“Vigilancia revolucionaria” y las purgas de Murillo: las bases sandinistas ahora son el enemigo

En el nuevo clima de paranoia del régimen Ortega-Murillo, ya no solo se vigila a los opositores, sino también a las bases, tanto populares como de élite. Rosario Murillo afina una purga interna en el Frente Sandinista, con el aval de su esposo, mientras avanza con firmeza en su camino hacia la sucesión.

Fotos tomadas de Presidencia / El 19 Digital.

Mira más de nuestra cobertura en tus resultados de búsqueda. Agrega a Divergentes en Google

Baltazar no escuchó la amenaza que Daniel Ortega lanzó el 19 de julio pasado sobre redoblar “la vigilancia revolucionaria”, durante el 46 aniversario de la revolución sandinista, pero sí vio a una conocida de su universidad replicarla en un medio oficialista: Allyson Lohlofftz, vicepresidenta de la Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua (UNEN), quien dijo que “cada aula de clase” estará bajo el escrutinio político del aparataje sandinista.

“Él (Ortega) lo dijo: vigilancia revolucionaria, claro que lo dijo, desde todas las trincheras, desde cada aula de clase. Vigilancia revolucionaria desde cada esquina de tu trabajo, desde cada esquina de tu oficina. No estamos dormidos, la juventud no está dormida. Aquí estamos cada día más atentos a todo”, sostuvo Lohlofftz en Canal 4, donde Baltazar la vio. En ese momento se sintió muy incómodo.

Aunque viene de una familia sandinista, siempre ha tratado de “mantenerse al margen de la política”. Durante las protestas de 2018, siendo un estudiante de primer año de secundaria, estuvo en desacuerdo con la represión desatada por el régimen Ortega-Murillo. Participó discretamente en algunas manifestaciones, pero al ver la violencia prefirió quedarse en casa. Tampoco ha sido un militante activo del partido rojinegro, pero confiesa que “dadas las circunstancias” se ha acoplado al sistema: desde sacar su carné de militante hasta decir en público que es sandinista. La razón fundamental es que su madre trabaja en la Alcaldía de Managua.

Empezó a estudiar una ingeniería en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua) y prefiere que no especifiquemos cuál, por miedo a que lo identifiquen. De la misma manera, pide a DIVERGENTES anonimato. Baltazar dice que nunca se ha sentido “vigilado particularmente”, pero sí vive con la sensación de que “todos estamos observados”. 

Preparando recomendación…

“Pero cuando escuché a la muchacha de UNEN decir eso, y ver lo que dijo Daniel, pues sí me dio incomodidad. Nos dejan claro que están detrás de cualquier paso que demos”, dice, muy temeroso, el joven. “Uno ve cómo la Policía se lleva a la gente, aunque sea sandinista, y yo no quiero eso. Quiero estudiar sin tener problemas”. 

Lohlofftz se encargó de remarcar que todo el Ministerio de Juventud sandinista está en pro de redoblar esa “vigilancia revolucionaria” que, según Ortega, es para “los terroristas, vende patrias”. “Sabrán cuando se les descubra, se les captura y se les procesa”, advirtió el caudillo sandinista. 

Según la dirigente de UNEN, “ocho movimientos deportivos, culturales, ambientales, la FES (Federación de Estudiantes de Secundaria), UNEN, el Movimiento de Ciencia y Tecnología” estarán “vigilando”. “Todos esos movimientos en todas las trincheras de Nicaragua, con todos los artistas, con todos los estudiantes de secundaria, universitarios, de centros tecnológicos, desde todas esas trincheras”, especificó. 

Si bien la vigilancia como mecanismo de control político en las aulas —dicha de forma tan abierta por primera vez— es algo nuevo, se inscribe en un entramado de espionaje y delación vecinal que el régimen Ortega-Murillo instaló con fuerza desde 2018. Ese entramado se sostiene en una estructura territorial de vigilancia compuesta por los Consejos del Poder Ciudadano (CPC), los Consejos de Liderazgo Sandinista (CLS), los Gabinetes de la Familia y la Juventud Sandinista, que operan bajo orientación del Ministerio de Gobernación. 

Estas células “coordinadas de vigilancia” trabajan coordinadamente con la Policía Nacional y, en algunos casos, con la Dirección de Información para la Defensa (DID) del Ejército de Nicaragua. Su función va desde distribuir programas sociales hasta levantar perfiles informativos de ciudadanos considerados críticos o poco entusiastas con la causa de la dictadura. Lejos de ser simples “organismos de participación”, son el engranaje de los Ortega-Murillo para controlar cada barrio del país. 

“Vigilancia revolucionaria” y las purgas de Murillo: las bases sandinistas ahora son el enemigo
Fidel Moreno, uno de los principales operadores de confianza de Murillo. Foto tomada de Presidencia.

Sin embargo, el testimonio de Baltazar refleja un cambio profundo en la lógica de vigilancia política en Nicaragua: ya no se controla únicamente a los opositores, porque en el país prácticamente no quedan. El nuevo blanco de la “vigilancia revolucionaria” son los propios simpatizantes del régimen, los jóvenes reclutados por inercia, los trabajadores estatales que asisten a marchas por obligación, los estudiantes que alguna vez mostraron dudas. La paranoia ha descendido a las bases sandinistas. “En un contexto donde el disenso ha sido eliminado, el sandinismo gobierna a través del miedo a la traición interna”, coinciden analistas políticos consultados para este artículo.

“Esa advertencia de Ortega está dirigida claramente a sus bases”, opina el politólogo Manuel Orozco, del Diálogo Interamericano. El analista del diálogo divide “las bases” en dos: la élite y la popular. Muestra de esa desconfianza que la pareja presidencial siente, en especial en las élites y viejos cuadros sandinistas, son los arrestos de personajes como el general en retiro Álvaro Baltodano, cuyo hijo también fue detenido esta semana. 

Baltodano era uno de los hombres más influyentes del círculo económico y militar del sandinismo en los últimos años, pero la pareja presidencial “está viendo” sombras en todos lados. En especial en cuadros antiguos que no son del agrado de la “copresidenta” Murillo, quien cada vez afianza su paso sucesorio.

Al caso del general Baltadano le antecedió la detención del hijo de Carlos Fonseca Amador y de varios sandinistas, sobre quienes no hay información clara sobre su situación en prisión. Tampoco se puede ignorar la ola de despidos dentro de instituciones estatales como la Corte Suprema o el Mefcca. Todo apunta a una misma conclusión: el régimen ya no confía ni siquiera en los suyos.

“Lo que está ocurriendo es un atrincheramiento fuerte, que está generando un fuerte test de confianza, no de lealtad”, dice Orozco. “Recordá que ellos están ejecutando purgas cada dos o tres meses. La diferencia que se está dando es que este ‘afinamiento’ coincide con el plan de preparación preelectoral para el proceso de 11-2027”, afirma el politólogo.

¿Purgas para la pronta sucesión?

“Vigilancia revolucionaria” y las purgas de Murillo: las bases sandinistas ahora son el enemigo

“La etapa en la que está la dictadura es de persecución a su propia gente”, agrega por su parte Eliseo Núñez, analista político y opositor desnacionalizado. “A la gente que era leal a Ortega, ahora está siendo perseguida por Rosario, porque cree que estos pueden demandar a ella alguna posición en el nuevo esquema sucesorio que está planteando. La probabilidad de que la sucesión se active pronto es alta”. 

Nuñez dice lo anterior por otro mensaje clave que Ortega –de 79 años y con desgaste físico acorde a su edad– dio en el acto del 19 de julio: “Daniel somos todos”. “Eso quiere decir que la sucesión puede no esperar a que Ortega muera, sino que sea al estilo de Fidel Castro. Es decir, se retira y deja a Rosario a cargo. La Constitución fue reformada precisamente para eso, para que quedara uno de los copresidentes en caso de que uno faltara. De modo que la sucesión política se ejercería desde Ortega, que aún retirado estaría encargado de instalar a Rosario. Vienen días complicados para el Frente Sandinista. Vienen más purgas, enormes. Por eso le dicen a los sandinistas jóvenes vigilen a los sandinistas más antiguos, porque de ellos esperan una conspiración para Rosario”, analiza el exdiputado. 

El politólogo Orozco regresa a su idea de preparación preelectoral:  “El discurso de Ortega refleja el plan de acción que sus asesores le han mostrado en aras del fin de año y en preparación en todo 2026 para consolidar la carrera preelectoral a favor de Rosario. El plan de acción está concentrado en realizar una operación de limpia y purga hacia las bases leales tanto de la calle como de la élite. La dictadura no toma la palabra lealtad como garantía suficiente de confianza”.

En vez, ellos van a comprobar esa lealtad con información que les permita confirmar que esos seguidores cumplen con cuatro criterios: no están en comunicación con quienes perciben amenazantes; no están haciendo comentarios percibidos como amenazantes; no están viajando al exterior sin autorización; no están aprovechándose de los favores económicos y políticos.

Este plan se está ejecutando durante el resto del año de manera que en enero se entre a una nueva etapa de preparación de la imagen de Murillo que reduzca la duda de su legitimidad.

El plan para “embellecer a la codictadora” 

“Vigilancia revolucionaria” y las purgas de Murillo: las bases sandinistas ahora son el enemigo
Foto tomada de Presidencia.

El supuesto del que todos parten dentro del régimen es que ella no es material de reemplazo del culto al caudillo, tampoco es de atractivo político para muchos (un número que para ellos es indeterminado porque nadie se atreve a criticar públicamente su poder político). De acuerdo a Orozco, la percepción real de Murillo es que la verdadera amenaza hacia ella siempre ha venido desde adentro, desde quienes consideran que son auténticamente sandinistas, no orteguistas, “que miran que ella llegó a quitarle la silla al caudillo y que se extralimita políticamente (a quienes se les ha denominado muy liberalmente ‘MRS’)”.

En el 2026 el plan consiste en ‘embellecer’ la imagen de la codictadora, visibilizar su autoridad política frente al pueblo y producir un mensaje de cambio al culto del caudillo. Este último es el aspecto que tiene preocupados a los equipos de propaganda, porque la única base auténticamente prodictadura es la que aún cree en la vinculación entre el culto al dictador y la revolución sandinista.

“Ni Rosario Murillo, ni Laureano Ortega son material de sustituto porque no tienen ninguna hazaña heroica que presentar. De ahí que hay un desafío mediático que necesitan resolver mientras eliminan toda forma de oposición interna que los distraiga o debilite en su carrera electoral”, dice Orozco. “De lo que se trata para ellos no es de ganar una elección competitiva, sino de formalizar la sucesión presidencial con una imagen más o menos aceptable ante un público que reconoce que estos dictadores no tienen intención alguna de aflojar su cuerda”.

Esta situación, sin embargo, es un atolladero para la familia presidencial ya que, en la medida que están criminalizando a su estructura legal, “están haciendo tabula rasa del apoyo real que tienen y entrarán el 2027 en un país que no los quiere, y lo perciben como un mal innecesario”, advierte Orozco. Mientras tanto, la “vigilancia revolucionaria” continúa. 


La información que publicamos en DIVERGENTES proviene de fuentes contrastadas. Debido a la situación en la región, muchas veces, nos vemos obligados a protegerlas bajo seudónimo o anonimato. Desafortunadamente, algunos gobiernos de la región, con el régimen de Nicaragua a la cabeza, no ofrecen información o censuran a los medios independientes. Por ello, a pesar de solicitarlo, no podemos contar con versiones oficiales autorizadas. Recurrimos al análisis de datos, a las fuentes internas anónimas, o las limitadas informaciones de los medios oficialistas. Estas son las condiciones en las que ejercemos un oficio que, en muchos casos, nos cuesta la seguridad y la vida. Seguiremos informando.