El éxodo de nicaragüenses sólo es superado por el de los afganos en el mundo en 2021

De cien en cien, los nicaragüenses se amontonan en la frontera norte de Nicaragua con el fin de viajar por tierra hacia los Estados Unidos. DIVERGENTES acompaña a William, uno de los que huyen de la dictadura Ortega-Murillo y la crisis económica, hasta Honduras, el primer gran paso hacia el norte. Se trata de un éxodo creciente: ACNUR informó que en el año 2021 se registraron 111 mil 600 solicitudes de asilo de nicas en el mundo, sólo por debajo de los ciudadanos de Afganistán

Una mujer migrante nicaragüense en México, a la espera de cruzar hacia Estados Unidos. Una foto de archivo de EFE.

Si todo sale bien, William será el noveno de su familia en cruzar irregularmente hacia los Estados Unidos en lo que va de 2022. Una extraña seguridad envuelve a este hombre de 35 años. En una ruta tan peligrosa como la que está a punto de hacer, cualquiera puede pensar que llegar a salvo es pura suerte, pero William cree que el éxito de la misión depende del coyote. “Sé que nos conduce un tipo pesado, tanto en Centroamérica como en México. Tiene poder”, dice de manera críptica. Tener “poder” en el tráfico de personas es, en realidad, tener buena comunicación con las diferentes aristas del crimen organizado, o ser parte de él… 

El trayecto de William es la muestra de un éxodo que se asemeja al que realizan los desplazados por guerras y ocupaciones militares, como los afganos. La Agencia de las Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR) informó que en el año 2021 se registraron 111 mil 600 nuevas solicitudes de asilo provenientes de nicaragüenses. Es decir, el segundo país entre las naciones cuyos habitantes han realizado mayores solicitudes de asilo en el mundo. Nicaragua solo está por debajo de Afganistán (125 mil 600 solicitudes), país que está en primer lugar y que ha sufrido por más de 40 años conflictos armados, la brutalidad talibán, intervenciones, desastres naturales, pobreza crónica e inseguridad alimentaria.

Conocí a William en la frontera norte de Nicaragua, en la parte más calma de su trayecto. Viajaba en un autobús con otros nicaragüenses que salieron de una gasolinera de Managua dispuestos a “cruzar” fronteras. A simple vista, daba la impresión que iban a una excursión en Guatemala. Pero quienes van acá no lo hacen para conocer Petén ni tomarse fotografías en Antigua, sino para transbordar hacia los Estados Unidos. No van turistas sonrientes. Son decenas de nicaragüenses con una mochila y toda la disposición de largarse a como sea de su país. 

Dos horas antes de llegar al puesto de El Guasaule, frontera con Honduras, William esperó en una gasolinera de la capital junto a decenas de jóvenes y adultos que le daban el último abrazo a sus familias. No saben si volverán a verse. La escena es como presenciar el hundimiento del Titanic: padres lloran al abrazar a sus hijos, abuelos se despiden de sus nietos, familias enteras se separan para iniciar un viaje sin certeza. Están los que se quedan a presenciar el hundimiento del barco y, por otro lado, los que se van en los botes salvavidas. Todos víctimas de un país donde –repiten hasta la saciedad– la vida es cada vez más dura. 

Mientras esperan en la gasolinera la llegada de todos los buses –cuatro en total–, los migrantes se dividen en pequeños grupos. Llevan una única indicación que tendrán que respetar al pie de la letra.

La crisis económica empuja 

Frontera entre Nicaragua y Honduras. Foto de Franklin Villavicencio | Divergentes.

La crisis tocó a la familia de William al darse cuenta que apenas les alcanzaba el dinero para comprar alimentos en Nicaragua. Ellos, como comerciantes, también subieron los precios de sus productos para el hogar, lo que provocó que cada vez les compraran menos. Primero se fueron los más jóvenes, luego los adultos, hasta que le llegó el turno a William. Todos son originarios de Villa Reconciliación, uno de los barrios más populares de Managua.

El informe publicado en el mes de junio por la Unidad de Inteligencia de la revista británica The Economist (EIU, por sus siglas en inglés) expone que el crecimiento económico de Nicaragua se “desacelera notablemente” este año, debido a la crisis sociopolítica que cunde desde 2018.

La revista británica explicó que la recuperación de 2021 calculada en un crecimiento del 10.3% y que fue celebrada por el régimen Ortega-Murillo, fue impulsada por las condiciones externas favorables y que ayudaron a la economía a recuperarse a los niveles anteriores a la pandemia del coronavirus. Sin embargo, en la práctica las familias como las de William han percibido al mínimo esa “recuperación” que se agudiza con la permanencia de Ortega y Murillo en el poder.

Me cuenta que es el último en irse porque creyó que podía aguantar la situación un poco más. Ha llorado durante la mitad del camino hacia el puesto fronterizo de Nicaragua, tras enviar más de diez audios a su hijo de seis años que se quedó con su madre. En las notas de voz le dijo que estaría atento a él y que lo llamaría todas las noches. Las lágrimas se extendieron debajo de su rostro moreno y lleno de surcos. Luego, tronó su nariz, compuso su postura en el asiento y volvió a mirar a la ventana del bus.

William en la fila de Migración de Honduras junto a otros nicaragüenses. Foto de Franklin Villavicencio | Divergentes.

Los corridos nostálgicos no paran de sonar en los parlantes del transporte. Pareciera que la ambientación es parte del “paquete” que pagó William. La música grupera es una banda sonora melancólica para los que se van de Nicaragua y entran a esa patria extraña de desplazados que comparten con hondureños, salvadoreños y guatemaltecos. Los corridos hablan del desarraigo, de la “migra”, de los adioses; pero también de la violencia y del narco. De esa realidad inevitable que personas como William podrían toparse en el camino. 

Muchos nicaragüenses se han encontrado con una brutalidad que se incrementa cada vez que se acercan a los Estados del norte mexicano, a las zonas más peligrosas de un país que tiene sus propios demonios y que, en unos días, William transitará. Según estimaciones de organismos de migrantes, hasta ahora al menos 25 nicaragüenses han fallecido intentando llegar a Estados Unidos. La mayoría en el peligroso Río Bravo, a tan solo escasos metros de llegar a suelo estadounidense.

La muerte de los nicaragüenses es el inicio de un nuevo drama que esta vez afecta a los familiares de las personas que quedan varadas en territorio mexicano. Madres, hermanos o hijos, tienen que lidiar con la repatriación de los cuerpos de sus seres queridos frente a la desobligación del régimen orteguista que no se hace responsable de la llegada de los cuerpos a Nicaragua.

Honduras: el primer salto

Un grupo de migrantes hondureños, acompañados de nicaragüenses, tratan de evitar los puntos de control migratorio recorriendo otros caminos, hoy en el Municipio de Omoa (Honduras). EFE.

William se baja del bus para pasar sus primeras horas en un puesto fronterizo. Una hora y media después, llega al lado hondureño en el que tendrá que pasar cinco horas debido a la cantidad de migrantes que esperan en una fila interminable su pase CA4 para circular en el resto de Centroamérica. 

En la fila también está Carlos. Se queja del larguísimo trámite en Honduras, que les hace perder casi un día de viaje. La cantidad de nicaragüenses es tan grande que la hilera se extiende en las afueras del modesto puesto de migración. 

Carlos se hartó de no “ganar bien” en San Juan del Sur, una de las ciudades más turísticas ubicadas al sur de Nicaragua. San Juan del Sur es un hervidero de consumo, negocios y turistas. Carlos ganaba como cocinero en un restaurante de la zona 250 dólares, unos 10 mil córdobas. Cuando supo por unos amigos que podría ganar mil dólares a la semana en Estados Unidos, no la pensó dos veces. Cuenta que ya tiene listos los contactos, y gracias a los conocidos que están allá, pretende trabajar en una parrilla en Houston, Texas. “Aquí (en Nicaragua) no se gana nada. Te matás trabajando y no ves los frutos. En Estados Unidos igual te matás, incluso más, pero podés tener tus cositas”, me cuenta Carlos

Junio de 2021 fue un mes definitorio para el futuro de muchos de estos nicaragüenses que van en estos buses. El giro represivo que dio el régimen agudizó más la situación de Nicaragua que de por sí pendía de un hilo. A partir de ese mes, el régimen emprendió una cacería contra opositores, periodistas y críticos que culminó con un modelo de partido único, en el que Ortega y Murillo se han hecho con el control total. Ese año, en el que se llevarían a cabo las elecciones generales, los sandinistas mantuvieron el poder después de desarticular a toda la oposición y colocar a partidos tachados de colaboracionistas como “competencia”. 

En julio de 2021, un mes después de la escalada represiva, la migración de nicaragüenses hacia Estados Unidos aumentó en un 67.65% con respecto a junio. La Patrulla Fronteriza estadounidense también reportó que detuvo a 7 mil 462 personas que intentaban cruzar la frontera, confirmando que la represión del régimen impactó en el futuro de las familias. Nicaragua reportaba las tendencias más bajas de migración irregular, en comparación al resto de países centroamericanos, pero a partir de entonces la migración hacia el norte se ha incrementado. 

Migrantes atravesando México. Foto de EFE | Archivo.

A juicio de Haydée Castillo, defensora de derechos humanos exiliada por la persecución del régimen sandinista, Nicaragua está viviendo una situación similar a la de Afganistán pero con un comportamiento diferente, y que está solapada por la dictadura de Ortega-Murillo. 

“Si bien es cierto, no está cometiendo asesinatos como en el 2018, continúa persiguiendo a las personas todos los días y poniendo patrullas policiales frente a las casas de los opositores. Hay una asfixia en un país totalmente secuestrado”, explicó Castillo, quien agregó que es necesario que la comunidad internacional comprenda que la magnitud y los resultados de la crisis nicaragüense, es tan parecida a la de cualquier país en un conflicto bélico, sin necesidad de ver la sangre corriendo por las calles.

Nicaragua no solo está por debajo de Afganistán en la lista presentada en el informe de la oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados. El país supera en solicitudes de asilo a Honduras, Haití y Venezuela, una nación que enfrenta una situación sociopolítica similar a la nicaragüense.

Castillo recordó que ni durante la dictadura de Somoza ni en el conflicto armado de los ochenta salieron tantos nicaragüenses del país. La defensora de derechos humanos sostiene que la proporción que parte hacia el exilio es altísima y las proyecciones indican que podría aumentar más. 

Los peligros del crimen organizado 

Un grupo de migrantes hondureños, acompañados de nicaragüenses, caminan durante una caravana rumbo a Estados Unidos. EFE | Archivo.

Un aumento de migrantes también provoca que el tráfico de personas se convierta en un negocio lucrativo, y peligroso. Los nicaragüenses que están huyendo de la crisis sociopolítica y la persecución gubernamental, además de endeudarse para pagar el viaje hasta Estados Unidos, se enfrentan a carteles de la droga y secuestradores que si no reciben una paga, abandonan a las personas a su suerte, y a riesgos que la misma naturaleza les pone en medio.

Le pregunto a William si está claro de todo lo que sale en los medios, de las desapariciones y los peligros, pero él me responde de nuevo con una seguridad que trata de mantener en todo el trayecto: “Estamos con un (coyote) duro, él sabe lo que hace”. La confianza hacia su coyote es total. Pero en el camino hay muchísimas variables que ni el más experto –ni el más mafioso– pueden prever. La prueba de ello está en las historias de personas extraviadas en los desiertos, y abandonadas por los traficantes.

Una vez que salgan de Honduras, William y Carlos aprovecharán para descansar. Sin embargo, el camino puede ser peligroso debido a las pandillas que operan fuera de Nicaragua. En el trayecto me relatan decenas de historias sobre buses que han sido interceptados por una mara que reclama peaje, o que simplemente quiere asaltar a los que cargan con lo poco.

Dejo a Carlos y a William en El Guasaule, donde todos saben que los nicas van hacia el norte, pero prefieren hacer la vista gorda. En Guatemala cambiarán de manos y se enfrentarán hacia lo desconocido. La clave, me dice William, es mantenerse juntos. Esa es la principal indicación de quienes los cruzan. Siempre mantenerse juntos.