Es un chapulín gigante, no una langosta voladora: así explican especialistas la diferencia

En el Pacífico de Nicaragua se ha observado el Tropidacris dux, un chapulín gigante que ha generado alarma por su tamaño, y que erróneamente se ha confundido con la temida langosta voladora (Schistocerca piceifrons). A diferencia de esta última, no forma enjambres ni representa un riesgo económico inmediato. Los especialistas recomiendan vigilancia, pero destacan su rol ecológico como regulador de la vegetación y alimento para aves y depredadores.


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En las últimas semanas, la presencia de enormes langostas en el Pacífico de Nicaragua —Masaya, Carazo, Ticuantepe y zonas aledañas— despertó preocupación y rumores. El temor inmediato de muchos productores fue que se tratara de la conocida langosta voladora, un insecto capaz de arrasar en cuestión de horas con cultivos enteros. Sin embargo, especialistas y autoridades llaman a la calma y aclaran que no se trata de la misma especie.

Aunque su tamaño impresiona, este insecto no tiene el comportamiento devastador de la plaga que en décadas pasadas provocó severas pérdidas agrícolas en Centroamérica y Sudamérica. No obstante, un ingeniero agrónomo que conversó con DIVERGENTES en condición de anonimato advierte que debe mantenerse la vigilancia, porque bajo ciertas condiciones, sí podría convertirse en una plaga devastadora. 

El Instituto de Protección y Sanidad Agropecuaria (IPSA) ante la alarma de la población emitió un comunicado aclarando que en Nicaragua no se ha detectado la especie Schistocerca piceifrons piceifrons Walker, 1870, conocida como “langosta migratoria centroamericana” o voladora. Según el IPSA, lo que apareció en distintas zonas del país corresponde al Tropidacris dux, más conocido como chapulín gigante, chapulín forestal o chachalaca y no representa un riesgo para la salud de la población, ni para los cultivos hasta ahora. En años anteriores, las autoridades fitosanitarias del país y de la región han mantenido vigilancia ante la amenaza de la langosta, una plaga capaz de poner en riesgo la producción de maíz, frijol, caña de azúcar, tomate, cítricos, plátano, pastizales y otros cultivos. 

La preocupación de Juan, un pequeño productor de hortalizas en Ticuantepe, es que las langostas no estén siendo monitoreadas y que el Gobierno minimice el peligro. Su temor es que se repita la historia de años atrás, cuando, tras la pandemia de la Covid-19, perdió tres manzanas de siembra arrasadas por la langosta voladora. “En un momentito me dejaron los árboles pelones. Son como un enjambre, andan por montones y es impresionante cómo se comen las plantas. Esta vez, es cierto, no andan muchas, pero ya se han asentado en algunos árboles y se ven las consecuencias”, relata Juan.

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Tamaño, hábitos y dieta: lo que distingue al chapulín gigante

Es un chapulín gigante, no una langosta voladora: así explican especialistas la diferencia
Adulto (izquierda) y ninfa de Tropidacris dux. Divergentes| Foto tomada del Plan de acción para el manejo de langosta centroamericana de Oirsa.

La diferencia entre la especie que hoy se observa en zonas urbanas y periurbanas del Pacífico y la temida langosta voladora es notable por su nivel de destrucción. El Tropidacris dux se caracteriza por su gran tamaño —puede superar los 10 centímetros de longitud— y tener alas grandes, pero habita sobre todo en ambientes húmedos y no forma los enjambres, que sí distinguen a la Schistocerca piceifrons piceifrons.

Según el ingeniero agrónomo consultado, aunque el chapulín gigante puede devorar más lento un árbol porque “tienen una vida más sedentaria”, su comportamiento no es comparable con la langosta voladora. Para dimensionar la diferencia, el Organismo Internacional Regional de Sanidad Agropecuaria (Oirsa) explica que una langosta de apenas dos gramos consume a diario entre el 70% y el 100% de su peso en material fresco. Si se multiplica ese apetito por una manga de 80 millones de individuos por kilómetro cuadrado, el resultado es devastador: hasta 100 toneladas de alimento verde en un solo día, situación que preocupa a Juan

El especialista agrega que los chapulines observados en el país concentran su dieta en musáceas, árboles frutales y vegetación silvestre, más que en granos básicos. Por esa razón, y porque no se desplazan en grandes cantidades, su impacto no alcanza el nivel de plaga de la langosta migratoria. 

La hembras de chapulines son color verde con amarillo, alas rojas y márgenes de color negro. Las ninfas del macho son de color gris-verdosos a negro con el cuerpo circulado de rayas amarillas, las de la hembra son de color café con rayas amarillas, describe el doctor Mario Antonio Poot Pech en la ficha técnica: “Chapulín Gigante Tropidacris cristata dux” (Orthoptera: Romaleidae).

La langosta voladora presenta cambios de coloración a lo largo de su ciclo de vida: cuando son jóvenes son rosadas con manchas negras, y en la etapa adulta adquieren un tono amarillo brillante. A diferencia del chapulín, la langosta migratoria se siente atraída por cultivos de maíz, arroz, trigo y cítricos. Además, es una especie más resistente, capaz de sobrevivir incluso en la temporada seca, cubrir kilómetros y devorar todo a su paso, explica el ingeniero.

Es un chapulín gigante, no una langosta voladora: así explican especialistas la diferencia
Coloración de ninfas de la langosta Schistocerca piceifrons piceifrons Walker, 1870: solitaria, transcies y gregaria. Divergentes| Foto tomada del Plan de acción para el manejo de langosta centroamericana de Oirsa.

El Plan de acción para la vigilancia, manejo y control de brotes de la langosta voladora del IPSA señala que existen zonas con condiciones edafoclimáticas favorables para la permanencia y reproducción de esta especie, como las tierras en la base de los volcanes Cosigüina, San Cristóbal y Momotombo. Sin embargo, el ingeniero agrónomo advierte que el cambio climático también está afectando a los chapulines gigantes, que ahora se desplazan hacia regiones más frescas. Esto explica su presencia en el Pacífico del país, donde buscan alimento en un entorno menos hostil, ya que la sequía ha limitado el crecimiento de árboles y alterado sus ciclos de reproducción, indica el agrónomo.

El mensaje de los especialistas es claro: la población no debe alarmarse, porque no se trata de la temida langosta voladora; tampoco genera un problema sanitario ni un riesgo económico, hasta el momento. Aún así, recomiendan vigilancia constante, ya que incluso especies menos agresivas pueden convertirse en un problema si encuentran las condiciones ideales para reproducirse en masa.

“Tendría que haber una exageración de chapulines para que exista un daño económico, el problema es que hay que dimensionar la afectación por su ataque o la cantidad que comen, pero ahorita no sobrepasa para que sea considerado una plaga”, dice el especialista.  Añade que, por la falta de alimento, estos insectos parecen bajar de los árboles al suelo, lo que hace que la gente los vea con más frecuencia.

Lejos de ser una molestia que debe estar bajo vigilancia, el Tropidacris dux cumple un papel clave en el ecosistema. Según el especialista regula la vegetación al controlar la densidad de plantas y favorecer la regeneración de los bosques. Además, es alimento para aves y otros depredadores. “Más que una amenaza, este insecto recuerda que cada especie, incluso la que asusta, tiene un lugar en el equilibrio natural”, finaliza el agrónomo.