Alejandra G. Galicia, investigadora mexicana: “Todo el pensamiento de Sandino era súper liberal,  no marxista”

El libro Hechos no palabras. Augusto C. Sandino y la Revolución Mexicana, 1926-1930, de Alejandra G. Galicia, reconstruye cómo se forjó el vínculo entre la lucha sandinista en los años veinte y el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) durante los años 70. La autora sostiene que la figura del guerrillero nicaragüense sirvió para articular el movimiento antisomocista y las redes de solidaridad internacional que contribuyeron al triunfo de la insurrección popular. Para ello, el FSLN promovió una reinterpretación de Sandino en clave marxista. “Cuando lo quieren vincular con los postulados marxistas, se ve que lo fuerzan mucho”, dijo la investigadora en esta entrevista


18 de julio 2026

La imagen de Sandino es central actualmente en el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Tomada de El 19 Digital.

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La investigadora y escritora mexicana, Alejandra G. Galicia, viajó a Nicaragua hace más de 10 años para investigar sobre la influencia de la Revolución Mexicana en el proceso del levantamiento armado de Augusto C. Sandino. El trabajo era su tesis de maestría en Estudios Latinoamericanos y le entusiasmaba por el vínculo que, en apariencia, tenía la lucha del guerrillero nicaragüense con Emiliano Zapata y Pancho Villa. 

Galicia se asombró cuando descubrió la diferencia que había entre las fuentes bibliográficas y lo que miraba o consultaba en la calle. Un ejemplo de esto es el mural “Los prometeos”, del pintor Arnold Belkin, que está ubicado en el Palacio de la Cultura de Managua. Esta pintura fue obsequiada por el Gobierno mexicano a Nicaragua en los años 80 “para celebrar el triunfo revolucionario y conmemorar el aniversario de la Revolución Mexicana hermanando así a los dos pueblos”. Pero también la escritora vio cómo instituciones nicaragüenses presentaban esta vinculación entre Sandino y otros próceres latinoamericanos.

No obstante, los archivos que consultaba no correspondían con esa narrativa. “En los archivos no había nada: no había una relación con Zapata”, dijo Galicia en una entrevista con DIVERGENTES. 

La investigadora se frustró porque su hipótesis comenzaba a desmoronarse al ver que estos dos procesos contrastaban. Por ejemplo, cuando Sandino llegó por primera vez a México en 1923, Zapata tenía cuatro años de haber sido asesinado. Es decir, los dos líderes nunca se conocieron y el zapatismo (movimiento de Zapata) ya había sido cooptado. 

Preparando recomendación…

Cuando argumentaba esto en Nicaragua solía encontrar respuestas como: “Pero si usted ve: las botas y el sombrero (de Sandino) son como los de (Pancho) Villa”. Entonces, después de analizar durante un tiempo, entendió que en este tema se había construido una narrativa que trastocó la figura de Sandino para responder a distintos intereses de la época

Uno de esos momentos fue cuando a inicios de los años setenta, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) articuló su política de solidaridad internacional por medio de Sandino, una figura que también sirvió como eje articulador del movimiento antisomocista. Luego, en 1979, Sandino fue convertido en el símbolo de la revolución nicaragüense y clave en la narrativa propagandística del movimiento armado que tomó el poder. 

Alejandra G. Galicia, investigadora mexicana: “Todo el pensamiento de Sandino era súper liberal,  no marxista”
Alejandra G. Galicia, investigadora y escritora mexicana. Le tomó más de 10 años finalizar investigación sobre Sandino.

El resultado de esa investigación se encuentra en “Hechos no palabras”. Augusto C. Sandino y la Revolución Mexicana. 1926-1930, un libro que revela cómo ocurrieron estas reinterpretaciones de Sandino, qué intereses hubo y quiénes participaron. En esta entrevista, Alejandra G. Galicia relata el Sandino que encontró en archivos de Centroamérica, Alemania, Estados Unidos y Argentina. 

Después de años de investigación, ¿Qué fue lo que más le sorprendió o contradijo la imagen de Sandino con la que usted misma comenzó este proyecto?

A mí me sorprendió que quienes iniciaron la solidaridad con Sandino fueron los centroamericanos. Es muy importante, porque en Centroamérica yo he sentido que existen ciertas tensiones entre centroamericanos. Y me di cuenta que en el período de la guerrilla sandinista hubo una conciencia centroamericana para articularse y crear una red de solidaridad en varios niveles: militar, que es muy importante, pero también estuvo el propagandístico y el diplomático. 

Creo que eran muy conscientes de que ya estaban instalados los estadounidenses en Honduras, un poco en El Salvador, y si entraban a Nicaragua era como que todos iban en el paquete. Esta articulación centroamericana fue tan importante que permitió que el movimiento sandinista pudiera tener el alcance que tuvo. Esto llega a México, que está en plena posrevolución y en una reconstrucción institucional muy potente, donde hay los exiliados y un montón de gente trabajando para hacer propaganda para la revolución: Diego Rivera, Tina Modotti, Julio Antonio Mella, o sea, la plana mayor de la izquierda latinoamericana. 

Entonces, lo que a mí me gustó y me sorprendió fue eso: no es cierto que la articulación de la solidaridad con Sandino haya venido de los comunistas. Vino de los centroamericanos que se articularon con otros grupos antiimperialistas, con distintas agendas y eso es lo más interesante de todo. 

Alejandra G. Galicia, investigadora mexicana: “Todo el pensamiento de Sandino era súper liberal,  no marxista”
La Sombra, la imponente escultura del poeta Ernesto Cardenal sobre Sandino, en la loma de Tiscapa. Tomada de El 19 Digital
¿Cuál fue realmente la relación de Sandino con la Revolución Mexicana? 

Esta narrativa tiene que ver más con los años 70. O sea, ya existe esta idea de un vínculo entre Sandino y la Revolución Mexicana cuando Sandino viene la segunda vez a México, en 1929, porque hay una propaganda que se le está haciendo y él mismo sabe de la importancia que tiene México para su proyecto. Él dijo que estuvo en México y que de alguna forma lo que estaba haciendo tenía que ver con lo que había pasado en México, pero no da más información. 

Creo que mucha gente se toma literal esa afirmación, sin historizar, sin ver cuál es la importancia de que él esté en México y esté declarando lo que declara. Él estaba buscando el apoyo de México cuando las condiciones habían cambiado completamente de las que fueron en 1926, cuando el gobierno de Plutarco Elías Calles le proporcionó apoyo armado y diplomático a la resistencia de Juan Bautista Sacasa. Esta actitud de Sandino me parece muy interesante porque él sí está leyendo políticamente el momento en el que está llegando a México. 

Esta afirmación de Sandino la van a tomar literal los que van a venir después, particularmente en el proceso de solidaridad que se dio en los setenta, desde México, con el Frente Sandinista. Yo me he dado cuenta que parte de la estrategia de la tendencia tercerista (cuyas principales figuras fueron Daniel y Humberto Ortega), para generar las condiciones y derrotar Anastasio Somoza Debayle, fueron muy importantes los procesos solidarios internacionales. Esto me parece muy importante porque yo sé que tiene mucha importancia el movimiento armado, pero también esto demuestra la importancia de la diplomacia. 

¿Por qué fue importante la solidaridad con el Frente Sandinista en los setenta?

El Frente Sandinista crea una línea en la cual se van a formar comités de solidaridad con el pueblo de Nicaragua. Entonces había comités mexicanos y cubanos en una línea muy estructurada. Dentro de esos lineamientos, se formó un órgano de difusión, una gacetilla que se llamaba Gaceta Sandinista en México. Cuando la leí, entendí todo. Porque, claro, crearon esta narrativa de Sandino con la Revolución Mexicana para ir consolidando el proceso de solidaridad de México. 

En el libro se habla de que hubo un proceso de iconización de Sandino. ¿Cómo ocurrió este proceso?

Esa es una categoría de Catherine Lacaze, una historiadora francesa que plantea cómo se creó, alrededor de Sandino, una imagen del guerrillero nicaragüense: se le dan valores, atributos, como lo que debería ser idealmente. A mí eso me hizo mucho sentido cuando llegué por primera vez a Nicaragua y lo que miraba eran imágenes: murales de Sandino y Zapata, el sombrero stetson, las botas y los fusiles. 

A mí me parece que esto descontextualiza la figura, hace que se simplifique. Una de las cosas que me ha llamado la atención es esa historia de Sandino, el hijo natural de la campesina, que estuvo en la cárcel con la mamá, que luego le reclama al papá…Me parece esto como una historia muy sufrida y no dudo que haya sido así, seguramente, pero creo que es más complejo que esto. Porque también creo que Sandino fue un personaje que, para su época, tenía privilegios. En el sentido de que, cuando fue reconocido por el papá (Gregorio Sandino), pudo educarse. Y luego tuvo la oportunidad de moverse por Centroamérica hasta llegar a México, que no creo que haya sido tan común en la época. Recordemos que eran esos inicios de la movilidad por Centroamérica. 

En el libro precisamente plantea que esta narrativa posterior simplificó la figura al “Sandino proletario”. A partir de su investigación, ¿cómo definiría la posición política e ideológica de Sandino? 

Sandino era liberal, y creo que a la gente se le olvida. La gente dice que cuando llega a México, se influencia de México y creo que no. Yo creo que era liberal desde Nicaragua porque su papá era liberal. Yo creo que formarse dentro de una familia de un hacendado (cafetalero) ya le da un capital cultural que adquiere al incorporarse a la familia Sandino. 

Entonces, esta decisión de salir y trabajar en ciertos espacios y formarse en ciertos oficios, creo que no es muy común en la Nicaragua de inicios del siglo XX. Y yo creo que ahí radica la complejidad. Sí es importante su presencia entre 1923 y 1926 en México, donde puede ser que le hayan dado un aliento, pero él ya venía formado desde la ideología liberal. Era un liberal: Sandino, todo su pensamiento es súper liberal. O sea, cuando lo quieren vincular con los postulados marxistas, se ve que fuerzan mucho. Yo estuve buscando en  la documentación que él despliega y es una narrativa liberal decimonónica.

Para muchas personas esto puede ser controversial por lo que significó para los gobiernos sandinistas a partir de los años ochenta…

Algunos dicen de Sandino que algo marxista debe tener las leyes laborales, el acceso a tierra de los que habló. O sea, sí tiene una idea de regular las relaciones laborales y las jornadas laborales a ocho horas o impedir el trabajo infantil. Esto sí es muy revolucionario para su época, pero se queda ahí.  

Luego de esto hace sentido que haya tenido un vínculo con Froylán Turcios (intelectual hondureño). Cuando revisas la documentación te das cuenta de que hay una coincidencia muy importante entre ellos dos porque son liberales. O sea, Turcios es el más liberal de los liberales. Entonces, es un liberal y tiene toda la complejidad de los liberales centroamericanos. Es unionista, y eso sí se toca, pero como en un segundo plano.

También pensamos en una Centroamérica de su época, que está como en ese tránsito: pasando de un liberalismo a empezar a que emerjan ideas mucho más radicales: socialismo o el comunismo para después caer abruptamente en lo que fueron las dictaduras de los treinta. Entonces, para mí, Sandino tiene todavía esa savia liberal. Y esto se ve muy claro en esa tensión que tuvo con los comunistas mexicanos. Sandino y la gente que estuvo cerca de él fueron muy hábiles, porque ellos sabían la importancia que tenían las declaraciones. Entonces, sí hay documentos donde Sandino utiliza frases de corte comunista, pero él sabe que tiene que hacer eso porque son sus interlocutores. Cuando envió la comunicación al Congreso Antiimperialista de Frankfurt él utilizó esa retórica. 

Y claro, en ese momento ya había sacado sus tropas de Nicaragua y tienen que seguir dando la pelea y necesita refuerzos porque México no le estaba dando lo que está pidiendo o necesitando. Entonces, él lo que quiere es mantener un apoyo de propaganda, militar, etc…porque además en 1928 rompió con Turcios, y buena parte de la estructura solidaria se deshizo. Entonces, lo que él intenta es mantener a flote lo que se puede de la ayuda solidaria. 

Alejandra G. Galicia, investigadora mexicana: “Todo el pensamiento de Sandino era súper liberal,  no marxista”
Esta es la amplia red antiimperialista de solidaridad con Sandino.
¿Por qué el FSLN buscó establecer una continuidad histórica entre la lucha de Sandino en los años veinte y la de los años setenta?

La red de solidaridad con Sandino lo convirtió en la figura antiimperialista más importante de la época. Y ahí el periodismo hizo lo suyo: le hicieron entrevistas y reportajes a Sandino con mucho hincapié sobre cómo se nutrió de la Revolución Mexicana. Y esas fuentes son las que van a recuperar en los 70. En esa década, México era muy activo en la solidaridad y una de las estrategias del Frente Sandinista fue recuperar a todas las figuras que estuvieron muy cerca de Sandino: su hija, Blanca Segovia Sandino Aráuz, y los veteranos sandinistas, Santos López y Ramón Raudales, para crear ese vínculo. 

En México hicieron algo parecido a través del Comité Mexicano de Solidaridad con el pueblo de Nicaragua. Recuperaron a figuras importantes como el poeta Carlos Pellicer, quien también fue mentor de Andrés Manuel López Obrador, y Andrés García Salgado. Pellicer fue el presidente del comité de solidaridad y García Salgado escribió un libro titulado Yo estuve en Nicaragua. Estas figuras hicieron el vínculo. 

¿Qué papel tuvieron los artistas, intelectuales y productores culturales en esta construcción de la imagen de Sandino?

Yo creo que es muy importante lo que hicieron ellos. Esta es una de las preguntas que están pendientes en este libro porque yo me dediqué a entender la red. La primera respuesta que te puedo dar tiene que ver con la Revista Ariel (de Froylán Turcios) y cómo construyó la imagen de Sandino. Y eso es muy bonito porque tiene que ver con el trabajo de la editorial de Turcios y a la corriente que él se adscribe, que es el modernismo. Entonces, en Revista Ariel vamos a ver una construcción del héroe, el levantamiento de Sandino como una gesta épica. Vamos a ver también la idea de Sandino como el representante de toda la región latinoamericana: el David frente al Goliat. Toda esa épica martirológica la retomó el Frente Sandinista. 

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La red de intelectuales que participó en Revista Ariel y que ayudó a la construcción de la imagen icónica de Sandino.
¿Cómo el Frente Sandinista reinterpretó a Sandino en clave marxista?

Cuando terminé la investigación estaba muy enojada con todos, porque sí me mintieron. Pero después, cuando ya seguí haciendo la investigación, comprendí que es una operación ideológica que hace el poder. El poder siempre va a hacer eso: resignificar. Porque es importante dar identidad. Y creo que en ese momento, el Frente lo supo hacer. Se agotó, como todo, pero me parece normal, por decirlo de alguna forma, que el Frente Sandinista haya hecho esa lectura porque era lo que necesitaba: identidad y cohesión. 

Cuando se creó la idea del Sandino proletario tenía mucho sentido hacerlo de esa manera. Obvio, como toda construcción política, tiene ahí sus sesgos, sus lagunas y fue lo que yo intenté poner en la mesa. Pero en ese momento, tenía una función. 

¿Qué figuras nicaragüenses fueron importantes o relevantes en esta reinterpretación?

Sergio Ramírez, Ernesto Cardenal y Carlos Fonseca. Yo creo que son fundamentales en esa construcción. En el caso de Ramírez y Cardenal terminaron enfrentados al Frente Sandinista. Porque hay un momento en que el mito se desgasta muchísimo. 

Alejandra G. Galicia, investigadora mexicana: “Todo el pensamiento de Sandino era súper liberal,  no marxista”
Daniel Ortega observa el mura escultórico en el Mausoleo de los Héroes en la Plaza de la Revolución, en el que Sandino es figura central.
La construcción de figuras heroicas o mitos no es exclusiva de Nicaragua. ¿Qué lecciones ofrece el caso de Sandino para comprender cómo se construyen los mitos políticos en América Latina?

Creo que un mito no es un nombre. O sea, cuando se construye un mito de un personaje detrás hay mucha gente. A mí eso me lo mostró Sandino, que pudo ser la figura antiimperialista más importante de la primera mitad del siglo XX, pero no estaba solo.

Sandino tenía toda una estructura detrás que lo estaba apoyando: donde estaban los exiliados nicaragüenses, los unionistas centroamericanos, los comunistas. O sea, hay una conjunción de esfuerzos donde hay todo el tiempo choques, porque hay muchos intereses encontrados. Una figura que surge como un mito siempre tiene una estructura, personajes, hombres, mujeres, medios de comunicación, relaciones, siempre que hay algo ahí. Siempre hay un mundo que lo entiende. Después, que nunca todo es blanco y negro; y siempre hay muchas contradicciones en un personaje como Sandino. Siempre hay claroscuros. 

A mí me hubiera gustado haber leído un Sandino sin una reinterpretación tan marcada. Usted entiende por qué lo hicieron, pero ¿cree que fue lo correcto?

Como politóloga, yo te puedo decir que en los ejercicios de poder es normal. Aunque a mí esta respuesta no me satisfacía. Porque el poder no solamente es someter a los demás a tu visión del mundo. Es que ahí también está implicada la formación de un pensamiento crítico. Y yo creo que en el ejercicio del poder eso es lo que menos les interesa. Creo que esas son las contradicciones de la revolución. A veces pensamos en las revoluciones como algo puramente positivo y la revolución tiene esos claroscuros. 

Creo que hay que seguir cuestionando la revolución para que las cosas positivas de eso permanezcan. Y hay que también asumir que existen contradicciones en esos procesos. El ejercicio de poder no va a querer mostrar esas contradicciones. 

¿Su investigación analiza cómo distintos actores políticos reinterpretaron a Sandino para responder a necesidades de su tiempo. ¿Cómo observa los usos actuales de la figura de Sandino en el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo?

Yo no sé ahora cómo sean las celebraciones. Lo que te puedo decir, de mis cuatro veces que estuve en Nicaragua, es que había una saturación de la figura de Sandino. O sea, como que el discurso quedó estático del Sandino de la revolución del 79, como la sombra que hizo Ernesto Cardenal en Tiscapa. Creo que a partir de 2018 volvió a haber reinterpretaciones de Sandino, y cada uno lo interpretó como más le convenía. Y ahí yo tendría que tener un panorama más completo para ver cómo desde el régimen se ha reinterpretado a Sandino. 

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