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Las promesas electorales recurrentes de Daniel Ortega: “generación de empleos”

El sector informal ha ido creciendo en los últimos años como consecuencia de la falta de empleos. | Foto: Miguel Andrés

Aunque Daniel Ortega prometió más empleos para todas y todos los nicaragüenses cuando regresó al poder en 2006, luego de un año de su toma de posesión lo único que aumentó fue el desempleo al igual que el descontento de la población. Tomando en cuenta eso como antecedente, y con los últimos acontecimientos de la crisis sociopolítica de 2018 y la pandemia de COVID-19, el desempleo solo empeora la situación económica del país. 

Ante una promesa más estancada, el gobierno Ortega-Murillo ha apostado en los últimos años por la Economía Creativa y Emprendedora, cuya función es crear un espejismo debido a la falta de empleos formales y de inversión extranjera. Esto se ve reflejado en el aumento de emprendimientos en el país y la pérdida significante de cotizantes ante el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS). 

El equipo de Fact-Checking realizó un análisis de los datos disponibles y el comportamiento de la generación de empleo en el país. Luego de revisar todos los datos y lo que se vive en la actualidad podemos asegurar que lo prometido por Ortega nunca se cumplió y, por lo tanto, se clasifica como falso. 

Una de las premisas del gobierno es fomentar el “empleo formal” a través de la Economía Creativa y Emprendedora. La vicepresidenta Rosario Murillo, en sus alocuciones de mediodía, habla de los emprendimientos como una fuente de generación de empleos. Murillo aseguró que en el año 2020 hubo 8 mil 32 nuevos emprendimientos que generaron un total de 40 mil 160 nuevos empleos. En su intervención del día 16 de febrero de 2021 informó que “1 mil 146 nuevos emprendimientos se han abierto y 5 mil 730 nuevos empleos del 16 de enero al 15 de febrero”.

Y aunque el presidente Daniel Ortega ha mencionado muchas veces “la recuperación económica” en sus últimas comparecencias, también ha afirmado que “los emprendimientos se han multiplicado”, como lo dijo en uno de sus últimos discursos el día 22 de febrero de 2021 durante el homenaje a Augusto C. Sandino. 

En un estudio llamado “Lo que Centroamérica puede hacer para que el emprendimiento dinámico apoye su (nuevo) crecimiento” realizado por P3 Ventures señalan que “Nicaragua no ha participado del estudio del Global Entrepreneurship Monitor, por lo que no es posible dimensionar el número de emprendedores en el país”. 

Además que “por el nivel de desarrollo socioeconómico es muy posible que los resultados sean similares a los obtenidos en Guatemala, que sí ha participado del estudio”. Detallando que un alto porcentaje de la población se encuentra iniciando un emprendimiento, aunque en la mayoría de los casos se trata de emprendimientos motivados por la necesidad, que no están generando empleo y que tienen poca capacidad de generarlo (son de autoempleo), en negocios tradicionales en el comercio o servicios. Una gran proporción de estas iniciativas operan en la informalidad. 

Y a pesar que el gobierno ha tratado de llevar programas y proyectos para los emprendedores ejecutados por el Ministerio de la Economía Familiar (MEFFCA), el Instituto Nicaragüense de Fomento Municipal (INIFOM) y la Comisión Nacional de Economía Creativa, son esfuerzos aislados y no se presenta como una política nacional. A eso hay que agregar, los trámites burocráticos para poder emprender, la falta de innovación en el país y sobre todo la falta de educación y entrenamiento.

Los únicos emprendimientos que logran sostenerse, que generan empleos y van creciendo son los llamados casos exitosos, en la cual prevalece la sostenibilidad del negocio. Al final, ¿cuál es el verdadero impacto de los emprendimientos como fuentes de empleo?

El sector informal 

La definición de informalidad se asocia a la no afiliación a la seguridad social y asalariados que laboran en establecimientos menores a cinco empleados reza un estudio elaborado por el BCN en el año 2016. Para ese entonces, Nicaragua ya era uno de los países con uno de los niveles más altos de informalidad en Latinoamérica. Y sigue en aumento, un ejemplo son los datos del número de asegurados activos en el INSS, para el año 2017 había un total de 914 mil 196 nicaragüenses asegurados, reduciéndose a 818 mil 396 en el año 2018, luego a 735 mil 236 asegurados en el año 2019 y en el año 2020 disminuyendo a 714 mil 465, significando una pérdida de 199 mil 731 de afiliados al INSS que dejaron de cotizar. 

También hay un 15% de nicaragüenses que no tienen un salario. Trabajan pero no tienen un sueldo y generalmente son las personas que se dedican a la jardinería, las que ayudan en las numerosas fritangas en los barrios o el ayudante del taller que le dan una “ayudita” expone el economista y abogado Enrique Sáenz en su texto llamado Hambre, desempleo y pobreza con el gobierno “cristiano, socialista y solidario”.

Tanto los datos del Banco Central de Nicaragua (BCN), del Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE), de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), del Banco Mundial e incluso en el Sistema de Integración Centroamericana (SICA), todos, sin excepción, tienen datos desactualizados, siendo los últimos del año 2014. 

Según los datos del BCN, en el año 2014 había 3 millones 187 mil nicaragüenses económicamente activos. Debemos considerar que en ese año, se calculaba una población de 6 millones 143 mil habitantes en el país. Para el año 2021, se estima en 6 millones 702 mil habitantes. Según las estadísticas oficiales, cada año se incorporan cien mil personas. La proyección de este año es que puedan incorporarse al mercado de trabajo 50 mil personas. 

Tasa de desempleo

La tasa de desempleo expresa el nivel de desocupación entre la población económicamente activa. En el año 2006 la tasa de desempleo se encontraba en 5.2%, en el gráfico podemos observar cómo ha ido variando esta tasa y en los últimos años ha ido aumentando significativamente.

El subempleo: el otro mal 

El subempleo es un fenómeno que se origina en el mercado laboral. Esta situación es aquella en la que los trabajadores, con el objetivo de evitar el desempleo, deben reducir su productividad, trabajar en empleos de menor cualificación, así como realizar menos horas. Este fenómeno se produce cuando se modifica la demanda de mano de obra, o el mercado laboral presenta incapacidad para crear empleo.

En el caso de Nicaragua, según datos de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides), al cierre del año 2020, 1 de cada 2 nicaragüenses se encontraba subempleado y 5 de cada 10 nicaragüenses tienen un salario paupérrimo. Esto se encuentra reflejado en la Encuesta Continua de Hogares (ECH) publicado por INIDE en marzo del presente año, donde aseguran que “en el cuarto trimestre de 2020, el 46.1 por ciento de la población ocupada se encuentra en el subempleo, mostrando una reducción de 0.9 puntos porcentuales en relación al mismo trimestre del año 2019”. 

Según datos del Banco Mundial, la pandemia de COVID-19, junto con una incertidumbre política elevada y el impacto de los huracanes Eta e Iota, prolongaron la recesión en 2020 con una caída del crecimiento a -2.5 %. Se estima que el crecimiento se recupere lentamente a 0.9 % para 2021, según los últimos pronósticos. Lo que va del 2021 se ha logrado recuperar 26 mil 609 cotizantes al INSS. 

Y aunque muchos auguran ese crecimiento económico a pasos muy lentos para este año, otros, como Sáenz afirma que mientras Ortega permanezca en el poder no hay esperanzas de salir del túnel.

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