Migrantes centroamericanos varados en México: atrapados por la violencia y el miedo

Entre los varados en Ciudad Juárez hay hondureños, salvadoreños y nicaragüenses que huyen por la crisis sociopolítica, agravada por la liquidación de las elecciones que ejecutaron Daniel Ortega y Rosario Murillo. La región vive una ola migratoria sin precedentes desde comienzos de año con un flujo histórico de 147.000 migrantes en condición irregular detectados en México de enero a agosto, el triple de 2020

Miles de migrantes, en su mayoría de Haití, El Salvador, Honduras, Guatemala y Nicaragua, se preparan estos días para partir en caravana desde el suroriental municipio de Tapachula, en Chiapas, hasta la Ciudad de México. EFE/Juan Manuel Blanco

Migrantes varados en la mexicana Ciudad Juárez denuncian violencia, miedo e impunidad durante la larga travesía que los llevó hasta esta ciudad fronteriza, donde tampoco se sienten seguros pese al apoyo de activistas y algunas ONG. Entre los migrantes hay hondureños, salvadoreños y nicaragüenses que huyen por la crisis sociopolítica, agravada por la liquidación de las elecciones del siete de noviembre que ejecutaron Daniel Ortega y Rosario Murillo. 

“Vivimos en un mundo de infierno con las amenazas y la violencia. Cuando venimos el coyote (traficante de personas) nos maltrataba en el camino y nos golpeaba. Las policías nos quitaron el dinero y nos trataron mal y dijeron que si no callaba me matarían, pero aquí estoy con mi niña de un año», explicó este viernes la guatemalteca Gladys Xol, de 20 años.

Ella es una de los decenas de miles de migrantes que han llegado a la frontera norte mexicana en los últimos meses con el afán de cruzar a Estados Unidos, un reflejo de la ola migratoria que vive la región. Los peligros en la travesía, existentes desde hace décadas, persisten por la amplia presencia del crimen organizado y la presencia de autoridades corruptas.

El hondureño Tito Ángel Castillo, por ejemplo, fue desvalijado por completo junto a sus compañeros de viaje por un grupo armado durante su trayecto. Era de noche y se encontraba en un monte cuando los delincuentes, con amenazas de muerte, les quitaron todas sus pertenencias. El camino a Estados Unidos es «difícil, hay muchos peligros y uno se tiene que cuidar», remarcó.

Un ejemplo de los peligros que viven los migrantes en su ruta para llegar a Estados Unidos ocurrió el pasado 25 de septiembre. Trece de ellos, originarios del sur de México, desaparecieron en el municipio de Coyame del Sotol, en el norteño estado de Chihuahua.

Según confirmó la Fiscalía estatal cuando se conocieron los hechos varios días después, fue un menor de edad quien logró escapar del lugar e informó del suceso. Actualmente, oficiales de Estados Unidos trabajan en conjunto con la Fiscalía estatal en este caso. «Hay una colaboración entre las autoridades de México y Estados Unidos en operativos de rastreo», dijo a Efe Sahira Yasmin Castro, encargada de Comunicación Social de la Fiscalía General del Estado (FGE) de Chihuahua.

Casos como este se repiten a lo largo de la frontera. Uno de los más aterradores aconteció el pasado enero en Camargo (Tamaulipas), cuando aparecieron calcinadas 19 personas, la mayoría de ellas guatemaltecas.

Violencia en las ciudades

Miles de migrantes se congregaron este lunes a las afueras del llamado Estadio Olímpico del municipio de Tapachula, en el sur del país, luego de que la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) abriera nuevas citas para solicitar su condición de asilo. EFE/ Juan Manuel Blanco

Y en la fronteriza Ciudad Juárez, una de las urbes más pobladas e industrializadas del norte, la inseguridad también les acecha. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) ha detectado que las personas migrantes sufren principalmente de delitos de robos, secuestros y extorsiones.

Y quienes los padecen son en su mayoría de Guatemala, Honduras y Ecuador, según explicó el coordinador de Comunicación de la OIM para México, Alberto Cabezas, que reconoció que es «difícil» saber quiénes son los «perpetradores» de violencia hacia este grupo vulnerable. Añadió que las personas migrantes no están en un entorno que conocen y en consecuencia, a veces son desconfiadas con las instituciones, que deben ganarse su confianza.

«Cuando sus derechos humanos son vulnerados desconocen qué tan efectiva es la ayuda que buscan. Pero todo Estado tiene la obligación de proteger sus derechos», abundó.

«Vemos cómo sufren violaciones a sus derechos humanos, cruzan por el desierto y son guiados por los polleros que en ocasiones los dejan a su suerte», declaró el director de la Casa del Migrante, Javier Calvillo,

Calvillo aseguró que estos delitos han incrementado en los últimos meses en la urbe y uno de los factores son las imparables expulsiones de Estados Unidos hacia México, por ejemplo mediante el título 42, que permite deportar de manera inmediata con el coronavirus como justificación.

Una de las personas que es abrigada por este albergue es Josefa del Toro, originaria del occidental estado de Michoacán. «Saliendo uno de su casa es puro batallar, uno como migrante tiene la ilusión de que te van a ayudar y no es así. Se sufre mucho, se viene con la ilusión y a veces los polleros no son responsables y dejan tirados (a los migrantes)», declaró. 

La región vive una ola migratoria sin precedentes desde comienzos de año con un flujo histórico de 147.000 migrantes en condición irregular detectados en México de enero a agosto, el triple de 2020, y un récord de 212.000 migrantes detenidos solo en julio por la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) de Estados Unidos.

Tanto el mandatario mexicano, Andrés Manuel López Obrador, como su homólogo estadounidense, Joe Biden, apuestan por atender las causas de la migración y promover el desarrollo en las naciones más desfavorecidas. No obstante, el trato de los migrantes por parte de las fuerzas de seguridad mexicanas durante su travesía por el país ha sido criticado por varias ONG e incluso la ONU.

Se juntaron en Chiapas

Decenas de migrantes de diversas nacionalidades y asociaciones ciudadanas iniciaron una serie de vigilias diarias en la ciudad de Tapachula, en el sur de México, de donde saldrá una caravana el próximo sábado. EFE/Juan Manuel Blanco

Miles de migrantes, en su mayoría de Haití, El Salvador, Honduras, Guatemala y Nicaragua, saldrán en caravana desde el suroriental municipio de Tapachula, en Chiapas, hasta la Ciudad de México.

Esta marcha, por la libertad, la dignidad y la paz, busca salir el próximo sábado desde Tapachula y en ella los extranjeros caminarán en cadenas humanas y pedirán a las autoridades mexicanas respeto para poder avanzar y lograr regulariza su situación en alguna oficina administrativa del Instituto Nacional de Migración (INM) de la capital, según explicaron este miércoles.

«Tenemos toda la fe en que vamos a salir este 23 de octubre. Estamos haciendo un sacrificio, por lo que pedimos por todas las personas que vamos ya que vamos a caminar hasta donde llegue y nos permita el Señor», señaló a medios la migrante guatemalteca Estela de León, quien viaja sola.

Estela añadió que en su país existe mucha violencia, pobreza y extorsiones y por ello salió de su nación. Indicó que su último destino en México es Tijuana, donde busca trabajar y tener una vida segura.

Desde hace varios meses, miles de migrantes de al menos 11 nacionalidades han buscado la manera de salir de Tapachula buscando avanzar en sus trámites ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) o el INM, instituciones saturadas por el volumen de solicitantes.

Jorge Nelson Ramírez, originario de El Salvador, explicó que en Tapachula los migrantes pueden hacer varios oficios, pero las condiciones de vida son a menudo peligrosas.

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