Haydée Castillo: “Tenemos que alimentar la implosión de las filas del régimen”

El 2021 marca el inicio de otro año funesto para la Nicaragua gobernada por Daniel Ortega y Rosario Murillo: Las presiones de la comunidad internacional se han acrecentado en los últimos meses, lo que podría significar una gestión difícil para el sandinismo que se ha atornillado en el poder. La activista Haydée Castillo analiza el escenario internacional en esta entrevista a profundidad. “Al fin tenemos un régimen políticamente aislado”, dice


Si en la diáspora hay una persona que ha copado los espacios de incidencia internacional es la defensora de derechos humanos, Haydée Castillo. Desde las protestas de abril de 2018 se exilió en Estados Unidos, pero no ha perdido la oportunidad de reunirse con todo tipo de sectores de la comunidad diplomática para denunciar las violaciones a los derechos humanos del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. La organización que presidía, el Instituto de Liderazgo de las Segovias, fue asaltada y perseguida por la dictadura.

En esta entrevista a profundidad, la socióloga y también activista analiza las presiones internacionales que enfrenta la dictadura, cada vez más aislada debido a la represión sostenida contra las voces críticas. 

Nicaragua se adentra en un aislamiento que no tiene precedentes. Washington continúa con fuertes medidas contra funcionarios y familiares del régimen, mientras que la Organización de Estados Americanos (OEA) aseguró que, de momento, apostará por medidas diplomáticas contra la dictadura. ¿Qué podemos esperar en los próximos meses de todas estas herramientas?

Estas medidas de presión que está tomando la comunidad internacional tienen una explicación en la renuencia total del régimen a todos los llamados que ha hecho el pueblo de Nicaragua y la comunidad internacional. Esto ha obligado, en primer lugar, a que el pueblo de Nicaragua haya realizado una gesta increíble el siete de noviembre con su silencio, que prácticamente dijo ‘basta ya’ al régimen. Por parte de la comunidad internacional contamos ahora con unas respuestas más contundentes, que para nosotros vienen un poco tardías, pero al fin tenemos un régimen progresivamente aislado políticamente. Lo que deberíamos esperar es que se ratifique el rompimiento del orden constitucional y que se convoque a una asamblea extraordinaria de cancilleres a la mayor brevedad que tenía. Tendría que haber sido antes del 30 de noviembre, para decidir finalmente la suspensión del Estado de Nicaragua de la OEA. Hasta ahora no ha sucedido. 

 ¿Cree que este aislamiento será suficiente para hacer sentar o presionar al régimen, para una salida democrática a la crisis o para procurar la liberación de los presos políticos?

Ha sido bien importante hablarle con toda la transparencia y la claridad al pueblo de Nicaragua, en el sentido de que ninguna de estas medidas van a ser suficientes. Son importantes, necesarias, contribuyen, pero son medidas en el orden político, que si no van acompañadas del retiro del oxígeno económico del cual todavía goza el régimen, pierden efectividad por un lado. No se ha conocido en la historia que este tipo de medidas saquen a un régimen. Hay una urgencia de que todos los actores económicos, políticos y  sociales conformen un solo bloque de unidad nacional para poder cambiar la correlación de fuerzas y volver a retomar un plan de resistencia discreto y pacífico. 

Una mujer observa en el televisor al presidente de Nicaragua Daniel Ortega durante el acto en homenaje al 45 aniversario del tránsito a la inmortalidad del Héroe Nacional, Jefe de la Revolución Popular Sandinista,comandante Carlos Fonseca Amador. EFE/Jorge Torres
Todos los esfuerzos de la oposición y de la diáspora se centran en incidir en la comunidad internacional. Con la oposición en el exilio y la persecución de opositores, ¿ha provocado la represión del régimen un cambio de estrategia? 

Me parece que ahorita dimos un ejemplo tan importante que se hace necesario retomarlo, no como una actividad coyuntural y común, sino como una acción estratégica. Para que los nicaragüenses desconocieran el siete de noviembre al quedarse en casa, tuvo que haber un esfuerzo coordinado en el exilio y la diáspora. Ese fue un gran ejemplo de lo que tenemos que seguir haciendo. Ni solo los de afuera, ni solo los de adentro. Tiene que haber una acción concertada. Cuando hablamos de retomar la resistencia no estamos hablando de exponer más personas al peligro, ni salir en grandes marchas a la calle, porque hay veces se cree que resistir es eso. Y no de lo que estamos hablando, por ejemplo, es de que se puedan tomar una serie de medidas económicas internas en el sentido de que progresivamente se vaya quitando el oxígeno en pago de impuestos al régimen en las principales áreas de la economía que a ellos le generan muchísimos recursos para seguir pagando represión.

Por ejemplo, dejar de comprar asuntos suntuarios, limitar las acciones en el sistema financiero, dejar de consumir en lo posible el combustible. Todo esto le está generando una sostenibilidad al régimen y son acciones que tienen que ir acompañadas con el esfuerzo que se hace en el exilio, y con el diálogo que ya se inició con el Fondo Monetario Internacional, con el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) y el Banco Mundial, con toda la arquitectura financiera mundial para tratar de que los flujos económicos que sostienen al régimen realmente dejen de llegarle y así ir socavando esa base económica. A eso es a lo que me refiero cuando hablo de un plan de resistencia ciudadana concertado adentro y afuera, porque nunca los cambios van a venir de la comunidad internacional, sino que ellos acompañan los esfuerzos y el protagonismo que deben tener los nicaragüenses.

Es decir, ¿ya se está incidiendo en esos espacios económicos internacionales que han sido tildados de oxigenar las finanzas del régimen?

Desde hace mucho tiempo que estamos haciendo presión, exponiendo a toda la arquitectura financiera esa falta de coherencia. También se lo hemos dicho a la Unión Europea, a Canadá y a Estados Unidos, de que por un lado se le presiona, se le desconoce su farsa electoral, pero por otro sigue fluyendo el dinero. Eso no es posible. Por otro lado, es muy importante avanzar en toda la investigación referida al lavado de dinero. Tiene que haber una investigación profunda en el marco antiterrorista a nivel internacional para detener también los flujos de dinero relacionados con el crimen organizado. Uno de los retos es quitar, progresivamente, todos los tentáculos, que todavía sostienen al régimen.

Y también hay otro elemento importante: se debe hacer presión al Ejército de Nicaragua, porque ha sido evidente que existe un aparato militar irregular. La Constitución de la República dice que no puede existir ningún otro cuerpo militar que no sea lo estipulado en la Carta Magna, y en Nicaragua lo hay. El Ejército no puede hacerse de la vista gorda, sin tomar medidas para poder contener semejante criminalidad que están cometiendo estas fuerzas parapoliciales y que han sido denunciadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). 

¿Qué rol debería estar jugando la oposición política en este momento?

La rebelión de abril nos dejó la lección de que no todos los que se decían oposición eran oposición real para nosotros. Creo que el concepto de oposición son aquellos sectores y actores que no quieren la convivencia con este régimen por su nivel de criminalidad. Y creemos que la resistencia real, el pueblo azul y blanco, son los movimientos sociales. Hablamos del movimiento juvenil estudiantil, el movimiento campesino, el movimiento de mujeres, el movimiento indígena. El papel que deberían  de tomar es un diálogo para tender puentes, para definir una sola estrategia de resistencia concertada dentro y fuera de Nicaragua. No se puede pedir en este momento un diálogo con el dictador, ni elecciones organizadas por el dictador. En todos estos tres años ha quedado demostrado que ese no es el camino. Este no es el momento ni de las diferencias ideológicas, ni de estar disputando el poder formal del país. Es el momento de organizarse para la transición.

EFE/Bienvenido Velasco
Precisamente, algunos actores aseguran que el régimen se encamina a crear un nuevo diálogo nacional. ¿Cuál es su opinión sobre esto? Usted acaba de decir que no es el momento para ello, ¿por qué? 

El principal argumento para que un diálogo sea fructífero es que tiene que haber voluntad de las dos partes y garantías de cumplimiento. Cuando se dio el proceso electoral, para mí el error mayor fue haber aceptado sin garantías de que se iba a respetar la voluntad del pueblo. Terminó siendo un elemento más bien disuasivo, un elemento divisor de la oposición.

Volviendo al tema del diálogo, no puede darse en este momento porque el régimen no tiene una correlación de fuerzas que lo presione. En segundo lugar, ¿con qué actores se va a sentar si no hay un bloque unificado que represente esa voluntad de no convivencia con el régimen? Pueden sentarse los partidos zancudos, pueden sentarse algunos actores que quieren priorizar la dinámica económica por encima de la institucionalidad y los derechos humanos. Eso no representa una salida sostenida a la crisis, sería otro diálogo fracasado. Antes de aceptar cualquier diálogo y cualquier proceso electoral, aquí tiene que haber un cambio de correlación de fuerza que permita debilitar al régimen lo suficiente para que ceda y para que pueda cumplir con lo que se le demande.

Más recientemente hemos visto un éxodo masivo de nicaragüenses que ha aumentado, y que representa a esa población que resiente cada vez más esta crisis. ¿Qué alternativas cree usted que le queda a los que en realidad deben priorizar su supervivencia antes que cualquier tipo de medida de incidencia política?

Esta nueva ola de exilio lo que explica es que ya el conflicto escaló a niveles que ya no son tolerantes, que no se deberían consentir. Es el reflejo de la persecución, la desesperación, el hambre, el rompimiento del tejido social. Se hace más necesario definir una estrategia de transición a la democracia, ahí es donde radica la responsabilidad de todas las fuerzas de oposición y de todos los sectores azul y blanco. Es muy difícil pedirle a los nicaragüenses que confronten a la dictadura con las mismas estrategias que se hicieron durante la rebelión, porque a estas alturas lo que se pone en peligro es la vida y la integridad. Nada de esto es posible si no asumimos una sola estrategia, un bloque de unidad para cambiar la correlación de fuerzas y seguir debilitando al régimen. 

Tenemos que alimentar la implosión desde dentro de las filas del régimen. Esa es una estrategia cívica pacífica, mandarle un mensaje a todas las fuerzas que todavía por temor, siguen acompañándolo. 

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