Las elecciones generales del domingo 30 de noviembre en Honduras han dejado un escenario político inédito y cargado de tensión. Con un país que aguardó en vilo durante la noche, el conservador Nasry “Tito” Asfura, del Partido Nacional, se perfila con una ligera ventaja sobre el liberal Salvador Nasralla, marcando un giro drástico en la dirección política del país centroamericano tras el gobierno de Xiomara Castro.
Con el 55.87% de las actas procesadas —lo que equivale a 10 701 de un total de 19 152—, la diferencia entre los dos punteros es ahora de apenas 4176 votos. Hace tan solo unas horas, al filo de la medianoche, esa brecha superaba los 30 000 sufragios, lo que evidencia lo reñido del conteo voto a voto en la recta final.
Según los datos oficiales más recientes, Asfura acumula el 40.00% de los apoyos, traduciéndose en 735 703 votos. Respirándole en la nuca, Nasralla alcanza el 39.78%, con un total de 731 527 votos. Por su parte, la candidata oficialista Rixi Moncada, del partido Libertad y Refundación (Libre), se mantiene rezagada en la tercera posición con 352 836 votos, representando el 19.18% del total, confirmando el retroceso del partido de gobierno en estas elecciones generales.
Pese al margen estrecho entre los dos punteros, la noche electoral se convirtió en un campo de batalla retórico donde cada fuerza intentó adueñarse de la victoria antes de tiempo. Salvador Nasralla no esperó al primer boletín oficial para proclamarse ganador. Basándose en su propio conteo interno, el candidato liberal alegó tener una ventaja de hasta cinco puntos y aseguró que la tendencia actual se revertiría con la llegada de las actas de al menos siete departamentos pendientes.
“Estoy muy optimista”, declaró Nasralla en conferencia de prensa ante sus seguidores. “Ese uno por ciento que tiene adelante Asfura va a cambiar”, sentenció, esgrimiendo datos propios que, según él, le otorgan una diferencia favorable de 200 000 votos. Además, lanzó acusaciones directas contra sus rivales, sugiriendo la existencia de una alianza tácita entre los partidos Nacional y Libre para bloquear su llegada a la presidencia.

Desde la acera del oficialismo. Tanto la candidata Rixi Moncada como el expresidente y coordinador de Libre, Manuel Zelaya, instaron a su militancia a mantenerse “en pie de lucha” hasta que se complete el escrutinio del 100% de las actas. “Es lo moral, patriótico y apegado a una verdad plena que el pueblo ordenó en las urnas”, escribió Zelaya en su cuenta de la red social X, en un intento por mantener la cohesión de sus bases frente al adverso resultado preliminar.
Fragilidad institucional y reclamos al CNE
El retraso en la divulgación del primer boletín oficial, que tardó más de una hora y media en ser emitido, generó un vacío de información que disparó la ansiedad y las especulaciones.
Nasry Asfura, pese a liderar el conteo, mostró su visible molestia con la gestión del tiempo por parte de las autoridades. El candidato nacionalista señaló directamente a la presidenta del CNE, Ana Paola Hall, exigiendo celeridad y transparencia.
“No tengamos a un país en espera, en ascuas, en tinieblas. Hágalo, por el bien de la democracia”, reclamó Asfura, posicionándose como un defensor de la institucionalidad en medio del caos informativo.
La sombra de Trump y la injerencia externa
A este clima de polarización interna se sumó un factor externo de peso: la intervención directa del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Dos días antes de los comicios, el mandatario estadounidense rompió los protocolos diplomáticos habituales al solicitar abiertamente el voto por Asfura.
En un movimiento que ha generado controversia sobre la soberanía del proceso, Trump calificó a Asfura como el “único verdadero amigo de la libertad en Honduras”. Pero su mensaje fue más allá del respaldo político; incluyó la promesa de un eventual indulto para el expresidente Juan Orlando Hernández —condenado por narcotráfico en Estados Unidos— y una advertencia económica: Washington no seguiría “malgastando dinero” en el país si no ganaba su candidato.
Investigaciones de medios locales como Contracorriente señalan que detrás de esta estrategia comunicacional estuvieron asesores vinculados al entorno de Trump, como Fernando Cerimedo y Dick Morris.
La reacción del Partido Nacional ante esta injerencia fue pragmática, interpretando los resultados como un mandato de cambio más allá de las presiones externas. “El pueblo hondureño quería un cambio real. Independientemente de la posición de Trump, sabía que había que sacar a Libre”, declaró la diputada nacionalista Johana Bermúdez, intentando capitalizar el descontento popular hacia el gobierno saliente.
Un nuevo tablero regional
De confirmarse la victoria de Asfura, el resultado supondría el retorno del Partido Nacional al poder, tras haber sido desplazado en 2021 por la victoria de Xiomara Castro. Asfura, un político de origen palestino con una trayectoria marcada por su gestión municipal y un breve paso por la administración central, ha enfocado su campaña en un discurso de orden, unidad y reconciliación.
Este posible triunfo no es un hecho aislado. Representaría una nueva configuración del tablero político centroamericano, donde las opciones conservadoras ganan terreno. Honduras se sumaría potencialmente a una tendencia regional de derechas y alianzas transnacionales, en un contexto atravesado por la crisis migratoria, la desigualdad y una polarización política que parece lejos de resolverse.
Por ahora, el CNE mantiene abierto el proceso de escrutinio y se espera que los resultados definitivos se den a conocer en los próximos días mediante el sistema de transmisión electrónica. La oposición liberal ya ha advertido que disputará cada voto y cuestionará cualquier irregularidad, lo que convierte a la transparencia del ente electoral en el factor decisivo para legitimar el resultado y evitar una escalada de tensiones sociales.