La administración del presidente Donald Trump se acerca a una decisión que podría redefinir por completo la relación económica entre Estados Unidos y Nicaragua: suspender los beneficios del CAFTA-DR o imponer aranceles punitivos de hasta 100% a sectores clave de exportación. No se trata únicamente de una política comercial, sino de una pieza más dentro de la estrategia geopolítica del gobierno republicano hacia Nicaragua, Venezuela y Cuba, países que la Casa Blanca considera bajo influencia adversaria de China, Rusia e Irán.
Fuentes cercanas a Washington consultadas por DIVERGENTES coinciden que la decisión podría conocerse el 19 de diciembre, fecha en que Trump renovaría la declaración que clasifica a Nicaragua como una “amenaza singular” para la seguridad nacional estadounidense.
Trump tiene sobre la mesa un abanico de medidas que van desde la suspensión parcial de beneficios arancelarios, hasta la imposición de tarifas punitivas del 100 por ciento. Según el investigador del Diálogo Interamericano, Manuel Orozco, la determinación de qué recomendar a Trump ha quedado en manos de la Oficina del Representante Comercial (USTR), entidad que ha evaluado el tipo de sanción podría golpear con mayor precisión al régimen Ortega-Murillo y al mismo tiempo, causar el menor daño posible a las empresas estadounidenses que operan en Nicaragua.
Reducir demanda de productos nicaragüenses
Ese cálculo parte de una premisa: cualquier medida deberá reducir la demanda de productos nicaragüenses en el mercado estadounidense. USTR ha estudiado la suspensión de beneficios para sectores que ya han sido afectados por medidas similares en otros países, especialmente textiles, automóviles y electrónicos.
También ha analizado el impacto sobre alimentos como café, banano y carne, aunque estos rubros generan mayor cautela, por el peso que tienen en cadenas comerciales regionales. Orozco advierte que nada impide a la Casa Blanca avanzar hacia medidas mucho más drásticas.

A partir de 2026, la administración Trump podría imponer aranceles del 100 por ciento a varios sectores, una decisión que expulsará de facto a Nicaragua de su principal mercado de exportación. La suspensión del CAFTA sería sólo una parte del castigo, acompañada además de acciones de política exterior dirigidas directamente contra el gobierno de Ortega.
Pero más allá del análisis técnico, la decisión tiene un componente político que, según el opositor exiliado y analista político, Eliseo Núñez, es determinante: “Trump mira a Venezuela, Nicaragua y Cuba como una sola estrategia”, explica. Bajo esa lógica, las medidas contra Managua no se deciden únicamente por el comportamiento del régimen Ortega-Murillo, sino por cómo encajan en un diseño más amplio destinado a reducir la influencia de China, Rusia e Irán en el continente. De modo que el 19 de diciembre podría ser la fecha clave y, según fuentes en Washington, la Casa Blanca estaría lista para anunciar simultáneamente las primeras acciones sobre el CAFTA.
¿Aranceles más dañinos que una suspensión del CAFTA?
Entre los escenarios que circulan figura la suspensión de Nicaragua del acuerdo comercial. Aunque parece una medida extrema, Núñez sostiene que paradójicamente sería la menos dañina para la economía nicaragüense, cuando se compara con la posibilidad de aranceles de 100 por ciento, que tendrían un efecto inmediato y devastador.
El exdiputado también advierte sobre la posible reacción de Ortega ante un escenario de presión creciente. En su análisis, el régimen podría optar por empeorar deliberadamente la situación para intentar forzar una negociación con Estados Unidos desde una posición más ventajosa. Esa lógica tendría como horizonte las elecciones de 2027, donde Ortega aspira a consolidar su control político. Si Washington se muestra dispuesto a negociar sin haber alcanzado antes cambios significativos, Ortega podría interpretar que es capaz de obligar a Estados Unidos a dialogar bajo sus términos. La administración republicana, consciente de este riesgo, busca evitar cualquier señal que pueda ser leída como concesión.
Trump ya ha utilizado los aranceles como un instrumento de presión política y económica con efectos profundos en varios países. La guerra comercial con China, por ejemplo, no sólo elevó los impuestos de importación a cientos de productos, sino que modificó cadenas globales de suministro, encareció insumos y provocó represalias que afectaron a agricultores y fabricantes estadounidenses, consecuencias que no se esperan de una medida similar con Nicaragua, debido a la pequeña relación mercantil con Estados Unidos, en comparación con el gigante asiático.

Este tipo de acciones también fueron aplicadas con México, Canadá, la Unión Europea o Turquía, generando evaluaciones abruptas, caída de exportaciones, pérdida de inversiones y tensiones diplomáticas que obligaron a muchos gobiernos a renegociar acuerdos bajo condiciones desfavorables. En todos los casos, los aranceles del 100 por ciento fueron el nivel más devastador, capaces de cerrar mercados de un día para otro y desarticular sectores productivos completos.
En el caso de Nicaragua, el riesgo es aún mayor porque su economía se ha vuelto estructuralmente dependiente del CAFTA. El tratado le garantiza acceso preferencial al mercado estadounidense, donde se dirige más del 60 por ciento de sus exportaciones, especialmente textiles, carne, café, oro procesado y manufacturas ligeras.
Este acceso ha sostenido miles de empleos en zonas francas, ha permitido la instalación de empresas que operan exclusivamente para el mercado de Estados Unidos y se ha convertido en uno de los pilares de la estabilidad macroeconómica del país.
Perder los beneficios del CAFTA, o enfrentar aranceles, significaría un golpe directo a la balanza comercial, a la inversión extranjera y al empleo, en un contexto donde no existen mercados alternativos capaces de absorber semejante volumen de exportaciones…mucho menos China, país al que los Ortega-Murillo se han acercado.
La decisión final de Trump combinará el análisis técnico de los efectos económicos, la conveniencia política interna y la estrategia geopolítica hacia un hemisferio que está en disputa, en especial por el despliegue militar en el Caribe que amenaza a la dictadura chavista de Nicolás Maduro.