El dominio del hombre en la Iglesia y en la MS13

La pandilla Mara Salvatrucha y la Iglesia Pentecostal son dos mundos aparentemente opuestos. Un hombre, conocido como Elvis, participa en ambos: primero se vinculó a la MS13 y después puso la mirada en Dios. Sin embargo, una firme creencia lo acompañó en estos dos ámbitos de su vida: que los hombres deben liderar y las mujeres ser dóciles. Esto le permitió sobresalir

InSightCrime.

Es verano y el calor en El Salvador sofoca, José Elvis Herrera Reinoso y su familia se han reunido en la choza de una anciana que padece de diabetes. Hace apenas unos días esta señora salió inexplicablemente recuperada del hospital y están alegres por este “milagro” así que han decidido celebrarle un culto. 

En las iglesias proféticas o pentecostales, los cultos no necesitan lujos, ni imágenes, solo instrumentos y la voluntad de reunirse. En lo que podríamos considerar el patio de esta choza, se ha instalado una bocina, una mezcladora, sillas y una mesa con la Biblia. 

De pronto comienza la música, las alabanzas y los aplausos. “Bruno”, como lo suelen llamar desde sus tiempos en la Mara Salvatrucha 13 (MS13), una de las más temidas pandillas del mundo, toma el micrófono con pasión y empieza a leer el libro sagrado. 

Las arrugas al gesticular corrugan sus tatuajes faciales. Todos alrededor cierran los ojos y gritan consignas. Están extasiados, oran en agradecimiento por el milagro que Dios derramó sobre la señora. Gritan, cantan, reflexionan y celebran la existencia de Dios. 

Al final Elvis se le acerca a la señora, le unge las manos y le susurra al oído. Los dones de Dios a través de él la están sanando o al menos eso asegura él. 

Tres días después la anciana fallece, eran los designios de Dios. Todo lo que hubiera sucedido, hubieran sido los designios de Dios.

Un niño ambicioso

Desde pequeño Elvis ansió poder. Tenía doce años y vivía en la ciudad de Suchitoto, en el departamento de Cuscatlán, una ciudad a donde habían llegado células de las Fuerzas Armadas de la Resistencia Nacional (FARN)– una guerrilla que surgió en la década de los 70 en El Salvador.

Ese grupo de combatientes era parte del Frente Farabundo Martí para Liberación Nacional (FMLN), la sombrilla insurgente en El Salvador, que participó en la guerra civil contra el gobierno militar durante la época de 1979 a 1992. Sus hermanos se habían enrolado en la guerrilla siendo jóvenes y Elvis ansiaba seguir sus pasos. A Elvis le fascinaba la autoridad de su hermano mayor, conocido como “Coneja”, que estaba a cargo de algunos campamentos de la guerrilla y para Elvis ese poder era atractivo. 

“Yo quería meterme a la guerrilla para tener un respeto, un liderazgo”, asegura años después de que sus intentos fueran parcialmente frustrados. 

De hecho, sus hermanos le impidieron que fuera combatiente y tuvo que conformarse con ser “oreja”, un escucha que proporcionaba información a los guerrilleros de lo que sucedía con los soldados en la ciudad o llevarles comida a los campamentos insurgentes. 

La guerra terminó en 1992, pero sus ganas de ser líder no. Con el tiempo se sumó a una cuadrilla de rapaces pandilleros llamada La Suchi, como el nombre de su ciudad, donde fue adquiriendo gradualmente liderazgo.

La lógica consistía en atacar a otros pandilleros en otras colonias y mantener la fidelidad hasta el aguante. Aparecieron los llamados “fierros”: los cuchillos, machetes y armas de fuego. El respeto se lo ganó a base de golpes, moretones y entrega. Pero estas pandillas locales no representaban una preocupación para el gobierno nacional, al menos hasta que la Mara Salvatrucha hizo su entrada. 

La primera vez que Elvis vio a miembros de la MS13 fue para inicios de los años noventa en las discotecas de San Salvador. Ahí estaban viejos fundadores como “Cachi”, “Little Man” y “Ozzy”, que parecían controlar esa área conocida como la Zona Rosa. Ellos vendían droga y su presencia generaba atracción. 

Esta horda de pandilleros comenzó a aparecer por todo El Salvador a partir de 1992, después de ser expatriados de Estados Unidos. Los recién llegados actuaban con seguridad y se expresaban con autoridad, lo que les ayudó a ganarse el respeto de los demás. Estos pandilleros made in USA se volvieron bastante atractivos no solo para los hombres, que querían ser como ellos, sino para las mujeres. Tenían mucho éxito con ellas, pues la seguridad y la confianza jugaban de su lado. Según Elvis el “alucín” o aspiración de varias jóvenes era ser pareja de uno de estos deportados. 

Con sus pantalones Dickies, tenis Nike Cortez y actitud irreverente maravillaron a Elvis con su estilo. A él, lo que más le llamaba la atención era ese respeto que emanaban con intensidad. 

Fue así que apenas entrando a la adolescencia se brincó [inició] a la MS13. En esos días el aspirante no tenía que pasar por las pruebas de la vida y muerte que los futuros iniciados tendrían que hacer bajo el liderazgo de Elvis. Elvis tuvo que soportar golpes de sus futuros compañeros mientras el líder contaba lentamente trece segundos.  

“Tomé la decisión de aquel respeto que quería obtener en la guerrilla, obtenerlo en lo que es la pandilla, eso me dio la pauta de que me metiera”, explica.

Elvis considera que el respeto y liderazgo son clave para destacar en cualquier ámbito en la vida, y a su parecer se obtienen con compromiso y entrega. Por eso, durante su tiempo en la pandilla, demostró su fidelidad por medio de extorsiones, asesinatos y realizó cualquier acción requerida de su parte. 

Su entrega fue tanta que se tatuó la cara con las iniciales de la pandilla. Su fervor se acompañó de violencia, sufrimiento, encierro. Acató las reglas de la pandilla y su cultura, ese conjunto de conocimientos pandilleriles que exige, entre otras cosas, controlar a las mujeres como signo de dominancia y poder. La conducta sexista se volvió parte de su diario vivir.  

Y hubo muchas mujeres, algo “obvio” para Elvis. Aquellos fueron tiempos de desaforados “deseos sexuales” que los satisfacía de sobra. Nadie en la pandilla se hacía responsable de una mujer, todo era impulso sexual, recuerda. Las mujeres eran un objeto de deseo nada más. 

Su trato con las homegirls – mujeres en la pandilla – siempre fue diferenciado y casi no permitía su participación. Para él, ellas representaban “muchos problemas” y las veía como un riesgo. Eran el sexo débil por lo que se podían pesetear fácilmente, es decir podrían convertirse en delatoras. 

Y con estas creencias se ganó el respeto y el liderazgo a pulso, al grado de controlar varias clicas y ser reconocido en todo El Salvador. Cuando se consolidó como líder o ranflero de su clica siguió obteniendo más poder hasta convertirse en corredor de programa, es decir, en cabecilla, ya no solo de su clica, sino de un cúmulo de clicas que él mismo levantó y respaldó. 

Alcanzó en la pandilla lo que tanto anhelaba.

Cara de muerte, corazón de Dios  

El aspecto de Elvis cuesta digerirlo. Tiene el rostro tatuado, y un rostro así en El Salvador se asocia con muerte, dolor o agonía. Sin embargo, cuando habla de Dios su rostro muta, una sonrisa enorme se le dibuja dejando ver sus dientes y una mirada afable.

Elvis sonríe minutos antes de celebrar un culto. Foto: Carlos García

Ya tiene más de 15 años que prefirió a Cristo sobre la Bestia, como también se conoce a  la pandilla MS13, los mismos que lleva siendo parte del Ministerio Evangelístico de las Tinieblas a su Luz Admirable . Se trata de una congregación de expandilleros de diferentes iglesias que, como él, salen a predicar a las calles para apartar a la gente del pecado y de las pandillas. Lo hacen en grupo, con Biblia en mano y a través de altavoces que instalan en cualquier punto que se les ocurre. Se apasionan y gritan con voz grave advertencias y citas bíblicas. Algunas personas suelen pasar de largo, otros los evitan y unos más los alientan. En la calle los conocen como los “aleluyas”. 

Aunque inició únicamente como miembro, ahora Elvis es líder de su propia iglesia, una que empezó a levantar a un costado de su casa hace nueve años. La erigió a través de donaciones y la llamó Cristo te llama al Ministerio. Cuando dice que la levantó con sus propias manos no habla en sentido figurado. Las paredes, las puertas, el suelo, la decoración y todo la ha moldeado con sus dedos en un espacio de casi 80 metros cuadrados. La decoración es modesta, no hay crucifijos ni imágenes, solo un escaño y un paisaje pintado a mano sobre el muro principal. Elvis sueña con hacerla crecer mientras habla desde su interior. Su vida es ahora la obra de Dios. 

Pero para llegar hasta ese momento tuvo que recorrer un largo camino. Despues de estar más de una década sumergido en la pandilla un vació existencial lo invadió. Para 2004 Elvis sintió que había vivido tanta zozobra con la pandilla que ya no le encontraba sentido a la vida. Ser pandillero y tener autoridad le quedaban corto. 

Elvis tenia claro no quería morir en la pandilla, pero un torrente de dudas lo acechaban: “¿Cómo dejar a la Mara si yo los he hecho?”, se preguntó, “¿cómo dejar a mis homeboys si todo lo que tienen, lo tienen por mi? ¿Cómo dejar las mujeres que hay en mi vida? ¿Cómo dejar las drogas? ¿Cómo dejar los vicios? ¿Cómo dejar el alcohol? ¿Cómo dejar las rentas? ¿De dónde me voy a vestir? ¿De dónde me voy a calzar? ¿De dónde va comer mi mujer? ¿De dónde van a comer mis hijos? ¿Qué van a pensar mis homeboys de mi si abandono la Mara?”.

La vulnerabilidad que se permitía sentir en esos momentos de duda no la demostraba en público. Cuando uno entra a la pandilla, uno cambia, “se vuelve más macho”, dice. La debilidad no tiene espacio y mostrarse abiertamente sensible o emocional, le resta virilidad a la persona y, por ende, a la Mara Salvatrucha.

Sentir ternura, lástima y tristeza es para el sexo femenino, por eso llaman a sus enemigos chavalas, niñas, mujeres. Y por eso todas las veces que lloró Elvis pensando en dejar la pandilla lo hizo en la soledad de su cuarto. 

“Para mi era una vergüenza que un líder de la pandilla llorara enfrente de los homeboys activos. Cuando muchas veces yo lloré, lloré bajo el techo de mi casa, lloré escondidamente en el silencio de la noche, queriendo transformar mi vida”, dice años después.

Elvis quería una respuesta para todas sus preguntas y quería saber qué vendría después si se retiraba de la pandilla. Pero no encontraba ninguna respuesta que lo consolara o lo llenara completamente, y solo podía recordar todos los malos tragos que había pasado en la pandilla, desde golpizas de sus compañeros hasta las propinadas por los policías. No sabia hacer otra cosa que ser pandillero, y eso lo aterró. 

Eso cambió una tarde de ese 2004, cuando estaba en su casa, mirando por la ventana desconsolado y empezó a orar, o como él lo recuerda, a hablar con Cristo. 

“Te reconozco como mi salvador personal”, le dijo. Y estalló en llanto, algo que jamás se hubiera atrevido a hacer enfrente de sus homies. Temblando se tiró sobre la cama y una especie de paz lo invadió. Jesucristo había entrado en él, asi lo recuerda. 

“Dios físicamente trató conmigo”, asegura. Al día siguiente, empezó a asistir a La Iglesia Profética 120 en Nejapa, en San Salvador, donde se “convirtió en un siervo de Cristo”. “Ahí lo envió el Señor”, asegura.

Elvis se aferró a la iglesia pentecostal creyendo que su pasado delincuencial quedaría redimido con solo aceptar el bautismo del Espíritu Santo. La subordinación y la entrega total que exige esta doctrina es muy parecida a las exigencias de la pandilla. En ambos lados, la obediencia y los códigos de conducta son esenciales.  

Y esa fue la religión a la que se acogió Elvis. 

Los primeros pasos para Elvis fueron complicados, pues dejar todo lo que uno posee, aunque sea muy poco, no es fácil. Abandonar de golpe el gusto por las mujeres, el dinero fácil, el alcohol y otros vicios “costó mucho”, pero lo que más padeció fue perder el liderazgo. 

“Eso era lo que nunca quería perder”, recuerda Elvis.

Nuevo lugar, misma jerarquía

Tras su bautizo se entregó de lleno a la oración y al ayuno. La disciplina en prisión fue esencial para lograrlo, pues después de haberse hecho cristiano fue encarcelado en 2004 en la prisión de Quezaltepeque, en el municipio de la Libertad, por unos delitos pendientes. Ahí, en intramuros, le dieron el “pastoreado”, el cuidado y liderazgo de presos fieles, que supo ejecer por nueve meses. 

Y lo que aprendió entre rejas lo aplicó una vez puesto en libertad. Se ganó el respeto de los suyos, pero ahora desde la fe. Su forma de predicar, expresarse, atender a los hermanos y su entrega fueron lo que lo llevaron a destacar. Llegó a ayunar hasta 30 días, de seis de la mañana a seis de la tarde y orar de cinco a seis horas diarias. 

“Tanto como cuando anduve en la pandilla, tanto como cuando he estado del Señor. Siempre me ha gustado tener un liderazgo y trabajar como debe ser, ¿me entiendes?”, dice. “Y ya en el Señor las cosas son diferentes. Aunque, igualmente, llevo como un liderazgo haciendo misiones dentro de un ministerio”.

En la iglesia Elvis descubrió que podría ser ranflero [líder] de un grupo, nuevamente.

Los expandilleros pueden llegar a ser pastores –lideres de los fieles y dirigir el culto– aunque no tengan una formación académica ni teológica. Solo basta que su conversión y testimonio hayan sido lo suficientemente radicales para acceder a ese cargo. Eso favorece a antiguos líderes que dejaron atrás su gran historial delictivo para dar un excelente testimonio de conversión y poder dirigir un ministerio para Dios. Ese imán con que se dirigieron en la MS13 ahora les sirve para dirigir almas desde un púlpito. 

Elvis solo ha leído la Biblia y ningún otro libro y es consciente de que no ha conseguido formalmente el título de pastor, sino que “es algo que yo no me lo he agarrado, es algo que pastores que tienen su carnet de pastor, que han estudiado teología y pastores laicos me han dado esa palabra a mí. No es por yo haiga querido, sino porque Dios puso en el corazón de ellos”, asegura.

Ser cristiano es actualmente la única vía oficial que la Mara Salvatrucha avala para que un homie lleve una vida alejada de la pandilla. Entregarse a “las cosas de Dios” es una decisión personal donde el pandillero se arrepiente de su condición y se aparta de las tareas del grupo. 

Las iglesias pentecostales en El Salvador florecieron casi a tiempo que las pandillas: en la postguerra. Aparecieron en los mismos arrabales con una popularidad rampante y la idea de que cualquier persona que crea en Dios puede salvarse; ha sido la clave para que los pandilleros encuentren una alternativa de vida fuera de la pandilla.

No se debe tener dudas de la decisión porque “no se puede jugar con Dios ni con la pandilla”, como dicen varios. 

Lo cierto es que, aunque la MS13 acepte que sus soldados se dediquen a las cosas de Dios, un miembro cristiano no dejará de ser pandillero. El hermano vive en la zona de la pandilla, suele relacionarse con sus miembros, pero, sobre todo, no delata al grupo. Y esa condición también la tiene ante el adversario. Un pandillero convertido, sigue siendo enemigo de los miembros del Barrio 18, principal rival de la MS13.

Y para los tiempos actuales, los del gobierno del presidente Nayib Bukele, cualquier hermano que haya sido pandillero y este tatuado, es un delincuente. El gobierno salvadoreño recientemente declaró una ‘guerra contra las pandillas’ mediante la aprobación de un régimen de excepción, por medio del cual el gobierno tiene la facultad de capturar a cualquier ciudadano y cometer múltiples abusos. Para el gobierno, los hommies que intentan reintegrarse a la sociedad a través de la fe cristiana como Elvis, jamás podrán desprenderse de sus delitos. 

Elvis lee apasionadamente la Biblia mientras suena música cristiana. Foto | Carlos García.

Como líder de su iglesia, Elvis convoca todos los días a culto, pero el miércoles lo deja para descansar y algunos viernes para ayunar hasta 12 horas. Acuden cerca de 15 miembros asiduos sin ninguna obligación excepto la de ser fiel al Señor y orar, afirma.   

En sus ceremonias claman por aquellos que no siguen los designios de Dios, como los impíos, las abortistas y los homosexuales. En la iglesia de Elvis la homosexualidad se entiende como una especie de posesión diabólica a la que califica de “gran transgresión” y pecado imperdonable. Muy parecido a las ideas de los pandilleros, quienes tampoco aceptan la homosexualidad en el grupo y esa ofensa se paga con muerte.

En la pandilla no había espacio para ellos, tener esta orientación sexual era “una falta de respeto al barrio” y algo inconcebible para Elvis. “¡Cómo va creer que un homosexual va a ser de la pandilla, que va andar las letras y que otro lo ande levando (penetrando)”, dice enérgicamente. Homosexual visto era homosexual muerto.

“¿Pero en qué texto bíblico habla la Biblia de que a un homosexual el Señor lo perdona?”, se pregunta. “En ninguno”, se responde él mismo.

Y esta misma postura la comparten otros pandilleros. “El diablo al meterle un espíritu de homosexual, usted que es lo que hace: abominación. Usted está siendo abominable ante Dios porque usted se está echando varón con varón. Y eso es una gran abominación para Dios”, aseguró Douglas Dagoberto Coreto Garay, otro expandillero, también integrante del Ministerio Evangelistero de las Tinieblas a su Luz Admirable.

Para los homeboys convertidos como Douglas no hay nada que pueda salvarlos porque no hay un pasaje bíblico que aborde el tema. La mayoría de los hermanos puede encontrar un versículo que sirva para redimir su pasado suicida, incluso homicidios y violaciones, pero no para un homosexual. Se preguntan en voz alta, “¿Qué homosexualidad ha sido rescatado por Dios?”. Y no logran responderse. 

Si la Iglesia Cristiana es conversión y de repente hay un homosexual que está arrepentido, ¿ustedes lo aceptan?, se le pregunta a Douglas.

–“Pues claro. Es algo que solamente Dios lo puede hacer. Lo único que como iglesia, una persona así puede estar como miembro de la iglesia y no como pastor”.

–¿Es decir una persona homosexual puede ser miembro?

–“Como miembro de la iglesia”.

–¿Pero convertido o no convertido?

–“Convertido. Y de buen testimonio, que se vea de que sí definitivamente ha dejado su pasado”. 

–¿Y aunque haya dejado su pasado, no puede ascender a pastor?

–“No puede”.

–¿Pero un pandillero, ¿sí?

–“Un pandillero sí, pero un gay, no”.

–¿Y por qué es más fuerte ser gay que un pandillero?

–“Es un pecado el cual Señor dice la Biblia que no lo perdona”.

–¿En serio?

–“Ajá, ajá. Ya un pecado fuerte. La Biblia lo dice que no lo perdona….”

Roles inamovibles 

Elvis y su esposa vistiendo como dictan las normas pentecostales. Foto | Carlos García.

Elvis vive una casa de láminas con suelo de tierra. Ahí se hacina él, su esposa, su hija, un sobrino, un expandillero y un vecino abandonado por sus padres que no sabe leer ni escribir. Pese a las carencias, Elvis no escatima en compartir su pan con el prójimo. 

Hay días que se dedica a vender ropa traficada de Estados Unidos en la parte trasera de su choza y otros en los que sale a profesar a colonias con presencia de la Mara Salvatrucha. Visita a sus antiguos compañeros porque quiere alejarlos de Satanás. Está convencido que tiene un don para tratarlos porque los comprende, se identifica. 

Los años y logros que forjó en la MS13 aún le permiten gozar de respeto entre los miembros activos, por eso les confiere abiertamente que si Dios cambió su vida podría cambiar la de ellos. Se cree “un instrumento” de Cristo y está convencido de que la mejor manera de arrebatarle un miembro a la pandilla es a través de otro antiguo miembro de la pandilla. 

Uno de los primeros rituales que exige la conversión cristiana para escalar en los escalafones de la religión es el matrimonio. Si el hombre está casado podrá ascender a un cargo de mayor responsabilidad como ser pastor. Y la selección de la pareja pareciese estar en manos de los hombres quienes buscan a quien lo “atienda bien”. 

Ellas en cambio deben mentalizarse a estar al servicio de ellos. Elvis considera que las mujeres deben servir incondicionalmente a sus maridos y ellos proveerlas de lo necesario.

A él le parece obvio que la mujer dependa del hombre porque “la iglesia así lo dice”.

“Las mujeres casadas tienen que estar pendientes de las cosas de su señor (Dios), pero también de su marido. O sea ya no es libre, está atada a causa de su matrimonio y tiene que sujetarse a su marido”, dice Elvis.

–¿Y qué es estar atado a las cosas de su marido?

–“Eso es el compromiso matrimonial. Consiste en que tiene que lavarle la ropa, tiene que atenderlo con la comida. Es ama de casa por lo que tiene que tener su casa arreglada y ordenada. Esos son los compromisos como matrimonio de una mujer hacia su marido, hacia su esposo. Mas la soltera no tiene preocupación de nada”.

Elvis utiliza la Biblia para darle a las mujeres su lugar en la sociedad. Cita, por ejemplo, Mateo 5:31-32  para justificar que las hermanas solo podrán divorciarse si el hombre les es infiel, de lo contrario deberán estar con sus maridos porque ese es el designio de Dios. 

Elvis también considera que las mujeres son una tentación para los hombres, quienes son incapaces de controlar sus impulsos carnales. La diferencia es que ahora no habla de que se pueden “pesetear” [volverse delatoras] sino del mito de Adán y Eva, para justificar que las mujeres son víctimas fáciles de la tentación y al mismo tiempo agentes capaces de corromper a los hombres.

También cree que ellas no son capaces de cuidarse a sí mismas y para eso están ellos. Así que adornar el cuerpo con joyas, maquillaje o escotes es despertar los deseos incontenibles de los hombres. 

“Las hermanas pueden robarle la bendición a cualquier hermano”, dice Elvis. “Su blusa tiene que estar normal, no blusa escotada, mostrando todos los pechos, o sea, no. Si digamos una mujer viene con una blusa escotada hasta por aquí, [señalando el pecho] enseñando toda la redondura de sus pechos, toda la separación de sus pechos, muy cristiano puede ser usted, pero los ojos están para ver”.  

Elvis se ha sentado a la mesa a comer pizza y no se moverá hasta pasarse el último bocado. Mientras tanto, su esposa está atenta de lo que él necesite. Él la manda por platos, servilletas y soda. En los quehaceres de la cocina Elvis es un espectador.

Al terminar la comida, sale de su casa y se sienta sobre el anden en la calle. Mientras está ahí, ve pasar a su vecina, la saluda y la invita al culto. La mujer le contesta que quiere ir, pero que antes deberá pedirle permiso a su marido. 

A Elvis no le sorprende esta respuesta y le dice que es mejor que le pregunte para que no se meta en problemas. La mujer se despide y se aleja, mientras tanto él me dice: “Ella no puede tomar una decisión por ella misma. Si el marido le dice que no puede ir, no va, porque tiene que estar sujeta a él”, concluye.

El perdón de Dios que no alcanza

Elvis capturado bajo el régimen de excepción / Foto: PNC

Eran cerca de las ocho de la noche del 31 de marzo, Elvis había terminado de dirigir el culto y se sentó a cenar con su familia. Mientras tanto, en las calles de El Salvador un pelotón de policías y militares patrullaban incansablemente en busca de pandilleros y hombres tatuados. Era el cuarto día desde que se decretó el régimen de excepción, como respuesta a la ola de homicidios que sacudieron el país durante ese mes.

El ambiente en los cinturones de pobreza era tenso y el municipio San Juan Opico donde se encontraba Elvis no era la excepción. Mientras terminaba su cena, un policía entró a su casa y se lo llevo a la fuerza. Lo montaron en la patrulla y lo llevaron a la comisaría local donde lo desnudaron del torso, lo fotografiaron y al poco tiempo exhibieron sus fotos en las redes sociales.

Elvis lleva más de dos meses preso, pasando hambre y lidiando con su diabetes. No tiene un abogado que pueda defenderlo. Pese a las circunstancias, su esposa mantiene fe de plomo “primeramente el Señor que Dios hará algo”, sostiene, y asegura que “Dios lo va a liberar porque ya no andaba en lo malo”.

Mientras tanto, el régimen sigue su marcha y los penales, están al borde del colapso. Se han capturado a más 37.000 personas, entre ellos hermanos expandilleros como Elvis, quienes habían dejado a la pandilla para dedicarse a las cosas de Dios, pero eso parece no haber sido suficiente.