En Centroamérica, la electricidad —un servicio básico fundamental— se ha convertido en un lujo. Los hogares con menores ingresos destinan una parte importante de su presupuesto mensual solo para pagar la luz. Aunque se trata de una región con economías pequeñas, las tarifas eléctricas superan incluso a las de países latinoamericanos más desarrollados como Chile, Colombia o Brasil.
El estudio titulado Electricity in Central America: Paradigms, Reforms and the Energy Trilemma (La electricidad en Centroamérica: paradigmas, reformas y el trilema energético), realizado por el centro académico británico University College London (UCL‑Energy Institute), señala que “Centroamérica ha experimentado algunos de los costos de electricidad más altos del hemisferio occidental” debido, en buena medida, a su alta dependencia de combustibles fósiles importados.
Además, el reporte del Banco Mundial sobre subsidios eléctricos advierte que los esquemas existentes están mal focalizados y no contribuyen a reducir el costo para los más vulnerables. El valor fiscal de esos subsidios, sumado al uso intensivo de generación térmica, implica una carga que se traslada a los consumidores.
Un análisis del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) apunta que el diseño tarifario en América Latina muestra grandes variaciones en recuperación de costos, asequibilidad y estructura energética. El informe Electricity Rate Structure Design in Latin America sostiene: “los esquemas actuales priorizan la recaudación sobre la eficiencia y la equidad tarifaria”.
Por su parte, el estudio Electricity 2025 de la International Energy Agency (IEA) indica que, aunque el costo mayorista de la energía bajó en 2024, los países en desarrollo siguen enfrentando “presiones estructurales que elevan el precio al consumidor final”.
¿Cuánto se paga en Centroamérica por cada kilovatio?

Para contextualizar, un kilovatio hora (kWh) es la unidad con la que se mide el consumo de electricidad en los hogares. Un megavatio hora (MWh) equivale a 1000 kilovatios hora, y se utiliza para medir el consumo a gran escala, como en empresas o redes nacionales.
Centroamérica enfrenta una de las tarifas eléctricas más altas de América Latina, tanto para hogares como para el sector productivo. En diciembre de 2024, el precio residencial en Honduras alcanzó los US$ 0,255 por kWh, mientras que en Nicaragua se ubicó en US$ 0,176, según el portal GlobalPetrolPrices. Esta plataforma es una fuente de referencia internacional que monitorea los precios de energía, combustibles y otros servicios en más de 150 países.
Estos niveles superan los precios promedio de países más desarrollados como Colombia (US$ 0,219/kWh) y Brasil (US$ 0,168/kWh). Aunque Chile reporta un valor más alto (US$ 0,273/kWh), su ingreso per cápita y desarrollo energético lo posicionan en ventaja frente a la región centroamericana.
En contraste, Costa Rica y Panamá han logrado mantener precios más bajos gracias a su diversificación energética y una regulación más estable. Según el Centro de Energía y Minería para Iberoamérica (CEMERI) —una plataforma regional especializada en el análisis de políticas públicas del sector energético y minero—, las tarifas promedio en 2023 eran de US$ 0,142 en Costa Rica y US$ 0,145 en Panamá, frente a US$ 0,206 en Honduras y US$ 0,218 en Nicaragua. Esta diferencia incide directamente en el gasto mensual de los hogares y en la competitividad de los negocios.
El informe del BID advierte que en muchos países de la región las tarifas están excesivamente concentradas en componentes volumétricos: se penaliza el consumo, sin reflejar los costos reales. Esto castiga a los usuarios residenciales y genera señales de precio distorsionadas.
La situación se agrava por otros factores estructurales: generación térmica importada, pérdidas técnicas y comerciales elevadas, subsidios mal focalizados y falta de inversión en redes inteligentes y energía renovable. En países como Honduras, las tarifas no logran cubrir los costos reales del suministro, lo que genera déficits financieros en las empresas distribuidoras.
Impacto directo sobre hogares y empresas
https://e.infogram.com/js/dist/embed.js?D7zEn el hogar, ahorrar electricidad no es una decisión voluntaria, sino una necesidad impuesta por los altos costos. Para muchas familias nicaragüenses, encender el aire acondicionado unas horas al día para enfrentar el calor no es un lujo, sino una necesidad básica para poder dormir. Sin embargo, hacerlo implica un gasto que desequilibra el presupuesto.
En Managua, Nicaragua, Laura, una trabajadora del sector privado-pide anonimato debido al clima represivo en el país centroamericano-que vive en una urbanización ubicada en Carretera Nueva a León, gasta en promedio 150 dólares estadounidenses mensuales en electricidad. Durante diciembre, su recibo se dispara hasta casi 200 dólares estadounidenses debido al uso de luces navideñas, aunque el mayor consumo viene del aire acondicionado, que necesita usar al menos cuatro horas cada noche para poder conciliar el sueño en un clima tan caluroso como el de esa zona.
“Yo sé que no es barato, pero aquí hace demasiado calor. Si no pongo el aire, no duermo. Trato de usarlo solo de 8:00 a 12:00 de la noche para que rinda. A veces el recibo me deja sin aire porque se lleva una buena parte de mi salario, pero prefiero quedarme sin otras cosas antes que no pagarlo”, dice.
Carlos, un nicaragüense exiliado en Costa Rica desde hace tres años, compara su experiencia con el servicio eléctrico en ambos países. Aunque Costa Rica es conocido por su alto costo de vida, señala que el precio de la energía le resulta más accesible que en Nicaragua.
“Allá pagaba como 100 dólares estadounidenses al mes, y eso sin tener aire acondicionado. Aquí gasto unos 50 dólares estadounidenses en energía y siento un gran alivio de destinar menos dinero para pagar por ese servicio. Es caro vivir en Costa Rica, pero la luz es una de las pocas cosas que me resultan más económicas que en Nicaragua”, comenta.
En el ámbito empresarial, los altos precios de la electricidad en Centroamérica también afectan la productividad y la competitividad regional. Un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), titulado The Economics of Electricity Losses in Latin America and the Caribbean, advierte que “las pérdidas eléctricas reducen la capacidad de las compañías proveedoras para invertir y mejorar infraestructura, lo que se traduce en un aumento del precio que pagan los usuarios finales”. Esta carga adicional encarece los costos operativos de las empresas, limita la expansión productiva y desalienta la inversión en tecnología.
¿Por qué no baja el precio si hay más energía limpia?
“El impacto de estos sobrecostos se traslada directamente al consumidor industrial”, indica el estudio, lo que coloca a las empresas centroamericanas en desventaja frente a competidores de países con tarifas más bajas. Además, el BID señala que este tipo de ineficiencias “afecta negativamente la competitividad de los sectores productivos y el desarrollo económico general de la región”.
A nivel macroeconómico, estas condiciones afectan la inversión extranjera directa. Empresas globales comparan los costos eléctricos antes de instalarse en una región, y si encuentran precios más bajos en Colombia (US$ 0,104/kWh para sector industrial) o Brasil (US$ 0,128/kWh), Centroamérica pierde competitividad.
El informe del UCL Energy Institute indica que, aunque Centroamérica ha aumentado su inversión en energías limpias, los beneficios no se reflejan plenamente en las tarifas eléctricas. Entre 2009 y 2014, la región captó más de US $8,3 mil millones en inversión para generación renovable, pero esta transformación no ha sido suficiente para abaratar los costos.
“El trilema energético —asequibilidad, sostenibilidad y seguridad— sigue sin resolverse de forma equilibrada”, sostiene el estudio. Las políticas se han enfocado en garantizar suministro y promover renovables, pero se ha relegado el componente de accesibilidad para el consumidor.
Además, las estructuras tarifarias ineficientes y la falta de competencia real en los mercados nacionales impiden que los hogares y las empresas se beneficien de los cambios en la matriz energética.
El mercado regional centroamericano: una promesa sin cumplir

La interconexión regional mediante el SIEPAC (Sistema de Interconexión Eléctrica de los Países de Centroamérica) pretendía reducir costos a través del intercambio de excedentes entre países.
Aunque la infraestructura física básica del SIEPAC está operativa desde hace varios años, no todos los componentes ni las funcionalidades del mercado eléctrico regional están plenamente implementadas. En ese sentido, el informe del UCL revela que su impacto ha sido limitado por falta de infraestructura, vacíos normativos y débil gobernanza.
Otro desafío es la desigualdad en el acceso. Aunque ha mejorado la cobertura eléctrica en la región, las zonas rurales y marginadas siguen pagando más por un servicio menos confiable. Esto eleva los costos operativos de la red y encarece el kilovatio.
El documento de UCL concluye que Centroamérica enfrenta una paradoja: producir más energía limpia no se ha traducido en tarifas más bajas. “De no corregirse estos desequilibrios, la región seguirá atrapada en un modelo que castiga al consumidor final, limita el desarrollo económico y restringe la justicia energética”, advierte.
En este contexto, los altos costos de la electricidad en Centroamérica no sólo impactan las cifras macroeconómicas sino que también golpean los presupuestos familiares y los márgenes de subsistencia de pequeños negocios. En Nicaragua, personas como Laura, quien vive en una zona calurosa de Managua, priorizan el pago del recibo de energía, aunque representa uno de sus gastos más altos.