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El campeón nica que abre caminos a golpes en Estados Unidos

Elvin Espinoza tras triunfar en su debut en PFL este 13 de junio en Miami, Florida, en el hotel Hard Rock Café. Cortesía | Divergentes.

A Elvin Espinoza le fascina pelear. Golpear sin ser golpeado. Estar ahí, bajo los focos enormes que alumbran el octágono, con gente alrededor que grita y aplaude, mientras acaba con su rival. 

No hay nervios. Solo su sonrisa ancha que brota de la confianza de sentirse preparado. Es curioso: se toma unos minutos para decir que no piensa en el daño que pueda sufrir en un combate, como si nunca se lo hubiera planteado. “Si yo pienso en eso, me pueden pegar a mí”, me dice, en un spanglish difícil y pienso que él sí piensa en hacerle daño a su contrincante, en ganar la pelea.

La estrategia le ha funcionado hasta el momento. Tienen un récord invicto de seis victorias en la categoría peso pluma, de 155 libras. Todas las peleas las ha acabado por nocaut, el referí ha tenido que intervenir para que sus rivales no reciban más golpes. En la última pelea, la del viernes 13 de agosto, fue la primera vez que lo hizo con Professional Fighter League (PFL), una promotora de Artes Marciales Mixtas (AMM)- que transmite por ESPN- similar a Ultimate Fighting Championship (UFC) o Bellator MMA, con las que estamos familiarizados los nicaragüenses. 

Espinoza se ha puesto la bandera de Nicaragua en forma de capa en las 14 peleas- 8 como aficionado y 6 como profesional- que lleva en su carrera. Antes de la crisis política de 2018 en Nicaragua, la mostraba normal, como una forma de exhibir sus raíces. Sin embargo, desde hace tres años él la alza invertida, como señal de protesta por la crisis. Luego, su equipo la coloca detrás de su esquina, de tal forma que entre cada round se puedan ver los colores azules y blancos mientras sus entrenadores le dan instrucciones para seguir peleando. 

“En Nicaragua no la están pasando bien, y es triste”, dice, y agrega: “Se necesita un cambio para que sea mejor Nicaragua”. 

El beisbol en León 

Cortesía: (Cooper Neill / PFL)

Espinoza nació en Miami hace 28 años. Sus padres son nicaragüenses, la madre de León y el padre de Diriamba. Pero casi todos los años venía de vacaciones a Nicaragua, en donde empezó a practicar beisbol como a los nueve años de edad, inspirado en la Serie Mundial que en 2003 ganaron Los Marlins de Florida, equipo al que iba a ver jugar con su papá. 

En León jugó beisbol, era lanzador, hasta que un día en la carretera de Diriamba a Managua el carro en el que viajaba con su familia chocó contra otro que venía en sentido contrario. “Fue un accidente feo”, dice Espinoza cuando lo cuenta. Su mamá se dañó la columna, una tía estrelló su cabeza contra el vidrió, “y yo me jodí el hombro”, dice. Tardó un tiempo en recuperarse, y cuando lo hizo intentó volver al béisbol pero le dolía mucho el brazo cuando lanzaba fuerte. 

Dice que gane lo que gane será para Nicaragua. Es lo que siente. En la promotora PFL también lo saben. A Espinoza le envían los tres tiempos de alimentos, como parte de su patrocinio, para cuidar su dieta. Pero si la fecha de la pelea está distante, en ocasiones, para cenar le envían carne asada, gallo pinto, queso y maduro frito. Una fritanga completa.

Voleibol y AMM

Cortesía | Divergentes.

Después que renunció al beisbol empezó a jugar voleibol en secundaria. Sus padres no lo dejaban entrar en deportes que lo pudieran golpear. Ni siquiera en futbol americano. Entonces fue hasta el último año de bachillerato que hizo lucha. De pequeño había practicado karate y judo, pero los abandonó por querer ser lanzador. 

Le gustó tanto la lucha que mientras estudiaba Fisiología Deportiva en la Florida International University (FIU), empezó a practicar todo tipo de deportes de combate: Artes Marciales, Jiu Jitsu, Boxeo, Muay Thai…Fue dos veces campeón amateur en Florida y, luego de graduarse, saltó al profesionalismo en las Artes Marciales Mixtas. 

Espinoza mide cinco pies con nueve pulgadas. Tiene el cabello negro y la barba en forma de candado. Vive en la casa de sus padres con su esposa. Trabaja en el hospital de Kendall como asistente en el área Cardiovascular. Cuando no está trabajando ni entrenado, le gusta salir con su pareja a comer o se van de vacaciones a Disneyworld. “Todavía no pienso tener hijos porque estoy enfocado en mi carrera como peleador y quiero estar más seguro económicamente”, dice Espinoza. 

Cortesía | Divergentes.

Su carrera profesional, Fisiología Deportiva, no la ejerce porque los horarios de trabajo son de nueve de la mañana a cinco de la tarde, y a esa hora entrena. Todos los días se levanta temprano para hacer acondicionamiento físico desde las seis de la mañana hasta las nueve. Descansa como una hora y luego entrena artes marciales hasta la una de la tarde. Entra a trabajar a las tres de la tarde y sale a las 11 de la noche. “Solo trabajo y entreno, así es mi vida”, dice Espinoza. 

La primera pelea en PFL, en la que derrotó al norteamericano Hopeton Stewart, se la consiguió su apoderado faltando pocas semanas para el combate. El rival de Stewart se lesionó. Espinoza ya era vigilado de cerca por UFC y Bellator para firmar con ellos, pero fue PFL la que le dio la primera oportunidad. Para esa pelea le enviaron un video en el que aparecían sus compañeros de trabajo del hospital que, mientras cenaban, miraban en un televisor la pelea del nicaragüense. 

El plan de Espinoza es pelear cada tres meses en lo que resta de este año-su próxima pelea será el 27 de octubre- y el próximo año, para que en 2023 pueda entrar al torneo que premia con un millón de dólares. Si todo sale como espera, ahí estará su madre que lo persigna antes de cada pelea, su abuelita cerrando los ojos hasta que lo anuncien ganador, su padre gritando y la bandera de Nicaragua cubriéndolo mientras camina hacia el octágono.

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