Nicaragua le apuesta nuevamente a su cercanía con la República Popular China al incorporarse a la Convención sobre el Establecimiento de la Organización Internacional para la Mediación (OIMed), suscrita el pasado 30 de mayo en Hong Kong, y presentada como una alternativa a los mecanismos tradicionales de resolución de disputas entre Estados.
La aprobación al decreto presidencial No. 10-2025, realizada por la Asamblea Nacional el 26 de junio, llega envuelta en un discurso oficial que resalta la necesidad de instrumentos “eficaces, flexibles y no adversariales” frente a un contexto global de crecientes tensiones geopolíticas y conflictos transnacionales. Sin embargo, más que una contribución técnica a la mediación internacional, este paso confirma el progresivo desmarque del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo respecto al sistema multilateral occidental, y su alineamiento con las iniciativas diplomáticas promovidas desde Pekín.
Las acciones de la dictadura no es de sorprenderse, el argumento de fondo es el mismo que ha justificado otras decisiones recientes: el rechazo a instituciones internacionales que, según el oficialismo, responden a intereses “imperialistas” y una alternativa a la Corte Internacional de Justicia o la Corte Internacional de Arbitraje.
“La OIMed —ya bautizada por algunos como la nueva Haya con características chinas— no es más que otro ladrillo en la arquitectura paralela que la dictadura China construye para debilitar el orden liberal internacional. No es un foro neutral de mediación: es una pieza más del proyecto geopolítico del Partido Comunista Chino para destruir el multilateralismo basado en normas y reemplazarlo por un sistema de corte autoritario, donde la soberanía absoluta se convierte en carta blanca para la represión”, manifiesta Félix Maradiaga, politólogo y opositor desnacionalizado a DIVERGENTES.
En contraste con lo dicho por Maradiaga, la diputada sandinista Loria Raquel Dixon argumentó durante el debate parlamentario que el nuevo mecanismo permitirá afrontar las crecientes tensiones geopolíticas, disputas comerciales transnacionales e interacciones complejas entre Estados.
Una mediación a la medida

La lista de agencias clave de la Organización de Naciones Unidas (ONU) a las que Nicaragua ha renunciado o con las que ha deteriorado sus relaciones es larga. En lugar de fortalecer su participación en estos espacios multilaterales, el régimen opta ahora por integrarse a un bloque de 32 Estados que respaldan una nueva convención promovida por China. Según el portavoz de su Cancillería, Lin Jian, esta iniciativa “cubre una laguna que existía en el mecanismo de la mediación internacional” y representa “un hito importante”.
Lin Jian, enfatizó que la Carta de la ONU establece la mediación como vía prioritaria para la solución pacífica de las controversias, y que hasta el momento no existe un organismos jurídico intergubernamental, es por ello, que la OIMed “llenará un vacío institucional en materia de mediación internacional y sirve como un importante bien público en el ámbito del Estado de derecho”, para fortalecer la gobernanza global.
Por su parte, el secretario de Justicia de la Región Administrativa Especial de Hong Kong (Raehk), Paul Lam Ting-kwok afirmó que la recién creada IOMed, cuenta con una mayor representación del Sur Global y de los países en desarrollo, llenando así un vacío de larga data en el panorama internacional de la resolución de disputas, reportó Global Times.
Según la cadena estatal CGTN, la suscripción ante la OIMed contó con la participación de delegaciones de más de 60 países y cerca de 20 organizaciones internacionales, incluida la propia ONU. Además del acto protocolario, se celebró un foro centrado en la mediación en disputas comerciales y conflictos interestatales, un terreno en el que China busca posicionarse como árbitro global, desplazando el protagonismo de las instituciones occidentales.
Una apuesta por la mediación… o por la protección política

Lo que resulta paradójico es que el preámbulo de la Convención exprese que los Estados contratantes están “guiados por los propósitos y principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas”, una entidad que el propio Daniel Ortega ha descalificado de forma abierta y reiterada. “Ya Naciones Unidas no sirve para nada. Hay que refundarla, y refundarla significa que desaparezca”, afirmó el dictador durante el acto del 46 aniversario de la revolución sandinista, celebrado en la Plaza de la Fe, en Managua.
“Que nos adhiramos a los propósitos de la Carta de la ONU, persistamos en la participación voluntaria, la igualdad en la toma de decisiones y los intereses comunes, y asegurémonos de que se respeten las preocupaciones legítimas de todas las partes y se logren resultados beneficiosos para todos”, dijo Wang Yi, miembro del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de China (PCCh) y ministro de Relaciones Exteriores.
La diputado sandinista Dixon agrega que: “la OIMed, no solo integra conceptos de gobernanza orientales y occidentales, sino que también ofrece mayores ventajas al establecer un marco institucional sólido, dotado de principios, estructura y procedimientos adecuados para canalizar este tipo de conflictos a través de la mediación internacional, como una alternativa idónea a la vía judicial o arbitral; iniciativa que confirma los esfuerzos y contribuciones de la República Popular China para mantener la paz mundial”, añadió.
El papel de China fue defendido por el ministro de Asuntos Exteriores, Wang Yi, quien afirmó durante la ceremonia que su país ha abogado constantemente por la resolución de las diferencias con un espíritu de entendimiento mutuo y compromiso, la construcción de consensos a través del diálogo y la consulta, la promoción del desarrollo con una mentalidad de beneficio mutuo y la respuesta a los desafíos con una visión de futuro.
¿Cómo funcionará y quiénes integran la nueva organización?

El documento de la OIMed establece que es una organización que funcionará de manera voluntaria, esto significa que la mediación sólo procede si todas las partes involucradas la consienten. Ningún Estado queda obligado a mediar en una disputa solo por haber ratificado la convención.
El organismo de mediación se ocupará de disputas en materia de inversiones entre Estados y extranjeros, así como de controversias comerciales entre particulares, explicó Lam.
Según la convención, la organización podrá intervenir únicamente en conflictos entre Estados, entre un Estado y nacionales de otro Estado, o entre partes privadas en disputas comerciales y de inversión internacionales, actuando bajo principios de neutralidad, imparcialidad, buena fe, confidencialidad, respeto a la soberanía, no injerencia, garantizando la autonomía de las partes y la libre elección de medios de resolución de controversias.
Su estructura institucional tiene un Consejo de Administración (donde cada Estado tiene un representante), una Secretaría General (con un secretario nombrado por cinco años) y una lista de mediadores especializados por tipo de disputa. Lam afirmó que todos los países signatarios podrán nominar a sus propios nacionales. Algunos mediadores se centrarán específicamente en disputas entre Estados, lo que requiere personas con experiencia diplomática e internacional. Cada país podrá nominar hasta cinco mediadores para esta categoría.
En el caso de los mediadores generales que se ocupen de asuntos comerciales o civiles, según Lam, cada país podrá nominar hasta 20 personas, y en el caso de los Estados miembros fundadores podrán nominar un número aún mayor de mediadores, lo que representa un enfoque “inclusivo y abierto”.
Hong Kong como sede y una apuesta por romper el dominio occidental

La sede está ubicada en Hong Kong, pero puede abrir oficinas regionales, esto implica que los acuerdos alcanzados podrán tener valor legal, aunque requerirán de un protocolo adicional para que sean ejecutables por los Estados miembros, reza en la convención.
Lam destacó a medios locales, según Global Times, que las instituciones tradicionales de mediación históricamente han sido establecidas y dirigidas por países occidentales, lo que ha generado ciertas deficiencias en la resolución de disputas globales. A comparación de la OIMed, cuenta con una mayor representación del Sur Global y de los países en desarrollo, llenando así un vacío de larga data en el panorama internacional de la resolución de disputas.
A diferencia de los litigios y arbitrajes tradicionales, la mediación que promueve la OIMed enfatiza la búsqueda de consenso mediante la negociación, ofreciendo ventajas como menores costos, mayor eficiencia y mayor flexibilidad, cualidades que se alinean con la creciente preferencia de la comunidad internacional por la resolución pacífica de disputas, declaró Willy Fu, profesor de derecho y director de la Asociación China de Estudios de Hong Kong y Macao, al Global Times.
¿Qué busca Nicaragua con su adhesión?

Maradiaga tilda la suscripción de Nicaragua a la OIMed como una muestra de la hipocresía del régimen Ortega-Murillo, al pasar del “multilateralismo funcional al autoritarismo por conveniencia”. A su juicio, el Gobierno busca legitimidad internacional sin rendición de cuentas ante mecanismos de derechos humanos; y al abandonar órganos de la ONU, se inclina por espacios multilaterales alternativos donde no se le cuestione. “Revela su desesperado intento por lavarse la cara en el escenario internacional, sino que desenmascara una de las contradicciones más descaradas de su historial en relaciones internacionales”.
“Como ya lo hemos visto con el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB), la Iniciativa de la Franja y la Ruta, la Organización de Cooperación de Shanghái, y más recientemente el Banco de los BRICS, China no está creando instituciones ‘complementarias’, sino una alternativa sistémica. Un orden paralelo que busca dividir el mundo en dos bloques: uno donde todavía se respetan principios democráticos, y otro donde las dictaduras se protegen entre sí”, dice Maradiaga, quien enfatiza que la OIMed no es justicia ni mediación, sino una coartada y complicidad.
Agrega que con esta movida, “el régimen de Ortega reafirma su pertenencia al club de las dictaduras, ese eje que incluye a Irán, Rusia y China, donde los dictadores se abrazan bajo la narrativa de la no injerencia mientras encarcelan, torturan y destierran a sus pueblos… es un acto de traición a la legalidad internacional, y una confesión tácita de que ya no tiene cabida en el mundo libre”.
La adhesión de Nicaragua a la OIMed no es un simple giro estratégico, sino parte de una tendencia más amplia: el desplazamiento de los regímenes autoritarios hacia nuevos escenarios donde puedan obtener legitimidad sin rendición de cuentas. Como advierte Maradiaga, “Ortega se retira del multilateralismo no porque lo traicionaron, sino porque ya no puede engañarlo”. Si la comunidad internacional no toma nota de esta reorganización del autoritarismo global, pronto se verá más regímenes seguir la ruta de Managua: salir por la puerta trasera de las instituciones que rinden cuentas, para entrar por la alfombra roja de los teatros geopolíticos del autoritarismo chino, finaliza Maradiaga.