La historia política reciente de Honduras parece condenada a repetirse en la oscuridad de la madrugada. Lo que comenzó como un conteo reñido, pero fluido, se transformó en las primeras horas del jueves, en un nuevo episodio de incertidumbre institucional.
La interrupción del sistema de transmisión de resultados y el posterior vuelco en las tendencias —que devolvió el liderazgo al conservador Nasry “Tito” Asfura— desataron denuncias de irregularidades que van más allá de una falla técnica: reviven los fantasmas de las crisis electorales de 2013 y 2017.
Salvador Nasralla, candidato del Partido Liberal, evitó usar la palabra “fraude” de forma tajante, pues considera que el proceso “todavía no se ha decantado”, pero su denuncia fue precisa: a las 03:24 h. del jueves 4 de diciembre de 2025, “se apagó la pantalla” del portal de resultados. Al restablecerse la conexión, la ventaja que mantenía sobre Asfura se había evaporado, intercambiando las cifras entre ambos contendientes,en una maniobra que Nasralla atribuye a un “algoritmo”.
Cronología de una madrugada incierta
El punto de quiebre ocurrió durante el silencio de la madrugada. Hasta el miércoles 3 de diciembre, Nasralla mantenía una ventaja que rondaba los 20 000 votos. Sin embargo, tras el fallo del sistema, el escenario se revirtió drásticamente.
Según los datos procesados tras el incidente, con el 86.5% de las actas escrutadas, Nasry ‘Tito’ Asfura (Partido Nacional) lideraba el conteo con 1 116 242 votos (40.27%), superando a Nasralla, que registra 1 091 865 sufragios (39.39%).
La denuncia pública del candidato liberal señala que el cambio fue matemático y repentino: “Los 1 081 000 votos de Salvador Nasralla se los pusieron a Asfura y los 1 073 000 votos que tenía Asfura se los pusieron a Nasralla”, afirmó en sus redes sociales. Este giro dramático en el escrutinio preliminar no es un hecho aislado en la narrativa política hondureña, en la que los fallos del sistema se han convertido en un detonante habitual de inestabilidad postelectoral.
La sombra de 2017 y la empresa ASD

La denuncia actual cobra peso por el contexto histórico. El propio Nasralla recordó los antecedentes de 2013 y 2017, comicios en los que también participó y denunció maniobras similares. En esta ocasión, el dedo acusador apunta hacia la infraestructura técnica.
Nasralla exigió una investigación inmediata a la empresa ASD, la compañía colombiana encargada del portal de resultados preliminares. Su acusación incluye un señalamiento de conflicto de interés: según el candidato, entre los socios de la firma, figuran personas vinculadas políticamente al Partido Nacional, incluyendo a un candidato al Parlamento Centroamericano (Parlacen) y a un exgerente de la Empresa Energía Honduras (EEH).
Mientras la desconfianza crece, el Partido Nacional ha llamado a la calma. María Antonieta Mejía, candidata a designada presidencial de Asfura, pidió “prudencia” a su rival, argumentando que la reversión de datos responde a la carga tardía de actas provenientes de departamentos donde el Partido Nacional tiene mayor fuerza electoral y que se incorporaron al sistema entre martes y miércoles.
Un margen “histórico” y el factor Trump
Frente a la escalada de tensiones, el Consejo Nacional Electoral (CNE) intenta blindar el proceso. Ana Paola Hall, consejera presidenta del organismo, calificó el estrecho margen entre ambos candidatos como un hecho “histórico” y defendió el trabajo técnico realizado “en silencio y con disciplina”.
Hall admitió que el conteo ha sufrido interrupciones técnicas, pero aseguró que el organismo trabaja bajo procesos de contingencia para verificar las actas inconsistentes y garantizar que la declaratoria final respete la voluntad popular. “La prisa a veces es enemiga de la legitimidad”, advirtió la funcionaria.
El escenario se complica con la variable geopolítica. Nasry Asfura cuenta con el respaldo público del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien pidió el voto para el candidato nacionalista. Este apoyo explícito añade una capa de presión diplomática a un escrutinio que se define voto a voto.
Mientras tanto, el oficialismo actual de izquierda (Libre), cuya candidata Rixi Moncada quedó relegada al tercer lugar con el 19.33% de los votos, se resiste a aceptar la validez de los datos que arroja la web del CNE.
La encrucijada institucional
Honduras se encuentra, una vez más, ante una prueba de estrés institucional. Lo que está en juego no es solo la presidencia, sino la credibilidad de un sistema electoral que, tras años de reformas, sigue sin poder garantizar una transmisión de datos libre de sospechas.
Si bien Nasralla ha descartado por el momento hablar abiertamente de un fraude consumado, la narrativa del “algoritmo” y el “apagón” ya se ha instalado en la opinión pública. En las próximas horas, la capacidad del CNE para transparentar el origen de ese vuelco de datos determinará si Honduras logra una transición ordenada o si se desliza hacia una nueva crisis de legitimidad.