Bajo las aguas marrones de la ribera sur del lago Xolotlán hay suficiente mercurio como para fabricar 40 millones de termómetros o 13 millones de bombillas de bajo consumo.
Entre 1967 y 1992, la empresa Pennwalt, productora de cloro y soda cáustica, vertió más de 40 toneladas de ese metal pesado en las aguas del segundo cuerpo superficial más grande de Centroamérica. A esa carga tóxica se suma que desde 1926, el Xolotlán fue utilizado como la cloaca primaria de la ciudad de Managua, donde aguas negras y desechos urbanos se descargaban sin tratamiento a través de cauces y alcantarillas.
En las últimas décadas se ejecutaron proyectos millonarios para tratar parte de las aguas residuales, pero ninguno se ha orientado a limpiar la contaminación acumulada en el lago, que tiene una superficie de 1042 kilómetros cuadrados y una profundidad promedio de 9.5 metros.
Aún así, el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo sostiene la ambición de que Managua beba de estas aguas, pese a que documentos técnicos oficiales admiten que no es una fuente adecuada de agua potable y que el mercurio derramado hace medio siglo sigue ahí, entre el plástico y el lodo.
Hace más de un mes, el presidente ejecutivo de la Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados (ENACAL), Ervin Barreda, admitió en televisión nacional que en un “mediano plazo”, el lago Xolotlán será utilizado para el suministro de agua potable.

“Cuando el agua tenga un nivel de saneamiento [adecuado], con un tratamiento convencional podremos potabilizarla para comenzar a consumirla”, afirmó el funcionario.
Las palabras de Barreda se enmarcan en una campaña propagandística del régimen sandinista para promocionar una inversión de 26 millones de dólares, destinada a la ampliación de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) “Augusto C. Sandino”, en la ciudad de Managua. La meta oficial es elevar la capacidad de estas instalaciones —inauguradas en 2009 con fondos de la cooperación alemana— para procesar de 182 a 229 millones de litros diarios de aguas servidas provenientes de 48 barrios en la capital.
Como complemento, se anunciaron otros 30.7 millones de dólares para construir una red de 35 kilómetros de colectoras de gran diámetro, diseñadas para interceptar los desechos de las viviendas antes de que toquen la ribera del lago.
Otro proyecto del régimen en el misterio
Desde 2009, la empresa estatal ENACAL ha invertido más de 302 millones de dólares en medidas para reducir la contaminación del lago Xolotlán. A esa cifra se suman más de 3,8 millones de dólares en 2023 destinados a una consultoría para garantizar la sostenibilidad del Programa de Saneamiento del Lago de Managua en la ribera sur, financiado por el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) y el banco alemán KfW.
El programa, del que se desconocen avances concretos más allá de los anuncios mencionados anteriormente, prevé “mejorar la calidad de vida” de alrededor de 1.2 millones de personas en Managua, Tipitapa y Ciudad Sandino, además de contribuir al saneamiento del lago. Para ello, se destinaron 200 millones de dólares. Sin embargo, los 26 millones previstos para ampliar la planta de tratamiento Augusto C. Sandino aún no han sido adjudicados.
DIVERGENTES envió al área de prensa de ENACAL un cuestionario sobre los proyectos de saneamiento vinculados al lago Xolotlán y las inversiones ejecutadas en las últimas décadas para reducir su contaminación. Hasta la publicación de este reportaje, no habíamos recibido respuesta.
Xolotlán urge de una solución integral
El ambientalista Amaru Ruiz considera que el saneamiento del lago Xolotlán requiere una solución integral que incluya la gestión de los residuos sólidos en los cauces, la protección de las cuencas hídricas y el fortalecimiento de la red de alcantarillado sanitario.
“No se puede pensar que para el saneamiento basta una inversión en aumento de la capacidad de transformación de la planta de tratamiento de aguas residuales. Esta es una solución paliativa que no resolvió el problema”, afirma.
La contaminación del lago se concentra en las riberas de Managua, Ciudad Sandino y Tipitapa, municipios densamente poblados donde confluyen décadas de descargas de residuos sin tratamiento, además del mercurio.

Cuando Juan Fernández* estudiaba el primer año de Ecología, hace más de 20 años, participó en un trabajo de campo en las riberas del lago Xolotlán. El primer impacto que tuvo fue ver cultivos de tomate y pepino regados con aguas negras contaminadas con mercurio.
“Ese día entendí que era imposible sanear el lago. A mí me impresionó que se usara agua contaminada para labores cotidianas porque hay una carga de metales pesados en esas aguas”, recuerda el ecólogo.
Dos décadas después, esa realidad no ha cambiado. Los pobladores de barrios de Ciudad Sandino, como Bella Vista, siguen usando el agua contaminada incluso para bañarse.
“La carga orgánica se está limpiando, pero la parte química es difícil. Las zonas deberían ser vetadas, la gente no debería bañarse, ni usar el agua”, dice el ecólogo que trabajó para organismos internacionales de conservación ambiental de la mano de instituciones como el Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales (MARENA).
Otros científicos como Salvador Montenegro, exdirector del Centro para la Investigación de los Recursos Acuáticos (CIRA) de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua), advirtieron en el pasado de que el Xolotlán funciona como un boomerang de alto riesgo. Debido a su poca profundidad y a los vientos constantes, el lago actúa como una batidora que resuspende perpetuamente el mercurio y los plaguicidas del fondo, manteniéndolos en la columna de agua.
Planta no tiene tecnología química necesaria
Ninguna planta de tratamiento convencional, como la que el régimen promete ampliar con millones de dólares, posee la tecnología química para remover estos metales pesados, coinciden expertos.
La prueba definitiva del engaño con el saneamiento del Xolotlán para consumo humano reside en los documentos oficiales. El Plan Maestro para el Desarrollo Urbano del Municipio de Managua, elaborado en 2017 por la Agencia Japonesa de Cooperación Internacional (JICA), para la Alcaldía de Managua fijó la mirada a 35 kilómetros de distancia del centro la capital, en el lago Cocibolca, como alternativa al abastecimiento de agua para la ciudad.
De hecho, el plan ya contempla el proyecto WS-PP3: un estudio de 5 millones de dólares para diseñar la planta y el sistema de transmisión desde el Lago de Nicaragua, admitiendo que el Xolotlán es inviable.
El documento califica al Xolotlán como un recurso oficialmente “no apto” para el consumo humano debido a décadas de vertidos tratados de forma inadecuada. “El suministro de agua para Managua es finito, ENACAL es consciente de que se deben identificar otras fuentes. La fuente más lógica es el Lago de Nicaragua”, sentencia el informe técnico.

Más barreras para llegar al consumo humano
Dentro de la propia estructura técnica de ENACAL, las voces expertas reconocen las barreras de que el Xolotlán pueda ser usado como fuente de agua para consumo de los managuas. Un experto cercano a la empresa pública y que habló bajo condición de anonimato por temor a represalias, explica que el desafío para limpiar el Xolotlán no se limita a los desechos orgánicos que flotan en la superficie.
“El problema del lago es su alto contenido de Boro (mineral de origen volcánico). Pero la tecnología ya permite potabilizarla”, afirma.
No obstante, la posibilidad técnica no anula la inviabilidad económica, apunta por su parte el ambientalista Ruiz. Aunque la fuente cercana a Enacal sostiene que “toda agua es bebible si se trata”, advierte de que el factor determinante es la necesidad.
En países como Singapur, ejemplifica, se consume agua reciclada y tratada “porque no tienen otra fuente”, pero en Nicaragua el escenario es el opuesto: “aquí todavía sobran fuentes subterráneas y superficiales”, asegura, recordando que desde hace años existe la alternativa lógica de abastecer a la capital desde el lago Cocibolca.
La comparación con el modelo asiático choca, además, con la geografía crítica del Xolotlán. Montenegro, científico crítico de la gestión ambiental del régimen y víctima de la represión orteguista, documentó que el lago es una cuenca endorreica: es decir, un callejón sin salida donde los contaminantes no fluyen hacia el mar, sino que se concentran con el paso del tiempo debido a la evaporación.
Mercurio y arsénico en las aguas
El excatedrático de la UNAN-Managua advirtió de que metales pesados como el arsénico —que ha alcanzado niveles de hasta 16 700 $\mu g/l$ (microgramos por litro) en ciertos puntos— y el mercurio permanecen activos indefinidamente y son resuspendidos por los vientos.
Según las normativas internacionales de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el límite máximo de arsénico para que el agua sea segura para beber es de apenas 10 microgramos. El Xolotlán, en los puntos donde recibe efluentes industriales, supera ese límite de seguridad en más de 1600 veces.
De modo que remover químicamente el Boro y estos metales pesados requeriría una inversión monumental para una institución que, como ENACAL, arrastra un déficit crónico y depende de transferencias estatales y donantes externos para ejecutar sus obras.
Esta realidad financiera explica por qué, lejos de las promesas rimbombantes de funcionarios de la empresa, el Plan Maestro 2040 ya ha descartado al Xolotlán como fuente de agua potable. Nicaragua no es Singapur, una nación modelo en la gestión hídrica.
Riesgo no sólo es beber del Xolotlán
Otro problema, y que es ignorado por las autoridades sanitarias, es que estos metales pesados se filtran en el lodo y de ahí saltan a la cadena alimenticia. Varios informes del CIRA revelaron que peces comestibles, como la tilapia y el guapote que llegaban a los mercados de Managua, mostraban niveles de mercurio considerados peligrosos para el consumo humano.

Beber el agua del Xolotlan, por tanto, no es el único riesgo; comer también de él significa ingerir microgramos de una carga tóxica que el cuerpo humano no puede procesar y que ninguna planta de alcantarillado tiene la capacidad de eliminar.
Por lo tanto, el ambientalista Ruiz considera que el único uso que se le puede dar al Xolotlán es el recreativo. “En este momento, lo realista sería pensar en esa agua para riego en algunos casos y para recreación con fines turísticos. Esas son las posibilidades que tenemos, pero para agua potable, necesitás tener un proceso más integral y necesitás tener un proceso de potabilización del agua”, concluye.
Y en ese sentido, el Puerto Salvador Allende, en Managua, con casi 30 manzanas, ya cumple su función como vitrina de recreación y turismo. Allí, donde antes el hedor obligaba a huir, ahora hay un complejo con restaurantes y paseos frente al agua. Desde la orilla, el lago Xolotlán se muestra calmo, pero en el fondo, el mercurio y el arsénico siguen acumulándose.
*Nombre ficticio para resguardar la fuente, que pidió anonimato.