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Así funciona la cooperación china: opacidad y préstamos con intereses más caros

Vista general del puente entre Shanghái y Nantong sobre el río Yangtze, en Nantong (China). EFE/Aleksandar Plavevski

La decisión del gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo de romper relaciones diplomáticas con China-Taiwán y reconocer como Estado a la República Popular de China no solo es un viraje que ocurre en un momento de máximo aislamiento internacional del régimen sandinista, sino que busca oxígeno económico en el gigante asiático. El primer gesto de la China comunista fue donar 200 mil vacunas contra la Covid-19 y, por ahora, se desconoce cuál será el siguiente paso de esta relación. 

Sin embargo, a juzgar por las relaciones de China con otros países de la región, la cooperación y los préstamos del régimen comunista siempre están rodeados de opacidad. En el mundo hay 181 países que reconocen a la República Popular de China versus 14 países que reconocen a China-Taiwán como Estado independiente. 

Según un estudio de AidData, un laboratorio de investigación en William & Mary’s Global Research Institute, publicado en septiembre de 2021, China concede 85 mil millones de dólares por año en ayudas y préstamos. Los chinos piden intereses más elevados que sus competidores occidentales. La deuda de 42 países con Pekín supera el 10% de su PIB. La investigación analiza la financiación exterior de Pekín incluida la Belt and Road Initiative (BRI), el plan de infraestructura global lanzado en 2013 por Xi Jinping, el presidente chino, para incrementar la centralidad comercial (y por lo tanto geopolítica) del país frente a Estados Unidos.

El estudio encontró 13,427 proyectos realizados entre 2000 y 2017 en 165 países con el apoyo de préstamos y ayudas chinas, por un valor de 843 mil millones de dólares. Al menos 300 instituciones bancarias estatales han financiado el programa, que ha convertido a China en el principal acreedor de muchos países en vías de desarrollo.

Se desprende un escenario opaco, cubierto en muchos casos por un velo de secreto, factor que ha impedido a varios países pobres sopesar los costos y beneficios de unirse a la Belt and Road. Si antes de la puesta en marcha de las “nuevas Rutas de la Seda”, China y Estados Unidos gastaban cantidades similares de dinero en ayudas y préstamos internacionales, a partir de 2013 la brecha se fue ensanchando. Para sus proyectos de desarrollo en el exterior, Pekín compromete ahora un promedio de 85 mil millones de dólares al año; Washington solo destina 37 mil millones. La mayoría de los financiamientos son préstamos, con una proporción de 30 a 1 respecto a las ayudas gratuitas. Cabe destacar que con 58,3 mil millones de dólares al año, la Unión Europea es el primer donante mundial a los Estados más desfavorecidos.

Para los socios de la BRI se habla desde hace tiempo de una “trampa de la deuda”: el riesgo de tener que ceder sus activos a China, sobre todo infraestructuras como los puertos, en caso de no pagar los préstamos y los intereses correspondientes. Según AidData, 40 de los 50 mayores préstamos otorgados por acreedores estatales chinos han recibido garantías “colaterales” de gobiernos clientes.

La ayuda china es más cara que la ofrecida por los países “occidentales”: en promedio, los préstamos de Pekín tienen un interés del 4.2% y son reembolsables en diez años; los que ofrecen Alemania, Japón y Francia tienen una tasa del 1.1%, a devolver en 28 años. 

A la deuda “oficial” con los chinos se debe añadir además una cuota “oculta”, no declarada por los gobiernos interesados ​​- ni por Pekín – al sistema de control de la deuda del Banco Mundial. En total ronda los 350 mil millones de dólares. Por ejemplo, las obligaciones ocultas de Laos corresponden al 35.4% del PIB nacional.

AidData también observa que el 35% de los proyectos de la Belt and Road han tenido problemas de ejecución, con escándalos de corrupción, violaciones de los derechos sindicales, problemas de contaminación y protestas públicas.

País: Costa Rica

El estadio nacional de fútbol de Costa Rica, donado por China. Cortesía.

Costa Rica fue uno de los primeros países centroamericanos en romper relaciones con Taiwán en el año 2007. Como agradecimiento, Pekín donó un Estadio Nacional cuya construcción finalizó en el 2011. El estadio tuvo un costo aproximado de 100 millones de dólares, cifra asumida en su totalidad por el Gobierno chino con mano de obra china. El proyecto estuvo a cargo de la empresa Chinafecc Central America, subsidiaria de la estatal china Anhui Foreign Economic Construction Group (Afecc). 

En el año 2013, las negociaciones del entonces Ministro de Obras Públicas y Transportes de Costa Rica con China para la construcción de la ampliación de la carretera a Limón, fueron criticadas por el entonces candidato a diputado del Partido Acción Ciudadana, Ottón Solís. El aspirante dijo que “las condiciones no son buenas”. “China le está cobrando a Costa Rica, un país pobre, más dinero del que le cobra a Estados Unidos”, señaló Solís. 

El principal problema era que el país estaba obligado a comprar los materiales en China y entregar la construcción a la empresa China Harbour Engineering Company Ltd. (CHEC). Según el cuadro comparativo de Solís, la tasa de interés del préstamo con China era seis veces mayor a la del préstamo con Japón (3.5% – 0.6%). “Parece que Costa Rica está pagando a China el Estadio Nacional y las patrullas con estos préstamos”, insistió Solís.

País: El Salvador 

El presidente chino Xi Jinping y el salvadoreño Nayib Bukele EFE/EPA/HOW HWEE YOUNG

En agosto de 2018, el ex presidente de El Salvador, Salvador Sánchez Cerén, anunció la decisión de romper relaciones diplomáticas con Taiwán y abrirse a China, sustentada en una decisión soberana que según el mandatario tendría grandes beneficios para el país.

En mayo de 2021, el convenio marco para la asistencia Económica y Técnica entre el Gobierno de la República Popular China y el Gobierno de la República de El Salvador fue aprobado con 66 votos de los 84 del Congreso, de amplia mayoría oficialista. El presidente salvadoreño, Nayib Bukele, indicó en su cuenta de Twitter que se trataba de un acuerdo por “500 millones de dólares (409 millones de euros) en inversión pública no reembolsable y sin condiciones”.

No obstante, el documento aprobado no señala el monto total que costarán las obras de infraestructura. El convenio, firmado por los gobiernos de El Salvador y China en septiembre de 2019, tampoco tuvo mayor discusión y no fue leído en la comisión encargada ni en el pleno.

Un documento público del Ministerio de Relaciones Exteriores salvadoreño da cuenta de un acuerdo de “donación no reembolsable” por 400 millones de yuanes, es decir más de 62 millones de dólares (50 millones de euros). Estos fondos estarían destinados para financiar la construcción de una biblioteca en la capital, una planta de tratamiento de agua en la zona costera y otra planta para potabilizar el agua de un lago cercano a la capital. Los proyectos acordados con China, según dijeron los diputados del oficialista Nuevas Ideas (NI), incluyen un estadio nacional y un nuevo muelle.

En octubre de 202l, el Viceministerio de Transporte (VMT) informó a través de su cuenta de Twitter que el paso en el Centro Histórico de San Salvador había sido cerrado en las inmediaciones de la actual Biblioteca Nacional de El Salvador (BINAES), donde se construirá la nueva infraestructura, donada por la República Popular de China. Hasta el momento no hay indicios de las demás promesas. 

País: Montenegro

En 2013 la China Road and Bridge Corporation (CRBC) y el China Exim Bank ofrecieron financiar y construir parte de la carretera Bar-Boljare, de 169.2 kilómetros, entre el puerto de Bar (Montenegro) y la ciudad de Boljare (Serbia). El banco estatal chino otorgó un préstamo para financiar los primeros 41 kilómetros de la autopista que une el sur con el norte del país.

El actual Ejecutivo, que tomó posesión del cargo en diciembre de 2020, rechaza el acuerdo para construir lo que califica como “la autopista más cara del mundo”. La primera fase del proyecto, de 41 kilómetros, con 20 puentes y 16 túneles a través de un terreno montañoso y accidentado, ha costado 20 millones de euros por kilómetro, siete veces más de lo habitual. En efecto, se trata de una de las autopistas más caras del mundo.

El total del préstamo, que cuenta con un periodo de amortización de 20 años, ronda los 1.000 millones de euros; monto que representa el 16% del Producto Interno Bruto (PIB) del país balcánico. En julio de 2021, el gobierno montenegrino debía devolver a China los primeros 33,7 millones de euros. Con este crédito chino la deuda pública subió casi un 20% al pasar del 66.3% del PIB en 2017 al 79.6% en 2019.

Por su parte, los detalles del contrato son poco claros, casi un secreto de Estado. En caso de un desacuerdo entre ambas partes, es un tribunal chino el que decide, por lo que el país europeo no podría interponer demandas ante un tribunal de arbitraje internacional. Asimismo, si Montenegro dejara de pagar, los términos del contrato dan al régimen de Pekín el derecho de acceder a tierras montenegrinas como garantía. Algo similar ocurrió con Sri Lanka. Cuando el gobierno no pudo cumplir los pagos de un puerto construido y financiado por China en 2017, el régimen de Xi Jinping presionó para que su país asumiera el control de las instalaciones durante los próximos 99 años.

El otro poder de China: veto en la ONU

El representante de China, Li Song, durante la actualización de la situación de Nicaragua ante el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Foto: Divergentes.

China es una de las cinco potencias que tienen el poder del veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Este poder es ejercido exclusivamente por los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (China, Francia, Rusia, Reino Unido y Estados Unidos), permitiéndoles evitar la aprobación de cualquier resolución “sustantiva”. 

La abstención o la ausencia de un miembro permanente no impide la aprobación de una resolución. Sin embargo, el poder de veto no se aplica a los votos de procedimiento, aún si algún miembro permanente vota en contra. Un voto negativo de un miembro permanente también bloqueará la elección de un Secretario General, aunque se trate de una “recomendación” a la Asamblea General en lugar de una resolución.

Después de la expulsión de la República de China (Taiwán) de las Naciones Unidas en 1971, el primer veto emitido por el actual ocupante, la República Popular de China, fue emitido el 25 de agosto de 1972 sobre la admisión de Bangladesh en las Naciones Unidas. A partir de mayo de 2014, China ha usado su veto nueve veces. Los observadores han notado una preferencia por China de abstenerse en vez de vetar resoluciones que no están directamente relacionadas con los intereses chinos.

Este control de facto sobre el Consejo de Seguridad por los cinco gobiernos ha sido visto por los críticos como la causa principal de la inacción internacional en crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, debido a que “los cinco grandes” han buscado la protección de sus propios intereses. 

El 13 de octubre de 2020, China fue uno de los países que logró ingresar en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, a pesar de la oposición de varias ONG como Human Rights Watch (HRW). En esa ocasión, Cuba y Rusia también lograron entrar al Consejo. 

A menos de una semana de que Nicaragua reconociera a China como país único, ya se lograron ver algunos efectos de este reconocimiento. Durante la actualización oral de la Alta Comisionada sobre la situación de Derechos Humanos de Nicaragua ante el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, el representante de China pidió que “cesen las medidas coercitivas contra Nicaragua”, refiriéndose a las sanciones que se han implementado en los últimos tres años.

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