¿Por qué el queso dejó de ser barato en Nicaragua?

En Nicaragua, el queso se ha encarecido hasta superar el precio de varios cortes de carne de res. La combinación de una extensa cadena de intermediación, la demanda del mercado salvadoreño, las diferencias climáticas entre regiones ganaderas y un sistema de comercialización desigual explica por qué, pese a que el productor recibe poco por la leche, el consumidor paga cada vez más por el queso.


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Ana vive en Managua y cada semana compra tres libras de queso en una pulpería cercana a donde antes era La Racachaca, un popular punto de referencia en Managua. Paga hasta 124 córdobas por libra, un gasto inevitable para su familia, integrada por cinco personas. El queso, explica, se convirtió en un sustituto del pollo y la carne, proteínas que no pueden consumir a diario por su alto costo. Sin embargo, con un salario mensual de 5000 córdobas como trabajadora del hogar, cada compra semanal de queso representa un golpe directo a su economía: hoy destina más dinero a un producto que antes era “un poco más accesible”.

Una situación similar enfrenta Dalila, quien vive en Ciudad Sandino. En su hogar habitan dos adultos y un niño y, aun así, el consumo de queso es limitado: una libra cada semana y media. Dalila paga 116 córdobas por libra y tiene claro que el queso apenas alcanza para un tiempo de comida, lo que la obliga a racionar. “No es algo que se pueda repetir en el día”, comenta, consciente de que su precio lo ha transformado de un alimento cotidiano a uno ocasional.

La diferencia de precios se hace evidente al salir de Managua. En zonas ganaderas como Acoyapa y Río San Juan, la libra de queso se vende a menor costo. Según Engels, oriundo de la zona central del país, en estos municipios el precio oscila alrededor de los 82 córdobas por libra.

Esta brecha de precios entre las zonas productoras y los centros urbanos no es un caso aislado. El queso se ha convertido en uno de los productos que más ha incrementado su precio dentro de la canasta básica, al punto de alcanzar hasta 180 córdobas por libra en algunos supermercados y mercados de Managua a finales de enero. A pesar de ello, las cifras oficiales difieren de lo que enfrentan los consumidores.

Preparando recomendación…

Juan José Úbeda, director general de la Dirección de Protección y Defensa de los Consumidores (Diprodec), indicó el 3 de febrero en su reporte semanal a los medios oficialistas que, entre los productos monitoreados, seis registraron una baja de precio: “… el queso a 97 córdobas con 13 centavos…”. Sin embargo, en la realidad de las pulperías capitalinas el precio es otro. Alberto, comerciante que se abastece en el mercado Iván Montenegro —principal punto de distribución de queso proveniente de las zonas lecheras del país—, asegura que esta semana compró la libra al por mayor en 92 córdobas. En su negocio, sin embargo, la vende al público a 124 córdobas, una diferencia que refleja los márgenes y costos que se trasladan al consumidor final.

Un problema de vieja data

¿Por qué el queso dejó de ser barato en Nicaragua?
Ganaderos sostienen que son los menos responsable del aumento de precios del queso y señalan a los intermediarios que son los que concentran la mayor ganancia. EFE|Jorge Torres

El aumento del precio del queso es un problema de vieja data. Tradicionalmente se atribuye a factores como la temporada lluviosa o seca, el costo del combustible, falta de infraestructura y caminos y la cadena de intermediarios, una responsabilidad que no recae únicamente en los pulperos. 

Para Antonio, ingeniero agrónomo y ganadero de la zona del Pacífico de Nicaragua, hablar del costo del queso es un tema que ya asume con normalidad. Incluso confiesa que no entiende por qué hay “tanto escándalo alrededor de su precio”, cuando —asegura— el ganadero nunca ha ganado lo suficiente por la leche que produce. 

Actualmente vende el galón de leche (cuatro litros) a la lechera que recolecta el producto en la zona y lo traslada a Managua en 57 córdobas, precio que espera mejore al menos a 60 o 70 córdobas en  lo más duro del verano, que es cuando mejor se paga. 

La percepción de Antonio es que en las zonas húmedas del país continúa saliendo mucha leche, lo que, en teoría, debería hacer bajar los precios. Sin embargo, en las zonas áridas ganaderas ocurre lo contrario: la falta de lluvias reduce el pasto y las vacas priorizan mantener su cuerpo antes que producir leche, lo que termina encareciendo el queso en los mercados e incrementando el costo al público. 

“En Nicaragua hay tres zonas climáticas bastante definidas. En las zonas húmedas todavía hay pasto verde que hace que las vacas produzcan más leche. Mientras nosotros, en el Corredor Seco, estamos padeciendo por falta de pasto […]. En aquellas zonas hay más leche, pero no hay suficientes recolectoras, ni infraestructura, y tienen que hacer este queso artesanal. Entonces a esa gente no le queda más remedio que hacer queso, que luego lo traen al mercado”, explica. 

Afirma que el ganadero es el eslabón al que menos se le debe responsabilizar por el alza del precio. A su juicio, los intermediarios son quienes se quedan con “el botín más grande”. Detalla que, en promedio, de un galón de leche se obtiene una libra de queso, lo que evidencia la brecha entre lo que recibe el productor y lo que paga el consumidor.

La cadena inicia con el ganadero, que recibe apenas 57 córdobas por galón. Luego, la lechera recolecta la leche y la traslada a los centros de acopio; después interviene quien produce el queso, que invierte en sal, pastilla de cuajo, empaque y traslado al mercado. A esto se suma el comerciante que compra el producto y lo vende al público o a los pulperos, quienes también incrementan el precio hasta que finalmente llega al consumidor.

Agrega que otro mecanismo habitual es el de las distribuidoras de queso, que compran el producto en las queseras. “Lo empacan bonito, colocan el código sanitario” y lo venden a los supermercados, donde los precios son aún más elevados, aunque —advierte— “siempre es el mismo queso”. 

“El costo del empaque en Walmart o en cualquier supermercado no solo cobra por el queso; cobra por el ‘fee de estantería’ y el empaque termo encogido que previene la pérdida de humedad. Ese empaque puede costar hasta 12 córdobas por unidad, un costo que en el mercado popular se ahorran, pero que en el súper infla la cifra final”, dice el ganadero.

Demanda del mercado salvadoreño incrementa los costos

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El Salvador continúa siendo el principal destino del queso nicaragüense. EFE| Iván Mejía

Antonio señala la exportación hacia El Salvador como uno de los factores que inciden en el precio del queso en el mercado nacional. De acuerdo con su explicación, las plantas industriales y los grandes acopiadores fijan sus precios tomando como referencia el mercado salvadoreño, lo que reduce la oferta destinada al consumo interno y presiona los precios al alza.

Los datos oficiales muestran que esta dinámica se ha intensificado en los últimos años. Según cifras del Banco Central de Nicaragua (BCN), retomadas en un reportaje previo de DIVERGENTES, las exportaciones de queso hacia El Salvador aumentaron de forma sostenida entre 2019 y 2021. En 2019 se exportaron 33.58 millones de kilos; en 2020, 41.08 millones; y en 2021, 59.8 millones de kilos, lo que representa un incremento cercano al 80% en dos años.

Información más reciente indica que El Salvador continúa siendo el principal destino del queso nicaragüense. Datos del Banco Central de El Salvador señalan que, solo en el cuarto trimestre de 2025, Nicaragua exportó aproximadamente 18.5 millones de libras de queso hacia ese país.

De acuerdo con el Ministerio Agropecuario (MAG), en 2025 la producción nacional de queso y cuajada alcanzó las 251.5 millones de libras, destinadas tanto al consumo interno como a la exportación. En el mercado salvadoreño, el queso duro o “morolique” se cotiza alrededor de 6 dólares por libra y el queso cuajada en 3.30 dólares, según la Asociación Salvadoreña de Importadores de Lácteos (Asilac), precios que sirven de referencia para la comercialización del producto.

En términos comparativos, los datos muestran que el volumen de queso exportado hacia El Salvador es hoy mayor que hace cinco años, y que esta demanda externa incide en la disponibilidad y el precio del producto en el mercado nicaragüense.

Carne de res versus queso

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Según el monitoreo del Ministerio Agropecuario, entre enero y noviembre de 2025 la producción nacional de carne bovina superó los 380,5 millones de libras. Este volumen fue resultado del sacrificio de más de 795 700 reses en mataderos industriales, rastros municipales y por matarifes individuales. Divergentes| Foto tomada de El 19 Digital

El precio del queso —uno de los alimentos más básicos de la dieta— ha llegado a superar al de varios cortes de carne de res, pese a que ambos provienen del mismo animal. La comparación de costos revela una distorsión en la cadena de precios que no se explica únicamente por el valor del ganado.

Una vaca de descarte,  con un peso aproximado de 350 a 400 kilos, se cotiza en los mataderos entre 70 y 75 córdobas por kilo en pie. Actualmente, la carne de res se comercializa en rangos que van desde 124 córdobas la libra (cecina) hasta 149 córdobas (posta de gallina), mientras que cortes como la entraña se mantienen alrededor de 140 córdobas en los supermercados del país.

La comparación entre ambos productos evidencia una realidad incómoda: “El problema no está en la producción primaria, sino en cómo se distribuyen las ganancias a lo largo de la cadena”, dice el ingeniero. Mientras el precio del ganado se mantiene relativamente estable, el consumidor termina pagando más por el queso que por la carne, un alimento que requiere mayor procesamiento y logística.

¿Bajará el precio del queso en los próximos meses?

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Las diferencias regionales en los costos y una cadena de intermediación extensa explican por qué, pese al aumento de la producción, el queso sigue encareciéndose y el impacto recae en el consumidor. Divergentes| Divergentes

Antonio explica que, con la llegada de las lluvias entre mayo y junio en la zona del Pacífico, la producción de leche suele incrementarse. A este fenómeno se le conoce como “golpe de leche”, un período en el que hay sobreproducción y, en teoría, los precios del queso deberían bajar en el mercado.

Sin embargo, esta reducción no siempre beneficia a los productores. “Nosotros como productores los precios bajan tanto que sale más fácil dejar mamar a los terneros o botar la leche. Lo que pasa es que tampoco puedes dejar de ordeñar, porque los terneros al beber mucha leche les provoca diarrea”, explica. Ante este escenario, muchos ganaderos continúan produciendo queso, aun cuando implica pérdidas.

El ingeniero añade que el costo de producción no es igual en todo el país. “No es lo mismo lo que nos cuesta a los que estamos en el Corredor Seco producir un litro de leche que a lo que les cuesta a los que están en la zona intermedia o en la zona húmeda, donde hay pasto en abundancia”. Estas diferencias regionales inciden en la oferta y en la estabilidad del precio del queso, incluso en épocas de mayor producción.

Esto significa que en Nicaragua, el encarecimiento del queso no responde únicamente a la lógica del clima, ni a la producción ganadera. Es el resultado de una cadena de intermediación extensa, de una demanda externa creciente y de un mercado interno donde el consumidor termina absorbiendo los costos de una estructura desigual. Así, mientras la carne de res se mantiene relativamente estable en los mercados, el queso —un alimento básico— se vuelve cada vez más inaccesible para miles de familias.