Nahiroby Olivas
13 de julio 2023

La unidad se construye, no se decreta

Foto de archivo de EFE.

Hasta el año 2018 me involucré en el primer asunto político en toda mi vida, y la razón por la que lo hice es por el amor al país, por el respeto a la ley, por empatía, por sed de justicia y democracia.

Durante las protestas, para mí, el sentimiento era de que todos éramos hermanos, todos éramos iguales, nuestra lucha era la misma y lo único importante era conseguir el cambio que el país necesita. Las protestas fueron apoyadas masivamente. Todo el mundo lo hacía por su propia voluntad y compromiso.

Formé parte del Movimiento Estudiantil 19 de abril de la UNAN León durante las manifestaciones antigubernamentales prodemocracia y surgieron liderazgos de distintos sectores, que fueron vitales para el levantamiento de la población nicaragüense. 

El 25 de agosto del 2018 fui capturado por la policía y paramilitares en la ciudad de León junto a seis personas más después de una marcha llamada “¡Vamos ganando!”. Estuve encarcelado por casi 10 meses hasta el 11 de junio del año 2019. Durante este proceso viví demasiadas cosas al igual que todos los presos políticos que han existido desde abril de 2018 en Nicaragua. La peor situación que viví fue el asesinato a Eddy Montes y la golpiza propinada a los presos políticos de la galería 16M1 y 16M2. Fui parte de ese grupo.

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Al salir de la cárcel “La Modelo” en junio de 2019 tuve que ir a vivir a Managua porque en León mi vida corría peligro. En la capital todo fue distinto: la lucha demandaba otra clase de liderazgo y organización, a un nivel totalmente político. A pesar de eso intenté seguir aportando a la lucha; interactúe con varios grupos de oposición y conocí a muchos liderazgos de distintos sectores. Aún así mi enfoque siempre fue la libertad de Nicaragua. Deseaba por supuesto la unión de la oposición. La unión de los estudiantes y los jóvenes es lo que más ganas me causaba. Nosotros debemos dar el ejemplo de cambio en Nicaragua. Debemos ser los primeros en dar un paso adelante y unirnos a pesar de nuestras diferencias. Era lo que pensaba en 2019 y pienso hoy en día. Finalmente el peligro para mi vida y la de mi familia era mayor. Decidí exiliarme. 

En 2020, fuera de Nicaragua, decido alejarme totalmente de los espacios políticos y dedicarme a mi vida. Desde entonces he estado al margen de la política y las organizaciones. Sin embargo, Nicaragua nunca sale de mi corazón y nunca dejo de pensar en su libertad y en lo que puedo hacer para conseguir democracia.

Esa sensación perduró hasta febrero de 2023: todo estaba relativamente normal en mi vida. De Nicaragua sólo sabía lo que veía en las noticias y me contaba la gente, pero un día que estaba en el gimnasio vi la noticia de que habían liberado a los presos políticos, lo cual me llenó de alegría. Luego leí que venían en un avión hacia Washington D.C. Era impresionante, pero además emocionante porque venían hacia el lugar donde yo vivo. Hablé con mi mamá y acordamos ir al aeropuerto a recibir a los presos. Nos fuimos y pudimos verlos salir fuertes, nostálgicos, sonrientes y lo más importante es que estaban libres. Los 222 significan mucho para mí porque removieron recuerdos y sentimientos en mi corazón. Son un símbolo de fortaleza y esperanza. Luego el 19 de abril del 2023 lo viví con mucha emoción. Despertó en mí las ganas de involucrarme un poco más con las organizaciones políticas y el tema de Nicaragua. Decidí involucrarme un poco y he conversado con muchas personas durante las últimas semanas. Ahora tengo un panorama un poco más claro de lo que sucede con las organizaciones de oposición. Quiero compartir con ustedes mi perspectiva de cómo va la cosa. 

Casi el 100% de las personas con las que he hablado mencionan la importancia de la “unidad, unión, unidad en acción”, etc. Me alegra mucho eso. Que insistan en el discurso de la importancia de la organización de la oposición. Me alegra que hagan comunicados en conjunto, que hagan campañas y se tomen fotos juntos. Sin embargo, no podemos ser ilusos. En el fondo es un discurso sobre la unión sin acciones concretas. Peor aún, no hay intenciones plenas para que se organicen y muy pocos tienen la voluntad de sentarse a dialogar. Es cierto que es difícil juntar a tantas expresiones y sectores del país, pero ¿cómo es posible que ni los mismos sectores estén unidos? Siendo más específico:

  • Los estudiantes no están unidos.
  • Los campesinos no están unidos.
  • Los excarcelados políticos no están unidos.
  • Los familiares de los presos políticos no están unidos.

Es cierto que es difícil, pero al final sabemos que, como dice el dicho, “el querer es poder”. Pero las respuestas que le dan a la ciudadanía son puras excusas para que no haya un diálogo interno y real entre la oposición. He escuchado varias excusas como:

  • Esta organización no es de confianza.
  • Esta persona no es de confianza.
  • Nuestra organización está en desventaja.
  • He sido violentado por estas personas.
  • Ellos son los que no quieren.

Finalmente, sea cual sea la razón, el resultado es el mismo: desunión y la perpetuación de la dictadura Ortega-Murillo. Arrastran el problema desde 2018. ¿Recuerdan cuando la oposición no pudo unirse en momentos claves como las elecciones generales de 2021? ¿Cuando el Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) no se unió al paro nacional, mientras los nicaragüenses resistieron y dejaron hasta la vida en las calles del país?

La verdad es que todos siguen sin cohesionarse y la gente cada vez los respalda menos. Por eso quería utilizar este espacio para decirle a la oposición organizada que, por humanismo, pensemos en los nicaragüenses. Dejemos al lado nuestras diferencias para unirnos de manera sincera. Nicaragua es de todos y tenemos que aprender a convivir y dialogar. Nicaragua no es de mayorías o minorías. No es de los de derecha o izquierda. Hay que demostrar que por el país uno está dispuesto a dejar a un lado las ideologías; que podemos poner en primer lugar a la gente.

Ya han pasado más de cinco años desde el inicio de la crisis sociopolítica en Nicaragua. Aquel abril definitivamente es inolvidable y, desde entonces, siempre me siento en abril. Cada día me pregunto, ¿cuándo va a terminar esto?, ¿qué puedo hacer para ayudar?… ¿y si algún día voy a poder regresar a mi país? Mientras tanto sigo caminando a la espera del futuro.

ESCRIBE

Nahiroby Olivas

Excarcelado político y estudiante expulsado de la carrera de Derecho en la UNAN-León, como represalia política. Exmiembro del Movimiento Estudiantil 19 de Abril de la UNAN-León, exmiembro de la Junta Directiva de la Coordinadora Universitaria por la Justicia y la Democracia (CUJD), exiliado político en Estados Unidos. Creyente de la libertad y la justicia.