Ana Julia Guido, la fiscal autoritaria y sumisa de los Ortega-Murillo

Fue guerrillera, asaltante, subdirectora de la Policía y actualmente es una figura clave dentro del esquema de represión judicial de los Ortega-Murillo. El régimen le ha confiado la construcción del caso contra la Fundación Violeta Barrios de Chamorro, pero como no lo ha logrado, “está malhumorada”. Fuentes del Ministerio Público la describen como “una persona déspota y altanera con sus subordinados, pero sumida a la pareja presidencial”


Por los pasillos del Ministerio Público camina una mujer “histérica” y “malhumorada”. Su exaltado ánimo se debe a la presión que sus superiores ejercen para que construya un expediente “perfecto y creíble”. La mujer está enojada. Grita y vocifera. “Es autoritaria”, dicen quienes tratan con ella. También está frustrada porque los subordinados a los que ha delegado la misión de unir las piezas de este rompecabezas judicial, han fallado. A estas alturas la acusación es limitada, carece de pruebas y apunta a una burla internacional.

La mujer que camina alterada es Ana Julia Guido, Fiscal General de la República. El expediente “perfecto” que debe entregar en las próximas semanas es el de la precandidata presidencial Cristiana Chamorro, exdirectora de la extinta Fundación Violeta Barrios. El caso también es contra dos de sus extrabajadores, a quienes se les investiga por los supuestos delitos de lavado de dinero, bienes y activos, y falsedad ideológica.

“Construir un caso no es fácil, y más si es inventado. Por eso es que está de mal humor, porque como todo (el caso) es montado, no tiene nada”, dice una fuente vinculada al Ministerio Público que aceptó hablar con DIVERGENTES bajo la condición de anonimato. Para efectos de este artículo periodístico le llamaremos Josué.

La fiscal general es una de las piezas más importantes dentro del esquema represivo de Daniel Ortega y Rosario Murillo. En 2018 coordinó la realización de más de 700 acusaciones a manifestantes que protestaron en contra del régimen sandinista. Los dictadores han confiado en ella por su disciplina y sumisión a sus órdenes. “Les gusta cómo dirige la Fiscalía, con puño de hierro. Supongo que ven en ella una pequeña dictadora, igual que ellos”, continúa Josué.

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La “disciplina” y el autoritarismo no emergieron de la nada. Josué asegura que estos defectos han estado presentes en la vida de Guido desde los años 70, cuando formó parte de las guerrillas sandinistas que desde las montañas del norte del país combatían a la dictadura de Anastasio Somoza. La diferencia es que en ese contexto su comportamiento fue aceptado.

“Eran las cualidades de una buena militante. Lo mandona, disciplinada y radical, era bien visto porque nuestra lucha en esos años era política y militar”, expresa por su parte Rubén, un excompañero guerrillero que coincidió con Guido en aquella época.

Guido construyó una imagen alrededor de estos defectos. No cambió nunca su forma de ordenar y cumplir orientaciones, dicen las personas que entrevistamos para la elaboración de este perfil. Terminó adoptando dos formas de ser: la autoritaria que ejerce contra sus allegados y subordinados; y la sumisa, que la aplica cuando habla con los dictadores Rosario Murillo y Daniel Ortega.

El asalto en Abisinia

Ana Julia Guido, la fiscal autoritaria y sumisa de los Ortega-Murillo
Antes de ser Fiscal General, Ana Julia Guido participó activamente en las guerrillas sandinistas en los años setenta. Foto | El 19 Digital

El 18 de diciembre de 1974 una escuadra sandinista realizó un asalto a una agencia rural del Banco Nacional de Nicaragua en Abisinia, Jinotega. Para ejecutar el operativo se escondieron en la maleza y detuvieron la camioneta de la empresa Prolacsa, robando alrededor de 41, 972 córdobas, según la publicación del diario La Prensa del 18 y del 21 de diciembre de ese año.

El comando que ejecutó el asalto estuvo bajo la responsabilidad del guerrillero Juan de Dios Muñoz. También participaron Carlos Agüero, comandante del Ejército Popular Sandinista, y una adolescente de 15 años originaria de Matagalpa. “Era Ana Julia Guido”, asegura Rubén.

Guido pertenece a una familia campesina de Matagalpa. Su familia apoyó a las guerrillas sandinistas en las montañas del norte de Nicaragua y esto le motivó para formar parte de los grupos guerrilleros que combatieron a la dictadura de Somoza. Creía en la lucha sandinista tanto como su padre, un finquero de la zona que tenía algunos recursos.

Rubén recuerda a Guido como una joven fuerte, disciplinada y, también, “mandona”. Era platicona pero entregada a la misión de derrocar a Somoza. No renunció cuando le dijeron que debía permanecer en la montaña durante días o semanas. Fue de la escuela más radical que había en ese momento y los que venían por debajo de ella hacían caso a sus órdenes.

Guido participó en otros asaltos, en el entrenamiento de grupos guerrilleros que estaban en los alrededores de Estelí y Matagalpa. También participó en los operativos en los que el sandinismo se tomó los municipios de Achuapa y El Sauce, en León.

“Siempre fue la misma Ana Julia. A los comandantes les gustaba que fuera disciplinada y obedeciera sin reparo. Ella entendía que debía hacer caso sin importar que las acciones fueran buenas o malas. Así como lo es ahora”, expresa Rubén.

Después del triunfo sandinista en 1979, Guido quedó incorporada en el Ministerio del Interior, un órgano estatal al mando de Tomás Borge que estuvo encargado de la seguridad pública y de vigilar y espiar a los opositores que podrían atentar en contra del proyecto revolucionario en aquella época.

Además de cumplir con las funciones encomendadas en ese ministerio, a Guido le ordenaron terminar la secundaria y luego decidieron que debía estudiar Derecho en la Universidad Centroamericana (UCA).

La “lucha” con Aminta Granera

Ana Julia Guido, la fiscal autoritaria y sumisa de los Ortega-Murillo
Aminta Granera, exjefa de la Policía Nacional, fue elegida sobre Ana Julia Guido para ocupar el puesto como primera jefa de esta institución. Guido tuvo en contra su afinidad con Daniel Ortega y su apego al FSLN. Foto | Poder Judicial

“Su cara asusta. Ella es mala, no te perdona una”, cuenta un ex oficial de la Policía que fue subordinado de Guido durante una de sus etapas en esta institución de Gobierno que hoy está controlada totalmente por el régimen orteguista y que, producto de la represión que ejecutó en contra de manifestantes en 2018, fue sancionada por el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos.

Guido culminó sus estudios en Derecho pero no trabajó como abogada. Nunca abandonó la oficina de Seguridad Personal, que era una dirección subordinada directamente al Ministro del Interior. Su trabajo en este departamento fue la protección y la seguridad del personal de la Dirección Nacional del Frente Sandinista.

Finalmente se integró a la Policía después de 1990 cuando Seguridad Personal pasó a ser una dirección de la institución policial. Pero no entró como cualquier oficial, su peso en la lucha contra la dictadura de Somoza le abrió puertas para escalar más rápido que otros oficiales. También jugó un papel importante su actitud autoritaria y sumisa, que empezó a poner en práctica con sus jefes directos.

“Cuando sonreía era un milagro. Con los subordinados era bien tosca, bien ruda. Si podía nos humillaba. Pero con los jefes era otra persona”, recuerda el ex oficial que trabajó con Guido durante algunos años de su carrera policial.

En la Policía Guido fue jefa de Asuntos Internos, luego de Seguridad Pública Nacional, hasta ser promocionada como subdirectora general y ascendida a comisionada general para atender especialidades del área preventiva. En aquel momento el jefe de la Policía era Edwin Cordero, con quien había coincidido en algunas operaciones durante el tiempo de la guerrilla.

Guido escaló poco a poco dentro de las filas policiales fruto de su disciplina y su obediencia a las órdenes de sus superiores. Había logrado llegar a lo más alto en la institución policial, pero le hacía falta la última condecoración: sustituir a Cordero como Jefe de la Institución. Sin embargo, encontró un muro fuerte que fue imposible de mover, siquiera un poco: la excomisionada general Aminta Granera.

“Fue una lucha bastante fuerte. Ambas tenían méritos para quedarse en el puesto. Nadie se los iba a regalar. Pero jugó un papel muy importante la subordinación que Guido siempre tuvo con el Frente Sandinista y Daniel Ortega”, explica una fuente vinculada a la Policía Nacional.

En un artículo publicado en la Revista Envío, Guido expresó que la subordinación a Ortega le parecía una calumnia y que no le interesaba ser candidata de nadie y de ningún partido político.

“Me vinculan supuestamente a Daniel Ortega y Lenín Cerna. Yo estoy apegada completamente a la ley y eso es lo que me interesa. No tengo ningún compromiso económico ni político con nadie. Yo cuido a la institución, quiero a la institución, yo no soy ficha de nadie, no estoy en promoción, no estoy en campaña, estoy cumpliendo con mi trabajo. El Presidente Enrique Bolaños es para mí una persona seria y responsable, y no le va a estar dando espacio a estos artículos malintencionados”, expresó Guido, según la publicación.

Enrique Bolaños nunca se refirió si tomó o no en cuenta para tomar su decisión lo publicado por los medios de comunicación sobre la relación de Guido con Ortega. Finalmente el expresidente (q.e.p.d.) nombró a Granera como jefa de la Policía Nacional con miras a profesionalizar aún más a la institución.

Granera fue elegida por Bolaños porque no tenía un apego como el de Guido hacia el Frente Sandinista y Daniel Ortega, pese a que era sandinista. También jugó a su favor la notoriedad que alcanzó como jefa nacional de Tránsito (lanzó una masiva ofensiva contra las coimas y los sobornos que los policías imponían a los conductores) y por su gestión policial en Managua para ayudar a los damnificados del huracán Mitch en 1998.

“Fue un golpe muy duro. Ella creía que podía ser jefa de la Policía. Fue como uno de sus sueños frustrados, pero no podía hacer nada más”, dice la fuente vinculada a la Policía Nacional.

Guido pasó a retiro en septiembre de 2006. Pero regresaría a jugar un papel muy importante seis meses después, esta vez en el Ministerio Público como fiscal adjunta en esa institución del Estado.

Fiscal sin cumplir los requisitos

Ana Julia Guido, la fiscal autoritaria y sumisa de los Ortega-Murillo
Ana Julia Guido fue elegida como Fiscal Adjunta en 2007 y asumió el poder total de la Fiscalía en 2014. Foto | Asamblea Nacional

El nombramiento no tardó mucho tiempo. En el hemiciclo de la Asamblea Nacional los diputados presentaron las ternas para la elección de Fiscal General de la República y Fiscal Adjunto. Primero fue elegido Julio Centeno Gómez con 65 votos a favor. Después se propuso a Guido para ocupar el segundo puesto. Era 28 de marzo de 2007.

“No podíamos cerrar este trabajo mejor que con la candidatura de una mujer matagalpina. Una profesional amante de Nicaragua, una profesional que ha dado su vida, su trabajo, para servir a las y los nicaragüenses. Quiero referirme a Ana Julia Guido Ochoa, para Fiscal General Adjunta del Ministerio Público”, dijo Edwin Castro, diputado del FSLN, quien propuso a Guido.

La propuesta de Castro fue secundada por los diputados Xochilt Ocampo, Maximino Rodríguez, Mario Valle y Agustín Jarquín Anaya. El nombramiento de Guido se selló con 66 votos a favor y sin ningún cuestionamiento sobre la falta de requisitos de la nueva fiscal adjunta para ocupar ese cargo.

La Ley Orgánica del Ministerio Público dice en el artículo 23 que para ser Fiscal General o Fiscal General Adjunto, es necesario ser nicaragüense, ser abogado de moralidad notoria y haber ejercido la profesión por lo menos durante 10 años o haber sido magistrado del Tribunal de Apelaciones por cinco años. Guido había sido policía toda su vida y no ejerció como tal esta profesión.

Castro justificó su nombramiento aduciendo que durante todos los años de servicio en la Policía Nacional, Guido había ejercido el derecho penal, tanto en la prevención como en la persecución del crimen organizado. Sin embargo, juristas consultados por este medio de comunicación coincidieron en que el nombramiento fue ilegal, porque incumplía con los requisitos descritos en la Ley.

Como Fiscal Adjunta, Guido “informó” a todos los funcionarios del Ministerio Público que no era subordinada de Centeno, sino que tenían el mismo poder de decisión. Meses después de su nombramiento coordinó los casos que eran de relevancia para el gobierno y en 2008 dirigió la investigación en contra del Centro de Investigación para la Comunicación (Cinco), dirigido en ese momento por el periodista Carlos Fernando Chamorro. Este fue el primero de varios ataques que tendría el periodista de parte del régimen sandinista.

“De entrada ella tomó las riendas de la institución, hubo una tensión enorme porque no solo se imponía sobre Centeno, también lo hacía con el inspector general Armando Juárez y eso desembocó en tres corrientes de poderes. Fue bastante tóxico”, relata otra fuente vinculada al Ministerio Público.

La tensión fue tan grande que en el año 2010 Centeno admitió que dentro de la Fiscalía existía un ala de mando que dirigía Guido y que tomaba decisiones al margen de su dirección. Dos años más tarde las pugnas con Juárez aumentaron porque ambos querían el puesto de Fiscal General cuya elección se realizaría en 2014.

Aunque ambos eran sandinistas y tenían una gran admiración por Daniel Ortega, una fuente cercana al régimen orteguista consultada para este artículo, explicó que Ortega eligió a Guido para ocupar el cargo de Fiscal General de la República por su incondicionalidad y sumisión. Juárez fue nombrado magistrado de la Corte Suprema de Justicia.

“Ana Julia es de las personas que no hace un análisis crítico de lo que ocurre a su alrededor. Se aferra mucho a la lógica anterior, de una lucha político militar que no logra entender el concepto de democracia, de respeto al Estado de derecho por encima de su disciplina partidaria y de la admiración por Ortega como encarnación del sandinismo”, afirmó la fuente.

Las características de Ana Julia Guido

Ana Julia Guido, la fiscal autoritaria y sumisa de los Ortega-Murillo
Según fuentes vinculadas al Ministerio Público, Ana Julia Guido es vengativa, altanera y sumisa. Foto | Poder Judicial

Tras su nombramiento como Fiscal General en 2014, Guido se rodeó de fiscales leales y se aseguró de que ninguno cuestionara sus órdenes. Los que quedaron de la etapa de Centeno Gómez, renunciaron porque no soportaron el maltrato laboral, las reubicaciones en sitios lejanos y el traslado a otras áreas.

Guido trataba a los funcionarios del Ministerio Público y hasta a sus propios allegados como si fueran policías de bajo rango. No aceptaba un no por respuesta y cuando le refutaron alguna de sus decisiones, se alteraba porque “no estaba acostumbrada a que la contradijeran”, refiere Juliana, una fuente del Ministerio Público que accedió a hablar con DIVERGENTES con la condición de que no reveláramos su identidad. “Ella es vengativa, me puede pasar la cuenta”, advirtió.

A lo largo de estos años Guido ha mostrado varias facetas de su personalidad que podrían resumirse en dos, según las fuentes consultadas para este artículo. Juliana expresa que la fiscal general es déspota porque siempre se quiere imponer aunque no tenga la razón y sus decisiones estén en contra de lo que la Ley mandata.

“En los casos en los que no había pruebas para acusar a los implicados, ella ordenaba a sus fiscales que debían buscar responsabilidad de esa gente aunque no existieran”, menciona Juliana, quien agrega que si los subordinados fallaban en su misión, eran humillados por Guido.

Josué coincide con Juliana sobre la actitud déspota y autoritaria de Guido. Sin embargo, reconoce que la fiscal general también es sumisa y servil, pero solamente cuando recibe órdenes de Ortega y Murillo. “Con el caso de Cristiana y la Fundación, por ejemplo, le ha dicho a sus fiscales que acusen, que busquen pruebas, aun sabiendo que todo es ilegal”.

Desde el 21 de mayo, la Fiscalía inició una investigación por supuesto lavado de dinero en contra de la Fundación Violeta, que dirigía hasta inicios de este año Cristiana Chamorro Barrios, la precandidata presidencial más popular. Chamorro finalmente fue puesta bajo arresto domiciliario el dos de junio. Desde entonces han desfilado por el Ministerio Público decenas de periodistas, generadores de opinión, empresarios, entre otras personalidades.

Periodistas citados en el Ministerio Público han asegurado que los fiscales intentaron criminalizar su labor periodística, al citar la Ley 1042 o Ley Especial de Ciberdelitos, cuando están siendo entrevistados.

Aunque se debe a Ortega y a Murillo por ser las figuras principales del régimen sandinista, Guido es más fiel a la vicepresidenta porque le ha protegido de allegados del presidente que le han acusado de maltratar a sus subordinados.

“Antes de 2018 hubo muchas quejas de funcionarios del Ministerio, que son de la línea de Daniel, porque ella mucho los maltrataba. Entiendo que estaban valorando su retiro del cargo, pero habló con la señora (Murillo) y la mantuvieron en el puesto. Rosario sabía que podía ser importante en un futuro y así lo demostró después de Abril”, señaló una fuente cercana al Gobierno.

Acusaciones fabricadas y sanciones

Ana Julia Guido, la fiscal autoritaria y sumisa de los Ortega-Murillo
Ana Julia Guido, Fiscal General de la república, recibe un reconocimiento de parte del jefe de la Policía, Francisco Díaz. Ambos funcionarios están sancionados por el Gobierno de Estados Unidos. Foto | Policía Nacional.

Bajo la influencia del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, Guido ha tomado decisiones motivadas por razones políticas. Por ejemplo, eliminar de hecho los concursos públicos para elegir a los representantes del Ministerio Público. En su lugar, ha reclutado para la institución a personas con vínculos o afinidad al Frente Sandinista.

Desde que asumió como Fiscal General en el 2014, Guido se ha encargado de cumplir a cabalidad todas las órdenes dictadas por Daniel Ortega y Rosario Murillo. Si bien las investigaciones que ha iniciado a mediados de este año son muy importantes para el Orteguismo porque de ello depende la condena de sus adversarios políticos, el año 2018 fue el proceso cumbre que le consolidó como cómplice de la represión estatal.

Aunque en un primer momento la fiscal general parecía que iba a actuar respetando el Estado de derecho y ejecutando investigaciones creíbles para resolver los casos de asesinatos durante los primeros días de la Rebelión de Abril, lo que ocurrió fue todo lo contrario. El Ministerio Público dirigido por Guido se encargó de realizar más de 700 acusaciones a manifestantes que protestaron en contra del régimen orteguista. Como resultado de esas acusaciones, se abrieron procesos judiciales contra 802 presos políticos, en su mayoría acusados por “terrorismo”, mientras que solo un hombre señalado como paramilitar recibió condena.

Una de las primeras acusaciones de la Fiscalía fue contra los jóvenes caribeños Glenn Slate y Brandon Lovo, señalados por esta institución del Gobierno del asesinato del periodista Ángel Gahona.

La participación de la fiscal general en el aparato represivo del régimen Orteguista ha sido condenado por la comunidad internacional. Los gobiernos de Estados Unidos, Suiza, Canadá y la Unión Europea, la sancionaron por contribuir al continuo deterioro de los derechos humanos, la democracia y el Estado de derecho en Nicaragua.

Estados Unidos acusa a Guido de formar un grupo de fiscales que trabajaron con la Policía para fabricar casos contra prisioneros políticos. Además, la señalan de crear una unidad especializada que se dedicó en los últimos años a presentar acusaciones contra manifestantes pacíficos.

En el contexto de la crisis Guido ha empezado una persecución política contra fiscales que finalmente renunciaron a sus funciones públicas durante 2018. También ha ordenado investigaciones y prisión preventiva contra siete precandidatos presidenciales, periodistas, empresarios, líderes de organizaciones políticas, y medios de comunicación.

“Pero aunque ha cumplido con todo lo que le han dicho sus jefes, la siguen presionando porque no tiene nada”, asegura Josué, quien considera que aunque Guido no consiga tener un caso “creíble y perfecto por obvias razones”, demostrará a Ortega y Murillo que hizo todo lo posible por cumplir su capricho.

*A petición de las fuentes de información, DIVERGENTES cambió el nombre de cada persona que participó en la elaboración de este perfil.

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