Nicaragua es un país de ciudadanos que ven con pesimismo su futuro. La percepción hacia el mañana está delimitada por un sentimiento de desaliento en un 95.3% de los encuestados por el más reciente informe de la realidad sociopolítica y económica del país, realizado por Hagamos Democracia. Entre todas las variantes que recoge el organismo, la percepción del futuro es casi unánime por dos factores determinantes: la crisis económica y la situación política que persiste, la cual no da visos de solución en el corto plazo.
53.8% culpa de su pesimismo a la crisis política que mantiene a Nicaragua bajo un régimen copresidencial que maquina en la actualidad una sucesión dinástica del poder. Mientras que el 41.5% apunta a la economía, un frente que tiene otros problemas conexos: una canasta básica cada vez más impagable y el deseo irrefrenable por migrar, por largarse del país.
“Los datos evidencian que a lo largo del año ha prevalecido un alto nivel de incertidumbre en los ámbitos político y social, hasta el punto en que prácticamente la totalidad de los consultados percibe el futuro del país con pesimismo”, planteó Jesús Tefel, presidente de Hagamos Democracia, durante la presentación del sondeo este martes en San José, Costa Rica, donde periódicamente presentan las actualizaciones.
“Esta percepción negativa también está relacionada con la precariedad económica. El 78.3% de los encuestados, a pesar de contar con empleo formal o informal, reporta ingresos insuficientes para cubrir sus necesidades básicas, lo que refuerza su visión desfavorable sobre el futuro”, continúa el informe.
Hagamos Democracia sostiene que la crisis no solo se asocia a factores económicos, sino también a la coyuntura política que, en lugar de mejorar, continúa deteriorándose con un aumento en la persecución de cualquier tipo de disidencia.
“En este sentido, un 53.8% (cifra considerablemente mayor al 43.04% registrado en la consulta de julio de 2025) atribuye su percepción negativa a la permanencia de la crisis sociopolítica en el país, mientras
que un 41.5% la vincula con la grave situación económica, presentando una disminución respecto al 47.42% que afirmó lo mismo en la investigación del mes de julio. En menor medida, un 4.7% de los consultados atribuyen su percepción negativa sobre el futuro a la corrupción”, detalla el sondeo realizado de manera telemática en 40 municipios del país.
La percepción pesimista sobre el futuro se desconecta con las necesidades básicas, con llegar a fin de mes. La mayoría de los encuestados perciben ingresos mínimos que resultan insuficientes para cubrir sus necesidades básicas mensuales.
“La cantidad de personas en desempleo o en la informalidad reflejada en esta consulta representa un deterioro en su capacidad económica. En este sentido, el 69.75% de los consultados afirmó que sus ingresos no les permiten cubrir sus gastos mensuales y cotidianos, mientras que solo el 30.25% respondió que sí”, dice la encuesta.
“Estos datos demuestran que, en la Nicaragua actual, el salario y los ingresos resultan insuficientes para proporcionar estabilidad y solvencia a las familias. La calidad de vida de los ciudadanos se ha deteriorado, y el incremento en el desempleo y la informalidad según los resultados reflejados en las últimas encuestas representa una disminución significativa en la capacidad de cubrir las
necesidades básicas mensuales de esta muestra. La absoluta mayoría de los encuestados enfrenta empleos precarios, con un 63.75% de ellos sin un trabajo formal, ya que trabajan por cuenta propia o se encuentran desempleados”, añade Hagamos Democracia.
Los nicas se quieren ir

Este futuro nada halagüeño mantiene en una mayoría de los nicas el deseo de querer irse, de migrar. 64.5% irían si podrían. Al preguntar cuáles son las razones por las cuales estas personas desean migrar, Hagamos Democracia revela que que un 51.12% lo atribuye a la crisis económica, mientras que un 44.40% lo atribuyó a la desesperanza ante la falta de solución a la crisis política. Es decir, estas mismas razones son el centro de la casi todo el sondeo.
Además, un 4.10% expresó que migraría debido al acoso y la intimidación. “Estas cifras nos dicen que ha habido un incremento de 5.11 puntos porcentuales en el grupo de personas que migrarían por falta de una solución a la crisis política respecto a la consulta de julio, en consecuencia, una disminución de 2.45 puntos porcentuales del grupo que migraría por motivos económicos y también una disminución de 2.33 puntos porcentuales en quienes indican que migrarían por el acoso y la intimidación”, dice el informe. Estados Unidos, a pesar de las políticas anti inmigratorias de Donald Trump, sigue siendo el principal país deseado para marcharse con 47.29%, seguido de España con 31.01%. Relacionado a la migración, 44.33% de los nicas dijeron recibir remesas desde el extranjero.
Más desesperanza y purgas

El pesimismo ciudadano no solo se alimenta de la economía. También nace de la desconfianza hacia la política, un terreno que los nicaragüenses observan con escepticismo y cansancio. Según el informe de Hagamos Democracia, la mitad de los encuestados (50.5%) considera que la oposición está haciendo un papel deficiente, mientras que sólo un 14% cree que cumple una labor positiva. El resto, un 35.5%, califica su desempeño como “regular”.
Estas cifras reflejan una crisis prolongada de liderazgo y credibilidad en el campo opositor, incapaz de articular una alternativa ante el poder absoluto del régimen Ortega-Murillo. Para muchos nicaragüenses, la oposición ha quedado reducida a un eco distante, desconectado de las urgencias sociales y sin capacidad para incidir en el rumbo del país.
El informe advierte que esta percepción de impotencia política refuerza el sentimiento de inmovilidad nacional: un país donde nada cambia porque nadie puede –o quiere– cambiarlo. “La ciudadanía percibe falta de unidad, liderazgo y articulación dentro de los grupos opositores”, señala el documento, lo que agrava la sensación de que la salida a la crisis no vendrá del terreno político.
Mientras la oposición se fragmenta, el poder se concentra más que nunca en el círculo de Rosario Murillo. Hagamos Democracia registra que el 62% de los consultados cree que las purgas internas que se han desatado en los últimos meses forman parte de una estrategia de sucesión dinástica, mientras que un 29.5% las atribuye a “fisuras dentro del régimen”. Solo un 7.75% piensa que se trata de sanciones por actos de corrupción.
Las purgas, que incluyen la caída de figuras históricas como Bayardo Arce y Álvaro Baltodano, y arrestos dentro del propio aparato sandinista, son vistas como una operación de limpieza de fichas incómodas para la sucesión, impulsada por Murillo para eliminar cualquier disidencia interna y consolidar el poder familiar. El informe interpreta estas medidas como una señal del declive físico de Daniel Ortega y del ascenso total de su esposa al control del Estado.
En palabras de Hagamos Democracia, “las destituciones y arrestos dentro del régimen evidencian una estrategia de sucesión interna, donde la lealtad absoluta a Rosario Murillo se ha convertido en el único blindaje posible frente a la persecución”.
La conclusión de Hagamos Democracia es tan clara como inquietante: en Nicaragua, la desesperanza no distingue entre economía y política. La gente no confía en la oposición porque no la ve capaz, ni en el régimen porque lo percibe en descomposición. Y entre ambas ruinas, el país sigue mirando el futuro con el mismo gesto de resignación, desangelado.