España: Echar raíces ‘al otro lado del charco’

Desde 2018, el número de nicaragüenses en España ha aumentado debido a la crisis sociopolítica que vive el país centroamericano. Según el Instituto Nacional de Estadísticas de España (INE), hasta el primero de enero de 2021 unos 61,152 nicaragüenses estaban empadronados en ciudades españolas.

Mariela Silva posa durante uno de sus recorridos por la ciudad. Foto: Cortesía.

De pie en las afueras de la embajada de Nicaragua en España, bajo el inclemente sol de verano, Mariela Silva hace que su cabeza revolotee sobre lo que hará una vez que le expidan su pasaporte, tras haberlo perdido hace dos meses en Pamplona, Navarra. “Cualquier lugar es mejor que Nicaragua, pero no estoy pensando en volver allá”, me dice justo antes de entrar al consulado. 

Silva es una joven de 30 años, abogada y mercadotécnica, que llegó a España a mediados de julio de 2020. Decidió dejar su casa una noche porque funcionarios de la Alcaldía de Nagarote, León, la acusaron de liderar las protestas ciudadanas durante abril de 2018. Tres años después, ahora ha decidido recuperar su pasaporte para iniciar los trámites para aplicar a la residencia por arraigo o, bien, intentar pedir asilo político, tras mantener esa opción en ‘stand by’. 

Nunca quiso pedir asilo político porque siempre pensó que el retorno a Nicaragua sería pronto. “He vivido en dos ciudades de España, y ahora sólo pienso en regularizarme, y quedarme en España”, dice, minutos antes de ser atendida en la embajada, donde asistió con temor a que no la dejaran entrar. La joven ahora planea mudarse a Madrid, la gran urbe europea en la que espera cumplir su sueño de diseñadora de modas.

Como ella, decenas de jóvenes nicaragüenses que se vieron forzados a salir del país han empezado una nueva vida en varias ciudades españolas. Al sur de España, en la costa del Meditérraneo, vive Leonel Darse, un joven de 23 años, obligado a dejar sus estudios de Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua). Hace dos años se mudó a un enclave turístico llamado La Manga, Murcia, donde encontró trabajo de forma permanente, atendiendo en un bar que por ahora en verano suele estar atestado de turistas.

“Cuando vine a España todo era incierto, ahora al menos estoy trabajando y si de algo tengo certeza es que no volveré a Nicaragua”, cuenta Darse, sentado en la arena, mientras descansa este domingo reciente, contemplando un atardecer que le hace recordar las playas de Poneloya (en León) a las que solía ir en Semana Santa.

“Esto me hace recordar a mi país. ¡¿Lo extraño? Claro, hombre!”, se pregunta y se responde, entre miradas a la pantalla de su teléfono móvil y el atardecer que también tiene frente a él, en un tono más español que nicaragüense. “Por fin siento que me adapté”, lo dice porque no sólo ha adaptado el acento de este país europeo sino porque hace menos de un año sufrió una depresión que lo aisló del entorno y amigos. “Mi cuerpo estaba acá, y mi mente allá en Nicaragua”.

Ahora que lo piensa, hubo muchas noches que pasó llorando en una pequeña habitación de Barcelona, recordando la forma en que el 26 de abril de 2018, fuerzas represivas leales a Daniel Ortega asesinaron a uno de sus mejores amigos. “A él lo recordaré siempre, pero tenía que soltar y vivir mi vida”. Ahora tiene una novia que conoció en esta zona de España y piensa el próximo año retomar sus estudios. 

Ciudadanos y familias en una protesta en Madrid. EFE | Paolo Aguilar. Archivo.

Desde 2018, el número de nicaragüenses en España ha aumentado debido a la crisis sociopolítica que vive el país centroamericano. Según el Instituto Nacional de Estadísticas de España (INE), hasta el primero de enero de 2021 unos 61,152 nicaragüenses estaban empadronados en ciudades españolas, un número que deja por un lado a centenas de nacionales que viven en las sombras por falta de documentos de residencia. Antes de 2018, en este país estaban empadronados 26,209.

Ese incremento también se ha visto registrado en el número de solicitudes de asilo. La Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) en su informe 2021, señaló que Nicaragua pasó de la cuarta posición de 2019 de solicitantes de asilo (5,931 solicitantes) a la quinta en 2020, con 3,750, la disminución se debió en gran medida al cierre de las fronteras españolas por la pandemia de coronavirus. 

Antes, en 2018, Nicaragua ascendió de la octava a la cuarta posición, al pasar de 1,368 solicitantes en 2018 a 5,931. Pero no todos los solicitantes de asilo han tenido una respuesta positiva. De acuerdo con el Ministerio del Interior, en 2020, España resolvió 4,725 solicitudes de asilo, “principalmente, opositores al Gobierno, activistas universitarios y profesionales de la salud”. 3,604 tuvieron una resolución desfavorable; 1,117, una favorable al estatuto de persona refugiada y, en cuatro casos, se concedió la residencia por razones humanitarias. 

“Son positivos tanto el incremento notable de casos resueltos respecto a 2019, cuando fueron 1,049, como el sensible aumento de la protección otorgada, que pasó del 15% al 23%”, apunta el informe de CEAR.

Edwin Cáceres es uno de los nicaragüenses a los que España le negó la solicitud de asilo este 2021, aún así no piensa regresar a Nicaragua. Al contrario, esperará cumplir los tres años que exige la legislación española para que un ciudadano de América Latina aplique a la residencia por arraigo social. “Me gusta España y quiero quedarme porque aquí se vive la democracia; porque se siente bien vivir en un país donde se respetan las leyes”, dice.

Llegó al país ibérico en noviembre de 2018. Renunció a su trabajo como Coordinador de Recursos Humanos de la Empresa Portuaria Nacional en abril de 2018, y tras la represión, decidió cruzar hacia Costa Rica. Estando ahí, voló a España. “Deseaba volver todos los días a Nicaragua, ahora no”, comenta Edwin. 

Al igual que Mariela y Leonel, Edwin, un profesional del turismo, pensó que la crisis que vivía el país se resolvería con elecciones adelantadas por lo que regresaría a emprender un pequeño negocio. Con el tiempo se fue decepcionado de los liderazgos surgidos a raíz de las protestas ciudadanas de 2018 y cómo los partidos tradicionales fueron tomando un protagonismo “que no les correspondía”. “Fue utópico pensar que las cosas iban a mejorar, ahora estamos destinados a vivir cinco años más de dictadura, porque abril le quedó muy grande a los líderes de la oposición”, reflexiona. 

“Aquí en España yo he desarrollado una red social, tengo amigos, y aunque me negaron el asilo mi situación ha cambiado, hay oportunidades a pesar de todo”, comenta. Y hay otro aspecto que no lo hace dudar en permanecer en Madrid: “Aquí hay libertad, sin prejuicios y puedo ser yo”.

Edwin es el menor de cinco hermanos de una familia homoparental y abiertamente homosexual, y a los pocos meses de haber llegado a Madrid experimentó la conmemoración del Día del Orgullo, algo que él cataloga como “indescriptible”. “Es poder estar en un lugar sin que te miren, te griten, que te podás agarrar de la mano con un chico, eso es España”, agrega.

A más de 8,000 kilómetros, en Managua, viven sus cuatro hermanos y su mamá, y espera que ellos lo visiten cuando sea posible. No planea ir a Nicaragua ni de vacaciones, y por lo pronto se enfoca en el trabajo de edecán de un ayuntamiento madrileño, para poder ahorrar y viajar. 

Un fenómeno que las organizaciones defensoras de los migrantes destacan es que Nicaragua ha perdido a profesionales calificados, cambiando el perfil de la población migrante. Antes de la crisis de 2018, España recibía a mujeres que se dedicaban a trabajar precariamente en labores domésticas y cuidados de ancianos, pero actualmente hay jóvenes con estudios superiores que buscan integrarse al mercado laboral español.

“Un país no se reconstruye en un año”

El próximo mes de noviembre, Nicaragua asistirá a elecciones generales con Daniel Ortega en reelección por tercera vez y hay pocas esperanzas de que la situación de represión y dictadura cambie, coinciden los entrevistados. Y aunque haya un cambio positivo, no valoran volver al territorio nicaragüense porque no ven un futuro alentador. “Un país no se reconstruye en un año, pasan décadas”, valora Mariela, la joven diseñadora que antes de 2018 triunfó en las pasarelas de Nicaragua Diseña, la plataforma de Camila Ortega, hija de la pareja dictatorial. 

“No solo es la economía que se debe reconstruir, se debe cambiar el tejido social, avanzar como sociedad nos tomará tiempo, ahora hay más delincuencia, inseguridad, entonces, ¿a qué me iré? A que me maten por un teléfono celular en una calle de Nicaragua, pues no”, dice Leonel.  

Esa opinión también es compartida por Mariela que vive alarmada por el incremento de la violencia machista en Nicaragua, cuenta. Para hacer el trámite de reposición de pasaporte tuvo que quedarse tres días en Madrid y en ese tiempo comparó el nivel de seguridad que tienen las mujeres, como el hecho de caminar a altas horas de la noche sin el temor de que serán violentadas.  

Y de las tres historias para este reportaje, ella es la que tiene un núcleo familiar más sólido. Salió de Nicaragua con su hermana, luego su mamá las alcanzó y finalmente su hermano menor aterrizó en España, antes de la pandemia.

La familia está completa y ella está dispuesta a luchar por su sueño de convertirse en una reconocida diseñadora de modas. Mariela piensa inscribirse en una escuela de alta costura en Madrid, Leonel piensa en ser un abogado que defienda a migrantes y Edwin aspira a emprender un negocio. 

Los tres ya echaron raíces aquí. “Al otro lado del charco”.