Violeta Granera:
“Hay un sector empresarial que no ha sintonizado con el grito de abril”

La integrante de la UNAB rebate las razones de la Alianza Cívica para abandonar la Coalición Nacional. “Se trata de intereses de un grupo sobre otro”, sostiene. Granera advierte que esta nueva diferencia, que entorpece más la unidad opositora, “transmite desaliento a la población”

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Wilfredo Miranda Aburto
@PiruloAr

A medida que pasan los meses la oposición de Nicaragua se consolida, indefectiblemente, en una balada de Pimpinela.

La decisión de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia (ACJD) de abandonar la Coalición Nacional es el más reciente episodio de las desavenencias opositoras, en un contexto en el que el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo apuñalan con un tridente de leyes las libertades públicas.

Las diferencias entre los opositores son una cacofonía que “transmite desaliento a la población”, reconoce Violeta Granera, integrante de la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB). Así como esas idas y venidas, te amo y te odio a la vez, de esos matrimonios heridos a los que Pimpinela canta interminablemente. 

Aunque la Alianza Cívica (una de las principales plataformas opositoras surgidas a raíz de la crisis sociopolítica de abril de 2018) argumentó que su salida de la Coalición Nacional responde a “que la unidad no puede ser ficticia ni instrumental al servicio de algunos partidos para mantener cuotas de poder”, Granera asegura en esta entrevista con DIVERGENTES que las razones tienen que ver más con “intereses de un sector” que quiere primar sobre los otros. 

“Lo que está a la vista no necesita de anteojos”, señala Granera, una política opositora de trayectoria en Nicaragua. 

“Intereses” todavía no muy claros, ligados especialmente al sector empresarial que conforma la Alianza Cívica, insisten otras fuentes opositoras. Los empresarios, junto a los estudiantes de AUN y representantes de la Costa Caribe, se impusieron en la votación interna que decidió dejar la Coalición Nacional. El coro en torno a la oposición volvió a ser el mismo: más pleitos que alejan esa unidad que, cada vez, parece más utópica. 

Lo que a Granera le causa bastante ruido es que este nuevo cisma opositor mella la confianza que la gente tiene en la oposición en general. Si bien ella reconoce que “algunos empresarios” no están de acuerdo con la salida de la Alianza Cívica de la Coalición, si le “parece que hay un sector de la empresa privada que no ha sintonizado con el grito y la exigencia de abril; de que la ‘nueva Nicaragua’ no puede ser la Nicaragua que existía antes de abril de 2018”. 

En esta extensa entrevista, Granera explica desde su perspectiva los pegones que impiden la conformación de un solo bloque opositor al régimen de Ortega, y sostiene que la arquitectura de gobernanza de la Coalición impide que algún sector, como el Partido Liberal Constitucionalista (PLC), controle la plataforma, tal cual deja entrever la Alianza Cívica. 

En principio: la añorada unidad de la oposición se siente cada vez más lejos. Ahora se agrava con la salida de Alianza Cívica de la Coalición Nacional. ¿Cuáles son los pegones que existen?

Hay dos razones de fondo que están impidiendo la consolidación de la unidad amplia que debemos construir para dar la batalla contra la dictadura. La primera tiene que ver con el tema de intereses. Me parece que no nos hemos dado el chance de aceptar intereses diversos. En una sociedad tan desigual e inequitativa como la nicaragüense, los intereses no solo son diversos como es normal en otros países, sino que son hasta contrapuestos… La lucha para sacar al régimen y construir una ‘nueva Nicaragua’ con democracia, justicia y equidad social nos está exigiendo acercar esa diversidad de intereses. Hacer un sacrificio todos para poder materializar esta unidad en acciones y acuerdos completos. 

El tema de los intereses sin duda ha jugado un papel importante. Hay sectores que no han querido entrar a discutir a fondo esos temas, a pesar de que hay documentos de compromisos sobre la ‘nueva Nicaragua’. Están los 20 puntos de la Unidad Azul y Blanco, una propuesta de la Alianza Cívica, y el decálogo del Cosep. También está en camino un documento de consolidación de esas tres propuestas para discutirlas. Para poder tener un plan de gobierno post Ortega que incluya esas visiones diversas. 

Violeta, ¿cuáles son esos ‘intereses diversos’ en juego, porque cuando escuchas a la ciudadanía, claramente dice que necesitan unidad para cambiar al régimen? ¿Acaso esos ‘intereses’ están desconectados de esa demanda de la población?

Bueno, porque sobre la salida del régimen también hay diferentes intereses y propuestas. Me parece que hay un sector de la empresa privada, porque no voy a generalizar, que no ha sintonizado con el grito y la exigencia de abril de que la ‘nueva Nicaragua’ no puede ser la Nicaragua que existía antes de abril de 2018. La segunda razón de fondo a la que me refiero, es el tema cultural. Aunque está trillado, es cierto que hay una cultura política centrada en el caudillismo y el control de algunos sobre al resto. Eso me parece que está pasando en el caso de la separación de la Alianza Cívica. Definitivamente, y ellos lo han dicho, perdieron el control de la Coalición Nacional porque contribuimos a formar ese espacio con una visión diferente. 

Nosotros, en la Unidad Nacional, pese a las dificultades que previmos en esta relación de tanta diversidad, no pensamos que íbamos a llegar a controlar. Pensamos que es el momento para coordinar. De consensuar. De llegar a acuerdos poniendo, como decimos todos, a Nicaragua y los intereses nacionales adelante. Hay dos elementos que jugaron fuertemente en esta incomprensible decisión de la Alianza Cívica. No se puede entender, al menos yo no puedo, que estemos pretendiendo empezar de nuevo otra instancia opositora; creyendo que lo nuevo será mejor que lo anterior, cuando lo que tenemos que hacer es mejorar lo que se ha venido construyendo. Estoy clara que en la Coalición Nacional hay problemas, y van a haber problemas siempre. Se invirtió mucho tiempo para minimizar el riesgo de los problemas, y me parece bien irresponsable y absurdo decir que, como esto ya no funciona como algunos quieren, se debe desbaratar y empezar otra cosa. O pretender ser el eje de una nueva coalición o unidad destruyendo lo que se venía formando... 

Disculpame que te interrumpa. La Alianza Cívica asegura que el PLC y otros partidos tradicionales controlan la Coalición Nacional. ¿Cómo está funcionando esa relación de fuerzas a lo interno de la Coalición?

Mira, hay que poner las cosas en perspectiva. No me gusta estar revolviendo el agua que ya pasó bajo el puente, pero aquí hay una realidad. La Alianza Cívica y la Unidad Nacional Azul y Blanco habíamos acordado que íbamos a convocar esta coalición con un núcleo fundacional, y luego procederíamos a definir los mecanismos de consenso, acuerdos y normativas básicas. Lo siguiente era invitar a los partidos políticos, de acuerdo al análisis que se estaba haciendo. Sorpresivamente, la Alianza Cívica se adelantó fuera de los acuerdos y comenzó a invitar a los partidos políticos. Esto fue un momento muy tenso entre la Unidad y la Alianza, porque ese no era el acuerdo. 

En la asamblea Unidad Nacional tuvimos una enorme generosidad y altura de decidir seguir adelante para no entrar en conflicto con un sector que era el aliado natural de nosotros. ¿Qué pasó una vez que se integró la Coalición Nacional? El argumento de la Alianza Cívica era que había que conformar la Coalición con el concurso de todos, porque los partidos, decían ellos, no iban a quererse integrar a un estatus que ya estaba conformado. Empezamos a discutir los mecanismos de toma decisiones. Esto nos llevó un tiempo importante y valioso para la lucha del país; fueron alrededor de seis meses. Discusión de normas, estatutos y los mecanismos de toma de decisiones para evitar el riesgo de hegemonización de cualquiera que tuviera esas pretensiones.

Previo a la firma oficial de los estatutos de la Coalición, la Alianza propuso que algunos temas estratégicos se tomaran únicamente por consenso. Esa propuesta que entró como artículo transitorio, tenía que ver con el plan de gobierno, la constitución de la alianza y reforma electoral, formas de protesta, mecanismos de elección de candidatos con el posicionamiento público y estratégico de la Coalición Nacional. 

¿Pero el PLC controla o no la Coalición como dice la Alianza Cívica?

No. En lo absoluto. Si así fuera, la Unidad Nacional Azul y Blanco no estaría allí. Esos mecanismos que hemos establecido han sido justamente para evitar pretensiones de cualquiera de controlar la Coalición. El mecanismo de toma de decisiones a través de votaciones tampoco permite la preeminencia de ningún sector. Ni del sector político ni social. El diseño de la Coalición, al que le invertimos tanto esfuerzo, es para evitar esas inclinaciones de nuestra cultura política tradicional. La Alianza ha sido parte de estos acuerdos que se han tomado en consenso. Algunos de esos acuerdos tienen documentos firmados, como es la reforma electoral con el apoyo del Grupo Promotor de Reformas Electorales. También tenemos una carta de compromiso sobre un mecanismo de selección democrática de liderazgos y candidaturas la cual fue firmada por todos los miembros de la Coalición, menos por la Alianza Cívica, lamentablemente.

“Lo que está a la vista no necesita de anteojos” 

En la votación de la Alianza Cívica que decide su salida de la Coalición, sólo el sector de la sociedad civil se opuso. A la gente eso le causa la sensación de que los empresarios y los estudiantes de AUN que propiciaron la salida no quieren ser parte de una plataforma en la que la toma de decisiones es compartida...

Pues lo que está a la vista no necesita de anteojos. Coincido con esa percepción ciudadana. El reto que tenemos en la Coalición es juntar intereses. Unir al país, pero no alrededor de intereses particulares. No quiero generalizar y decir que todo el sector privado tiene la misma visión. Yo he recibido llamadas de personas que están en el sector privado que no están de acuerdo con lo que ha pasado. Pero, obviamente, para los que están en la Alianza esa es su pretensión. Eso no tiene cabida. Un solo grupo no puede controlar a una unidad que debe ser amplia, respetuosa, inclusiva y democrática. 

La ciudadanía percibe esta salida de la Alianza como otro pleito entre opositores. La gente está desencantada con la oposición, según las encuestas. Aquella cohesión que causó abril hoy no se siente. ¿No creen que estos ires y venires causan un serio daño a la oposición en general? 

Absolutamente. Se está trasladando desaliento a la población. Esa es la única razón por lo que esto me tiene con una gran frustración, pero no desánimo. Siento que algunos están siendo insensibles al dolor y sufrimiento que pasan los nicaragüenses, dentro del país y en el difícil exilio. El debilitamiento de uno de los integrantes que estaba en la Coalición, como es la Alianza, es el debilitamiento de todos. Aquí no podemos alegrarnos. El foco no son las organizaciones. No es la Alianza, la Unidad ni la Coalición. El foco es Nicaragua y salir de la dictadura. 

Pero con estas acciones pierden el interés y la confianza de la población. Hay un desgaste en la oposición, aunque ustedes puedan decir que son procesos normales en la construcción de consensos... pero al final todo esto la tiene mareada a la gente.

Sí, a esto que pasó le doy su justo valor. Esa es la responsabilidad que tiene la Alianza Cívica con su decisión. Pero esto no es el final del camino. La Coalición Nacional va a seguir fortaleciéndose en todos los territorios, haciendo propuestas y llegando a consensos. Que se haya salido la Alianza es un golpe para la lucha contra Ortega. El único que debe estar feliz con ello es el mismo Ortega… pero la Coalición tiene un reto: seguir avanzando y conseguir que la gente no se desaliente. 

Como dije, una de las acciones importantes que ya hemos acordado es un método democrático para la selección de los liderazgos y candidaturas, porque no sabemos si habrán elecciones. Pero, en todo caso, necesitamos validar liderazgos con el aval y el respeto de la ciudadanía para acabar con los dedazos. Eso dará un nuevo impulso, porque las siglas son siglas, los espacios son espacios, pero la gente quiere ver a los liderazgos que seguirán la conducción de esta lucha. 

Violeta, pero vemos a un gobierno que aprueba un tridente de leyes que sigue vapuleando las libertades públicas, y en frente hay una oposición que se fragmenta. ¿Cuál es el reto inmediato ante este clima represivo y una inminente etapa electoral?

Ortega, al aprobar estas leyes, está muerto de miedo y solo se sostiene por las armas. Pero nos impone el mismo reto: irnos organizando y uniendo. Habrá organizaciones como la Alianza que tomen otro camino, pero eso no debe desalentar. Hay un espacio que es diverso y las organizaciones territoriales están organizándose. Hay diez departamentos que ya tienen sus concejos en muchos municipios. La gente se está congregando para formar coaliciones municipales. 

Creo que, en algún momento, esos que están con actitudes contrarias a la unidad van a tener que modificar sus decisiones y posiciones. Porque no se puede sumar dividiendo, ni sumar restando. Aquí la ruta es la unidad. Sumarnos todo y mejorar lo que se está construyendo. No estarlo destruyendo, porque Nicaragua ya no tiene tiempo para esas jugadas.

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