Alfonso Malespín
28 de julio 2026

¿A bailar el comandante se queda?

Fotograma de una transmisión en vivo que muestra a Daniel Ortega bailando.

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Hay frases que definen épocas y regímenes. 

“¡Vamos con todo!” es un parteaguas en la historia convulsa del país. Ordenada por una encolerizada Rosario Murillo a Fidel Moreno en abril de 2018, se tradujo en que las hordas gubernamentales acabaran a balazos con las protestas de pensionados y estudiantes que demandaban marcha atrás con una reforma de la seguridad social inconsulta y unilateral.

“Aquí no volverán a haber elecciones” es otro parteaguas en la historia del régimen Ortega Murillo. El anuncio, con el que dijo el caudillo de los sandinistas evitará que los opositores aspiren a llegar al gobierno, al poder, ha dejado al continente estupefacto. La cifra de países e instituciones regionales e internacionales que han rechazado el dicho de Ortega ha aumentado cada día desde el 20 de julio.

A la par los analistas siguen discutiendo por qué Ortega cruzó una nueva línea roja, sabiendo que desde 2008 ya era dueño del órgano electoral y de los procesos electorales del país, y había erradicado del país partidos y candidatos opositores.

Preparando recomendación…

Hay una hipótesis que aún no se discute más profusamente, y se relaciona con algo dicho por su difunto hermano Humberto Ortega: que Daniel no tiene relevo en su familia. Él difunto general en retiro no veía a Rosario con el nivel para lograrlo. ¡Y menos a cualquiera de sus numerosos hijos e hijas!

Atado a esta hipótesis está el recuerdo de las dos últimas farsas electorales organizadas por Ortega y que dieron como vicepresidenta a Murillo en 2016 y 2021. En ambos casos los niveles de abstención fueron del 70% y 80%, según reportes de organizaciones observadoras desterradas por el régimen de Managua.

La inmensa mayoría del electorado se quedó en su casa. Esto obligó a Lumberto Campbell y luego Brenda Rocha a inflar las cifras, aunque las imágenes de vecinos y medios de comunicación mostraran fotos y vídeos de centros de votación vacíos por horas y horas. Lo peor fue que algunos simpatizantes de Ortega, queriendo destacar el orden y la eficiencia del poder electoral, cometieron el error de decir públicamente que habían tardado más en llegar que en votar, porque las Juntas Receptoras de Votos estaban desiertas.

Pero hay que ir más atrás de esos dos procesos electorales, hasta el de 2006, cuando Ortega ganó con el 38% de los votos contados a Eduardo Montealegre y con un 8% de votos del que nunca se tuvo noticia alguna. Desde entonces la oposición bautizó a Ortega como el “comandante 38%”. 

En las elecciones que perdió ante Violeta Barrios de Chamorro, Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños, el caudal de votos de Ortega fue menor cada vez, pero no tan enclenque como el del 2026. La brecha entre él, derrotado del segundo lugar, se fue agrandando como la brecha entre los ricos del régimen y la clase trabajadora de Nicaragua.

Para 2011, según la autoridad electoral, Ortega atrajo el 76% de los votos mientras la oposición alegaba fraude y la observación electoral indicaba que era un proceso inauditable. 

Con eso Ortega se asignó el poder de reformar las leyes que quería sin tener que negociar con los partidos representados en el poder legislativo. Y así lo hizo. Y así siguió haciéndolo hasta el día de hoy, cuando el 19 de julio de 2026 mandó a Gustavo Porras a que encuentre el formato legal para que se cumpla su dicho: aquí no volverán a haber elecciones (en las que participen y puedan ganar los opositores).

El factor Rosario

¿A bailar el comandante se queda?
Foto tomada de Presidencia.

¿Será que Ortega no quiere enfrentar la posibilidad de que ahora la abstención alcance o supere el 90%? ¿Será que Rosario, tan vanidosa como es, le ha prohibido que se sometan a una tercera humillación electoral? Ella quisiera ser bendecida por el voto popular.

No es que la oposición vaya a hacerle sombra, puesto que está proscrita y desterrada. Es porque Rosario entiende que la mayoría de la gente no la quiere dónde está. Si ha llegado a la vicepresidencia en 2016 y luego a la copresidencia en 2025 (sin elección de por medio), es porque “es la mujer del comandante”, como oí decir a una pariente lejana que es muy fiel a ellos.

En las bases de lo que queda del FSLN hay dos dichos. El primero es que van con Daniel hasta la muerte. Esa gente no critica jamás al comandante. ¡Eso sería como tocar a Dios con las manos sucias! Pero no dicen eso mismo cuando se menciona el nombre de Rosario. Ella ya es harina de otro costal. La lealtad casi perruna de esa base cada vez más exigua no llega hasta ella.

Pero no basta con que Ortega siga en la papeleta. Es que la gente ya está hastiada de ellos dos desde hace ratos, después de tantas tropelías. Ellos saben bien que detentar el poder desgasta. Y ambos están bastante desgastados después de dos décadas destruyendo toda la institucionalidad que había.

También saben que si salen del poder pueden acabar arrinconados. Lo peor es que tal perspectiva no es una sombra que solo los cubre a ellos. También a su prole numerosa y enriquecida de maneras que tendrían que explicar públicamente.

¿Cómo revertirán (sin fraude) ese estado de opinión, si desde el 2011 la mayoría no aparece por su circunscripción electoral? ¿Cómo van a convencerla de que lo haga ahora, después de que tantas aguas turbulentas han azotado las vidas de tantas familias?

Imagínense ustedes una votación en 2027 en la que la gente prefiera quedarse en casa o ir a cualquier lado para no tener que ir al centro de votación (donde todo ya está previamente arreglado), para depositar una papeleta en la que solo podrían votar por Ortega y su esposa.

Ella le gritaría a él: “¡Ya nos expusiste!”

Eso es lo que no quieren arriesgar.

Así que es posible que con la reforma de las leyes obliguen a la gente a llegar a las urnas, so pena de ser sancionada. Una posible reforma de la Ley Electoral sería convertir el derecho del voto en una obligación, como en otros países. Perú, por ejemplo.

También es posible que, ahora que ya se quitaron la última careta, manden a que todo el mundo les baile “el comandante se queda”, para decir luego que fueron aclamados popularmente de punta a punta.

ESCRIBE

Alfonso Malespín

Periodista. Investigador de temas de libertad de expresión y medios de comunicación. Amante de la gastronomía, bailes y paisajes nicaragüenses.