“El virus no se ha muerto”: las claves ante un rebrote de COVID-19

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Un grupo de ciudadanos esperan un bus de transporte colectivo en Managua en plena pandemia de COVID-19. Carlos Herrera | DIVERGENTES.

La pandemia del coronavirus en Nicaragua continúa siendo una moneda al aire: no se sabe con exactitud su avance y comportamiento ante la escasa información proporcionada por las autoridades sanitarias del gobierno de Daniel Ortega. Aunque los expertos opinan que la parte más alta de los contagios ya sucedió entre los meses de mayo, junio y julio, ahora la epidemia amenaza con un rebrote debido al relajamiento de las medidas de protección entre la ciudadanía. 

En las últimas semanas, el nivel de contagios y muertes relacionadas al virus COVID-19 se han rebajado y estabilizado. Al margen de la estadística, en las calles esto se ha traducido en más personas que han roto la autocuarentena, el distanciamiento social o incluso han depuesto la mascarilla. La imagen más fehaciente tuvo lugar en el Estadio Nacional de béisbol Denis Martínez el pasado fin de semana, repleto de fanáticos que asistieron a la final de la liga de primera división, como parte de las aglomeraciones que el gobierno siempre ha promovido en plena emergencia sanitaria. 

Este espejismo de “normalidad” alarma a los especialistas en salud pública, porque en vez de aplacar la curva de contagio, la azuza y abre las puertas a un rebrote de COVID-19. “El virus no ha muerto, se mantiene circulando en el país”, advierte a DIVERGENTES el doctor Carlos Hernández, integrante del Comité Científico Multidisciplinario, una instancia independiente conformada por decenas de especialistas, quienes tratan de brindar un norte a la población en la nebulosa vírica frente a la falta de información del Ministerio de Salud (Minsa). 

La gran interrogante es cuán duro puede ser el rebrote en Nicaragua, un fenómeno que afrontan ya países como España y Estados Unidos por la relajación del confinamiento y otras medidas preventivas, tras el pico de los contagios. Es una respuesta que varía para Nicaragua, en especial si se toma en cuenta que las autoridades sanitarias no brindan suficiente pistas para identificar los brotes comunitarios de coronavirus y, de esa forma, poder frenarlos. 

La Fundación Nicaragüenses para el Desarrollo Económico y Social (FUNIDES) alerta que un eventual rebrote de coronavirus causaría unos 15.454 contagios. La estimación podría ser mayor ante los 3.100 eventos masivos convocados por Rosario Murillo de cara a las fiestas patrias de septiembre.  

En todo caso, concuerdan los especialistas, para dimensionar el golpe de un rebrote es necesario entender varios factores, por ejemplo el contexto de la epidemia, el avance natural del virus, las condiciones hospitalarias, y las medidas de prevención tras seis meses de pandemia. 

Sepultureros se desinfectan luego de enterrar a una persona que falleció por COVID-19 en junio pasado en Managua. Carlos Herrera | DIVERGENTES.

Estas son las claves a tener en cuenta ante un eventual rebrote: 

  1. Nicaragua afronta una ceguera epidemiológica. El gobierno de Ortega no revela cuántas pruebas de COVID-19 ha practicado, y nunca ha admitido el contagio local y comunitario debido al negacionismo que han profesado. El doctor Carlos Quant, infectólogo y despedido por el Minsa por criticar la negligencia oficial al inicio de la pandemia, explica que el Coronavirus golpeó tanto porque el personal sanitario no estaba preparado adecuadamente ante la falta de equipos de protección, insumos negados precisamente por el régimen sandinista. Al mismo tiempo, los médicos no estaban habituados a la enfermedad. Muchas personas tampoco tomaron en serio la epidemia y no adoptaron medidas de protección. Los meses más críticos –que implicaron un desborde de los hospitales y entierros exprés– fueron mayo, junio y julio. 

Sin embargo, hay factores que han evolucionado y sitúan al país ante un relajamiento y un rebrote. 

  1. Por un lado, porque la realidad ha obligado al Minsa a admitir la pandemia y mejorar las condiciones hospitalarias –al menos en las ciudades–. Los médicos ya tienen un protocolo claro para atender a los contagiados, y adquirieron experiencia en el manejo de los casos leves, moderados y graves. Mientras que los negacionistas en jefe, Daniel Ortega y Rosario Murillo, dieron un giro de admisión a medias y tardío, que puede resumirse simbólicamente la tarde del pasado 19 de julio, cuando aparecieron con mascarillas y distanciados de sus simpatizantes en el acto de la Revolución Sandinista. Y por el otro, porque los ciudadanos tomaron conciencia del peligro del virus, adoptando la mascarilla, el lavado de manos y el distanciamiento social como norma. La movilidad en ciudades como Managua se redujo entre un 30 y 40%, según Google Maps. Colegios y universidades cerraron, así como comercios. 
  2. Según el doctor Quant, todo eso ha contribuido para estabilizar la curva de contagio, pese a la perenne negligencia oficial. Esa sensación de que la COVID-19 ha amainado puede deberse a que gran parte de la población se contagió en los meses críticos, y es posible que la llamada inmunidad de rebaño se haya alcanzado en algunos espacios con menos del 60% establecido. 
Una joven camina en una calle de Managua con un mural de fondo de Daniel Ortega y Rosario Murillo, presidente y vicepresidenta de Nicaragua. Jorge Torres | EFE.

4. “Lo que vemos ahora es dispersión y mayor manejo de los casos comunitarios. Los rebrotes, según experiencias en otros países, ocurren en gente joven que no se cuida… y los jóvenes tienen menos probabilidades de tener complicaciones y, obviamente, no saturan los servicios sanitarios”, explica el doctor Quant. “Van a ver brotes en las ciudades debido a estas actividades masivas de los últimos días. En dos o tres semanas en los lugares donde no se respetó el distanciamiento. Pero posiblemente no vamos a ver el nivel de saturación hospitalaria que se miró en mayo y junio”. 

5. El doctor Quant insiste que si bien el gobierno no ha tomado medidas drásticas de prevención, el Minsa apuesta a una evolución más natural de la epidemia, mientras existe mayor resolución en las unidades de salud al tratar casos críticos de COVID-19. “Ahora hay más información y literatura disponible, accesible para todo el mundo, y eso ha hecho que la mortalidad en los casos críticos baje. Así como tratamientos tempranos que disminuyen la hospitalización”, asegura el experto. 

6. La epidemia se concentró en grandes ciudades, en especial Managua, debido a que el aeropuerto internacional Augusto C. Sandino fue la puerta de entrada para el COVID-19. Pero ahora el virus se ha esparcido en zonas rurales y remotas comunidades indígenas, donde organismos de derechos humanos hablan de un subregistro de contagios y muertes. “En esto de medir un rebrote influye la falta de información que tengan las comunidades y también el ocultamiento. Al igual que en el pacifico, habrá mucha información que el Minsa no va a publicar. Ellos hablan de 140 muertos en todo el país, cuando sabemos que eso es una absoluta mentira”, sostiene Quant. 

7. Conclusión: El problema de Nicaragua es la falta de información sobre la epidemia. A esta altura, algunos países usan la estrategia de “el martillo y la danza”. Consiste en establecer medidas de relajamiento cuando los casos disminuyen, pero si comienzan a aparecer brotes, se toman medidas de contención específicas. “El problema es que como aquí no manejamos dónde van aparecer los brotes, la estrategia no será esa. Vamos a tener rebrotes definitivamente hasta que no tengamos vacunas. No estamos totalmente protegidos”, advierte Quant. 

Mientras tanto, Rosario Murillo anuncia con alegría más aglomeraciones y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) da por sentado que, de seguir estos eventos, el rebrote es casi un hecho próximo. “En los eventos masivos el virus puede transmitirse de persona a persona. Estas actividades deberían detenerse”, instó este martes Ciro Ugarte, director de emergencias de salud de la OPS.

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