunda ola” en Nicaragua 

El especialista admitió que no puede descifrar “cómo va a reventar la segunda ola en el país”, pero estimó que el cuándo podría estar muy cerca. El mundo, en general, se enfrenta a un nuevo azote de la pandemia, con rebrotes en países como España, Estados Unidos y Alemania, donde las autoridades han vuelto a imponer medidas de aislamiento. 

“Ya lo ha pronosticado el Colegio Imperial de Londres, el Centro de Métricas y Evaluación Sanitaria de la Universidad de Washington, los CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades​ conocidos como CDC por sus siglas en inglés) y todos más o menos coinciden en que a finales de octubre, principios de noviembre, hasta la primera mitad de noviembre esto empieza a subir y va a hacerlo más lentamente que la primera vez, pero el pico va a ser más alto”, explicó.

Ante esta situación, hay dos voces en el país. La primera es la del Minsa que, desde septiembre, ha reportado menos casos y menos muertos.

De la misma manera, para el Minsa las muertes también han decrecido desde septiembre pues informaron de cuatro (del 25 de agosto al 1 de septiembre), tres (del primero al ocho y del 8 al 15), dos (del 15 al 22, del 23 al 29 y del 29 de septiembre al 6 de octubre) hasta llegar a un solo deceso (del 6 al 13 y del 13 al 20).

La otra voz es la del Observatorio COVID-19 Nicaragua que, a mediados de septiembre manifestó que, si bien es cierto, “ha disminuido la información de casos y muertes, la única lectura posible de los más recientes reportes de COVID-19 es que la existencia de un único caso o una muerte, significa que el virus sigue circulando y por ello el riesgo de infección, enfermedad o muerte, sigue estando presente”. 

Durante ese mes, el Observatorio también señaló que del 10 al 16 septiembre habían sido informados de 115 irregularidades y que, en esa semana los datos sobre exposición de personas en actividades, aglomeraciones constituían casi la totalidad (el 99%) de las irregularidades reportadas. Cabe destacar que para esos días patrios, el Gobierno sandinista organizó y promovió un sinnúmero de actividades multitudinarias de tipo escolar, social y político.

Tres semanas después, en el informe semanal del primero al siete de octubre, fue cuando el Observatorio notificó del incremento en el número de pacientes hospitalizados por COVID-19 tanto en hospitales privados como públicos. “Las aglomeraciones de mediados de septiembre (fiestas patrias) pueden haber incidido en un incremento de casos a finales de septiembre que todavía se manifiesta que el número de hospitalizados en la primera semana de octubre”, puntualiza el reporte.

Tal como ya lo ha señalado también el Observatorio COVID-19 Nicaragua, ahora son los jóvenes quienes pueden llevar el virus a las personas ancianas y vulnerables de su familia. El doctor Hernández afirma que, si bien es cierto en las ciudades la mascarilla, el distanciamiento físico y el lavado de manos se mantienen, “la gente ya no se queda en casa. “El problema es que salen jóvenes y apenas se toman la primera cerveza ya se quitan la mascarilla y esa es la vía de transmisión”, lamentó el especialista. 

En esta segunda ola, los contagiados son asintomáticos, presentan síntomas leves y unos pocos graves, por eso, en Europa han aumentado mucho más los contagios que en el primer brote, aunque con menos muertes, pese a esto, el especialista indicó que no se podría asegurar lo mismo para Nicaragua.

“No se están asociando riesgo con persona amada” 

El gobierno Ortega-Murillo no ha cesado la realización de actividades multitudinarias. En la foto, en agosto, una procesión de Santo Domingo en Managua promovida por la comuna capitalina. EFE

Para el doctor Hernández otro aspecto relevante y al que hay que prestar especial atención es a las reuniones familiares o con amigos cercanos.

“La gente no está asociando riesgo con persona amada, con familiar, con amigo cercano, asocia riesgo con personas desconocidas en un supermercado, en un banco, pero no lo hace con los familiares y se descuida, entonces en América Latina esa es la vía, junto con los bares y eso lo tienen analizado en Colombia, en Argentina”, puntualiza.

En países como España se habla de reuniones únicamente entre convivientes, es decir, personas que viven juntas para así evitar una mayor circulación del virus.

Paradójicamente, la crisis sociopolítica y económica iniciada en abril de 2018 pudo ser una de las razones por las que el primer brote de COVID-19 tardó en llegar al país e hizo que el ascenso de la curva fuera más lento.

“Los primeros casos aparecieron y se mantenían abajo. Estuvimos más de mes y medio en espera del famoso ascenso de la curva porque Nicaragua estaba aislada desde hace dos años, desde 2018. No había turismo, se redujeron los vuelos aéreos, se cayó la inversión extranjera y el país estaba en un seudo aislamiento, en una seudo cuarentena”, explica el salubrista.

El coronavirus finalmente ingresó al país por el aeropuerto y se concentró principalmente en las ciudades pues, en palabras de Hernández, “la gente del campo y de las áreas periféricas no vuela. Las personas que vuelan son los que tienen dinero y viven en las principales ciudades, ahí están sus nexos y por eso el primer brote fue casi urbano y casi que del Pacífico, los seis, siete departamentos del Pacífico son los que tienen la más alta mortalidad por cien mil habitantes, tasas elevadísimas”.

No obstante, actualmente el virus ya no es un asunto de ciudades, sino de todo el territorio nacional, esto indica que “no va a ser un brote igual” y que el pico sea más o menos alto va a depender no solo de que las personas tomen las medidas de protección, si no también de que “las instituciones de gobierno orienten bien a la población, que haya buena respuesta y si eso es así podríamos tener oportunidad de que esta segunda ola no sea una repetición de la tragedia de la primera”, finaliza el especialista.

Pero a pesar de las advertencias y señales, el Gobierno continúa adelante con sus actividades masivas ya que, en una realidad paralela basada en los datos presentados cada martes por el Ministerio de Salud, el COVID-19 está casi erradicado y el país puede seguir adentrándose en la “nueva normalidad”.

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