Comunidades indígenas: radio y medicina natural contra el coronavirus

Comunidades indígenas del Caribe Norte en un albergue durante el huracán Eta. Carlos Herrera | Divergentes.

Al igual que ocurrió con el huracán Eta, 58 comunidades de los territorios indígenas de Wangki Twi Tasba Raya, Wangki Maya, Wangki Li Aubra y Twi Yahbra ubicados en la Costa Caribe supieron de la existencia del coronavirus gracias a las radios comunitarias que anunciaron en miskito que una nueva enfermedad estaba afectando e incluso matando a la gente en las ciudades. 

Fue justamente a través de la radio que el Centro por la Justicia y Derechos Humanos de la Costa Atlántica de Nicaragua (CEJUDHCAN) organizó una campaña para brindar información sobre los síntomas y las medidas de prevención que debían tomar las comunidades, todo en miskito. De igual manera realizaron afiches con frases en su idioma e imágenes de cómo protegerse y las ubicaron en lugares concurridos de cada región.

“Pudimos constatar que la mayoría de las comunidades no tenían información, ni conocimiento acerca de cómo afectaba el virus, y cómo no se están haciendo pruebas. Es a través de los síntomas que ellos pueden identificar lo que pasa, por eso la radio fue clave”, explica Deborah Escobar de CEJUDHCAN. 

Sabiduría ancestral contra un virus nuevo

No obstante, las acciones de CEJUDHCAN no solo se enfocaron en la radio, sino que también llevaron alimentos y kits de protección a las comunidades pertenecientes a Waspán y Puerto Cabezas y fue así que descubrieron cómo los habitantes de la zona se habían enfrentado al COVID-19 en lugares donde el sistema de salud carece hasta de las medicinas más elementales.

“Las clínicas y centros de salud no tienen medicamentos básicos como acetominofén, ibuprofeno y todas las comunidades coincidieron en que el uso de la medicina tradicional fue algo relevante y que funcionó. Hay una planta llamada Lula bakbak que es para resfrío y cuando sentían corta la respiración, la cocían, inhalaban el vapor y eso les ayudaba a respirar. También usaban eucalipto, té de zacate limón, hojas de guayaba, limón, ajo y eso les sirvió ante la falta de medicamentos y atención”, narra Escobar.

Auto protección ante indolencia de las autoridades 

Carlos Herrera | Divergentes.

Las comunidades de la zona de Li Aubra ubicadas en la ribera del Río Coco fueron ejemplares en su auto protección. Escobar cuenta que, “cuando en Bilwi morían hasta diez personas diario”, los líderes de los poblados de Li Aubra no permitían que nadie ajeno a la zona ingresara al territorio y si eran comerciantes que llevaban alimentos y/o mercadería, la orientación era dejar la carga en un punto para que alguien del poblado, con las debidas medidas de prevención, fuera a recogerla. 

Fue gracias a protocolos como ese que el brote no se expandió, pues además que se evitaban las reuniones y si veían que había casos en las comunidades quien presentaba síntomas no salía de la casa y tomaba la medicina natural durante quince días. 

“Hubo contagios en personas mayores de cincuenta años que presentaron pérdida del olfato y del gusto, pero también vieron afectaciones en los niños a los que les daba dolor de cabeza, fiebre y diarrea”, puntualiza Escobar.

Brote sin fallecidos en el corazón de Bosawás

Ricky Pineda es médico y viajó desde Estelí a Amak, la comunidad de Bosawás en la que nació y creció para entregar mascarillas y hablar sobre el confinamiento. Al llegar, el panorama fue desconcertante debido a que sus coterráneos estaban claros de que el coronavirus existía, pero “lo asociaban con una enfermedad pulmonar que tiene síntomas parecidos a los del covid y la gente pensaba que era lo mismo”, señala el joven.

Este padecimiento llamado Duk en mayagna e Ikia en miskito es tratado con medicina natural en Amak y Pineda afirma que el mismo tratamiento se usó para el COVID-19 y funcionó bien. “El virus sí llegó a la comunidad. No hubo muertos, sí personas algo graves, pero trataron la enfermedad con medicina natural, basándose en lo que ya sabían”.

En el caso de Amak, cuando uno de los suyos llegó a repartirles mascarillas y a darles charlas sobre su uso, no hubo mucho interés pues pensaban que el virus era algo que afectaba solo a las ciudades. “No pusieron mucha mente por la cultura, ellos por cualquier cosa más bien hacen misa o cultos para erradicar la enfermedad”, finaliza Pineda.

Después de Eta: Doble problema

Carlos Herrera | Divergentes.

Escobar concluye que, luego del paso del huracán Eta la inseguridad alimentaria, esa es “una de las afectaciones más graves” debido a que falta alimento en todos los territorios porque las inundaciones han hecho que se pierdan cultivos básicos. “Ahorita estaba la temporada de sacar arroz, plátano, yuca, pero perdieron la cosecha y es un tema preocupante. Es un doble problema, sumado a lo del coronavirus”.

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) advirtieron que la combinación de una temporada de huracanes “activa y larga” y la pandemia de la COVID-19 afectarán duramente a las personas migrantes, principalmente a las que son forzosamente desplazadas a consecuencia de desastres como el huracán que dejó al menos 30 mil refugiados en el litoral caribeño nica, muchos de los cuales todavía están en condiciones de hacinamiento en las escuelas e iglesias que sirven de albergues.

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