Estudiantes becados de la UCA: “Tengo miedo de no graduarme”

El régimen de Daniel Ortega intenta ahogar a uno de los centros de formación de pensamiento crítico más importantes de Nicaragua: el drástico recorte de presupuesto a la jesuita Universidad Centroamericana afecta a decenas de estudiantes que aspiran a obtener un grado universitario, ya que se reducen posibilidades de otorgar becas completas y parciales. “Siento que tener un título es como decirle al régimen que seguimos resistiendo. Estudiar es resistir”, dicen.


Cada vez que Estela* lee una noticia en la que se menciona la reducción presupuestaria que el Gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo ordenó contra la Universidad Centroamericana (UCA), teme quedarse sin una de sus becas. Desde que estudia su carrera, recibe una subvención completa, que incluye los gastos académicos, de vivienda y alimentación. Sus temores se acrecientan al saber que no es de la capital. Estela es de Jinotega, un departamento localizado al norte de Nicaragua y a más de 140 kilómetros de Managua. La distancia entre ambas ciudades es suficiente para entender por qué teme tanto quedarse sin su beca. Que se la quiten significa que no podría seguir con sus estudios.

DIVERGENTES contactó a la UCA para conocer su respuesta ante la reducción drástica del presupuesto para este año, y en una breve comunicación la Dirección de la Universidad Centroamericana aseguró que estas medidas “afectan las posibilidades de la Universidad de continuar otorgando becas totales y parciales a estudiantes que por su condición socioeconómica se ven impedidos de hacerle frente a los costos de su formación universitaria”. Las autoridades del recinto agregaron que “hasta el momento la Universidad no ha afectado las becas activas, no obstante, se ha limitado significativamente el número de nuevas becas otorgadas para aspirantes de nuevo ingreso”. 

Esta reducción provoca que la estudiante perciba que la situación no anda nada bien en la universidad. Hay mucha zozobra y temores desde que el régimen decidió despojar a la UCA de casi todo el presupuesto que, por ley, debería otorgarle. Este año fue la estocada mortal: el Consejo Nacional de Universidades (CNU) –órgano de coordinación y asesoría de educación superior dominado por el Frente Sandinista– solo entregará a la universidad un millón de córdobas  (28 mil dólares al cambio oficial), según informó Confidencial. Otra de las afectadas es la Universidad Católica del Trópico Seco (Ucatse), que también recibirá sólo un millón de córdobas este año.

Las reducciones resultan alarmantes para estudiantes como Estela. No hace falta conocer las finanzas del campus para darse cuenta de ello. Están a la vista. “Debido a esta problemática del dinero, la beca más afectada de las que tengo es la Interna. Entiendo que la universidad contaba con tres casas de alojamiento, pero desde el 2018, por el contexto y las reducciones, la universidad se vio forzada a cerrar dos de ellas y trasladar a los estudiantes restantes a la casa donde resido yo. La casa es como un departamento con muchas habitaciones”, explica la estudiante que por temor a la situación represiva del país pidió ocultar su identidad. 

El “castigo” que afectará a estudiantes 

Una pared de la UCA usada por sus estudiantes para protestar contra el gobierno de Ortega y Murillo. Divergentes.

Estela no es la única que teme la asfixia económica que ejerce el régimen contra una de las universidades más críticas durante las protestas de abril, que representaron un terremoto político para la dictadura. Jimena*, otra estudiante de 21 años, tiene miedo de no graduarse. Es de las pocas de su generación que cuenta con una beca completa por su rendimiento académico. “Es una medida demasiado brutal. Se siente como que (el régimen) dice: si nosotros la queremos cerrar (la universidad) la cerramos, si nosotros queremos joderlos, los vamos a seguir jodiendo. Es un mensaje claro”, reflexiona. También pidió anonimato por temor a represalias. 

Estela y Jimena entraron a la universidad en 2018, un periodo convulso para el país. Sus vidas se interrumpieron por las protestas sociales de abril, en las que miles de estudiantes –muchísimos de ellos de la UCA– se alzaron contra el régimen. La UCA es considerada como una universidad rebelde, un centro en el que la disidencia parece ser una característica natural entre los estudiantes. Las hipótesis de este fenómeno pueden ser muchas para el que quiera estudiarlo, pero no cabe duda que la ausencia de la Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua (UNEN, brazo partidario de la dictadura dentro de los recintos universitarios) ha provocado que en los pasillos del campus prevalezca una vena rebelde, sin temor a decir lo que se piensa por muy irreverente que esto sea. En teoría, UNEN debería velar por los derechos universitarios, pero en los recintos públicos en los que sí tiene presencia pasa todo lo contrario: la libertad de cátedra no existe, la autonomía está muerta. A través de amenazas, y muchas veces por el uso de la fuerza, UNEN mueve todos los hilos. Y todo lo que se mueve es para beneficio del partido.

Esto podría explicar por qué el régimen ha castigado de manera tan dura a la universidad administrada por la Compañía de Jesús. “La familia que es dueña del edificio en el que vivimos algunos jóvenes becados cada año nos dicen que no saben si continuarán con el contrato que mantienen con la universidad, ya que cada vez el departamento de becas les da un poco menos de dinero, así que no sabemos si el semestre siguiente no tendremos dónde quedarnos”, asegura Estela.

La reducción pondría en riesgo la vida académica de estudiantes como ella, cuya mayoría de gastos son cubiertos por la beca, que a su vez es garantizada por la subvención constitucional que el Estado tiene la obligación de cumplir. 

“Otra afectación es la comida. Los dueños nos dicen que debido al poco dinero que les pasa la universidad para la alimentación, no pueden comprar ingredientes más variados para nuestros tiempos de comida, así que nos vemos repitiendo lo mismo. Es algo que se nota fácilmente con el paso del tiempo, al menos para nosotros que vivimos allí. Siempre nos decimos ‘era mejor antes’, pero no hay nada que podamos hacer”, agrega la joven universitaria. 

Los jesuitas han denunciado desde 2018 que la universidad ha sido “objeto de múltiples descalificaciones, represalias y acoso desde instancias gubernamentales y órganos estatales, así como de otros agentes o individuos”, según divulgaron en una de las cartas en las que exponen la situación. 

“Estoy a un paso de licenciarme”

Parte de las protestas sociales realizadas en torno a la UCA en 2018. Divergentes.

Las becas de Jimena y Estela son como un logro preciado que no pueden darse el lujo de perder. La universidad ha reducido el número de este beneficio y ha optado por un enfoque más privado –aunque ya lo era, la subvención hacía que la beca fuera de relativo fácil acceso para los estudiantes que llenaran todos los requisitos–. Muchos estudiaron así. En Twitter, decenas de egresados han compartido su experiencia y no dudan al decir que gracias a dicha beca pudieron estudiar en una de las universidades con más trayectoria en Nicaragua. 

Jimena también reciente las afectaciones que se traducen en costos más elevados a ciertos servicios, como el carné y la matrícula. Estos son los únicos requisitos que los estudiantes deben pagar, aunque tengan una beca. El costo del carné ronda los siete dólares, según explica Jimena, un costo que en los últimos años ha ido en aumento. 

“Tengo temor porque estoy a un paso de licenciarme. Siento que tener un título en medio de esto, también es como decirle al régimen que seguimos resistiendo en Nicaragua. Yo pude, yo lo hice. Ahorita, estudiar es resistir”, agrega Jimena. 

@divergentes_ca

La Universidad Centroamericana sufre un nuevo recorte presupuestario. #nicaragua #noticias #aprendeentiktok #fyp #parati

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*A petición de las estudiantes entrevistadas, sus nombres fueron cambiados.