Costa Rica busca mercados alternativos ante la volatilidad de los socios de Centroamérica

El gobierno de Rodrigo Chaves negocia el ingreso a la Alianza del Pacífico y un nuevo TLC con Ecuador con el objetivo de reducir el fuerte peso de los vecinos como Nicaragua, en quienes no siempre se puede confiar, dice el ministro de Comercio Exterior, Manuel Tovar

Una mujer cosecha sus cultivos de maíz en Cartago, Costa Rica. Foto: Archivo de EFE | EFE/Jeffrey Arguedas.

Pocas semanas atrás, la vicepresidenta de Nicaragua, Rosario Murillo, celebraba lo que consideraba era el retorno de los caminos de unión centroamericana, después de que un consenso en el Istmo permitió la designación del secretario general del SICA propuesto por Managua, Werner Vargas. 

Las palabras de Murillo resonaban en la vecina Costa Rica, que votó también por Vargas, a pesar de la histórica adversidad de San José con Managua. El nuevo gobierno costarricense de Rodrigo Chaves daba así algunas señales empáticas para el régimen de Daniel Ortega y se especulaba de acercamientos bilaterales.

Los gestos de la política diplomática, sin embargo, chocan cuando se trata de política comercial y colocación de las exportaciones. Ahí Costa Rica sigue viendo con desconfianza a sus vecinos y no tiene mayor problema en expresarlo, como hizo en entrevista con DIVERGENTES el ministro de Comercio Exterior, Manuel Tovar: “Centroamérica es un mercado muy volátil. Nos interesa diversificar los destinos y tener más presencia en el sur. El señor (Daniel) Ortega en Nicaragua en cualquier momento nos cierra el tránsito hacia el resto de Centroamérica, porque ya ha pasado, y Panamá nos está fastidiando ¡Quién lo iba a imaginar!”.

Para ello Costa Rica avanza negociaciones de ingreso a la Alianza del Pacífico (integrada por México, Perú, Colombia y Chile) y un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Ecuador, una economía que ofrece oportunidades para la industria agroalimentaria de manera similar que lo hace el barrio centroamericano. Así Costa Rica pretende elevar sus exportaciones al mercado extrarregional, después de que en 2021 aportó el 38% del valor de los productos colocados afuera por los países miembros del Sistema de Integración Centroamericana (SICA) y el 21,4% del caudal interno de la región.

Con un largo registro de conflictos fronterizos con Nicaragua y una disputa comercial que empieza a prolongarse demasiado con Panamá, Costa Rica pretende reducir su dependencia del Mercado Común Centroamericano forjado allá por los años 60, adonde va el 20% del total de exportaciones costarricenses. En la memoria está el bloqueo fronterizo de dos semanas en mayo del 2020 en Peñas Blancas (límite con Nicaragua), lo que paralizó el envío de mercancías hacia El Salvador, Honduras y Guatemala; y en las noticias del mes, el enfrentamiento comercial con el vecino del sur, que en 2020 cerró su mercado a leche, carne y frutas costarricenses, lo que motivó una demanda ante la Organización Mundial del Comercio (OMC).

“El mercado centroamericano ha sido el habitual para muchos exportadores nuestros, pero hoy tiene muchos desafíos. Aunque haya un mecanismo regional, el apego a la ley no es completo”, lamentó Tovar, quien en septiembre anunció impuestos a productos panameños aún sin especificar, en respuesta a medidas fitosanitarias aplicadas por Panamá. “A nadie le gusta demandar a un amigo. Ha sido quizá el socio más confiable en el pasado y espero que podamos reconducir la relación comercial. Espero que entren en razón, pero me ha quedado más remedio. Yo también tengo intereses nacionales que han sido lesionados”, agregó.

La inflación más alta de la última década y el aumento de las tasas de interés siguen afectando a los costarricenses en un 2022 que se prevé cerrará con un bajo crecimiento económico en este país centroamericano. Foto: EFE.

La economía panameña es una de las diez con las cuales Costa Rica tiene vigentes Tratados de Libre Comercio, además de otros cinco acuerdos multilaterales, incluido el establecido en los 60 con Centroamérica y el CAFTA con Estados Unidos, destino de 42% de los productos costarricenses. En cambio, los envíos hacia Sudamérica representan solo el 2% del total de las exportaciones, porcentaje que podría crecer si cuaja el TLC con Ecuador y el ingreso con la Alianza del Pacífico, que dio el ‘ok’ para la incorporación esta última semana en una reunión ministerial en México.

Chaves, que antes de tomar el poder (en mayo) había anunciado el interés de tener plenas relaciones diplomáticas con el gobierno de Ortega, ha lanzado mensajes confusos sobre la continuidad de la posición costarricense, proclive a la defensa de los derechos humanos y de apoyo para las decenas de miles de migrantes perseguidos por razones políticas. Aunque finalmente descartó nombrar un embajador en la sede diplomática en Managua, que se mantiene operando al nivel de encargado de negocios, después apoyó al candidato orteguista para el SICA y el gabinete ha participado en reuniones cordiales de coordinación con autoridades nicaragüenses. 

La chispa del conflicto, sin embargo, se mantiene latente y esta última semana protestó por la supuesta presencia de un barco militar nicaragüense en aguas costarricenses, un posible foco de disputa política que se suma al recelo comercial y el temor de que vuelva a cerrarse la frontera y a atascarse cientos de camiones, con pérdidas millonarias para las empresas exportadoras. “Es del interés de Costa Rica tener un comercio lo más seguro y estable posible en los escenarios internacionales”, justificó Tovar.