La caravana de migrantes hondureños encuentra una muralla militar a su llegada a México

El país norteamericano militariza su frontera sur para evitar el paso de los centroamericanos que intentan llegar a EE.UU alentados por el cambio de administración en Washington

Un militar vigila la orilla del río Suchiate, en la frontera entre México y Guatemala. Teresa de Miguel | El País

La orilla sur del río Suchiate, frontera natural entre México y Guatemala, se ha convertido de nuevo en el escenario de una tragedia centroamericana: miles de migrantes hondureños, empeñados en cruzar el territorio mexicano para llegar a Estados Unidos, se encontrarán este lunes con un enorme despliegue de la Guardia Nacional, una muralla militar que pretende impedirles el paso y cumplir de esta manera con el acuerdo entre la Administración del presidente Andrés Manuel López Obrador y la del mandatario saliente Donald Trump, que había amenazado al Gobierno mexicano con imponer aranceles a los productos de su vecino si este no impedía la llegada de centroamericanos a territorio estadounidense.

Los hondureños, que huyen del horror de la violencia y la miseria que carcome su país agravada por la destrucción causada por los huracanes Iota y Eta, esperan llegar a Estados Unidos alentados por el cambio de Gobierno, con la esperanza de que la administración del demócrata Joe Biden –que asume la presidencia este miércoles—cambie las actuales políticas migratorias, denunciadas como violatorias de los derechos humanos por organismos como Amnistía Internacional y Human Righst Watch.

La caravana de migrantes salió la madrugada del viernes de la localidad hondureña de San Pedro Sula, localizada al suroeste del país centroamericano. En un inicio estaba conformada por unas 3.000 personas, pero con el paso de los días se sumaron más hondureños y medios locales aumentaron en 9.000 la cifra de quienes pretenden correr el riesgo de enfrentarse a las autoridades de Guatemala y México en su empeño de llegar a Estados Unidos.

El primer muro lo encontraron en Guatemala, donde el Gobierno del conservador Alejandro Giammattei ordenó desplegar al Ejército. Las imágenes que circularon este fin de semana en las redes sociales son sobrecogedoras: la masa de migrantes forcejeaba con el escudo militar para romper la barrera, mientras eran jaloneados, golpeados y fuertemente reprimidos por un cuerpo militar que ha sido de los más letales del continente y carga con una historia de infamia: el genocidio contra miles de indígenas guatemaltecos durante la dictadura militar. La fuerza castrense logró disolver la caravana y según las autoridades solo 3.000 personas han logrado avanzar hasta México, aunque menos organizados que el viernes.

López Obrador lanza la pelota a Biden

Son estos quienes pretenden poder romper el otro muro, uno más grande, de centenares de militares mexicanos desplegados a orillas del Suchiate. Mientras este lunes empezaban a llegar a la frontera los primeros migrantes, en Ciudad de México López Obrador se pronunciaba sobre el tema en su conferencia matutina. El mandatario tiró la pelota en la cancha de Biden, de quien dijo que espera que se pronuncie sobre el tema en la ceremonia de toma de posesión y que también cumpla con realizar una reforma migratoria.

«Ahora en la campaña él ofreció llevar a cabo una reforma migratoria y yo espero que se cumpla con ese ofrecimiento, con ese compromiso. Eso lo espero y lo voy a reconocer y celebrar», ha afirmado el mexicano. Biden y López Obrador conversaron a mediados de diciembre sobre la gestión de la migración centroamericana. En esa conversación ambos políticos destacaron la necesidad de “revitalizar la cooperación entre EE UU y México para garantizar una migración segura y ordenada”.

López Obrador ha asegurado este lunes de que “estamos tratando este asunto en coordinación con los Gobiernos de Centroamérica y también hay comunicación con el Gobierno de Estados Unidos, con los actuales funcionarios y con los que van a entrar al nuevo gobierno», aunque no dio más detalles sobre estas conversaciones ni qué medidas se tomarán a partir de la toma de posesión de Biden esta semana. “Estoy seguro de que atendiendo a los que ya están en Estados Unidos, regularizando su situación migratoria y al mismo tiempo llevando a cabo un programa de desarrollo para el bienestar de los pueblos de Centroamérica y de México se va a poder presentar una opción, una alternativa”, ha agregado el mexicano.

Aunque el demócrata ha expresado su preocupación por la política migratoria de mano dura impuesta por Trump, está por verse cómo responderá a la crisis, cuando asume el poder en un país duramente golpeado por la pandemia de coronavirus, políticamente dividido y sumido en la peor crisis institucional en décadas, después de que Trump alentara primero en público y luego desde sus redes sociales a que una turba tomara el Congreso, en Washington, mientras los legisladores legitimaban el triunfo electoral demócrata.

Biden promete una reforma migratoria

Grupos de migrantes varados en la frontera mexicana se manifiestan frente al acceso vehicular de la Garita Internacional de San Ysidro, California, para enviar un mensaje al presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden. Joebeth Terriquez | EFE

Biden ha prometido una nueva reforma migratoria para enterrar el legado nefasto de Trump. La prensa estadounidense ha informado que el presidente electo enviará al Congreso una propuesta de ley en los primeros días de su mandato que permita regularizar a once millones de indocumentados, incluyendo a decenas de miles de ciudadanos originarios de Honduras, Nicaragua y El Salvador y que han recibido protección temporal (el llamado TPS) por llegar a Estados Unidos como víctimas de los conflictos armados y desastres naturales que han azotado a Centroamérica.

El diseño de la nueva política migratoria caerá en los hombres de Alejandro Mayorkas, nominado por Biden el 23 de enero como jefe de la Oficina de Seguridad Nacional, organismo encargado del tema migratorio. Se trata, dijo el presidente electo, de un nuevo equipo que enfrentará “desafíos como ningún otro, desafíos que ninguna nación puede enfrentar sola”.

Mayorkas –quien durante la administración de Barack Obama estuvo a cargo del programa DACA desarrollado para la protección de migrantes que llegaron a territorio estadounidense cuando eran niños—es hijo de padres cubanos que huyeron a Estados Unidos tras la revolución encabezada por Fidel Castro. “Estoy muy orgulloso de mi identidad, estoy muy orgulloso de mi herencia, estoy muy orgulloso de mis padres y, sobre todo, estoy orgulloso de ser ciudadano de los Estados Unidos. Como secretario de Seguridad Nacional, espero poder representar para otros las oportunidades que Estados Unidos brinda a todos”, ha dicho Mayorkas. La nueva administración, sin embargo, tendrá que sortear la reticencia de los republicanos, menos reacios a reformar las políticas migratorias.

La esperanza por ese cambio es el combustible que mueve a miles de hondureños que pretenden llegar a Estados Unidos. Hambrientos, expuestos a la Covid-19, sin dinero, abandonados por todas las autoridades de los países que transitan… Si se trata de perder, lo han perdido todo, menos el ánimo de conseguir una vida mejor fuera de la jaula de miseria, violencia, olvido, corrupción y falta de oportunidades que es su país, una nación a la deriva gobernada por una jerarquía señalada de vínculos con el crimen organizado, incluido su presidente, Juan Orlando Hernández.

Alexander, uno de esos migrantes, resumió a la agencia France Presse de la mejor manera el sentimiento colectivo de sus compañeros de ruta: “Yo a Honduras solo muerto regreso, ¿qué voy a ir a hacer a Honduras? Solo a morir, ya sea de hambre o por la violencia”. Si esas son las opciones, no es de extrañar que no se amedrenten por el muro militar levantado a las orillas del Suchiate.