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“A través de Sergio Ramírez queremos poner de relieve el sufrimiento de los nicaragüenses”

La expresidenta de Costa Rica Laura Chinchilla. EFE.

Uno de los pilares de Costa Rica como nación es la libertad y la democracia que trae aparejada. Así enfatizaron siete expresidentes de ese país vecino a través de una carta abierta este jueves en la que solicitan a los diputados ticos otorgarle la “Nacionalidad de Honor” al escritor nicaragüense Sergio Ramírez, exiliado por la persecución del régimen Ortega-Murillo. 

La “vida” de Ramírez “ha implicado una constante lucha por la defensa y por la promoción de la libertad, en todas sus formas: la libertad de expresión, la libertad cultural, las libertades políticas y civiles esenciales para la convivencia democrática, y el ejercicio de los derechos humanos”, sostienen los exgobernantes costarricenses, entre quienes destaca la presidenta Laura Chinchilla. 

Chinchilla ha sido una de las voces más beligerantes de la comunidad internacional denunciando los atropellos de los Ortega-Murillo en diversos foros desde 2018, cuando policías y paramilitares cometieron una masacre de más de 325 personas, de acuerdo a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Por eso no extraña que la expresidenta lamente junto a sus colegas que en “los últimos años, estudiantes, campesinos, jóvenes, mujeres, políticos, intelectuales, y trabajadores nicaragüenses, vienen sufriendo persecución y represión por parte de la dictadura de Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, por el simple hecho de ejercer esas libertades a pensar, expresarse y discrepar”. 

En ese sentido, Chinchilla en entrevista con DIVERGENTES ahonda más en las razones por las cuales entregar al Premio Cervantes 2017 la nacionalidad de Costa Rica, un país que refugia desde 2018 a más de cien mil nicaragüenses. “Es que Nicaragua está demasiado cerca de nosotros”, dice, muy al tanto de la persecución y el cierre del espacio electoral de noviembre. 

“Nos parece que por su trayectoria de lucha, precisamente en contra de otra dictadura en ese momento, y por su pluma y sus letras denunciando escenarios de opresión, se merece darle este mensaje de solidaridad de parte del pueblo de Costa Rica”, afirma Chinchilla.

¿Cuáles son las principales motivaciones de ustedes, los expresidentes, para hacerle esta propuesta al gobierno costarricense?

Hay dos tipos de motivaciones principales, pero quizá la más importante para nosotros es que a través de este gesto podemos mandar un mensaje a todo el pueblo nicaragüense. Que a través de una persona tan reconocida internacionalmente como es Sergio Ramírez Mercado, podamos poner de relieve el sufrimiento, la persecución que se están viviendo tantísimos nicaragüenses. Esa es una motivación para nosotros muy importante.

Además, porque en este momento Sergio Ramírez se encuentra en Europa y necesitamos que este grito de auxilio en favor del pueblo nicaragüense trascienda nuestros países, nuestra región y se desplace al otro lado del Atlántico. Y la segunda motivación, por supuesto, es la personal. Sergio es un escritor trascendental; es un escritor que va más allá de las fronteras nicaragüenses. Es cierto, él es nicaragüense, pero los latinoamericanos lo sentimos como propio en este momento. Es quizá el escritor latinoamericano de mayor trascendencia. Nos parece que por su trayectoria de lucha, precisamente en contra de otra dictadura en ese momento, y por su pluma y sus letras denunciando escenarios de opresión, se merece darle este mensaje de solidaridad de parte del pueblo de Costa Rica.

Nosotros tuvimos a Sergio exiliado cuando estaba huyendo de la dictadura de Somoza y otra vez está en Costa Rica; está entre nosotros. Nosotros estamos encantados de que esté entre nosotros, pero más felices estaríamos si pudiese regresar a una Nicaragua libre. Así que básicamente esas son las dos motivaciones.

Presidenta, Sergio Ramírez sale a propósito de esta escalada represiva de los Ortega-Murillo que ha vuelto a generar una nueva ola de exiliados hacia Estados Unidos y Costa Rica. Desde el plano costarricense, ¿cómo se está viendo esta nueva oleada de exiliados, tomando en cuenta que Costa Rica se prepara para elecciones en febrero y en Nicaragua todo apunta a que la carrera es de más largo plazo ante el cierre del espacio electoral?

Hay dos tipos de actitudes. Una es la de un sector importante de costarricenses que está muy al tanto siguiendo día a día y con mucha angustia lo que sucede particularmente con el sector político, el sector de formadores de opinión pública y el sector de la academia… Y por otro lado está el grueso de la población que, desafortunadamente, tenemos que decir están, y es algo que se puede comprender, muy ensimismados con los problemas propios de un país como Costa Rica. Al igual que casi todos los países del mundo, están todavía enfrentando la crisis y los efectos de la pandemia. Pero siempre con una actitud de comprensión frente a quienes siguen saliendo de Nicaragua, huyendo de la represión que están viviendo. Hemos sentido que en las últimas semanas los nicaragüenses ya no vienen completamente a Costa Rica y tienden a irse más hacia Estados Unidos o hacia el Norte. Los propios testimonios de nicaragüenses que viven con nosotros dan cuenta de ello.

El escritor nicaragüense y Premio Cervantes Sergio Ramírez en Madrid, España. EFE/Emilio Naranjo.
Usted estuvo recientemente en el Congreso de los Estados Unidos para hablar de la crisis de Nicaragua. ¿Qué fue lo que usted expuso exactamente a los congresistas norteamericanos?

Quiero decir que no es que yo solamente hablé con Estados Unidos sobre este tema. Mi participación en el Congreso se enmarca en un esfuerzo grande que un grupo de centroamericanos hemos desplegado para llevar la preocupación de Nicaragua ante muchos otros gobiernos de nuestra región, de Europa y ante muchos organismos internacionales. Esta semana estuvimos en una sesión especial dedicada por parte del Congreso a la situación nicaragüense. Vimos con mucha complacencia el interés que mostraron los congresistas del Subcomité para Asuntos Hemisféricos. Estuvieron todos ellos presentes en la sesión y sentimos que están muy claros de la situación extrema que están viviendo ustedes en Nicaragua.

La preocupación nuestra es que el tiempo corre y nos quedan muy pocas semanas para que en Nicaragua tenga lugar un fraude electoral, que lo que busca es revestir de legitimidad a esta dictadura que gobierna. Entonces, el llamado nuestro es que se debe hacer algo. Hay que hacerlo de manera urgente y muy concertada con la comunidad internacional… Y de manera muy eficaz. Si se va a hacer eso o no se va a hacer, y cómo se va a hacer. Por supuesto, ya no dependerá de nosotros. Sin embargo, entiendo que después de nuestra comparecencia se iban a hacer gestiones ante los organismos financieros internacionales para cortar el oxígeno financiero que ha venido recibiendo el régimen.

Eso me conduce a otra pregunta: ¿cómo ve que organismos como el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) le ha prestado al Gobierno Daniel Ortega bastante cantidad de dinero y algunos préstamos han sido para la Policía Nacional, que es el principal brazo represor en Nicaragua? Se lo pregunto porque el BCIE dice «nosotros no somos un ente político»… 

A mí me ha parecido vergonzoso porque todo el mundo sabe, y es más que evidente, que los recursos no han ido en beneficio del pueblo nicaragüense. Cuando se dice que es en nombre del pueblo nicaragüense para aliviar por ejemplo la situación del Covid-19, bien se sabe que el gobierno nicaragüense estuvo más bien en una posición de negación sobre la existencia del virus. Es bien sabido también que las campañas de vacunación se han quedado sumamente cortas y que ese dinero no está llegando a los propósitos que enuncia el régimen. Entonces es una vergüenza que los organismos financieros internacionales, tan preocupados en la condicionalidad ligada a los balances macroeconómicos, no se preocupen por la condicionalidad más importante de todas, que es la condicionalidad ligada al estado de los derechos humanos en un país.

Presidenta, desgraciadamente lo que vemos en Nicaragua es que vamos hacia una elección fraudulenta que consolidaría un régimen de partido único. ¿Qué le tocaría a la comunidad internacional ante eso después del siete de noviembre?

La comunidad internacional debió haber reaccionado de manera más temprana. Todavía queda algún espacio, pero es un espacio muy, muy, muy angosto y estrecho. Es un espacio muy estrecho de tiempo. Es lo que nos queda. Aún así, hay que seguir trabajando, ya sea porque todavía pueda haber la esperanza de frenar la concreción de ese fraude… o porque si al final también se sale con la suya, que el precio que tenga que pagar por este horror que va a cometer sea el más alto posible. Y para eso no podemos dejar de trabajar, independientemente de si se va o no se va a concretar el fraude. Lo que requerimos es el mismo resultado, que es simplemente repudiar lo que vaya a acontecer y restarle toda la legitimidad posible al gobierno que vaya a resultar de esa elección.

Una última pregunta más personal… Muchos nicas sienten gratitud porque siempre alza la voz por Nicaragua. ¿Qué motiva a Laura Chinchilla ser una voz beligerante en favor de la democracia en Nicaragua?

No tienen nada que agradecerme, yo les agradezco a ellos. Uno hace esto simplemente por la mera convicción, porque es imposible cerrar los ojos a lo que está pasando; es imposible no sentirse indignado. Es que Nicaragua está demasiado cerca de nosotros. Los nicaragüenses conviven entre nosotros y todos los días nosotros nos enteramos a través de alguna persona en Costa Rica que un familiar, un amigo, un vecino que ha sufrido la persecución de Ortega y Murillo. Simplemente es nuestra obligación. Yo soy la que me siento honrada de poder acompañar a muchos nicaragüenses valientes que se encuentran en el exilio y acompañarlos en esta lucha. Ayudamos simplemente siendo una especie de megáfono que amplifique el llamado de ellos.

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