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Las ráfagas cesaron, pero inundaciones provocadas por Eta mantienen alerta roja

Un hombre tantea la profundidad de una laguna en la carretera entre Bilwi y el Triángulo Minero. Carlos Herrera | Divergentes.

El viento sopló fuerte en la noche y en la madrugada de este miércoles en Okonwas, una comunidad de Rosita, enclavada en la Región Autónoma del Caribe Norte. El caserío crujió por horas y parecía que, en cualquier momento, las últimas ráfagas del huracán Eta conseguirían desintegrar los tablones de madera sujetados por clavos… pero resistieron. El puñado de unas 35 casas soportó porque, a eso de las cuatro de la madrugada, el ciclón se internó más en el litoral caribeño y perdió su temida potencia de categoría 4. El huracán Eta se convirtió en una tormenta tropical, lo que tampoco quiere decir lo peor pasó en Okonwas y en el Triángulo Minero, poblados en la ruta del fenómeno natural. 

En Okonwas amaneció sin el azote de las ráfagas, pero la brisa persistente puso a los pobladores a sopesar el otro peligro latente de Eta: las inundaciones. Esta comunidad, situada a unos 10 kilómetros de Rosita, sirvió entre martes y miércoles como una especie de albergue para conductores de camiones –e incluso periodistas– que quedaron varados, porque el paso quedó cerrado por la crecida de las aguas. 

Debido a la construcción de una carretera, que apenas tiene movimientos de tierra, la comunidad quedó incomunicada. Ni el conductor del camión más grande ni el de la camioneta más «equipada» se animaron a cruzar la enorme laguna que se formó en medio del camino. Todos retrocedieron y prefirieron esperar, algunos en sus vehículos, y otros en casas que prestaron algunos espacios para dar albergue a los extraños. 

“Esa laguna no va a bajar ahorita. Si el del camión no quiso pasar, es porque le tiene su respeto. Si trepa más va a pasar así como tres días”, dijo un comunitario varado en Okonwas. Esta laguna en la comunidad es solo una pequeña muestra de las inundaciones que causan las lluvias del ciclón Eta, y que todavía impiden medir con exactitud los estragos causados sobre todo en el litoral del Caribe Norte. 

El Sistema Nacional para la Prevención, Mitigación y Atención de Desastres (Sinapred) advirtió “que el peligro” de Eta no ha pasado, pese a que se prevé que el jueves salga de Nicaragua y se interne por el norte hacia Honduras como tormenta tropical. La acumulación de aguas hace a los territorios nicaragüenses afectados propensos a inundaciones y deslizamientos. 

A los comunitarios de Okonwas y dueños de las casas no les asusta por completo este escenario. Quizás por eso la mayoría decidió quedarse en su casa. “Es que con (el huracán) Félix fue peor. Ya a estas horas tenías el agua arriba; no podías ver la tierra”, dijo el dueño de la vivienda que sirvió de refugio a varios extranjeros.

Ineter y Sinapred: daños como los del Juana

Aunque los de Okonwas están acostumbrados a los huracanes, y miden los daños por lo que le pasó a ellos, en otras comunidades el desastre de Eta es mayor. La alerta roja por el fenómeno natural sigue prendida en el Caribe Norte. A medida que la tormenta tropical avanza, el desastre de las ráfagas y las actuales inundaciones han obligado al mismísimo Sinapred y al Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter) a comprar Eta con la estela de destrucción del huracán Juana en 1988. 

Un hombre huye de las inundaciones provocadas por Eta en Mulukukú. Cortesía.

Por el momento, Eta ha causado dos muertos en Bonanza. Se trató de dos mineros que murieron soterrados en una mina debido al suelo debilitado por la lluvia. A nivel de desastres materiales, Bilwi quedó parcialmente afectado con casas sin techo, árboles caídos, ríos desbordados de su caudal, carreteras cortadas y aldeas indígenas arrasadas. 

La comunidad de Wawa Bar, situada al sur de Bilwi, fue destruida por la marejada ciclónica y los vientos de Eta. Ahora, la tormenta tropical inunda Mulukukú, Sarawás, Prinzapolka y San José de Bocay. Según Sinapred, el fenómeno se dirige hacia Wiwilí de Jinotega.

Cuando la laguna en Okonwas permitió el paso de vehículo, el equipo de Divergentes en la zona emprendió camino hacia el Triángulo Minero donde las afectaciones todavía no se dimensionan por completo. 

Aunque el nivel del agua disminuyó considerablemente, los comunitarios de Okonwas al final no quedaron con mucho entusiasmo. Por mucho que consideren a Eta menos peligroso que el huracán Félix, saben que la lluvia persistente en la zona en cualquier momento puede inundar nuevamente. 

A los refugiados de Sahsa tampoco les dijeron de Eta

Mujeres y niños buscan albergue en la Costa Caribe Norte para ponerse a salvo de las inundaciones. Maynor Salazar | Divergentes.

Carmen está enojada. Grita exasperada desde el porche de su casa. «El pobre pastor anda de arriba para abajo buscando cómo salvar a los niños. Pobre el pastor, nadie lo ayuda. Aquí no hay comité, aquí no hay nadie», reclama.

El reclamo de Carmen, quien prefiere no dar su apellido por temor a que su denuncia le cause represalias, es amplificado por el de su vecina y su hija. Ellas viven en Sahsa, una comunidad situada en Puerto Cabezas, que recibió el impacto del huracán Eta el martes por la tarde.

Cuando hablamos con Carmen, la ventolera era tenaz. Una de las casas que está cerca de la de la mujer está sin techo. Mientras continúa reclamando la irresponsabilidad del Gobierno Territorial, del Ejército y de la Policía Nacional, un grupo de comunitarios avanza en fila india hasta la Iglesia evangélica de Sasha. Son niñas y niños, jóvenes, adultos y ancianos. Cargan bolsas con ropa, mochilas y también sus animales. Son muchos, quizás unas cien personas que salieron desde una comunidad cercana al río Kukalaya por pura supervivencia.

Los caminos cortados son unas de las principales afectaciones de Eta. Carlos Herrera | Divergentes.

“Nadie les dijo nada a ellos. Solitos tomaron la decisión de venirse para la Iglesia, pero ahí no les van a dar nada. Esta gente (gobierno) se movió hasta hoy para hacer algo y eso es insuficiente», asegura Carmen. 

La iglesia tiene espacio suficiente para recibir a unas 150 personas. El pastor va de salida y no puede atendernos. Su objetivo es salvar a esos niños que mencionó Carmen, unos que, según lo que le contó su hermano, que también vive en la comunidad, y “están arriba de los árboles esperando un rescate”.

“Aquí la gente es fiel a su partido, pero ya es momento que hagan valer el voto. Cuando hay elecciones aquí vienen a sentarse los fiscales, el ‘síndigo’ y todos, pero en situaciones como estas no están, no aparecen”, denuncia Carmen.

En el refugio los comunitarios no quieren hablar. Las mujeres tienen vergüenza, los niños lloran y los hombres siguen trayendo más cosas de sus casas.  Casi una hora después del reclamo de Carmen, una patrulla de la Policía llega a la zona. Pregunta por el pastor y de inmediato se mueve hacia la comunidad donde están esos niños que mencionó Carmen. “Ojalá no sea muy tarde”, lamenta la mujer.

Policía criminaliza solidaridad ciudadana

La solidaridad es nuevamente criminalizada por el Gobierno sandinista. Ante los estragos que el huracán Eta ha causado en el Caribe y norte de Nicaragua, varias organizaciones que están recolectando de víveres y artículos de primera necesidad han enfrentado acoso policial.

La cuenta de Twitter Monitoreo Azul y Blanco informó de presencia policial afuera de la sede de la Diócesis de Siuna en Managua, además se fotografió y se les pidió cédula a las personas que llegaron a dejar ayuda.

La American Nicaraguan Foundation (ANF), la Unidad Médica Nicaragüense y el Comité de Presos Políticos denunciaron presencia policial luego de que anunciaran el acopio de donaciones. La oficina de la Unidad Médica Nicaragüense fue rodeada por policías y parapoliciales y al menos diez uniformados se ubicaron en el portón principal impidiendo la entrada de quienes llevaban su aporte para los afectados por Eta. Lo mismo ocurrió en el Club de Leones de Rivas.

Gracias a una iniciativa ciudadana, la Radio Siempre Joven de Bluefields estaba realizando un Hablatón, pero la policía se apostó en la entrada de la emisora para obstaculizar la recaudación de ayuda humanitaria.

Alcaldes opositores denuncian falta de apoyo

A esto se suman las denuncias de los alcaldes opositores de El Cuá, San Sebastián de Yalí y Santa María de Pantasma del departamento de Jinotega, El Almendro de Río San Juan y Murra de Nueva Segovia ante la falta de apoyo del Sistema Nacional para la Prevención, Mitigación y Atención de Desastres (SINAPRED). Los ediles de estos municipios manifestaron que elaboraron sus planes de prevención y evacuación ante el paso de Eta, pero que solo contaron con el respaldo de la iglesia católica, representantes de las iglesias evangélicas y líderes comarcales.

De acuerdo al Sistema Nacional para la Prevención, Mitigación y Atención de Desastres (Sinapred), unas 30.000 personas han sido evacuadas en la Costa Caribe Norte. Sinapred ha trabajado en conjunto con el Ejército de Nicaragua. Aunque en tres albergues visitados por un equipo de Divergentes, ubicados entre el Río Wawa y Bilwi, los ciudadanos carecen de alimentos y demás pertrechos de supervivencia. Asimismo, muchos de los que se refugiaron lo hicieron por su cuenta.

El Centro Humboldt reportó que el ojo del huracán Eta tocó suelo nica la tarde del martes, a unos 25 kilómetros al sudeste de Bilwi, a 12 kilómetros al norte de la comunidad de Haulover.

(Wilfredo Miranda y Génesis Hernández colaboraron desde el Pacífico para este reporte).

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