El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo retiró a Nicaragua del Parlamento Centroamericano (Parlacen), un organismo regional en el que el sandinismo había mantenido una importante cuota de influencia política y desde el que incluso impulsó en los últimos años la incorporación de China y Rusia como observadores.
La Cancillería de Guatemala confirmó al diario La Prensa y a la Agencia AFP que recibió la nota diplomática nicaragüense a través de la embajada de Nicaragua y que el documento cuenta con sello de recepción.
La comunicación, fechada el 3 de octubre y dirigida a la junta directiva del Parlacen, anuncia la denuncia del Tratado Constitutivo del organismo “con efecto inmediato”. El régimen copresidencial afirma que tomó la decisión “en ejercicio pleno de su soberanía” y que notificó también a Guatemala, país depositario del tratado firmado en 1987.
La nota no ofrece otros motivos para explicar la decisión. El retiro supone una nueva ruptura del régimen Ortega-Murillo con organismos internacionales y regionales, pero tiene una particularidad: a diferencia de otras instituciones abandonadas por Managua tras cuestionamientos sobre derechos humanos o democracia, el Parlacen había sido durante los últimos años un terreno favorable para los intereses políticos de los copresidentes.
El Parlacen es el órgano permanente de representación política del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) y está integrado por diputados de Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Panamá y República Dominicana. Cada Estado parte elige 20 representantes.
En el período parlamentario que concluye en octubre de 2026, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) controlaba 15 de los 20 escaños correspondientes a Nicaragua. Esa presencia permitió al régimen promover algunas de sus principales apuestas diplomáticas dentro del foro centroamericano.
En agosto de 2023, el Parlacen expulsó a Taiwán como observador permanente y aprobó en su lugar la incorporación de la República Popular China, menos de dos años después de que Ortega rompiera relaciones diplomáticas con Taipéi y restableciera vínculos con Pekín.
Un año después, en septiembre de 2024, el organismo aprobó la incorporación de la Duma Estatal de Rusia como observadora permanente. La iniciativa fue encabezada por el diputado nicaragüense Daniel Ortega Reyes y recibió el respaldo de 76 parlamentarios centroamericanos. Representantes del FSLN participaron además directamente en las gestiones con la embajada rusa en Managua para promover su incorporación.
De esa manera, China y Rusia, los dos principales aliados extrarregionales del gobierno de Ortega y Murillo, consiguieron espacios como observadores dentro del Parlamento Centroamericano.
La decisión de abandonar ahora el Parlacen implica, por tanto, renunciar a uno de los pocos foros políticos regionales en los que Managua había logrado mantener influencia pese a su creciente aislamiento internacional.
Dos días después de una resolución de la OEA

La nota de retiro fue enviada un día después de que los cancilleres de América aprobaran, el 2 de octubre, una nueva resolución sobre Nicaragua en el marco de la Organización de los Estados Americanos (OEA).
La resolución acordó establecer un grupo ministerial encargado de dar seguimiento a la situación nicaragüense y promover contactos con las autoridades y distintos sectores del país, además de insistir en la restitución de libertades civiles y la liberación de las personas presas por razones políticas.
La cercanía temporal entre ambas decisiones no permite establecer, sin embargo, que la resolución de la OEA haya provocado el retiro del Parlacen. La comunicación enviada por Managua no hace referencia a la reunión de cancilleres ni establece una relación entre ambos hechos.
Nicaragua ya no pertenece a la OEA. Ortega anunció en noviembre de 2021 la denuncia de la Carta de la organización, después de que el organismo desconociera la legitimidad de las elecciones de ese año, en las que el mandatario obtuvo un cuarto período consecutivo tras encarcelar a sus principales adversarios políticos. El retiro se hizo efectivo el 19 de noviembre de 2023, una vez cumplido el plazo de dos años establecido en la Carta de la OEA.
Una cadena de retiros

La salida del Parlacen se suma a una sucesión de rupturas diplomáticas que se aceleró durante 2025. El 3 de febrero de ese año, el régimen sandinista anunció el retiro de Nicaragua de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y exigió el cierre de su representación en Managua. La decisión se produjo después de que las autoridades rechazaran datos publicados por la organización sobre seguridad alimentaria, que calificaron de “falsos” y políticamente motivados.
El 27 de febrero de 2025, Managua notificó también su intención de abandonar la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Sin embargo, esa salida todavía no se ha hecho efectiva. De acuerdo con la Constitución de la OIT, el retiro entrará en vigor el 28 de febrero de 2027, siempre que Nicaragua haya cumplido para entonces sus obligaciones financieras con la organización.
Ese mismo mes, el los copresidentes retiraron a Nicaragua de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), después de rechazar el Informe sobre las Migraciones en el Mundo 2024 y acusar al organismo de divulgar información “falsa, malintencionada e irresponsable”.
También en febrero de 2025, Ortega y Murillo anunciaron que Nicaragua se desvinculaba del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas y de sus mecanismos subsidiarios. La ruptura se produjo después de un informe del Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua que denunció el desmantelamiento de las instituciones independientes y responsabilizó a las autoridades de graves violaciones de derechos humanos.
La cadena continuó el 18 de marzo, cuando Nicaragua denunció el Convenio del Estatuto de la Corte Centroamericana de Justicia (CCJ) y anunció su retiro del tribunal. El Gobierno argumentó entonces que la Corte no había logrado cumplir con sus objetivos de integración regional porque no todos los países centroamericanos participaban plenamente en ella.
En mayo de 2025, Managua anunció además su salida de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), inmediatamente después de que un jurado internacional independiente concediera el Premio Mundial de Libertad de Prensa UNESCO/Guillermo Cano al diario nicaragüense La Prensa.
La entonces directora general de la Unesco, Audrey Azoulay, lamentó la decisión y advirtió que privaría a la población nicaragüense de programas de cooperación en educación y cultura. La retirada de Nicaragua de esa organización está prevista para hacerse efectiva el 31 de diciembre de 2026.
En junio de 2025, el régimen copresidencial formalizó su desvinculación de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).
Un aislamiento cada vez mayor

Las sucesivas salidas contrastan con el acercamiento diplomático que Ortega y Murillo han profundizado con China y Rusia durante los últimos años.
Managua restableció relaciones diplomáticas con Pekín en diciembre de 2021 y desde entonces ambos gobiernos han firmado acuerdos comerciales, financieros y de infraestructura. Con Moscú, Nicaragua mantiene una relación política, militar y de seguridad que se remonta al retorno de Ortega al poder en 2007 y que se ha intensificado desde la crisis sociopolítica de 2018.
Precisamente el Parlacen había servido como otra plataforma para ampliar la presencia de esos dos aliados en Centroamérica. Ahora, con la denuncia del tratado constitutivo, Ortega y Murillo abandonan también ese espacio. El Tratado Constitutivo del Parlamento Centroamericano fue suscrito en 1987 como parte del proceso político que acompañó los acuerdos de paz y democratización de Centroamérica. El propio Parlacen sitúa sus antecedentes en los esfuerzos regionales iniciados durante los conflictos centroamericanos de la década de 1980 y define su función como la promoción de la integración y la representación política regional.
La comunicación enviada el 3 de octubre sostiene que la retirada nicaragüense tiene “efecto inmediato”. Queda por determinar cómo se aplicará jurídicamente la denuncia del tratado y qué ocurrirá con los representantes nicaragüenses que hasta ahora integraban el organismo.