Alfonso Malespín
3 de Marzo 2026

Los chinos de ahora no son los de entonces

Foto tomada de Presidencia.

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A Nicaragua han arribado dos grandes oleadas de migrantes chinos. La primera después de 1949, cuando millones huyeron de la revolución comunista de Mao en todas las direcciones posibles. La segunda, después de la pandemia Covid19 –originada en China– bajo el amparo del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. En ambos casos, estas migraciones se especializaron inicialmente en el comercio.

Los de la primera oleada llegaron al país cuando el general Anastasio Somoza García ya llevaba más de un lustro en la silla del poder, y no daba visos de querer apearse. Aquellos chinos se asentaron, sobre todo, en Bluefields, Managua, Carazo y las Segovias. Varios de los que llegaron solteros, se casaron con hijas e hijos de familias locales. Otros mandaron a traer a sus novias o esposas chinas.

De acuerdo con viejos blufileños, hubo un momento cuando el comercio y la gastronomía locales estuvieron dominadas por chinos. Pero luego derivaron hacia otros oficios y profesiones, como la fotografía, la barbería, la academia, la banca, el comercio internacional…

En esas décadas, entre los cincuenta y setenta del siglo veinte, la migración china logró conformar una comunidad fuerte, visible, incidente. Formaron clubes y eligieron a sus propias reinas de belleza, mantuvieron viva su cultura, su idioma, aunque aprendieron a hablar el español y adoptaron nombres “cristianos” para insertarse más fácilmente a la cultura nicaragüense.

Preparando recomendación…

Tal proceso de inserción los llevó a interactuar y transar con el somocismo, tanto en lo económico como en lo político. Era el precio que la dictadura impuso para que pudieran asentarse y prosperar en el país. De otra manera lo más probable es que hubieran tenido que salir hacia San Andrés, Jamaica u otra dirección.

Esa generación de migrantes que echó raíces en Nicaragua llegó a un final abrupto con la revolución sandinista. Muchos se fueron del país a partir de 1979, pues pensaban que llegaba un gobierno comunista que iba a perjudicarles personal, económica y políticamente. Y así fue. Los destinos fueron, sobre todo, Costa Rica, Panamá, Guatemala y los Estados Unidos. Los sandinistas confiscaron mucho de aquel patrimonio.

Algunos descendientes de esos primeros chinos – nicas volvieron del exilio cuando cayó la revolución sandinista en 1990 y el país inició una tortuosa transición hacia la democracia y la economía de mercado. Varios de ellos hasta llegaron a ser altos funcionarios de los gobiernos de la transición.

Los chinos del siglo 21

El 10 de diciembre de 2021, cuando el mundo se recuperaba de la pandemia Covid19 que, según el decir de los voceros de Daniel Ortega apenas afectó a Nicaragua, su gobierno mandó al carajo al gobierno de Taiwán, que siempre le donó generosamente sin hacer preguntas, y estableció relaciones con Pekín.

Luego, en medio de la estampida de millones de migrantes hacia los Estados Unidos en los años de Joseph Biden, los representantes de Ortega comenzaron a firmar convenios y empréstitos con el gobierno chino. A la fecha, ya se han firmado préstamos por más de mil millones de dólares.

El siguiente paso fue el arribo de comerciantes de ese país, como parte de lo que llamaron “asociación estratégica”. Algunos de estos chinos llegaron para abrir tiendas en las principales ciudades de Nicaragua; otros para recibir concesiones mineras en todo el país, al punto de convertir a los chinos en los principales socios del mercado del oro de la mano del gobierno de Ortega.

A diferencia de aquella oleada china de los años cincuenta y sesenta del siglo veinte, que huían del comunismo, esta migración de chinos viene con respaldos plenos de una dictadura políticamente comunista hacia otra dictadura que se autonombra socialista.

Los chinos de ahora no son los de entonces
Empresarios chinos recibiendo concesiones mineras. Foto cortesía.

Aquellos vinieron a exponer sus ahorros en un país extraño. Estos vienen con ventajas importantes, como un trato fiscal preferencial y ayuda para identificar sitios propicios para ser comprados con seguridad.

Los viejos mercados del país acusan el cambio. Tiendas y almacenes grandes, relucientes, se han tomado sitios estratégicos y la peregrinación no se ha hecho esperar. El fenómeno se magnifica con los vídeos de los influencers promovidos por el gobierno de Ortega. Muestran el arribo de estos chinos casi como la nueva maravilla del mundo.

Con temor, algunas personas han confiado en cómo agentes del FSLN han usado su poder para convencer, en nombre del comandante, a cualquiera que haya dudado en vender su propiedad a los nuevos inversionistas.

El gremio de comerciantes locales, impotente y silente, ha visto cómo se instala a su par otra competencia que en voz baja califican como desleal, similar a la de los militares, porque con todas las ventajas han instalado sus relucientes empresas en lugares estratégicos.

“Así quién no”, dijo un comerciante de Ocotal, quien confía que después de un deslumbre inicial, la gente poco a poco volverá a comprarle a los comerciantes ya conocidos.

¿En qué basa su pronóstico? En que los productos chinos “se ven bonitos, pero duran poco”.

¿Pero, y si eso no pasa? ¿Qué pasaría con los micro, pequeños y medianos comerciantes entre tanto? ¿Aguantarán el peso de esta nueva oleada migratoria?

Eso está por verse.

En tanto, es probable que estos chinos recién llegados estén pendientes de la tensión que sacude actualmente al gobierno de Ortega, después de la captura de Nicolás Maduro en Caracas. De lo que ocurra en los próximos meses dependerá la estabilidad de su inversión y estadía en el país.

Ojalá no les ocurra como a los chinos de la primera oleada.

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Alfonso Malespín

Periodista. Investigador de temas de libertad de expresión y medios de comunicación. Amante de la gastronomía, bailes y paisajes nicaragüenses.