Ser diabético e hipertenso en Costa Rica puede representar una carga económica insostenible. Luis, un nicaragüense de 52 años que reside en San José desde hace dos, lo sabe por experiencia propia. Aunque está afiliado a la Caja Costarricense de Seguro Social, asegura que no siempre encuentra disponibilidad de los medicamentos y, cuando no los hay, debe recurrir a farmacias privadas. “Es la diferencia entre seguir el tratamiento o arriesgarme a una crisis. No puedo esperar semanas a que los repongan”.
Camila, exiliada desde hace un año, enfrenta una realidad similar. Padece un trastorno ansioso-depresivo, diagnosticado tras la represión política que la obligó a dejar Nicaragua. “Mi tratamiento mensual allá me costaba unos 20 dólares. Aquí, esa misma medicina cuesta más de 50. Además, las citas médicas son muy caras. Ver a un especialista privado, por ejemplo en neurología, me sale en 130 dólares”, detalló.
El problema no es solo el precio. También comentó que las farmacias en Costa Rica exigen recetas digitales emitidas por especialistas locales, y conseguir una cita es complicado porque rondan entre 120 y 150 dólares. Mientras que a través del Seguro Social los tiempos de espera pueden tardar meses.
“Aunque traje mis constancias médicas y diagnósticos sellados de Nicaragua, aquí no tienen validez y la Caja (Costarricense de Seguridad Social) no me suministra el tratamiento porque está fuera de cobertura. Como no puedo pagar tanto, organizo que mi familia me traiga las pastillas desde Nicaragua. Es la única forma de seguir con mi tratamiento”, relató Camila.
Las historias de Luis y Camila reflejan una realidad que no solo golpea a la comunidad migrante en Costa Rica, sino también a ciudadanos nacionales como Enrique, un costarricense diabético que —al igual que Luis— lidia con el alto costo de los medicamentos.
El costarricense comentó que en este país centroamericano, que lidera el precio de los fármacos en la región, enfermarse resulta caro, incluso para quienes cuentan con seguro social. Tanto los genéricos como las marcas comerciales se venden a precios superiores a los de países con menor desarrollo económico.
Nicaragua con los precios más bajos
https://e.infogram.com/js/dist/embed.js?rSTUn análisis de Divergentes comparó el precio de 20 medicamentos esenciales —para hipertensión, diabetes, trastornos psiquiátricos, resfriados y suplementos— en farmacias de Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Guatemala y Honduras. Se analizaron precios en línea de cadenas nacionales como Fischel, Farmacias del Ahorro, Medco, San Nicolás, Batres y Farmavalue, priorizando presentaciones de 30 tabletas o cápsulas.
Los resultados revelan que Costa Rica ocupa el primer lugar en precios altos para al menos 15 de los 20 medicamentos analizados. Mientras que Nicaragua figura como el país más barato, incluso para medicamentos de uso crónico como metformina, losartán, omeprazol, sertralina o fluoxetina.
El Salvador, cuyo país cuenta con regulación estatal y presencia fuerte de genéricos, presenta precios moderados. Por su parte, Guatemala y Honduras muestran variabilidad, aunque sin alcanzar los niveles costarricenses.
La diferencia de precios entre países centroamericanos no se limita a tratamientos especializados. Medicamentos de uso común y continuo, como el omeprazol, el ibuprofeno, la amoxicilina o la loratadina, también muestran brechas preocupantes.
Un blíster de omeprazol 20 mg (30 cápsulas), recetado para tratar problemas gástricos, cuesta 40 dólares en Costa Rica, mientras que en Nicaragua se vende por 5, en Guatemala por 8, en El Salvador por 10 y Honduras por 12. El ibuprofeno de 400 miligramos (mg), de 30 tabletas, ampliamente utilizado para dolores e inflamación, se comercializa en 12 dólares en Costa Rica, mientras que en Nicaragua cuesta 4, en El Salvador 1.88, Guatemala 2.50 y en Honduras 2.20.
Lo mismo ocurre con la amoxicilina 500 mg (30 cápsulas), un antibiótico de uso frecuente, cuyo precio en Costa Rica asciende a 25 dólares, mientras que en Nicaragua se consigue por 5, El Salvador 8, en Guatemala 9 y en Honduras 10.
Los suplementos vitamínicos y productos de venta libre también exhiben estas disparidades. El Centrum (30 tabletas) cuesta 30 dólares en Costa Rica, frente a 15 en Nicaragua, 18 en El Salvador, 20 en Guatemala y 25 en Honduras.
Otro ejemplo es el Inmuvit Plus Q10, un complemento energético, que se vende en 30 dólares en Costa Rica, mientras que en Nicaragua se consigue por 15, en El Salvador por 18, en Guatemala por 20 y en Honduras por 19.
Los medicamentos para enfermedades crónicas o neuropsiquiátricas tampoco escapan a esta tendencia. La fluoxetina 20 mg (30 cápsulas), recetada para trastornos depresivos, se vende en Costa Rica por 40 dólares, frente a 10 en Nicaragua, 15 en El Salvador, 20 en Guatemala y 18 en Honduras. El clonazepam 0.5 mg (30 tabletas), un ansiolítico de uso controlado, cuesta 25 en Costa Rica, mientras que en Nicaragua su precio es de 8, en El Salvador 5, en Guatemala y en Honduras en 7.
Mismos productos, diferentes precios

Medicamentos especializados también reflejan esta disparidad. El Núcleo CMP Forte inyectable, utilizado para tratar neuropatías, se vende en 30.80 dólares en Costa Rica, pero solo en 14.60 en Nicaragua, 16.20 en El Salvador, 18 en Guatemala y 15.90 en Honduras.
La tendencia se repite con otros productos como el Doloneurobión Forte (inyección), que cuesta 25.50 dólares en Costa Rica y solo 10 aproximadamente en Nicaragua. El ambroxol jarabe (120 ml), usado para afecciones respiratorias, cuesta 18 dólares en Costa Rica, mientras que en Nicaragua ronda los 5, y el Rovartal 20 mg para el colesterol cuesta 75 en Costa Rica, comparado con 35 en Nicaragua, 40 en El Salvador y 45 en Honduras.
Estos datos confirman que, en la mayoría de los casos, los medicamentos en Costa Rica duplican o triplican los precios de países vecinos, pese a tratarse de productos idénticos, muchas veces del mismo laboratorio.
¿Por qué Costa Rica es tan caro para enfermarse?
Según reportes de medios costarricenses, la diferencia no está en la calidad del fármaco, sino en la estructura del mercado farmacéutico de este país, donde las regulaciones permiten altos márgenes de ganancia, y las alternativas genéricas no siempre están disponibles o son promovidas por los sistemas de salud.
José Gatgens, presidente del Colegio de Farmaceúticos en una entrevista reciente con Repretel en julio de 2025, afirmó que Costa Rica tiene un mercado pequeño por tener poca población, además que de todos los medicamentos que ingresan al país sólo un 30% se vende a nivel privado y el restante ingresa a la Caja Costarricense de Seguro Social.
“Los mercados más grandes se benefician de mejores precios al comprar un mayor volumen. Costa Rica también se considera un país de renta media a nivel internacional por lo que nos venden los productos a un mayor precio”, indicó el funcionario tico.
En enero del 2025, el Ministerio de Economía emitió un decreto para regular el margen máximo de comercialización de medicamentos tanto para mayoristas como minoristas (con un máximo de 43% de margen para minoristas).
Según la Ministra de Economía, Patricia Rojas, el decreto para limitar los márgenes de ganancia es el primer paso, están valorando otras acciones en conjunto con otros ministerios e instituciones como la CCSS, Hacienda y Salud.
“La realidad es que los precios son más caros y eso hay que resolverlo. Nosotros hemos venido tomando acciones y esto es una parte. Este decreto es un paso, no es la solución definitiva ni la única acción que vamos hacer”, afirmó Rojas.
Un informe clave para comprender este encarecimiento de las medicinas es el Estudio del Sector Farmacéutico en Costa Rica, elaborado por la Comisión para Promover la Competencia (Coprocom) con financiamiento del BID, y publicado en enero de 2025.
Falta de regulación en mercado farmacéutico
El estudio identifica obstáculos sistemáticos como procesos de registro sanitario que pueden tardar años, falta de armonización regulatoria que dificulta la entrada de nuevos productos, y una percepción negativa sobre los genéricos sin marca que limita su aceptación.
Estos factores, según el informe, “limitan la competencia efectiva en el mercado farmacéutico costarricense y contribuyen al incremento de los precios de los medicamentos”.
El informe también alerta sobre otras distorsiones del mercado que afectan el acceso, tales como el hecho que Costa Rica es un importador neto de medicamentos, lo que lo expone a fluctuaciones externas y costos de logística; además, existe una estructura de mercado con concentración entre laboratorios, droguerías y farmacias, donde los actores dominantes restringen la competencia real.
En contraste, países como El Salvador cuentan con entidades como la Dirección Nacional de Medicamentos (DNM), que establecen techos de precios y controlan el margen de ganancia, lo que ha permitido reducir costos sin comprometer el acceso.
Además, en Costa Rica la cobertura de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) está limitada por la Lista Oficial de Medicamentos (LOM). Cuando el fármaco recetado no está incluido, los pacientes deben comprarlo en farmacias privadas, asumiendo el precio total. En muchos casos, como el de Luis, eso significa duplicar o triplicar el gasto mensual.
Mientras tanto, las farmacias —que también enfrentan poca fiscalización estatal— marcan precios sin control. Un mismo medicamento puede duplicar su valor dependiendo de la zona o la cadena donde se compre.En este escenario, algunos pacientes optan por comprar por principio activo y comparar precios por unidad. Otros, como Luis y Camila, dependen del apoyo de familiares para importar sus medicamentos desde Nicaragua.