La popularidad récord de Rodrigo Chaves en Costa Rica, ¿para qué le sirve?

El combativo mandatario recibe un respaldo popular de casi 80% en sus primeros cien días, el más alto que se haya registrado para un gobernante. Así maniobra en un terreno de acotado poder presidencial, un congreso en manos opositoras, la escalada en el costo de vida y la animosidad de un grupo de seguidores dispuesto a romper las reglas

El presidente Rodrigo Chaves después de su toma de posesión. Foto de archivo de Carlos Herrera | Divergentes.

El gráfico de imagen presidencial de Costa Rica en el 2022 es un contraste radical: las muy escasas opiniones positivas que tenía Carlos Alvarado al terminar su mandato se elevaron hasta un 79% a favor del hombre que lo sustituyó en el poder el 8 de mayo, mientras los abundantes reproches de final de gobierno cayeron en picada, y ahora solo un 10% ve como “malo” o “muy malo” el trabajo de Rodrigo Chaves. Ningún mandatario costarricense había llegado a sus cien días con semejante apoyo popular, muy superior al caudal de votos que lo colocaron en la Presidencia como una amenaza de sacudimiento al sistema político más estable y sólido de Centroamérica.

No es sorpresiva la encuesta que publicó el Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica (UCR) una semana después de la celebración de los cien días del “chavismo” costarricense. Otros sondeos lo habían señalado, las redes sociales abundan en aplausos genuinos u organizados y en las calles es fácil escuchar comentarios como el de Xinia A.F., una ama de casa que vende ropa por catálogo en Purral, un distrito populoso al norte de San José: “Este señor tiene como locos a muchos, yo incluida. Ahora, yo me pregunto de qué sirve que tanta gente lo apoye, si aquí todo es obstáculos, peros, papeles y gente que no quiere que le toquen lo suyo”.

La pregunta de Xinia toca el fondo del momento en Costa Rica. Es la oferta de cambio que trae Chaves en su discurso, calculada para la demanda popular, pero dentro de un sistema institucional regular, con un Poder Judicial erosionado pero aún deseado por muchos otros países y frente a una Asamblea Legislativa dominada por fuerzas opositoras que cuatro meses después de su instalación empiezan a levantar la voz. Es lo que Xinia y muchos llaman “obstáculos” (89% de la gente dice que impiden a Chaves hacer su trabajo), mientras otros menos entusiastas con Chaves le llaman “frenos”, “controles” o “condiciones”.

Aunque un grupo considerable parece más dispuesto a saltarse las reglas (35% vería bien que Chaves desobedezca una sentencia judicial), es mayoritario el apego a las reglas del sistema democrático, incluso en momentos de crisis económica como la que vive la población, con la mayor inflación interanual desde el 2009 en el país donde, de por sí, el costo de vida está muy por encima del resto de países de la región. Es, por mucho, el principal problema que señalaron los encuestados y un elemento de presión para Chaves, aunque un 41% le acredita capacidad para solucionarlo. 

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–Yo apoyo a ese señor, que dicen que es economista, pero no sé si diga lo mismo cuando sea Navidad y no hayan mejorado las cosas – dice Xinia a este periodista y a una vecina que se sumó a la conversación.

–De por sí lo que uno opine o diga es como hablar de los partidos de fútbol: no importa si uno apoya o no apoya, el resultado es el mismo– interviene la vecina.

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EFE.

Es comprensible ese sentimiento de distancia, pero puede estar equivocada. Lo explica Ronald Alfaro, investigador jefe del CIEP al advertir que, si bien la aprobación en las encuestas no es una llave mágica, hay razones de corto y largo plazo para considerar valioso ese clima favorable que Chaves ha logrado construir. La primera es inmediata: poder presionar por reformas legales de su interés ante los diputados opositores mayoritariamente carentes de liderazgos fuertes y necesitados también de validación popular. La segunda pone la mira en el futuro: la posibilidad de convertir en una organización perdurable al movimiento político que se gestó en 2021 cuando Chaves llegó casi por casualidad a un partido cuyo nombre poco importa ahora (Progreso Social Democrático, PPSD, de ideología difusa) acompañado por Pilar Cisneros, una famosa periodista que solía criticar cada día a la clase por política de la que ahora es parte, como una de las nueve diputadas oficialistas en el Congreso de 57 escaños.

Daniel Calvo, politólogo especializado en el Poder Legislativo, se preguntaba lo mismo que Xinia, restándole importancia al por qué de la popularidad o a su duración, pero poniendo el foco en tareas que se deben acometer, bajo la lógica de que a fin de cuentas el capital político es para gastarlo, como el dinero. “Es el momento de poner las grandes reformas en el asador. Para mañana puede ser muy tarde”, dijo. Es justo el reclamo que le han hecho diputados opositores: haberse dedicado en los primeros meses más a las vanidades políticas y menos a las políticas públicas de hondo calado. 

“Es un producto maravilloso”

La popularidad récord de Rodrigo Chaves en Costa Rica, ¿para qué le sirve?
El presidente Rodrigo Chaves después de su toma de posesión. Foto de archivo de Carlos Herrera | Divergentes.

Chaves no podría reelegirse al acabar su mandato, en 2026. Lo prohíbe la Constitución Política y Costa Rica no parece propensa a las reformas exprés que han ocurrido en países cercanos. Debería esperar para postularse en el 2030 o debería escoger a alguien que tome la bandera de este nuevo movimiento en 2026, algo difícil por tratarse de un partido donde Chaves nunca militó y por el sello personalista de su liderazgo en campaña y en gobierno. Sería tan difícil mantener ese caudal si no se traduce pronto en réditos tangibles, más allá de las señales empáticas y las promesas agradables.

Porque los antecedentes no son halagüeños. La alta popularidad de Chaves solo es cercanamente comparable con la que tuvo en 2002, Abel Pacheco, un médico bonachón a quien criticaban por administrar más que gobernar, o en 1978 el gobierno de Rodrigo Carazo, cuya sonrisa de candidato atractivo se fue borrando conforme el país probó el ácido de la crisis económica del 80, hasta convertirse en el peor recuerdo político para un amplio sector de la población ahora adulta. Eran contextos muy distintos al que rodea a Chaves, ahora con menos disposición a la lealtad política. “Partido político” era antes un signo de identidad familiar, pero ahora es mala palabra para tres cuartas partes de la población. Ahora la volatilidad es mayor y más corta la paciencia. “Ya no hay amores incondicionales en la política”, advierte Alfaro.

Así se explica por qué Chaves parece estar en campaña electoral en el cuarto mes como gobernante. Su discurso agitador, sus formas de hombre de barrio, su frecuente demostración de autoridad ante sus ministros, sus numerosos mensajes contra “los corruptos” y los partidos del pasado. Es el guión que lo hizo ganador en primera ronda y que siguió al pie de la letra para el balotaje en abril, por recomendación de su estratega Federico Cruz, un publicista acostumbrado a trabajar el posicionamiento de marcas comerciales.

Dice que Chaves es un producto maravilloso y solo hay que darle volumen para que la gente reciba el mensaje que quiere escuchar, para que sigan confiando en que cumplirá sus promesas de bajar el costo de la vida (desde el primer día de gobierno, decía), combatir la corrupción y agilizar el funcionamiento del Estado. Los resultados aún no se perciben en la economía (desempleo de 12%, pobreza de 24%, endeudamiento de 66% del PIB y con riesgo de aumentar), pero él pidió paciencia y parece se le ha concedido.

La población incluso le concede más que paciencia. Una porción le permitiría tratar de bordear a la Asamblea Legislativa, considerada el principal obstáculo para el nuevo gobierno, le aplaude los arrebatos contra medios de comunicación y un 46% de quienes votaron por Chaves en abril cree que él no debería obedecer las sentencias de los jueces. Este dato no es menor en el contexto costarricense y cobra relevancia ante fuertes cuestionamientos por la financiación electoral del PPSD, un caso que el Tribunal Supremo de Elecciones trasladó al Ministerio Público para una investigación de tipo penal que tiene al propio Chaves como denunciado.


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